Génesis 2:1-3 – El Séptimo día: El Sabbat del Señor

Así quedó terminada la creación de los cielos y de la tierra, y de todo lo que hay en ellos. Cuando llegó el séptimo día, Dios ya había terminado su obra de creación, y descansó [cesó] de toda su labor. Dios bendijo el séptimo día y lo declaró santo, porque ese fue el día en que descansó de toda su obra de creación.

Los primeros tres versículos de este capítulo forman parte de la narrativa del capítulo anterior, y contienen Su propósito Divino. Como vimos anteriormente, la humanidad es el punto culminante de los actos creativos de Dios (1: 26-31), mientras que el séptimo día, es el punto culminante de la semana de la creación. ¡Cuando Dios descansó (o cesó de crear), y vió que toda la creación era buena y no había nada más que hacer! El séptimo día tiene como intención celebrar la obra terminada de Dios; y se le denominaría “Shabát”, el día sería apartado como santo y dedicado al Creador, y también como descanso. La ausencia de la habitual frase “tarde y mañana” refleja la voluntad del Creador para entrar en comunión sin fin con la humanidad.

Genesis-1

“Dios ya había terminado su obra de creación”

Pero no significa que Dios, Elohím en Hebreo, había terminado todo el trabajo (véase Juan 5:17), sólo el trabajo especial de la creación.

“y por eso los judíos lo perseguían y procuraban matarlo, porque hacía esto en el día de reposo [Shabát]. Pero Jesús les respondió: «Hasta ahora mi Padre trabaja, y yo también trabajo.»” — Juan 5:16-17 (RVC)

Porque Elohím sólo crea una vez y nos bendice para que nos multipliquemos a partir de ese momento. Dios está a cargo de todo lo que pasa en el universo desde un átomo hasta una estrella supernova. Las leyes dadas en estos seis días de Su creación continúan su actividad. Él es quien les da mantenimiento, para su progreso y desarrollo. Pero no hay ninguna actividad creadora después de los seis días iniciales.

“Solo tú eres el Señor. Tú hiciste el firmamento, los cielos y todas las estrellas; hiciste la tierra, los mares y todo lo que hay en ellos. Tú los preservas a todos, y los ángeles del cielo te adoran.” — Nehemías 9:6 (NTV)

Dios entró en nuestra dimensión, por así decirlo, y completó la creación del universo con todos sus habitantes, todo esto es distinto de Su propia esencia. Por lo tanto, al dejar de crear en esta dimensión se le llama “descanso”.

“y descansó [cesó] de toda su labor”

Cuando Elohím terminó Su trabajo de los seis días previos, y vio que todo era muy bueno, cesó porque no había nada más que hacer. Su trabajo estaba completo. Dios no descansó por estar fatigado, sino por estar complacido. No debemos verlo como algo negativo porque cesó de la obra de la creación, sino como una forma positiva en la que Él dio Su bendición y santificación al séptimo día.

“¿Acaso no sabes, ni nunca oíste decir, que el Señor es el Dios eterno y que él creó los confines de la tierra? El Señor no desfallece, ni se fatiga con cansancio; ¡no hay quien alcance a comprender su entendimiento!” — Isaías 40:28 (RVC)

Si consideramos que todo el universo fue creado por Elohím con el mínimo esfuerzo, en cuestión de días; como lo explica el rey David, con sólo el movimiento de sus dedos. Realmente no tenemos idea del poder, inteligencia, y sabiduría que Elohím tiene, si Él ni siquiera sudó para crear algo que nosotros, con todos nuestros avances científicos, no alcanzamos a entender. Y demuestra que no somos nada sin Dios.

Dios levanta el mundo entero como si fuera un grano de arena (Isaías 40:15 (NTV)

“Cuando miro el cielo de noche y veo la obra de tus dedos —la luna y las estrellas que pusiste en su lugar.” — Salmos 8:3 (NTV)

“No, porque todas las naciones del mundo no son más que un grano de arena en el desierto. No son más que una capa de polvo sobre la balanza. Él levanta el mundo entero como si fuera un grano de arena.” – Isaías 40:15 (NTV)

“Porque mis ideas no son como las de ustedes, y mi manera de actuar no es como la suya. Así como el cielo está por encima de la tierra, así también mis ideas y mi manera de actuar están por encima de las de ustedes.» El Señor lo afirma.” – Isaías 55:8-9 (DHH)

Shabbath

Aunque la palabra Hebrea utilizada aquí es el verbo “shabát”, descansar, para decir “descansó” en el versículo 2, este verbo da origen al “día de descanso” o “Shabát” para designar al séptimo día.

El primer registro de una observancia obligatoria del Shabát se describe durante el trayecto del pueblo de Israel hacia el Monte Sinaí, en Éxodo 16, cuando Dios proveyó el maná para el séptimo día. Y de acuerdo a Nehemías 9:13-14, el Shabát fue un pacto oficial cuando se recibieron las leyes en el Monte Sinaí.

