Génesis 4:3-5 – Las ofrendas de Caín y Abel (Parte 2)

En el artículo anterior vimos las ofrendas que presentaron Caín y Abel para el Señor, en este artículo veremos la respuesta por parte del Señor hacia estos hermanos y sus respectivas ofrendas. Y también revisaremos cuál es la analogía para los cristianos de hoy en día.

“El Señor aceptó a Abel y a su ofrenda”

Esta declaración involucra el misterio de cómo fue que Caín y Abel supieron si su ofrenda fue aceptada por Dios. Tal vez, fue que Dios se los dijo directamente, como lo hizo cuando conversó con Caín en Génesis 4:6-7, pero no vemos ningún dialogo en este versículo para confirmar la forma en la que se enteraron de Su veredicto. Así que se ha sugerido otra forma más sorprendente en la que Dios les comunicó Su aprobación. Se piensa que fuego que provino del cielo o del Shejiná, la espada de fuego ardiente que protegía la entrada del Jardín del Edén, consumió la ofrenda de Abel, pero dejó intacta la de Caín, esta conjetura está basada en diferentes pasajes en las Escrituras en las que el Señor muestra su aceptación de una ofrenda de esta forma, como cuando Moisés y Aarón construyen el Tabernáculo, o cuando el rey David compró y dedicó el terreno en donde su hijo construiría el primer Templo de Jerusalén, o cuando años después el rey Salomón dedicó el Templo en el mismo lugar.

Un fuego ardiente salió de la presencia del Señor y consumió la ofrenda quemada y la grasa que estaba sobre el altar. Cuando los israelitas lo vieron, gritaron de alegría y se postraron rostro en tierra.” — Levítico 9:24 (NTV)

“Allí David edificó un altar al Señor y sacrificó ofrendas quemadas y ofrendas de paz. Cuando David oró, el Señor le contestó enviando fuego desde el cielo para quemar la ofrenda sobre el altar.” — 1 Crónicas 21:26 (NTV)

“Cuando Salomón terminó de orar, cayó fuego del cielo que consumió los sacrificios y las ofrendas quemadas, y la gloriosa presencia del Señor llenó el templo.” — 2 Crónicas 7:1 (NTV)

La lección de la historia es que Dios aceptó a Abel primero y luego a su ofrenda, porque Dios evalúa tanto nuestros motivos e integridad como la calidad de lo que ofrecemos. Cuando entregamos algo al Señor o a los demás, nuestro corazón debe de estar alegre por lo que podemos dar, así que demos lo mejor de nuestro tiempo, dinero, posesiones y talento.

“Y he sido un ejemplo constante de cómo pueden ayudar con trabajo y esfuerzo a los que están en necesidad. Deben recordar las palabras del Señor Jesús: “Hay más bendición en dar que en recibir”.” — Hechos 20:35 (NTV)

“Todo lo que den es bien recibido si lo dan con entusiasmo. Y den según lo que tienen, no según lo que no tienen.” — 2 Corintios 8:12 (NTV)

Por lo que no existe el requisito de que una persona deba de ser pura antes de presentar su sacrificio para que este sea aceptado por Dios, sino que al contrario, porque no somos ni puros, ni santos, en todos nuestros actos de adoración debemos de tener fe en la revelación que Dios no ha dado a través de Su palabra, aceptarla con un espíritu de humildad en nuestros corazones y actuar en base al nuevo conocimiento. A través de la fe, Dios nos muestra Su gloria, y crecemos confiando en Él.

“Por lo tanto, ya que fuimos declarados justos a los ojos de Dios por medio de la fe, tenemos paz con Dios gracias a lo que Jesucristo nuestro Señor hizo por nosotros.” — Romanos 5:1 (NTV)

“Pues, una vez que depositamos nuestra fe en Cristo Jesús, de nada sirve estar o no circuncidado. Lo importante es la fe que se expresa por medio del amor.” — Gálatas 5:6 (NTV)

Adicionalmente tenemos que aceptar que somos pecadores y que buscamos Su perdón con nuestro arrepentimiento sincero. Porque el pecado tiene el horrible poder de bloquear nuestro camino hacia Dios para que tengamos comunión con Él. A través del arrepentimiento, más conocemos nuestros corazones y más nos alejamos del pecado para caminar en el Espíritu.

“Pero el Señor le dijo a Samuel: —No juzgues por su apariencia o por su estatura, porque Yo lo he rechazado. El Señor no ve las cosas de la manera en que tú las ves. La gente juzga por las apariencias, pero el Señor mira el corazón.” — 1 Samuel 16:7 (NTV)

Vemos como Caín y Abel son hermanos muy cercanos en carne y sangre, pero tan alejados en espíritu. Jesús nos habla acerca de la misma reacción que tiene la gente cuando escucha Su evangelio, ya que causa una división entre creyentes e incrédulos, justos y los malvados, ovejas y las cabras.

