El Tercer Mandamiento: El Santo Nombre de Dios (Parte 3)

En el artículo anterior vimos dos categorías de las transgresiones al Tercer Mandamiento: 1) juramentos descuidados y 2) lenguaje descuidado. En este artículo veremos una tercera categoría: Vida descuidada. Como cristianos, las cosas que hacemos y la forma en la que vivimos a menudo es criticada por las personas del mundo cuando buscan justificar su vida en pecado, por lo que nuestras acciones traen repercusiones para el reino del Señor y para las personas a nuestro alrededor, por lo que como Sus embajadores tenemos una mayor responsabilidad (Lucas 12:48), necesitamos mantener nuestros estándares más altos para no profanar el Nombre de Dios.

3) Vida descuidada

Es mi creencia, por lo que hemos visto, que el Tercer Mandamiento no solo está limitado a usar el Nombre de Dios de forma incorrecta cuando hablamos o cuando hacemos juramentos, sino que este Mandamiento también incluye nuestro comportamiento como representantes de Dios en el mundo. Si nos identificamos como cristianos, creyentes y servidores de Dios, pero vivimos de una forma inconsistente, actuando como las personas incrédulas del mundo, de una forma hipócrita e incongruente, nosotros no solamente estamos transgrediendo el Mandamiento al tomar el Nombre de Dios en vano en nuestras vidas, sino que además estamos causando que otros hagan lo mismo, incluso llegando al grado que las personas se desanimen y abandonen la fe cristiana. Cuando desobedecemos a Dios, causamos que otros también deshonren el carácter, autoridad, reputación, fama y gloria de Su Nombre. Por eso, Jesús nos dice:

[Jesús dice] “¿Por qué ustedes Me llaman: ‘Señor, Señor,’ y no hacen lo que Yo digo?” — Lucas 6:46 (NBLH)

“El hijo honra a su padre, y el siervo a su señor. Pues si Yo Soy Padre, ¿dónde está Mi honor? Y si Yo Soy Señor, ¿dónde está Mi temor?” dice el Señor de los ejércitos a ustedes sacerdotes que desprecian Mi Nombre.” — Malaquías 1:6a (NBLH)

Cuando anunciamos que nuestro Creador es nuestro Señor y Maestro, llevamos Su Nombre y carácter en todo lo que hacemos, el apóstol Pedro nos dice que como cristianos tenemos el privilegio de que nos llamen por el Nombre de Cristo (1 Pedro 4:16), y cuando obedecemos Sus Mandamientos, le damos gloria a Él. Si por el contrario, lo desobedecemos como cristianos, crearemos una mala fama o reputación y el Nombre (shem) de Dios es tomado en vano provocando que Su Nombre sea blasfemado por el comportamiento de Sus embajadores en la tierra. Nos convertimos en unos hipócritas.

“Cuando llegaron a las naciones adonde fueron, profanaron Mi Santo Nombre, porque de ellos se decía: ‘Estos son el pueblo del Señor, y han salido de Su tierra.’ Pero Yo he tenido compasión de Mi Santo Nombre, que la casa de Israel había profanado entre las naciones adonde fueron.”— Ezequiel 36:20-21 (NBLH)

Llevar una vida descontrolada, imprudente, infructuosa y ofensiva en donde la persona abusa de cualquier cosa contenida bajo el Nombre de Dios y Sus criaturas. El carácter y naturaleza de Dios, o Su Nombre, están reflejados en Su Ley, y todo lo que va en contra de Su carácter y naturaleza es llamado “pecado”. Así que cada vez que pecamos o quebrantamos alguno de los 10 Mandamientos, estamos al mismo tiempo tomando el Nombre de Dios en vano, y demostramos nuestra falta de temor al Señor.

“Pisotean en el polvo a los indefensos y quitan a los oprimidos del camino. Tanto el padre como el hijo se acuestan con la misma mujer y así profanan Mi Santo Nombre.” — Amós 2:7 (NTV)

“Porque cualquiera que cumpla toda la ley, pero que falle en un solo mandato, ya es culpable de haber fallado en todos.” — Santiago 2:10 (RVC)

Tenemos el ejemplo del rey David cuando cometió adulterio con Betsabé y mató a su esposo. Las acciones de David provocaron que los enemigos de Dios lo blasfemaran.

