¿Acaso los cristianos tenemos que cumplir los 10 Mandamientos? (Parte 3)

En el artículo anterior vimos algunos argumentos que explicaban la relación de las leyes de Dios con Su gracia a través de la historia. En este estudio veremos cómo las leyes de Dios siguen siendo vigentes y son reforzadas por una profecía que nos dio Moisés acerca de Jesús. También veremos que el primer concilio cristiano promovió el conocimiento de la ley; y por último, veremos como el apóstol Pablo clasifica las leyes de Dios en sus cartas, para clarificar la confusión en la doctrina de gracia que existe hoy en día entre ciertos grupos cristianos.

La profecía de Moisés acerca de Jesús el Mesías

Juan el Bautista predicaba en el desierto, hablaba acerca de la llegada del Mesías y de la necesidad de arrepentirse de los pecados.

Los líderes judíos durante la época en la que vivió Jesús mandaron a interrogar a Juan el Bautista para saber si él era el esperado profeta del que habló Moisés.

“Este fue el testimonio que dio Juan [el Bautista] cuando los líderes judíos enviaron sacerdotes y ayudantes del Templo desde Jerusalén para preguntarle: —¿Quién eres? Él dijo con toda franqueza: —Yo no soy el Mesías. —Bien. Entonces, ¿quién eres? —preguntaron—. ¿Eres Elías? —No —contestó. —¿Eres el Profeta que estamos esperando? —No.” — Juan 1:19-21 (NTV)

Cuando Dios prometió un profeta, en Deuteronomio 18:15, esta profecía se refería a Jesucristo, el Mesías, quien es muy superior a la descripción que utilizó Moisés al llamarlo “un profeta como yo”.

[Moisés dijo] “El Señor tu Dios hará que surja en medio de ti, de entre tus hermanos, un profeta como yo. A Él deberán escuchar.” — Deuteronomio 18:15 (RVC)

Moisés describió ciertas características con las que debía cumplir este profeta para que los Israelitas lo pudieran reconocer.

“Si el profeta habla en el nombre del Señor, pero su profecía no se cumple ni ocurre lo que predice, ustedes sabrán que ese mensaje no proviene del Señor. Ese profeta habló sin el respaldo de Mi autoridad, y no tienen que temerle.” — Deuteronomio 18:22 (NTV)

Moisés también explicó una segunda prueba a la que debían someter al profeta para saber si venía del Señor. Y la forma de evaluarlo es a través de las leyes de Dios, Sus mandamientos o Su instrucción. Si les hablaba de un nuevo dios y les enseñaba una ley diferente, aunque hiciera señales o milagros, eso era una muestra de que era un falso profeta. Jesús cuando dijo que no venía a abolir las leyes de Dios demostraba que no era un falso profeta, al contrario, Él venía a dar cumplimiento a la ley (Mateo 5:17). Esta es la advertencia de Moisés:

“Cuando en medio de ti surja algún profeta, o soñador visionario, y te anuncie señales o prodigios, si acaso se cumple la señal o el prodigio anunciado y él te dice: “Vayamos en pos de dioses ajenos, que tú no conoces, y sirvámosles”.” — Deuteronomio 13:1-2 (RVC)

Una vez que se ha descubierto que es un falso profeta, Moisés no sólo nos dice que no debemos escuchar a este individuo, sino que ahora somos nosotros los que vamos a ser evaluados para ver si amamos al Señor de todo corazón.

No prestes oído a las palabras de tal profeta o soñador visionario. Seguramente el Señor su Dios los está poniendo a prueba, para ver si ustedes aman al Señor su Dios con todo su corazón y con toda su alma. Ustedes deben ir en pos del Señor su Dios, y temerlo sólo a Él. Deben cumplir Sus mandamientos y atender Su voz. Sólo a Él deben servir; sólo a Él deben seguir.” — Deuteronomio 13:3-4 (RVC)

Por esta razón, Jesús no puede estar enseñándonos que estamos en un “nuevo periodo de gracia”, en el que nos debemos de apartar de la “Ley de Dios”, que sólo los legalistas son los que obedecen los 10 Mandamientos del Antiguo Testamento, e insultan el trabajo de Jesucristo en la cruz. Esta doctrina es una de las principales razones por las que la comunidad judía no cree en el Evangelio, para ellos esta enseñanza cristiana de que ahora solo vivimos en un periodo de gracia, está basada en un falso profeta que los incita a rebelarse en contra del Señor, al no obedecer la “Ley de Dios” como explica Moisés:

“En cuanto a ese profeta o soñador visionario, será condenado a muerte por haberlos aconsejado a rebelarse contra el Señor su Dios. Porque el Señor te sacó de Egipto, te rescató del país donde eras esclavo; en cambio, aquél habrá intentado apartarte del camino que el Señor tu Dios te mandó seguir. Así acabarás con el mal que haya en medio de ti.” — Deuteronomio 13:5 (RVC)

Si a esto le agrega que la comunidad judía ha visto todas las atrocidades (como la Inquisición, las Cruzadas, y el Holocausto) que han sido cometidas por quienes se dicen ser cristianos (Hitler por ejemplo profesaba ser cristiano y contaba con la aprobación del Vaticano en sus acciones), esto hace más difícil para ellos a acercarse a Jesucristo como su Mesías. Ahora veamos cómo los primeros judíos  miembros de la iglesia cristiana propusieron a los nuevos creyentes que siguieran las leyes de Dios.

Cumplir las leyes de Dios es requisito para los nuevos creyentes en el Concilio de Jerusalén

En el libro de Hechos capítulo 15, tenemos que como resultado del Concilio de Jerusalén se escribió una carta para los nuevos creyentes que no fueran judíos, hecha por Santiago (el hermano de Jesucristo; Mateo 13:55), y aprobada por los apóstoles Pedro y Pablo. Lo más importante es que los 4 puntos que le piden a los nuevos creyentes son de acuerdo a las leyes de Dios, incluidos en el libro de Levíticos 17 y 18. Esta carta fue escrita durante el supuesto “periodo o dispensación de Gracia”, sin embargo, condicionaba a los nuevos cristianos a obedecer las leyes de Dios, explicadas en el Antiguo Testamento.

[Dice Santiago] “Y mi opinión entonces es que no debemos ponerles obstáculos a los gentiles que se convierten a Dios. Al contrario, deberíamos escribirles y decirles que se abstengan de comer alimentos ofrecidos a ídolos, de inmoralidad sexual, de comer carne de animales estrangulados y de consumir sangre. Pues esas leyes de Moisés se han predicado todos los días de descanso [Shabát] en las sinagogas judías de cada ciudad durante muchas generaciones.” — Hechos 15:19-21 (NTV)

El primer punto mencionado por Santiago se refiere a la idolatría (no comer alimentos ofrecidos a ídolos), y forma parte del Segundo Mandamiento. Jesús mismo, en Apocalipsis, nos previene en Su mensaje para la iglesia de Pérgamo acerca de cómo este pecado hizo que el pueblo de Israel tropezara y se alejara de los caminos del Señor.

[Dice Jesús] “Pero tengo unas cuantas quejas en tu contra. Toleras a algunos de entre ustedes que mantienen la enseñanza de Balaam, quien le enseñó a Balac cómo hacer tropezar al pueblo de Israel. Les enseñó a pecar, incitándolos a comer alimentos ofrecidos a ídolos y a cometer pecado sexual.” — Apocalipsis 2:14 (NTV)

Respecto a la inmoralidad sexual tenemos todo el capítulo 18 de Levíticos refiriéndose a las leyes que advierten en contra de estos pecados. Y la ley aplicaba tanto para los Israelitas como para los extranjeros también:

“Ustedes deberán obedecer todos mis decretos y ordenanzas. No deben cometer ninguno de estos pecados detestables. Esto es aplicable tanto para los israelitas de nacimiento como para los extranjeros que viven entre ustedes.” — Levítico 18:26 (NTV)

La ley en la carta de Santiago advierte de no comer cosas detestables, impuras y con sangre, basado en Levíticos, en donde ya se incluían a los extranjeros.

“Por esta razón le he dicho al pueblo de Israel: “Nunca coman ni beban sangre, ni ustedes ni los extranjeros que vivan entre ustedes”.” — Levítico 17:12 (NTV)

Al final de la carta en el versículo 21, Santiago exhorta a los nuevos creyentes a que busquen la instrucción de las leyes de Dios cada sábado en las sinagogas para que maduren espiritualmente. Ahora buscando esa madurez, analicemos la doctrina de Gracia.

