La Creación de Dios en Génesis

Génesis 1:6-8 – Día dos: La creación del Cielo

Entonces Dios dijo: ”Que haya un espacio entre las aguas, para separar las aguas de los cielos de las aguas de la tierra” y eso fue lo que sucedió. Dios formó ese espacio para separar las aguas de la tierra de las aguas de los cielos y Dios llamó al espacio “cielo”. Y pasó la tarde y llegó la mañana, así se cumplió el segundo día.

El trabajo del “segundo día” es la creación del llamado “espacio” de los cielos. Después de la creación de la luz, el próximo acto creativo fue, según la cosmogonía Hebrea, la división del abismo acuoso primitivo, mediante una esfera sólida que aquí se denota con la palabra “cielo”. Las aguas están por encima de ella y por debajo ella.

“Que haya”

Esta frase que aquí se emplea de nuevo, es para indicar el comienzo de un nuevo ajuste de la atmósfera; ya que, al parecer, la tierra estaba rodeada completamente por una capa gruesa de agua, tal vez en forma de un vapor pesado, que no flotaba, sino que más bien descansaba en las aguas debajo de él.

Genesis-1“Cielo”

La palabra usada por Moisés es la palabra Hebrea, רָקִיעַraquía, espacio, firmamento; de la raíz, רָקַעraká, extensión; para extenderse como las cortinas de una tienda de campaña o carpa, simplemente significa una extensión, espacio, o expansión que separa el vapor de agua de los mares, que están por debajo del espacio. A esto, hoy lo llamamos la atmósfera; pero la palabra en Génesis que Moisés utiliza parece tener un sentido más amplio, e incluir la totalidad del sistema solar.

El firmamento para los Griegos, y probablemente también de los Hebreos era, sin duda, algo sólido, no tenían la concepción de un espacio etéreo infinito como lo conocemos en la actualidad. Como tal como aparece en la poesía de la Biblia, donde se describe como una bóveda poderosa de vidrio fundido, un sólido arqueado o una bóveda (Job 37:18, Ezequiel 1:22), que descansa sobre los pilares de la tierra (Job 26: 11; 2 Samuel 22: 8), y que tiene las puertas a través de las cuales Dios derrama abundancia (Génesis 7:11; Génesis 28:17; Salmo 78:23).

“¿Acaso lo ayudaste a extender los cielos, y los afirmaste como reluciente espejo? “– Job 37:18 (RVC)

“Por encima de los seres vivientes podía verse una bóveda, semejante al cristal más hermoso, la cual se extendía por encima de ellos.” – Ezequiel 1:22 (RVC)

“La tierra tembló y se estremeció; los cimientos de los cielos se cimbraron; ¡se sacudieron por la indignación del Señor! “– 2 Samuel 22:8 (RVC)

“Sin embargo, dio órdenes a las nubes, y abrió las compuertas de los cielos.” – Salmos 78:23 (RVC)

“Espacio para separar las aguas de la tierra de las aguas de los cielos. “

Las aguas de la tierra se refieren a los depósitos de aguas, que van a ser las fuentes de los mares, lagos, ríos, manantiales y depósitos subterráneos (Salmos 33:6-7) que se van a formar en el tercer día. Durante el segundo día el agua cubría toda la superficie de la tierra. Por otro lado, las aguas de los cielos pudieron referirse al vapor de agua que actuó como un agente para hacer de la tierra como un invernadero, con una condición de temperatura uniforme, permitiendo así la vida. En la parte superior de esta cúpula están “las aguas que están sobre los cielos”, que suministran las reservas para la lluvia y el rocío. (Para ver más acerca de los “cielos” consulte nuestro artículo Génesis 1:1).

