El Primer Mandamiento (Parte 1)

En el artículo anterior vimos que los “10 Mandamientos” nos fueron entregados para nuestra protección, por el gran amor que Dios nos tiene. También vimos que la ley de Dios sigue vigente al día de hoy para todas las personas, en especial para los creyentes, porque nos ayuda a crecer espiritualmente al mostrarnos nuestros pecados, los cuales nos alejan de Dios. Ahora estudiaremos el Primer Mandamiento, que es la única ley de la antigüedad que prohíbe la adoración de otros dioses, ya que las otras culturas no sólo lo permitían, sino que incentivaban la adoración a otras deidades, porque todos los otros falsos dioses trabajan en equipo para provocar un infierno en la vida de las personas en este mundo y, también después, en la eternidad.

El Primer Mandamiento lo encontramos en Éxodo 20, considerando también el versículo 2:

“«Yo Soy el Señor tu Dios, quien te rescató de la tierra de Egipto, donde eras esclavo. No tengas ningún otro dios aparte de Mí.»” — Éxodo 20:2-3 (NTV)

En el artículo ¿Acaso fueron cambiados los Diez Mandamientos? vimos los intentos que se han hecho a través de la historia por dividir los 10 Mandamientos, dado que en Éxodo 20 y en Deuteronomio 5 no vienen numerados. Como vimos en ese artículo, el Primer Mandamiento en la división filónica se encuentra en el versículo 3, y en la división talmúdica es el versículo 2. Es este estudio consideraremos que el Primer Mandamiento está formado por ambos versículos: 2 y 3, porque pensamos que el Señor nos aclara esta controversia dentro de las mismas Escrituras, a través del profeta Oseas, dándonos un Primer Mandamiento más completo que en la división filónica (en donde sólo se considera el versículo 3 como el Primer Mandamiento); y a diferencia de las otras divisiones (talmúdica, agustina y luterana) que juntan los versículos del 3 al 6 para formar el Primer Mandamiento (con lo que pretenden ocultar la idolatría como veremos en el estudio del Segundo Mandamiento).

Yo Soy el Señor tu Dios. Yo te saqué de Egipto. No conocerás a otro dios fuera de Mí, pues Yo Soy tu único Salvador.” — Oseas 13:4 (RVC)

El profeta Oseas nos reveló el objetivo del Primer Mandamiento, al decirnos que YAHVEH es: “Yo Soy tu único Salvador”. No existe otro Salvador, ni tampoco otro Dios, como nos explica el profeta Isaías.

“«Pero tú eres Mi testigo, oh Israel —dice el Señor—, tú eres Mi siervo. Tú has sido escogido para conocerme, para creer en Mí y comprender que solo Yo Soy Dios. No hay otro Dios; nunca lo hubo y nunca lo habrá. Yo, sí, Yo Soy el Señor, y no hay otro Salvador.” — Isaías 43:10-11 (NTV)

No hay más Dios que Yo, Dios justo y Salvador. ¡No hay otro fuera de Mí!” — Isaías 45:21b (RVC)

Empecemos a ver el Primer Mandamiento para entender que la Ley de Dios es una expresión del corazón y del carácter del Legislador. Los Mandamientos no sólo nos muestran lo que el Señor quiere, sino lo que es más importante para Él. Además, nos muestran cómo es Dios, nos hablan de Su justicia, rectitud, honor y grandeza. El despreciar Su ley es faltarle al respecto al Señor, y demuestra incredulidad.

Versículo 2a — “Yo Soy el SEÑOR tu Dios”

Cuando el Señor habló desde el monte Sinaí, Su voz estremeció a los Israelitas y declaró no sólo que Él es el Señor, YAHVEH, sino también “tu Dios”, el Señor se estaba revelando como el Todopoderoso, como nuestro Creador, como el Dios vivo y personal que siempre está ahí cuando lo necesitamos, y conoce qué es lo que nos hace felices. Dios es nuestro Padre, quien nos da Sus 10 Mandamientos como una bendición que sólo busca nuestro bienestar.

En el Primer Mandamiento, el Señor se identifica como el único Dios, de entre todos los falsos dioses que Su pueblo conocía en el politeísmo de Egipto. El Señor utiliza Su Nombre favorito para presentarse ante nosotros como YAHVEH Elohím (el SEÑOR tu Dios). El Señor declara ser el único Dios que existe con autoridad absoluta y suprema en nuestros corazones y vidas estableciendo por qué debemos de obedecerlo (Deuteronomio 4:35, 39; 1 Reyes 8:60).