La palabra- שַׁבָּת – shabát, “descansó”; por lo tanto, sábado o Shabát, es el nombre del séptimo día, significa un día de descanso; el descanso para el cuerpo, del trabajo y la fatiga, y un descanso para el alma de todo lo relacionado al mundo y la ansiedad que produce. Es por la autoridad de Dios que el sábado es puesto a otro nivel, con fines religiosos y de descanso. Él nos dio seis días de la semana para que realicemos nuestro trabajo laboral o intelectual de este mundo, pero en Su sabiduría, designó un día de descanso para recuperar nuestras energías y que nuestra salud no se vea afectada. Con este principio, es igualmente culpable ante los ojos de Dios aquél que no trabaja durante los seis días, así como el que trabaja en el séptimo. En el libro de Números podemos ver el castigo por quebrantar el día de descanso:

“Cierto día, mientras el pueblo de Israel estaba en el desierto, descubrieron a un hombre que recogía madera durante el día de descanso [Shabát]… Así que la comunidad entera sacó al hombre del campamento y lo apedrearon a muerte, tal como el Señor le había ordenado a Moisés.” — Números 15:32, 36 (NTV)

“El pueblo de Israel deberá guardar el día de descanso y conmemorarlo de generación en generación. Es una obligación del pacto para siempre. Es una señal perpetua de mi pacto con el pueblo de Israel. Pues en seis días el Señor hizo los cielos y la tierra, pero en el séptimo dejó de trabajar y descansó.” — Éxodo 31:16-17 (NTV)

“Jesucristo, el Señor del Sabbat”

“Y añadió: «El Hijo del Hombre [Jesús] es también Señor del día de reposo [Shabát].»” — Lucas 6:5 (RVC)

Esta es una de las más grandes verdades espirituales que hay. En el libro de Hebreos nos dice que los creyentes en Jesucristo entran en Su “descanso”, es decir, entramos en Su Shabát; nosotros entramos en Su perfecta Salvación. En el descanso prometido para el pueblo de Dios.

Cuando Adán y Eva decidieron creer en la serpiente, no confiaron en Dios y perdieron el “descanso” de estar protegidos en el Jardín del Edén. A partir de este momento la humanidad ha permanecido pecando y sin descanso por los problemas que esto conlleva. Dios no puede tener descanso donde hay pecado, Su trabajo de creación había sido corrompido y el Shabát del séptimo día había sido interrumpido. Para arreglar esto, Dios envió a Jesús, el “Señor del Sabbat”.

“Todavía sigue vigente la promesa que hizo Dios de entrar en su descanso; por lo tanto, debemos temblar de miedo ante la idea de que alguno de ustedes no llegue a alcanzarlo.” — Hebreos 4:1 (NTV)

Hay quienes todavía no ponen su confianza en nuestro Señor Jesucristo y prefieren estar de vagabundos en el mundo, siguiendo a su naturaleza pecaminosa, sin alcanzar la paz como lo explica el Salmo 95, en donde los Israelitas que se rehusaban a hacer lo que Dios les decía, lo mantuvieron enojado durante 40 años, y esa generación no llegó a la Tierra Prometida, no entraron en Su descanso, como se menciona en Hebreos 4.

“Pues solo los que creemos podemos entrar en su descanso. En cuanto a los demás, Dios dijo: «En mi enojo juré: “Ellos nunca entrarán en mi lugar de descanso”», si bien ese descanso está preparado desde que él hizo el mundo. Sabemos que está preparado debido al pasaje en las Escrituras que menciona el séptimo día: «Cuando llegó el séptimo día, Dios descansó de toda su labor” — Hebreos 4:3-4 (NTV)

Pero con Jesucristo, el Señor del Shabát, nuestro descanso es todos los días de sábado a sábado, en todo momento. Porque cuando Él murió en la cruz y resucitó, Él subió al cielo y se sentó a la derecha del Padre. Jesús se sentó, no porque estuviera cansado, sino porque nuestro Señor había terminado Su trabajo redentor. Y de esta forma Él nos da “descanso – Shabát” todos los días de nuestra vida hasta la eternidad.

El murió en la cruz hace cerca de 2,000 años por usted y por mí, y Él nos ofrece Su Salvación en la que podemos entrar, este descanso significa que no depende de nuestros propios esfuerzos para tratar de agradar a Dios con obras propias. El descanso perfecto de Dios es por Su gracia y sin costo para nosotros, nos da paz, nos libera de nuestros sentimientos de culpa por los pecados, porque han sido perdonados; nos libera de actividades de legalismo religioso; nos da la seguridad de conocer la verdad inamovible y de no depender de la corriente filosófica del momento, ya que todas las piezas del rompecabezas caen en su lugar conociendo la verdad de la Biblia; nos libera de los temores que teníamos anteriormente (antes de volvernos creyentes); nos da relación con alguien en quien confiar y en quien podemos apoyarnos, sin que nos falle en ningún aspecto como lo explica el apóstol Pablo en Romanos 5:1.