“Sin embargo, por cuanto con este hecho has dado ocasión de blasfemar a los enemigos del Señor, ciertamente morirá el niño que te ha nacido.” — 2 Samuel 12:14 (NBLH)

“Porque hablan contra Ti perversamente, Y Tus enemigos toman Tu nombre en vano.” — Salmos 139:20 (NBLH)

¿Qué cree usted que piense la gente del mundo cada vez que un cristiano comete un acto vergonzoso, especialmente un miembro prominente o con “alta jerarquía” en una iglesia? Podrían decir cosas como: “¿Pues no que muy santito?”, “son de lo peor”, “qué hipócritas”, “no hacen lo que predican”, etc. Con esto ellos pueden justificar permanecer en sus pecados, diciendo ¡Al cabo que todos lo hacen!, y no ven la necesidad de un Salvador, de tener a Jesucristo en sus vidas. Son testigos de los actos de pedofilia entre los sacerdotes católicos; las estafas de pastores que engañan a sus congregaciones para robarles su dinero; los terribles actos cometidos durante las cruzadas y la inquisición “en nombre de Dios”, etc.

En mi experiencia personal, después de crecer como católico, yendo a misa los domingos y habiendo estudiado en escuelas católicas; un evento crucial que me alejó de la vida religiosa fue el impacto que me causó un viaje que hice como turista al Vaticano, y vi la opulencia de la basílica de San Pedro con riquezas incalculables, la residencia papal, e inclusive los jardines de la Ciudad del Vaticano, los cuales evidentemente requieren de mucho dinero para su mantenimiento, y me pregunté por qué los papas tienen tantas riquezas acumuladas y no utilizan estos recursos para ayudar a tanta gente pobre y necesitada, pensé “no hacen lo que predican”. A partir de ese momento me alejé de todo ámbito religioso, al punto que me llegué a considerar a mi mismo como un ateo. Hasta que gracias a Dios me abrió los ojos, como lo puede ver en mi testimonio acerca de por qué me convertí al cristianismo. Este es el gran impacto del Tercer Mandamiento, que como cristianos podemos acercar o alejar a las personas a Dios si nuestro comportamiento se apega o no al ejemplo que Jesús nos dio. Le recomiendo el artículo Verdades Bíblicas para los Católicos Romanos.

“¡Ay de los pastores que destruyen y dispersan las ovejas de Mis prados!,” declara el Señor. Por tanto, así dice el Señor, Dios de Israel, acerca de los pastores que apacientan a Mi pueblo: “Ustedes han dispersado Mis ovejas y las han ahuyentado, y no se han ocupado de ellas. Por eso Yo me encargaré de ustedes por la maldad de sus obras,” declara el Señor.” — Jeremías 23:1-2 (NBLH)

[Dice Jesús] “El que no está conmigo, contra Mí está; y el que conmigo no recoge, desparrama.” — Lucas 11:23 (LBLA)

¿No sé si habrá escuchado del horroroso caso de Jim Jones? En 1978, este sociópata causó que 909 personas de su congregación murieran voluntariamente al tomar un Kool-Aid envenenado. Este hombre fue el líder de un culto que utilizaba a su conveniencia el Nombre de Dios y pasajes de la Biblia, pero su verdadera agenda era promover el Marxismo y hacerse rico. Esta masacre en Jonestown, Guyana fue la peor conocida por los estadounidenses previa a los eventos del 11 de septiembre del 2001.

