Génesis 3:16 — El Pacto Adámico: Dios juzga a la mujer

Ver. 16 — Luego le dijo a la mujer: «Haré más agudo el dolor de tu embarazo, y con dolor darás a luz. Y desearás controlar a tu marido, pero él gobernará sobre ti».

Continuando con el Pacto Adámico, ahora tenemos la sentencia que Dios le da a la mujer. Y a diferencia de la maldición que se da a la serpiente por su engaño; con la mujer sólo se pronuncia un castigo como resultado del juicio. Su culpa se debió al engaño del que fue víctima. Como veremos en los siguientes versículos, fue el hombre al que se culpa por desobediencia al comer del fruto prohibido (1 Timoteo 2:14). Así que, la mujer fue la que recibió el menor de los castigos, el cual a su vez, incluye la mayor bendición de Dios, que es la salvación de la humanidad y la liberación del pecado y de la muerte. Para la mujer, el castigo divino son los partos dolorosos; y la consecuencia de su pecado es la derrota en el conflicto con su esposo. La sentencia sobre la mujer se enfoca en dos aspectos de la vida de la mujer casada: como esposa y como madre.

eva-come-el-fruto“Ahora bien, no fue Adán el engañado por Satanás; la mujer fue la engañada y la consecuencia fue el pecado.” — 1 Timoteo 2:14 (NTV)

Cuando la mujer comió del fruto prohibido cometió un gran pecado, motivado por la rebelión ante Dios que tenía la mujer, ya que ella: (a) Ella buscó la alegría y la felicidad en el fruto prohibido, y no en Dios y lo que Él le había dado; por lo cual, como consecuencia obtuvo dolor como un aspecto normal en su vida; y (b) ella quería ser independiente, y ser como Dios; pero ahora ella es totalmente dependiente de su esposo.

Como veremos en la sentencia que Dios da a la mujer hay cuatro elementos principales:

  1. Multiplicar el dolor en el parto;
  2. Incrementar la natalidad;
  3. Problemas asociados con la crianza de los hijos; y
  4. El dominio y control del marido.

El Señor tiene Sus razones para cada una de las penitencias.

1.- “Haré más agudo el dolor de tu embarazo”

eva-castigoPara la mujer no hubo ninguna alteración anatómica drástica, como en el caso de la serpiente, pero si hubo cambios fisiológicos, que modificaron su estado original que tenía cuando fue creada, y ahora recibe un castigo asociado con la procreación, que es su principal función en el encargo divino para multiplicarse y porque ella fue crucial en la ruina de su esposo. La mujer fue sentenciada a sufrir en el parto, experimentando partos más dolorosos que cualquier otra creatura. Esto sería un recordatorio perpetuo de que la mujer “dio a luz” al pecado en la raza humana y prueba que la humanidad está en este estado desde la caída en el Edén.

“Pues, aunque la primera mujer provino de un hombre, todos los demás hombres nacieron de una mujer, y todo proviene de Dios.” — 1 Corintios 11:12 (NTV)

En las palabras de la sentencia que da Dios a la mujer se muestra Su gracia divina, porque implican claramente que la humanidad como raza sobreviviría a través de nuestros primeros padres, ellos no morirán sin antes haber tenido descendencia y que les está dando la oportunidad de arrepentirse y de alcanzar su salvación. Por esta razón, después de ser juzgados, las Escrituras dicen que Adán llamó a su esposa — “Eva”, porque ella sería la madre de todos los que viven, él creyó y confió en la promesa del Señor. Adán encontró un motivo de esperanza, incluso después del veredicto.

“Después, el hombre —Adán— le puso a su esposa el nombre Eva, porque ella sería la madre de todos los que viven.” — Génesis 3:20 (NTV)

adan-y-eva-castigoPara los castigos tanto del hombre como de la mujer se utiliza un juego de palabras en hebreo usando עִצָּבוֹן — atsavón, que significa dolores en el parto o espasmos para la mujer; y dolores en el trabajo para el hombre. Así que la misma palabra se utiliza para representar el dolor y trabajo pesado al dar a luz para la mujer. Y el trabajo pesado de cultivar la tierra para el hombre. “Atsavón” no sólo se utiliza para el dolor físico, sino también mental y emocional; como la tristeza, la amargura, el disgusto, que representa una molestia física y mental.