“¿Tiene padre la lluvia?¿Quién da a luz el rocío?” – Job 38:28

“Con su palabra, el Señor hizo los cielos; todo lo creado lo hizo con un soplo de su boca. El Señor junta el agua del mar en una vasija, y pone en un depósito las profundidades del mar.” – Salmos 33:6-7 (RVC)

“Con su conocimiento se abrieron las fuentes profundas de la tierra e hizo que el rocío se asiente bajo el cielo nocturno.” – Proverbios 3:20 (NTV)

 “Dios llamó al espacio “cielo”

Aguas-del-cielo

De acuerdo con algunas traducciones, el significado del cielo probablemente fue tomado de la palabra Hebrea שָׁמַיִםshamáim un compuesto de dos palabras, שָׁמֶהshamé, cielo, aire, y מַיִםmáim, aguas, es decir, “hay agua en las nubes de los cielos”. La extensión del espacio inmediatamente por encima de la tierra que se menciona de nuevo en el versículo 20, deja claro que el cielo aquí, es la esfera en donde vuelan las aves. Este es el también llamado “primer cielo”.

“Y pasó la tarde y llegó la mañana”

Este periodo comprende el espacio de veinticuatro horas, que fue otro día natural. En donde el cuerpo de la luz, creada en el primer día, alumbró a la tierra que se encontraba en caos mientras giraba sobre su propio eje, y esta revolución produjo el segundo día.

En el segundo día, podemos ver cómo Dios diciendo una palabra, creó el firmamento, el cual benefició de dos formas: primero, con la difusión del aire, se creó lo que hoy conocemos como la atmósfera, que rodea la tierra y que es vital para la vida. Segundo, la masa pesada de turbio vapor húmedo y acuoso fue separada de las aguas líquidas que envolvían la Tierra. El vapor que se eleva hasta las regiones más altas del cielo, se condensa por el frío, el cual se hace evidente en forma de niebla, rocío, y de las nubes. Adicionalmente, cada cosa que Dios hace tiene múltiples beneficios, como el vapor que se levantó crea humedad ambiental que es necesaria para la respiración de la flora y de la fauna de un mundo nuevo. Por ejemplo, cuando la humedad ambiental está muy baja, a mí me sangra la nariz por la resequedad, por lo que tener agua en estado gaseoso nos beneficia a todos.

Dios (Elohím en Hebreo) nos muestra su inagotable gracia al darnos la solución completa para nuestro sustento con la lluvia, una tierra prospera que da de comer más allá de lo que necesitamos como se muestra en Hechos 14:17 y prosperidad en Isaías 58:11:

“Aunque no dejó de manifestar su poder al enviarnos toda clase de bienes, pues del cielo nos viene la lluvia, que hace fructificar la tierra para nuestro sustento y alegría.” – Hechos 14:17 (RVC)

“Entonces yo, el Señor, te guiaré siempre, y en tiempos de sequía satisfaré tu sed; infundiré nuevas fuerzas a tus huesos, y serás como un huerto bien regado, como un manantial cuyas aguas nunca faltarán.” – Isaías 58:11 (RVC)

El agua representa la purificación del pecado, y marca el nuevo nacimiento como creyentes que manifestamos públicamente a través del Bautizo al ser inmersos en agua. Jesús (Yeshúa en Hebreo) nos llama a aceptar el agua viva como lo expresa en Juan 7:37-39 y en Tito 3:5:

“El último día del festival, el más importante, Jesús se puso de pie y gritó a la multitud: «¡Todo el que tenga sed puede venir a mí! ¡Todo el que crea en mí puede venir y beber! Pues las Escrituras declaran: “De su corazón, brotarán ríos de agua viva”». (Con la expresión «agua viva», se refería al Espíritu, el cual se le daría a todo el que creyera en él; pero el Espíritu aún no había sido dado, porque Jesús todavía no había entrado en su gloria).” – Juan 7:37-39 (NTV)

“Él nos salvó, no por las acciones justas que nosotros habíamos hecho, sino por su misericordia. Nos lavó, quitando nuestros pecados, y nos dio un nuevo nacimiento y vida nueva por medio del Espíritu Santo.” – Tito 3:5 (NTV)

Para cerrar este estudio, me gustaría incluír un versículo en donde se muestra la importancia del agua que está desde el principio hasta el final y que menciona Yeshúa como un regalo para nosotros en Apocalipsis 21:6:

“También dijo: «¡Todo ha terminado! Yo soy el Alfa y la Omega, el Principio y el Fin. A todo el que tenga sed, yo le daré a beber gratuitamente de los manantiales del agua de la vida.” – Apocalipsis 21:6 (NTV)


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