“Esto dice el Señor, el Rey y Redentor de Israel, el Señor de los Ejércitos Celestiales: «Yo Soy el Primero y el Último; no hay otro Dios.” — Isaías 44:6 (NTV)

Versículo 2b — “Quien te rescató de la tierra de Egipto, donde eras esclavo”

El Señor se identifica como quien sacó a Su pueblo de la esclavitud de Egipto, el mismo Dios que previamente envió las 10 Plagas para demostrarles a los egipcios y a los israelitas que la religión politeísta egipcia consistía únicamente de “dioses” falsos a los que humilló. El Señor utiliza la declaración del versículo 2 en diferentes partes de la Escritura para recordarnos que Él es el Dios que nos redimió como en Éxodo 6:6-7; 29:44-46; Levítico 11:45; 19:36; 22:33; 23:43; 25:38; 25:42; 25:55; 26:45; Números 15:41; Números 32:11; Deuteronomio 5:6; Jueces2:1; 6:9; Amós 2:10, etc., esta lista no es exhaustiva).

“Caminaré entre ustedes; seré su Dios, y ustedes serán Mi pueblo. Yo Soy el Señor su Dios, quien los sacó de la tierra de Egipto para que ya no fueran esclavos. Yo quebré de su cuello el yugo de la esclavitud, a fin de que puedan caminar con la cabeza en alto.” — Levítico 26:12-13 (NTV)

“Pues fui Yo, el Señor tu Dios, quien te rescató de la tierra de Egipto. Abre bien tu boca, y la llenaré de cosas buenas.” — Salmos 81:10 (NTV)

La liberación del pueblo de Israel de la esclavitud en Egipto es una representación de lo que Jesucristo luego vendría a hacer, redimiendo a Su iglesia, ya que la palabra Egipto viene del hebreo מִצְרַיִם – Mitsraím, que significa angustia, dolor o tribulaciones. Jesús mismo vendría para salvarnos del sufrimiento por nuestras angustias y tribulaciones causadas por nuestra esclavitud al pecado. El Creador, Redentor, y Libertador nos rescató de nuestro cautiverio por Su gracia y misericordia, como fue profetizado por Isaías.

[El Señor] “Estaba asombrado al ver que nadie intervenía para ayudar a los oprimidos. Así que se interpuso Él mismo para salvarlos con Su brazo fuerte, sostenido por Su propia justicia.” — Isaías 59:16 (NTV)

El Redentor vendrá a Jerusalén para rescatar en Israel a los que se hayan apartado de sus pecados», dice el Señor.” — Isaías 59:20 (NTV)

Cuando Jesús leyó el rollo de Isaías en la sinagoga declaró que se había cumplido la profecía de Isaías 61:1-2a. Nuestro Señor había venido a liberarnos de nuestras angustias y tribulaciones:

«El Espíritu del Señor está sobre Mí, porque me ha ungido para llevar la Buena Noticia a los pobres. Me ha enviado a proclamar que los cautivos serán liberados, que los ciegos verán, que los oprimidos serán puestos en libertad, y que ha llegado el tiempo del favor del Señor». Lo enrolló de nuevo, se lo entregó al ayudante y se sentó. Todas las miradas en la sinagoga se fijaron en Él. Después Jesús comenzó a hablarles: «La Escritura que acaban de oír ¡se ha cumplido este mismo día!». — Lucas 4:18-21 (NTV)

Cuando el Señor rescató a Su pueblo de Egipto dio cumplimiento a Sus promesas de Éxodo 6:6-7 las cuales son hoy en día conmemoradas con las 4 copas durante la Pascua, (Pesáj en hebreo). Puede ver mayor información al respecto en ¿Cuál es la relación entre Jesucristo y la Pascua Judía?

“Por lo tanto, dile al pueblo de Israel: “Yo Soy el Señor. Te libertaré de la opresión que sufres y te rescataré de tu esclavitud en Egipto. Te redimiré con Mi brazo poderoso y con grandes actos de juicio. Te tomaré como pueblo Mío y seré tu Dios. Entonces sabrás que Yo Soy el Señor tu Dios, quien te ha librado de la opresión de Egipto.” — Éxodo 6:6-7 (NTV)

“Me rescató de la muerte, quitó las lágrimas de mis ojos, y libró a mis pies de tropezar. ¡Así que camino en la presencia del Señor mientras vivo aquí en la tierra!” — Salmos 116:8-9 (NTV)

¿Por qué el Señor liberó a Su pueblo de Egipto? La respuesta la encontramos en pasajes como Éxodo 4:23, 7:16, 8:1, 8:20, 9:1, 9:13, 10:3, en donde encontramos la palabra hebrea עָבַד – abad, que significa trabajar, servir, y también puede significar obedecer. La raíz de esta palabra es עֶבֶד – ebed que significa servidor o esclavo. Por lo que podemos concluir que el Primer Mandamiento nos prohíbe servir u obedecer a otros dioses, porque solamente debemos servir al Señor.