2.- Incrementar la tasa de natalidad

Como resultado de “La Caída”, los dolores de la mujer en el parto serán mayores de lo que originalmente eran. Esto aunado a otros cambios fisiológicos permitió a las mujeres reproducirse más rápidamente.

multiplicarAntes de la caída, el envejecer y morir eran términos desconocidos en las condiciones del paraíso. Y el poblar la tierra podría haber sido un proceso gradual donde cada mujer pudiera haber tenido 1 o 2 hijos, ya que todo mundo viviría para siempre. Sin embargo porque el pecado entró al mundo, y con él las enfermedades, envejecimiento, y la muerte; entonces fue necesario que el hombre se reprodujera rápidamente para poblar la tierra. Los nacimientos tenían que exceder la tasa de mortalidad.

3.- “y con dolor darás a luz”

El término hebreo יָלַד — iálad, es una metáfora que denota el dar a luz y el cuidado de los hijos durante los primeros años de su vida, y se refiere a la relación entre padres e hijos. Por lo que el dolor no sólo se multiplicará en su embarazo, sino que parte del castigo también la acompañará en la crianza de los hijos. Este dolor parece extenderse a todos los dolores y ansiedades de la madre concernientes a su descendencia cuando los frutos de su desobediencia son descubiertos en sus pequeños también.

gran-familiaEstudios han demostrado que desde que somos muy pequeños (2 años de edad) nuestras tendencias a pecar (como el egoísmo y la envidia) están presentes. Los padres tienen que enseñar a sus hijos a portarse bien. Ellos no necesitan enseñarles a que se porten mal, los niños lo hacen o aprenden por si solos. Por eso, los seres humanos somos los que por más tiempo dependemos de los padres. Dios se aseguró que la familia se hiciera cargo de los bebés, quienes son pecadores en potencia si no son protegidos, orientados, y corregidos cuando están creciendo.

El apóstol Juan menciona otro mecanismo que Dios implementó para ayudar a las mujeres a no temer el embarazo. Aparte de que nos da la anestesia que se le suministra durante el parto, las madres olvidan el sufrimiento una vez que la alegría del nacimiento del bebé ocurre.

“Cuando la mujer da a luz, siente dolor porque ha llegado su hora; pero después de que ha dado a luz al niño, ni se acuerda de la angustia, por la alegría de que haya nacido un hombre en el mundo.” — Juan 16:21 (RVC)

El apóstol Pablo continua con una muestra la gracia y misericordia de Dios con su promesa especial para las madres.

“Sin embargo, las mujeres se salvarán al tener hijos, siempre y cuando sigan viviendo en la fe, el amor, la santidad y la modestia.” — 1 Timoteo 2:15 (NTV)

“Y desearás controlar a tu marido”

“Desearás” del hebreo תְּשׁוּקָה — t’shucá, pasión, anhelo (deseo sensual) entre hombre y mujer (ver Cantares 7:10); o también se utiliza para describir el instinto de una bestia para devorar o dominar (Génesis 4:7b, donde el pecado es como una bestia que controla a Caín); o buscar reorientar a alguien o algo. Este deseo sensual hará que la procreación, implícita en la sentencia de la serpiente, continúe sin importar los dolores del parto, evitando que la mujer sea desincentivada por ello; y asegurando que el Mesías venga a salvarnos a todos.

4.- “pero él gobernará sobre ti”

esposo-liderazgoDado que Eva se apartó de Dios y actuó independientemente de su esposo al comer del fruto prohibido, ahora ella tendrá como castigo el volverse dependiente de su marido. Por lo que la mujer deseará controlar a su marido, pero por el castigo de Dios, sus esfuerzos no serán exitosos y el hombre ejercerá el liderazgo en el matrimonio. En conjunto tenemos que, su atracción sexual por el hombre, y el dominio sobre ella, serán aspectos íntimos de su vida, que le causarán problemas y angustias en lugar de alegrías y bendiciones.

“Para las esposas, eso significa: sométase cada una a su marido como al Señor, porque el marido es la cabeza de su esposa como Cristo es cabeza de la iglesia. Él es el Salvador de su cuerpo, que es la iglesia. Así como la iglesia se somete a Cristo, de igual manera la esposa debe someterse en todo a su marido.” — Efesios 5:22-24 (NTV)

Pero el marido no debe tomar ventaja y crear una tiranía, ya que iría en contra de Dios. Nuestra naturaleza pecaminosa nos ha llevado a abusos con los celos, el divorcio, y actos criminales extremos como la violación y la violencia familiar que han caracterizado a la humanidad a lo largo de la historia. Por ello, el apóstol Pablo recomienda la práctica de sumisión mutua, y promueve el amor y la protección del esposo hacia la mujer.