[Dice Jesús]”Cuídense de los falsos profetas, que vienen a ustedes disfrazados de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces. Ustedes los conocerán por sus frutos, pues no se recogen uvas de los espinos, ni higos de los abrojos.” — Mateo 7:15-16 (RVC)

“Sus palabras son suaves, como mantequilla, pero en su corazón se libra una batalla. Sus palabras son suaves, como el aceite, pero en realidad son espadas desnudas.” — Salmos 55:21 (RVC)

Por otro lado, también hay supuestos “curanderos” o “videntes”, quienes en realidad practican brujería, a pesar de que el Señor claramente prohíbe la hechicería (Levítico 19:31; Levítico 20:6; Deuteronomio 18:10-12), y utilizan el Nombre de Dios en falsedad para supuestamente curar a alguien. A menudo también utilizan amuletos que contienen Escrituras. En la santería hay tales prácticas, de mezclar por ejemplo rezar el Padre Nuestro y al mismo tiempo realizar algún ritual mágico o supersticioso, por ejemplo, frotar a alguien con un jabón o con alguna hierba, para “curarlo”. Recuerde que cualquier práctica que se aleje de la voluntad de Dios o que ignore Su Palabra, a su vez está abriendo la puerta a los poderes del mal para que lo engañen y le hagan daño.

“En cuanto a la persona que vaya a los adivinos o a los espiritistas, para prostituirse en pos de ellos, también pondré Mi rostro contra esa persona y la exterminaré de entre su pueblo.” Levítico 20:6 (NBLH)

Sí no honramos a Dios con nuestras acciones, es mejor que no nos asocien con Cristo. Porque como cristianos vamos a ser acusados por el diablo y criticados por las personas cada vez que rompamos un Mandamiento. Porque al llamarnos seguidores de Cristo, tenemos un estándar más alto, una mayor responsabilidad.

“Entonces oí una fuerte voz en el cielo, que decía: «¡Aquí están ya la salvación y el poder y el reino de nuestro Dios, y la autoridad de su Cristo! ¡Ya ha sido expulsado el que día y noche acusaba a nuestros hermanos delante de nuestro Dios!” — Apocalipsis 12:10 (RVC)

“Porque tal como está escrito: “el Nombre de Dios es blasfemado entre los gentiles por causa de ustedes.”” — Romanos 2:24 (NBLH)

Jesús nos dice que en los últimos días habrá muchas personas que hipócritamente dirán que viven en Su Nombre para aparentar, pero en sus corazones viven para el mundo tomando el Nombre de Dios en vano. Porque sus obras son hechas en la incredulidad, dudando, cuestionando y negando los atributos de Dios.

No todo el que Me dice: ‘Señor, Señor,’ entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de Mi Padre que está en los cielos. Muchos Me dirán en aquel día: ‘Señor, Señor, ¿no profetizamos en Tu Nombre, y en Tu Nombre echamos fuera demonios, y en Tu Nombre hicimos muchos milagros?’ Entonces les declararé: ‘Jamás los conocí; apártense de Mi, los que practican la iniquidad.’” — Mateo 7:21-23 (NBLH)

El Nombre de Dios es profanado cuando las personas desarrollan doctrinas erróneas como lo hicieron los Fariseos.

[Dice Jesús] “¡Ay de ustedes, escribas y fariseos, hipócritas! Porque recorren mar y tierra en busca de seguidores, y una vez que los consiguen, los hacen dos veces más hijos del infierno que ustedes.” — Mateo 23:15 (RVC)

Vemos también que estas personas no tienen ningún respeto por su Creador, con quien deberían estar eternamente agradecidos por todo lo que les provee.

“Pues la naturaleza pecaminosa es enemiga de Dios siempre. Nunca obedeció las leyes de Dios y jamás lo hará.” — Romanos 8:7 (NTV)

Los Cristianos somos los “Embajadores” de Dios en el mundo

Como podemos ver, a Dios no le gusta que las personas cometan perjurio en Su Nombre, que blasfemen Su Nombre, o que lleven una vida inmoral. Pero por ejemplo, el cambiar nuestro lenguaje blasfemo no nos beneficiará si nuestro corazón y actitud hacia el Señor permanece igual. Y por esta razón, el Tercer Mandamiento se refiere a algo más serio que a un abuso verbal al tomar el Nombre de Dios como una obscenidad, o como un término común en nuestras conversaciones, en lugar de respetar Su santidad. La persona necesita arrepentirse y reflexionar que este Mandamiento involucra convertirnos en embajadores de Dios en la tierra. Como cristianos todas nuestras malas acciones tienen una repercusión directa en cómo el mundo se forma una opinión de Dios por Sus representantes.