“Entonces el Señor le dijo a Moisés: «Preséntate ante el faraón y dile que Yo, el Señor, he dicho: “Deja ir a Mi pueblo, para que me sirva.” — Éxodo 8:1 (RVC)

¿Acaso la obediencia viene antes de la salvación o la salvación viene antes de la obediencia? Nosotros hemos sido salvados para obedecer y servir a Dios. El Primer Mandamiento corrobora esta respuesta, al incluir el versículo 2 como parte del Primer Mandamiento, vemos claramente el plan de salvación del Señor en donde nos muestra: “Yo te voy a salvar primero”, y una vez que hemos sido salvados de la esclavitud al pecado, entonces somos libres para poder obedecer la “Ley de Dios”, como vimos en los artículos ¿Acaso los cristianos tenemos que cumplir los 10 Mandamientos? Una vez que hemos sido salvados, obedecemos por fe, le mostramos a nuestro Señor que lo amamos, que confiamos en Él, que tenemos fe en que a través de la sangre de Jesucristo nuestros pecados han sido perdonados, y que nos sentimos agradecidos y deseamos servirle, como parte de nuestra relación con Él.

Dios “nos sacó de Egipto”, de nuestras angustias y tribulaciones causadas por nuestros pecados, para que lo adoremos y sirvamos. Sin embargo, no podemos adorar al Señor hasta que no hayamos “salido de Egipto”. La iglesia necesita “salir del mundo” para poder adorar a Dios. Necesita estar separada, es decir, ser santa.

“No amen a este mundo ni las cosas que les ofrece, porque cuando aman al mundo no tienen el amor del Padre en ustedes.” — 1 Juan 2:15 (NTV)

Lamentablemente, hoy en día, con frecuencia resulta difícil diferenciar a un cristiano de un incrédulo, no existe esta separación. Esto no debería de sorprendernos, si vivimos en el “mundo” durante toda la semana, y sólo vamos a la iglesia por unas horas a la semana. ¿Cómo podemos reflejar a Cristo en nuestras vidas y vivir de una manera diferente o santa?

“Por lo tanto, salgan de entre los incrédulos y apártense de ellos, dice el Señor. No toquen sus cosas inmundas, y Yo los recibiré a ustedes.” — 2 Corintios 6:17 (NTV)

Todo acerca de un cristiano creyente debe ser diferente. ¿Sabe por qué? Porque somos un pueblo llamado por Dios para ser Sus representantes y embajadores aquí en la tierra, somos Su tesoro especial, Sus piedras preciosas (1 Pedro 2:5; Mateo 13:44-46). Si vamos a adorar al Señor como nuestro Dios supremo, primero tenemos que “salir de Egipto”.

“… Son un pueblo elegido. Son sacerdotes del Rey, una nación santa, posesión exclusiva de Dios. Por eso pueden mostrar a otros la bondad de Dios, pues Él los ha llamado a salir de la oscuridad y entrar en Su luz maravillosa.” — 1 Pedro 2:9 (NTV)

“Ustedes vieron lo que hice con los egipcios. Saben cómo los llevé a ustedes sobre alas de águila y los traje hacia Mí. Ahora bien, si me obedecen y cumplen Mi pacto, ustedes serán Mi tesoro especial entre todas las naciones de la tierra; porque toda la tierra me pertenece. Ustedes serán Mi reino de sacerdotes, Mi nación santa”. — Éxodo 19:4-6a (NTV)

Versículo 3 — “No tengas ningún otro dios aparte de Mí”

Dios es muy claro, Él no permite ninguna competencia con ningún otro dios. Debes escoger, adorar y servir sólo a YAHVÉH como tu Dios, y sólo a Él. Él no admite a ningún rival. En este punto podemos darnos cuenta de lo absoluta que es Su exigencia y de la locura que sería contrariarlo.

“Cuando Abram tenía noventa y nueve años, el Señor se le apareció y le dijo: «Yo Soy El-Shaddai, “Dios Todopoderoso”. Sírveme con fidelidad y lleva una vida intachable.” — Génesis 17:1 (NTV)

“La vida no se mide por cuánto tienen” – Jesús (Lucas 12:15)

Este Mandamiento es una prohibición contra rendir culto a nadie más, sólo a Dios. De esta forma se eliminan no sólo los dioses representados por ídolos de madera, piedra, oro y plata; sino también los deseos que promociona el “mundo“ como lo es el dinero, el placer, la moda, la fama, la gula, entre otras cosas, que usurpan el lugar que únicamente le corresponde a Dios. Y de esta forma, Dios nuestro Rey de Reyes prepara a Sus súbditos para que puedan recibir el resto de los 10 Mandamientos.