“Por lo tanto, ya que fuimos declarados justos a los ojos de Dios por medio de la fe, tenemos paz con Dios gracias a lo que Jesucristo nuestro Señor hizo por nosotros.” — Romanos 5:1 (NTV)

Observe que el descanso aquí es un regalo de gracia no merecido. Este es el descanso de la salvación que viene de darse cuenta de que Cristo terminó la obra de la redención en la cruz del Calvario. Es el descanso de nuestra conciencia al saber que la pena por nuestros pecados se ha pagado de una vez por todas ante Dios.

“Luego dijo Jesús: «Vengan a mí todos los que están cansados y llevan cargas pesadas, y yo les daré descanso.” — Mateo 11:28 (NTV)

En Cristo encontramos descanso.
En Cristo encontramos descanso.

A través de la fe en Jesucristo nos convertimos en nuevas creaciones en Él. Con esto, se abren todas promesas que Dios nos ha dado para Su descanso en el cielo; pero no sólo eso, sino que Dios nos las ofrece ahora, cuando todavía estamos en la Tierra. Por otra parte, para los no creyentes, la desconfianza en Dios roba el descanso de la salvación, felicidad, y las bendiciones que Dios puede darles ahora.

“Pues todos los que han entrado en el descanso de Dios han descansado de su trabajo, tal como Dios descansó del suyo después de crear el mundo. Entonces, hagamos todo lo posible por entrar en ese descanso, pero si desobedecemos a Dios, como lo hizo el pueblo de Israel, caeremos.” — Hebreos 4:10-11 (NTV)

Yo creo que la máxima satisfacción para un hijo de Dios es saber que está cumpliendo con la voluntad de Dios, haciendo la obra de Dios, confiando, dependiendo, y descansando en Él. No porque lo tenga que hacer, sino como agradecimiento y para dar gloria a Dios por todo lo recibido por parte de nuestro Señor.

“Dios bendijo el séptimo día”

La palabra בָּרַךְ – baráj, que por lo general se traduce como bendecir, tiene un significado muy amplio. Se utiliza con frecuencia en las Escrituras en el sentido de hablar bien de una persona. Así que Dios ha hablado bien del Shabát, y también de quienes conscientemente lo observan. Él le confería un honor peculiar y privilegios especiales superiores a los concedidos a cualquier otro día, al consagrarlo.

Este reposo del Creador era de hecho “la consecuencia de Su auto-satisfacción del trabajo perfecto y armonioso realizado;” y representa Su poder espiritual, que fluía como una bendición sobre la creación misma y la llenó de Su paz. Dios hizo esto para la obra de Su creación, al bendecir y santificar el séptimo día.

“y lo declaró santo”

Esta es la primera mención en la Biblia de la idea de algo que sea santo. El Hebreo קָדַשׁ – qadásh, santo, se refiere a ser apartado de los usos ordinarios o profanos; es algo sagrado. El Shabát es un día separado de los otros seis por Dios, es Su sello sobre el tiempo como un recordatorio de que está bajo Su control. La observancia legal del Shabát no comenzó hasta los días de Moisés (Éxodo 31:13; Éxodo 35: 2); pero esta bendición y santificación se les dio antes de cualquier pacto con el hombre. El descanso semanal, por lo tanto, es universal, permanente e independiente de la ley mosaica.

“Diles a los israelitas: “Asegúrense de guardar mi día de descanso, porque el día de descanso es una señal del pacto entre ustedes y yo de generación en generación. Se ha establecido para que sepan que yo soy el Señor, quien los hace santos.” – Éxodo 31:13 (NTV)

Fue algo que el pueblo de Israel había olvidado en Éxodo 20:8. Y se los recuerda en el cuarto mandamiento, a continuación le presentamos el primer versículo del mandamiento:

“Te acordarás del día de reposo [Shabát], y lo santificarás.” — Éxodo 20:8 (RVC)

Los primeros seis días de la creación implican la separación (luz de la oscuridad, día de la noche, el agua de la tierra seca). El último acto de la creación separa lo que es normal de lo que es santo, sentando así las bases para el culto de Israel.

Observe el comienzo del reino de la gracia, en la santificación, o mantener santo, del día de reposo. La observación solemne de un día en siete como día de reposo santo y santa obra, para honor de Dios, es el deber de todos aquellos a quienes Dios ha dado a conocer Sus santos días de reposo.

Debemos concluir que en el séptimo día, en el que Dios descansó de Su trabajo, el mundo también, con todos sus habitantes, alcanzó el sagrado reposo de Dios en el paraíso; y que Dios, en Su infinita gracia hacia nosotros, estableció Su plan para que este día de descanso sea alcanzado una vez más en el futuro. Después del pecado original, la humanidad perdió la comunión con Dios a causa del pecado del hombre, pero el Shabát es la promesa de que una vez más se va a  restaurar Su compañía a través de la redención de Jesucristo, y que compartiremos con Dios toda la eternidad. Todo el propósito de la Biblia y todo el trabajo de Dios en la historia de la humanidad tiene un tema: llevar al hombre de vuelta a Su reposo, a Su Shabát; en donde el pecado no pueda volver a interrumpir nuestra comunión con Dios.

 

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