Es más, sométanse unos a otros por reverencia a Cristo.” — Efesios 5:21 (NTV)

“Para los maridos, eso significa: ame cada uno a su esposa tal como Cristo amó a la iglesia. Él entregó su vida por ella… De la misma manera, el marido debe amar a su esposa como ama a su propio cuerpo. Pues un hombre que ama a su esposa en realidad demuestra que se ama a sí mismo.”— Efesios 5:25, 28 (NTV)

“Ustedes los esposos, amen a sus esposas, y no las traten con dureza.” — Colosenses 3:19 (RVC)

Antes de la caída, parece que Adán y Eva compartían privilegios y responsabilidades por igual. El matrimonio era una unión armoniosa. Desde que el pecado entró al mundo, la mujer y su semilla han estado en guerra con Satanás y su semilla, a causa del pecado y de la maldición de Génesis 3:15; el hombre y la mujer tendrán luchas y antagonismo en su propia relación. El pecado ha convertido el sistema armonioso de Dios en luchas desagradables en todo el mundo, ahora existen riesgos y peligros que no existían antes, lo cual ha forzado a que uno de ellos asumiera el liderazgo de la familia. Por este propósito, Dios instituyó una estructura de gobierno familiar que le daba al hombre la responsabilidad primaria por el bienestar y sobrevivencia del hogar (Efesios 5:22-6:9). En esta estructura sería necesario que la esposa fuera sumisa al gobierno amoroso de su esposo, así es como la sujeción a la voluntad de su marido forma parte de su condena.

“Esposas, sujétese cada una a su esposo como corresponde a quienes pertenecen al Señor.” — Colosenses 3:18 (NTV)

“De la misma manera, ustedes esposas, tienen que aceptar la autoridad de sus esposos. Entonces, aun cuando alguno de ellos se niegue a obedecer la Buena Noticia, la vida recta de ustedes les hablará sin palabras. Ellos serán ganados” — 1 Pedro 3:1 (NTV)

pareja-rezandoRecientemente, opiniones controversiales se han originado por los movimientos feministas que se enfocan en la reconsideración de los roles de las mujeres en la casa, sociedad, y en la iglesia. Cuando tradicionalmente, la sumisión de la mujer a su marido era aceptada como parte de los preceptos de la creación, ahora este concepto se ha corrompido y solo puede ser restablecido a través del evangelio de Cristo. Personalmente les puedo confesar que la relación matrimonial con mi esposa mejoró enormemente cuando tanto ella como un servidor entendimos esta relación de autoridad y sumisión definida por Dios. La pusimos en práctica y ambos somos mucho más felices, gracias a Dios. Debemos encontrar un equilibrio entre quiénes somos en Cristo.

“Sin embargo, entre el pueblo del Señor, las mujeres no son independientes de los hombres, y los hombres no son independientes de las mujeres.” — 1 Corintios 11:11 (NTV)

“Ya no hay judío ni gentil, esclavo ni libre, hombre ni mujer, porque todos ustedes son uno en Cristo Jesús.” — Gálatas 3:28 (NTV)

Para terminar, vimos que para la mujer, el nacimiento de un bebé sirve como recordatorio de que la esperanza se encuentra en el futuro. De que el Mesías vendrá y vencerá a la serpiente. Por eso, tanto la primera como la última promesa en la Biblia, hablan de la venida de nuestro Señor Jesucristo. La primer promesa es el protoevangelio en Génesis 3:15, y la última promesa la encontramos en Apocalipsis 22:20, donde Jesús personalmente nos asegura que va a volver a venir.

“Y pondré hostilidad entre tú y la mujer, y entre tu descendencia y la descendencia de ella. Su descendiente te golpeará la cabeza, y tú le golpearás el talón».” — Génesis 3:15 (NTV)

“El que da testimonio de estas cosas dice: «Ciertamente, vengo pronto.» Amén. ¡Ven, Señor Jesús!” — Apocalipsis 22:20 (RVC)

Entre estas dos promesas encontramos una cantidad masiva de profecías sobre este evento. Que es la base de la espiritualidad de cada cristiano que sabe que un día estaremos ante la presencia de Jesús. Por lo que no podemos vivir en el pecado y desobediencia sabiendo que el día de mañana le rendiremos cuentas, personalmente, de nuestra vida. Es esto a lo que se refiere el apóstol Juan al explicarnos que esta esperanza en la venida de Jesucristo es la que nos purifica como creyentes.

“Y todos los que tienen esta gran expectativa se mantendrán puros, así como Él es puro.” — 1 Juan 3:3 (NTV)


Ir al principio de Génesis 3 — La expulsión de la humanidad del jardín del Edén
Continuar leyendo: Génesis 3:17 — El Pacto Adámico: Dios juzga a Adán (Parte 1)