“¡Miren ahora, Yo mismo Soy Dios! ¡No hay otro dios aparte de Mí! Yo Soy el que mata y el que da vida, Soy el que hiere y el que sana. ¡Nadie puede ser librado de Mi mano poderosa!” — Deuteronomio 32:39 (NTV)

La razón por la que adoramos a Dios de manera suprema es que no hay un Dios como nuestro Dios. Dios es omnipotente (Dios puede hacer cualquier cosa, tiene todo el poder), es omnisciente (Él lo sabe todo), es omnipresente (Dios está en todas partes, siempre existe, es eterno). Ningún dios creado por el hombre tiene estos atributos.

“¡Qué grande es nuestro Señor! ¡Su poder es absoluto! ¡Su comprensión supera todo entendimiento! — Salmos 147:5 (NTV)

“Así como los cielos son más altos que la tierra, también Mis caminos y Mis pensamientos son más altos que los caminos y pensamientos de ustedes.” — Isaías 55:9 (RVC)

Este Mandamiento requiere de nosotros una actitud y conducta que vaya de acuerdo a la relación que tenemos con Dios, de nuestro amor hacia Él, ya que Él es el Único quien puede satisfacer nuestra alma. Hoy en día muchos cristianos no experimentan el amor de Dios. Yo les preguntaría: ¿Estás obedeciendo los Mandamientos del Señor? Pero tristemente muchos cristianos piensan “Yo no necesito seguir las leyes del Antiguo Testamento porque yo vivo bajo la gracia de Dios”. Sin embargo, estas personas no se dan cuenta que al no obedecer los Mandamientos del Señor, no están experimentando el amor de Dios, porque cuando nuestro Creador nos hizo (Génesis 1:26), nos creó a Su imagen y semejanza, de forma que mientras más nos alejemos de parecernos a Él, sentimos un mayor vacío. Sus Mandamientos constituyen la instrucción para que cada uno de nosotros podamos satisfacer esta necesidad, llenando ese vacío que sentimos que no puede ser llenado con dinero, gente, o nada de este mundo, solamente al amar a Dios.

“Entonces dijo Dios: «¡Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza!” — Génesis 1:26a (RVC)

“Sin embargo, Dios lo hizo todo hermoso para el momento apropiado. Él sembró la eternidad en el corazón humano, pero aun así el ser humano no puede comprender todo el alcance de lo que Dios ha hecho desde el principio hasta el fin.” — Eclesiastés 3:11 (NTV)

“También sé que todo lo que Dios ha hecho permanecerá para siempre, sin que nada se le añada ni nada se le quite, y que esto lo hace Dios para que se le guarde reverencia.” — Eclesiastés 3:14 (RVC)

Cuando Dios nos dice que lo adoremos supremamente, no es porque Él quiera imponer Su poder sobre nosotros, sino que Él sabe que es lo mejor para nosotros, para nuestro desarrollo como Sus hijos, y lo que el Primer Mandamiento nos está diciendo es: Si no aprendes a amar y a adorar a “tu Dios” supremamente, nunca estarás satisfecho y abra un vacío en tu corazón porque tu corazón fue creado para estar satisfecho sólo al adorar a nuestro Creador, este el único camino para tener una vida placentera, abundante y llena de felicidad y alegría. Además, es el mismo camino a seguir para tener éxito y cumplir con el objetivo de nuestras vidas, produciendo frutos para el reino de Dios. Si por otro lado, tu corazón está dividido, o si algo más ocupa tu corazón, esto desvía del propósito principal y hay malas consecuencias como resultado.

Acérquense a Dios, y Dios se acercará a ustedes. Lávense las manos, pecadores; purifiquen su corazón, porque su lealtad está dividida entre Dios y el mundo.” — Santiago 4:8 (NTV)

“Así que el Señor dice: «Este pueblo dice que me pertenece; me honra con sus labios, pero su corazón está lejos de Mí. Y la adoración que me dirige no es más que reglas humanas, aprendidas de memoria.” — Isaías 29:13 (NTV)

Como cumplir con el Primer Mandamiento

¿Pero cómo podemos seguir este Mandamiento en nuestras vidas? Primero, necesitamos enfocarnos en buscar un mayor conocimiento de Dios durante todas nuestras vidas, acercarnos más a Él, así como Él es revelado en Su Palabra y en Sus obras, ya que no podemos adorar a un Dios que no conocemos.