“Pero si alguien sufre como Cristiano, que no se avergüence, sino que como tal (en ese nombre) glorifique a Dios.” — 1 Pedro 4:16 (NBLH)

“Porque así ha dicho el Alto y Sublime, el que habita la eternidad, y cuyo Nombre es santo: “Yo habito en las alturas, en santidad, pero también doy vida a los de espíritu humilde y quebrantado, y a los quebrantados de corazón.”” — Isaías 57:15 (RVC)

Podemos decir que una forma en la que nos convertimos en embajadores del Señor en la tierra es cuando nos bautizamos en el Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, y públicamente declaramos nuestra fe en Dios. Cuando volvemos a nacer, Jesucristo nos limpia de nuestros pecados y con la ayuda del Espíritu Santo podemos empezar nuestro servicio al Señor (2 Corintios 5:11-21). Jesús nos dio la gran comisión de enseñar el evangelio a nuevos discípulos del Señor y el bautizarlos en Su Nombre.

“Vayan, pues, y hagan discípulos de todas las naciones, bautizándolos en el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.” — Mateo 28:19 (NBLH)

Para poder ejercer correctamente nuestra labor como embajadores de Dios es indispensable que lo conozcamos íntimamente, Su carácter, autoridad, reputación, fama y gloria que están comprendidos en Su Nombre. Pero el mayor obstáculo que ocasiona que transgredamos el Tercer Mandamiento es que la mayoría de las personas conocen al Señor sólo superficialmente. Por ejemplo, usted puede ir a un supermercado muy seguido y conocer el nombre del cajero que atiende ahí, y a su vez el cajero puede reconocerlo y saludarlo por su nombre, pero eso es todo, es un conocimiento superficial. Sin embargo, es muy diferente la relación que usted tiene con su pareja, a quien conoce de una forma mucho más íntima y profunda.

“Hijos de Israel, ¡oigan la Palabra del Señor! El Señor ha entablado un pleito contra los habitantes de la tierra, porque ya no hay en la tierra verdad ni misericordia, ni conocimiento de Dios” — Oseas 4:1 (RVC)

[Dice el Señor]”Mi pueblo es destruido por falta de conocimiento. Por cuanto tú has rechazado el conocimiento, Yo también te rechazaré para que no seas Mi sacerdote. Como has olvidado la ley de tu Dios, Yo también Me olvidaré de tus hijos.” — Oseas 4:6 (NBLH)

En las Escrituras vemos lo que sucede cuando la gente sólo conoce superficialmente a Dios. Aun y cuando los israelitas fueron testigos de las maravillas del Señor como las 10 Plagas que afectaron a Egipto, cuando Él partió las aguas del mar Rojo y luego les proveyó de maná para que comieran, los israelitas continuamente practicaron idolatría, se rebelaron y criticaron a Dios. La gente vio superficialmente las obras de Dios, pero no entendieron Su carácter.

“La rebelión es tan pecaminosa como la hechicería, y la terquedad, tan mala como rendir culto a ídolos.” — 1 Samuel 15:23a (NTV)

La clave para conocer al Señor íntimamente es conocer los caminos de Dios y obedecer Sus Mandamientos. Como nos explica Moisés cuando le pide al Señor que le muestre Sus caminos para que llegue a conocerlo.

[Moisés dice] “Ahora pues, si he hallado gracia ante Tus ojos, Te ruego que me hagas conocer Tus caminos para que yo te conozca y halle gracia ante Tus ojos.” — Éxodo 33:13a (NBLH)

En el Salmo 103: 7, vemos la diferencia, mientras que Moisés conocía los caminos de Dios, el pueblo de Israel solo veía las obras de Dios y lo conoció sólo casualmente. Mientras que Moisés conoció a Dios íntimamente. Necesitamos ver más allá de las obras de Dios y buscar los caminos de Dios.