La doctrina de “Gracia”

La doctrina de “Gracia” es la más complicada de entender en este estudio y por eso me gustaría empezar definiendo la diferencia entre qué es la justicia, misericordia y gracia de Dios de la siguiente forma:

Justicia es recibir lo que nos merecemos, sea bueno o malo. Por ejemplo, es el castigo por nuestros pecados.

Misericordia es no recibir lo que nos merecemos. El castigo por nuestros pecados es perdonado por Dios.

Gracia es recibir lo que no nos merecemos. Es recibir la salvación: un regalo de Dios, pese a que somos pecadores.

Dios los salvó por Su gracia cuando creyeron. Ustedes no tienen ningún mérito en eso; es un regalo de Dios.” — Efesios 2:8 (NTV)

Hoy en día muchos grupos cristianos han perpetuado la idea de que vivimos en un periodo de gracia y que por eso ya no estamos sujetos a las leyes del Antiguo Testamento. Sin embargo, la gracia de Dios inició con el plan de salvación del Señor a través de Jesucristo, “la semilla de la mujer”, desde Génesis 3:15. Pienso que la mayor fuente de confusión en la interpretación entre la gracia y las leyes de Dios la encontramos en la carta de Pablo a los Gálatas. Y para entender el porqué de esta confusión en esta carta, nos apoyaremos con la carta a los Romanos que el mismo Pablo escribió. Ahora veamos 2 versículos que escribió Pablo en Romanos mostrando una aparentemente contradicción, primero diciéndonos que debemos de obedecer la ley en el capítulo 3, y más adelante, que vivimos bajo la gracia de Dios sin estar bajo la “ley” en el capítulo 6.

“Entonces, si hacemos énfasis en la fe, ¿eso significa que podemos olvidarnos de la ley? ¡Por supuesto que no! De hecho, solo cuando tenemos fe cumplimos verdaderamente la ley.” — Romanos 3:31 (NTV)

“El pecado ya no tendrá poder sobre ustedes, pues ya no están bajo la ley sino bajo la gracia.” — Romanos 6:14 (RVC)

¿Acaso Pablo se está contradiciendo en Romanos 6:14? ¿Nos está diciendo que ya no vivimos bajo la “ley de Moisés”, sino bajo gracia? Si interpretamos a Pablo de esta forma estaríamos contradiciendo todas las Escrituras que vimos en la primera parte de este artículo. Más bien, la respuesta está en entender el contexto que el autor está utilizando, recordemos que Pablo era un estudioso de las Escrituras bajo Gamaliel. Y cuando él hablaba de la “ley” asumía que todos sus lectores sabían a lo que él se estaba refiriendo.

“Entonces Pablo dijo: «Soy judío, nacido en Tarso, una ciudad de Cilicia, y fui criado y educado aquí en Jerusalén bajo el maestro Gamaliel. Como estudiante de él, fui cuidadosamente entrenado en nuestras leyes y costumbres judías. Llegué a tener un gran celo por honrar a Dios en todo lo que hacía, tal como todos ustedes hoy.” — Hechos 22:3 (NTV)

La clave para entender el mensaje de Pablo es descubrir que él nos está describiendo diferentes categorías de leyes. Por ejemplo, en la actualidad tenemos leyes que están divididas en leyes penales, civiles, mercantiles, agropecuarias, etc. También vivimos rodeados de las leyes físicas, que son parte de las leyes de Dios para regir todo el universo.

[Dice el Señor] “¿Conoces tú las leyes que gobiernan el cielo? ¿Eres tú quien aplica esas leyes en la tierra?” — Job 38:33 (DHH)

“[El Señor] Hizo las leyes para la lluvia y trazó un camino para el rayo.” — Job 28:26 (NTV)

[Dice el Señor] “Fue Mi mano la que puso los cimientos de la tierra, Mi mano derecha la que extendió los cielos en las alturas. Cuando llamo a las estrellas para que salgan, aparecen todas en orden“. — Isaías 48:13 (NTV)

Pablo también menciona otras leyes como la “ley de la fe”:

“Entonces, ¿dónde está la jactancia? Queda excluida. ¿Por cuál ley? ¿Por la de las obras? No, sino por la ley de la fe.” — Romanos 3:27 (RVC)

Ley de justicia:

“Mas Israel, que iba tras una ley de justicia, no la alcanzó.” — Romanos 9:31 (RVR1960)

Leyes del matrimonio:

“Por ejemplo, cuando una mujer se casa, la ley la une a su marido mientras él viva; pero si él muere, las leyes del matrimonio ya no se aplican a ella.” — Romanos 7:2 (NTV)

En Romanos 7:23-25, Pablo habla acerca de 2 categorías de leyes: “la ley de Dios” que consiste de todas Sus leyes, estatutos y regulaciones, está formada por la instrucción de Dios que nos guía por el camino de todo lo que es justo y recto. Sus leyes las encontramos principalmente en Éxodo, Deuteronomio y Levítico, pero Sus enseñanzas están en todas las Escrituras; y la segunda categoría es “la ley del pecado”, que es la que rige a todos los descendientes de Adán, desde la caída de la humanidad en Génesis, fue producto de la desobediencia al comer del fruto prohibido, y se manifiesta en nuestra naturaleza pecaminosa, la cual es una naturaleza egoísta, que sólo busca la satisfacción personal, y que está en constante conflicto y rebelión contra “la ley de Dios”. Estas 2 clases de leyes están en oposición constantemente:

[Dice Pablo] “Pero veo otra ley en mis miembros, que se rebela contra la ley de mi mente, y que me lleva cautivo a la ley del pecado que está en mis miembros. !Miserable de mí! ¿quién me librará de este cuerpo de muerte? Gracias doy a Dios, por Jesucristo Señor nuestro. Así que, yo mismo con la mente sirvo a la ley de Dios, mas con la carne a la ley del pecado.” — Romanos 7:23-25 (RVR1960)

La Ley del Pecado y la Muerte” es la ley bajo la que estábamos antes de tener fe, en donde nuestra naturaleza pecaminosa considera que el pecar es libertad, sin darse cuenta que en realidad el pecado nos esclaviza y que todos los que vivan bajo esta ley serán juzgados por Dios y sentenciados a muerte.

[Dice Pablo] “Cuando vivíamos controlados por nuestra vieja naturaleza, los deseos pecaminosos actuaban dentro de nosotros y la ley [del pecado y la muerte] despertaba esos malos deseos que producían una cosecha de acciones pecaminosas, las cuales nos llevaban a la muerte.” — Romanos 7:5 (NTV)

La única forma para librarnos del peso de la “Ley del Pecado y la Muerte” es volver a nacer, cuando nos arrepentimos de nuestros pecados y le pedimos a Jesucristo Su perdón y Su Salvación. Al salvarnos, Él nos libera de la esclavitud del pecado, y nos envía a Su Espíritu, quien nos da el poder para resistir las tentaciones del pecado, y al mismo tiempo también nos otorga vida eterna. Pablo se refiere a esta ley como la “ley del Espíritu de Vida”:

“Porque la ley del Espíritu de Vida en Cristo Jesús me ha librado de la ley del pecado y de la muerte.” — Romanos 8:2 (RVR1960)

Así que cuando veamos la palabra “ley” en las cartas de Pablo tenemos que identificar a qué clase de ley se está refiriendo según el contexto. En el ejemplo de Romanos 7:5 que acabamos de ver, el contexto nos dice que está hablando de la “ley del pecado y muerte” por las acciones pecaminosas que llevan a la muerte.

De forma que si regresamos al versículo de Romanos 6:14, en el que Pablo habla acerca de “ya no estar bajo la ley”, y aplicamos lo que aprendimos en el capítulo 7 podemos evaluar el contexto para identificar a cuál ley se está refiriendo, ya que su interpretación puede ser muy diferente entre “la ley de Dios” y “la ley del pecado y la muerte”.

“El pecado ya no tendrá poder sobre ustedes, pues ya no están bajo la ley [del pecado y de la muerte] sino bajo la gracia.” — Romanos 6:14 (RVC)

Aquí Pablo se está dirigiendo a personas creyentes: “los que hemos muerto al pecado” (Romanos 6:2), los que “hemos sido bautizados en Cristo Jesús” (Romanos 6:3), y los que seremos resucitados (Romanos 6:5). De forma que los cristianos creyentes ya no están bajo la ley del pecado o de la pena de muerte. Han recibido un regalo que no merecían, “la Gracia de Dios”, que les otorga el perdón de sus pecados y de su sentencia de muerte. Por eso, el pecado ya no tiene ningún poder esclavizante sobre los cristianos.