“Esto digo, pues, y afirmo juntamente con el Señor: que ya no andéis así como andan también los gentiles, en la vanidad de su mente, entenebrecidos en su entendimiento, excluidos de la vida de Dios por causa de la ignorancia que hay en ellos, por la dureza de su corazón” — Efesios 4:17-18 (LBLA)

«Mi pueblo es necio y no me conoce —dice el Señor—. Son hijos tontos, sin entendimiento. Son lo suficientemente listos para hacer lo malo, ¡pero no tienen ni idea de cómo hacer lo correcto!». — Jeremías 4:22 (NTV)

Segundo, amar a Dios con todo lo que tenemos y con toda nuestra fuerza, lo cual motiva una profunda alegría en Él y de un fervoroso trabajo para Él.

Tercero, el temor de Dios, el cual consiste de gran admiración a Su majestuosidad, suprema reverencia para Su autoridad, un deseo para Su gloria — así como el amor a Dios es nuestro motivador para la obediencia, el temor a Dios es la gran advertencia contra la desobediencia.

Cuarto, el adorar a Dios de acuerdo a Sus designios. Nuestras formas de ayuda principales son: estudio y meditación de la Palabra de Dios, oración, y poner en práctica lo que aprendimos adoptándolo como nuevos hábitos en nuestra vida diaria.

“Puede que existan esos llamados «dioses» tanto en el cielo como en la tierra, y algunas personas de hecho rinden culto a muchos dioses y a muchos señores. Pero para nosotros: Hay un Dios, el Padre, por quien todas las cosas fueron creadas y para quien vivimos; y hay un Señor, Jesucristo, por medio de quien todas las cosas fueron creadas y por medio de quien vivimos.” — 1 Corintios 8:5-6 (NTV)

Es nuestra responsabilidad acercarnos al Señor en Sus términos, no en los nuestros. Y quizás sus ancestros hallan fallado, y no le transmitieron estas instrucciones necesarias para la vida, pero ahora usted tiene la oportunidad de regresar al camino correcto.

“Señor, ¡Tú eres mi fuerza y mi fortaleza, mi refugio en el día de aflicción! Las naciones del mundo entero vendrán a Ti y te dirán: «Nuestros antepasados nos han dejado una herencia despreciable, porque rendían culto a ídolos inútiles.” — Jeremías 16:19 (NTV)

“Entonces Dios le dijo a Abraham: «Es tu responsabilidad obedecer las condiciones del pacto. Tanto tú como todos tus descendientes tendrán esta responsabilidad de por vida.” — Génesis 17:9 (NTV)

Para entender el Primer Mandamiento veamos con Escrituras lo que implica por nuestra parte: “Conocimiento y reconocimiento de que Dios es el único Dios, nuestro Dios (1 Crónicas 28:9; Deuteronomio 26:17); y adorarlo y glorificarlo respectivamente (Salmos 95:6-7; Mateo 4:10); pensar en Él (Malaquías 3:16); meditar en Él (Salmos 63:6); recordarlo (Eclesiastés 12:1), tenerlo en alta estimación (Salmos 71:19); honrarlo (Malaquías 1:6); adorarlo (Isaías 45:23); elegir servirlo (Josué 24:15); amarlo (Deuteronomio 6:5); desearlo (Salmos 73:25); temerle (Isaías 8:13); creer en Él (Éxodo 14:31); confiar en Él (Isaías 26:4); poner nuestras esperanzas en Él (Salmos 25:5); deleitarnos en Él (Salmos 37:4); regocijarnos en Él (Salmos 32:11); trabajar con mucho entusiasmo para Él (Romanos 12:11); llamarlo, (Jeremías 33:3); alabarlo (Salmos 150); agradecerle (Salmos 100:4); darle toda nuestra obediencia y sumisión (Jeremías 7:23, Salmos 119:36); siendo cuidadosos en todas las cosas para complacerlo (1 Juan 3:22); estar afligidos cuando lo hayamos ofendido en algo (Jeremías 31:18); y caminar humildemente con Él (Miqueas 6:8).

“Tú has declarado hoy que el Señor es tu Dios y has prometido andar en Sus caminos y obedecer Sus decretos, mandatos y ordenanzas, y hacer todo lo que Él te diga.” — Deuteronomio 26:17 (NTV)

En la segunda parte de este estudio veremos la instrucción de Jesús acerca de este Mandamiento y las consecuencias de no obedecer este Mandamiento tan importante.

¡Que Dios los bendiga!


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