[El Señor] “Dio a conocer Sus caminos a Moisés; los hijos de Israel vieron Sus obras.” — Salmos 103:7 (RVC)

Los israelitas estaban felices mientras las obras de Dios los complacían. Pero tan pronto algo les faltaba empezaban a criticar y a quejarse de Dios. En el trayecto a la Tierra Prometida, ellos estaban asustados y confundidos porque no entendían los caminos Dios. Por lo que no entraron en Su reposo.

“Por lo cual Yo me disguste con aquella generación, y dije: ‘siempre se desvían en su corazón, y no han conocido Mis caminos;’ como jure en Mi ira: ‘No entraran en Mi reposo.’” — Hebreos 3:10-11 (NBLH)

El beneficio de conocer los caminos de Dios es la paz que trae a nuestras almas, la estabilidad en nuestras vidas, y en nuestro estilo de vida. Además, tenemos Su promesa que cuando cumplimos Sus Mandamientos Él se manifestará en nuestras vidas:

[Dice Jesús] “El que tiene Mis Mandamientos, y los obedece, ése es el que me ama; y el que me ama, será amado por Mi Padre, y Yo lo amaré, y me manifestaré a él.” — Juan 14:21 (RVC)

Cuando experimentamos esta intimidad con nuestro Creador, se desarrolla en nuestros corazones la necesidad de tener la presencia de Dios el resto de nuestras vidas, como vemos en el pasaje de Éxodo 33: 1-3, en donde, aunque Dios les brinda protección y provisión para tomar posesión de la Tierra Prometida, pero Moisés tenía la necesidad de la presencia del Señor tan arraigada en su alma que rechazó toda oferta que hizo el Señor si la presencia de Dios no estaba con ellos.

“Entonces Moisés le dijo: “Si Tu presencia no va con nosotros, no nos hagas salir de aquí. ¿Pues en qué se conocerá que he hallado gracia ante Tus ojos, yo y Tu pueblo? ¿No es acaso en que Tú vayas con nosotros, para que nosotros, yo y Tu pueblo, nos distingamos de todos los demás pueblos que están sobre la superficie de la tierra?”” — Éxodo 33:15-16 (NBLH)

Moisés conocía íntimamente al Señor porque él entendía tanto las obras como los caminos de Dios. Nosotros como creyentes, no podemos basar nuestro conocimiento del Nombre del Señor solamente por la lectura de libros sobre Dios, sino que para conocerlo íntimamente tenemos que pasar tiempo con Él en oración (Juan 14:13-14), y todo lo que hagamos sea para la gloria de Dios (1 Corintios 10:31). Porque cuando hablamos de Dios el conocerlo es amarlo, amarlo es confiar en Él, confiar en Él es obedecerlo, obedecerlo es ser bendecido, y ser bendecido es ser una bendición para los demás como Su embajador. Jesús prometió a aquellos que se reúnen en Su Nombre un privilegio adicional:

“Porque donde están dos o tres reunidos en Mi Nombre, allí estoy Yo en medio de ellos.” — Mateo 18:20 (NBLH)

El usar el Nombre de Dios es como utilizar Su firma, por lo que sólo lo utilizaríamos para firmar por cosas que Él nos ha dado licencia. No utilizaríamos Su firma para cualquier cosa que nosotros no queramos.

“Y se humilla Mi pueblo sobre el cual es invocado Mi nombre, y oran, buscan Mi rostro y se vuelven de sus malos caminos, entonces Yo oiré desde los cielos, perdonaré su pecado y sanaré su tierra.” — 2 Crónicas 7:14 (NBLH)

Para concluir este estudio me gustaría dejarlos con una promesa sorprendente para Sus embajadores, porque Jesús va a escribir Su Nombre en la frente de todos los que permanezcamos fieles a Él hasta el final (Apocalipsis 2:17).

“Ellos verán Su rostro y Su Nombre estará en sus frentes.” — Apocalipsis 22:4 (NBLH)

¡Que Dios los bendiga!


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