“Ahora bien, ¿eso significa que podemos seguir pecando porque la gracia de Dios nos ha liberado de la ley [del pecado y de la muerte]? ¡Claro que no!” — Romanos 6:15 (NTV)

Durante siglos las iglesias han mal interpretado lo que realmente estaba diciendo Pablo, haciéndonos creer que a lo que él llama “ley” se trata de la “ley de Dios”. Pero como hemos visto, hacer esto en las cartas de Pablo es incorrecto, porque en el caso de Romanos 6:14, él sólo se refiere a una categoría de las leyes de Dios, la de la “ley del pecado y de la muerte”, de la cual los creyentes ya se encontraban liberados, y gozando de la gracia de Dios. Por eso, debemos ser cuidadosos cada uno de nosotros de no caer en interpretaciones engañosas que terminan en doctrinas que están en contra de otras Escrituras, esto ha llevado a que hoy en día la mayoría de los cristianos no sigan las leyes del Señor, sin embargo, los castigos por desobediencia siguen muy vigentes, lea Deuteronomio 28 para mayor referencia.

Mi recomendación es que de ahora en adelante cuando usted lea las cartas que escribió Pablo, tenga en cuenta esto, vea a cuál ley se está refiriendo según el contexto. Y recuerde que Pedro ya nos había advertido que puede resultar difícil entender a Pablo, y peor aún su significado puede ser tergiversado:

“Y recuerden que la paciencia de nuestro Señor da tiempo para que la gente sea salva. Esto es lo que nuestro amado hermano Pablo también les escribió con la sabiduría que Dios le dio, al tratar estos temas en todas sus cartas. Algunos de sus comentarios son difíciles de entender, y los que son ignorantes e inestables han tergiversado sus cartas para que signifiquen algo muy diferente, así como lo hacen con otras partes de la Escritura. Esto resultará en su propia destrucción.” — 2 Pedro 3:15-16 (NTV)

Esperamos que este estudio le haya mostrado la importancia de una correcta interpretación de las Escrituras, porque estamos en los últimos días y vamos a enfrentarnos a engaños inclusive dentro de la iglesia del Señor que vendrán en mayor cantidad y frecuencia. Recuerde que las Sagradas Escrituras nunca se contradicen, si usted tiene duda o no le hace sentido algo que lee, es posible que sea debido a una mala traducción del texto original o a una mala interpretación. En todo caso, pídale a Dios en oración claridad con respecto a ese punto, y Él se la dará, recuerde que Él nos prometió que Su Espíritu nos conducirá a toda la verdad:

[Dice Jesús] “Cuando venga el Espíritu de verdad, Él los guiará a toda la verdad.” — Juan 16:13a (NTV)

“Entonces Jesús dijo a los judíos que habían creído en Él: «Si ustedes permanecen en Mi Palabra, serán verdaderamente Mis discípulos; y conocerán la verdad, y la verdad los hará libres.” — Juan 8:31-32 (RVC)

Es nuestra responsabilidad ejercer nuestro discernimiento con cada nueva enseñanza, todo debe ser analizado, usted debe analizar también nuestros estudios en La Sagrada Palabra. Es nuestra mayor esperanza que estos artículos lo motiven a ser como los habitantes de Berea (Hechos 17:11) evaluando todo, y que vivan como esclavos de nuestro Señor Jesucristo obedeciendo Su Ley, demostrándole cuánto lo aman.

Podemos estar seguros de que conocemos a Dios si obedecemos Sus Mandamientos.  Si alguien afirma: «Yo conozco a Dios», pero no obedece los Mandamientos de Dios, es un mentiroso y no vive en la verdad; pero los que obedecen la Palabra de Dios demuestran verdaderamente cuánto lo aman. Así es como sabemos que vivimos en Él. Los que dicen que viven en Dios deben vivir como Jesús vivió.” — 1 Juan 2:3-6 (NTV)

¡Que Dios los bendiga!


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