[Dice Jesús]“¿Piensan que vine a traer paz a la tierra? No, ¡vine a causar división entre las personas! De ahora en adelante, las familias estarán divididas, tres a Mi favor y dos en Mi contra, o dos a favor y tres en contra.” — Lucas 12:51-52 (NTV)

“Algunos de la multitud, al oír lo que Jesús decía, afirmaron: «Seguramente este hombre es el Profeta que estábamos esperando»… Pero otros expresaban: «¡No puede ser!… Así que hubo división entre la multitud a causa de Él.” — Juan 7:40-41, 43 (NTV)

Ver. 5 — Pero no aceptó a Caín ni a su ofrenda. Esto hizo que Caín se enojara mucho, y se veía decaído.

En este pasaje se revela por primera vez la división entre la mortal antipatía de la religión carnal y la espiritual. Este patrón lo tenemos a lo largo de toda la historia de la humanidad en donde tenemos dos tipos de adoradores: Caín y Abel. Siguiendo el ejemplo de Caín están las personas incrédulas, orgullosas, con el corazón endurecido, y de mente carnal que están en contra de la verdad divina, que desprecian el evangelio de salvación, el único camino en el que un pecador puede ir al Padre; pero que intentan agradar a Dios con formas de su propia invención, pero como Caín no son recibidos en sus pecados.

“Ahora bien, los hijos de Elí eran unos sinvergüenzas que no le tenían respeto al Señor… Así que el pecado de estos jóvenes era muy serio ante los ojos del Señor, porque trataban las ofrendas del Señor con desprecio.” — 1 Samuel 2:12, 17 (NTV)

El resultado de esta actitud los lleva a una falsa adoración a través de falsas religiones. Por eso, Jesús les dice a los maestros de la ley religiosa y a los fariseos, quienes aparentaban ser personas justas y rectas, pero que en realidad estaban llenos de avaricia e hipocresía y los hace responsables a ellos y a sus antepasados de matar gente justa desde los tiempos de Abel.

“Como consecuencia, se les hará responsables del asesinato de toda la gente justa de todos los tiempos, desde el asesinato del justo Abel hasta el de Zacarías, hijo de Berequías, a quien mataron en el templo, entre el santuario y el altar.” — Mateo 23:35 (NTV)

El liberalismo y las filosofías post-modernistas nos dicen que todo está bien. Pero este versículo nos dice lo contrario, ya que la humanidad está separada de Dios, y sin fe, las personas no pueden volver a nacer espiritualmente en la familia de Dios. Caín rechazó la revelación del Señor, y hoy también, lamentablemente, hay multitudes que lo siguen rechazando.

“Pues no entienden la forma en que Dios hace justas a las personas ante Él. Se niegan a aceptar el modo de Dios y, en cambio, se aferran a su propio modo de hacerse justos ante Él tratando de cumplir la ley.” — Romanos 10:3 (NTV)

“De hecho, sin fe es imposible agradar a Dios. Todo el que desee acercarse a Dios debe creer que Él existe y que Él recompensa a los que lo buscan con sinceridad.”— Hebreos 11:6 (NTV)

“Pero no aceptó a Caín ni a su ofrenda”

¿Pero por qué no fue aceptada la ofrenda de Caín? Si él era agricultor y trajo el fruto de su trabajo, que para él debió de ser el resultado de un arduo trabajo en la tierra maldecida por Dios. Vemos más adelante que Dios instituye el “festival de los primeros frutos” y las ofrendas son frutos de la tierra como los que trajo Caín.

“En segundo lugar, celebra el Festival de la Cosecha cuando me traigas los primeros frutos de tus cosechas. Por último, celebra el Festival de la Cosecha Final cuando termine la temporada de la cosecha, una vez que hayas cosechado todos los cultivos de tus campos.” — Éxodo 23:16 (NTV)

La diferencia fue como lo vimos en el espíritu con el que se habían hecho las ofrendas. Las Escrituras no mencionan que Caín trajera los mejores frutos, o los primeros de su cosecha. Pareciera que sólo lo hizo para aparentar y quedar bien con los demás, o por obligación de cumplir en la fecha establecida, pero sin ninguna motivación para hacerlo, o por el contrario, lo pudo haber hecho de forma arrogante y orgullosa para presumir los mejores especímenes de su cosecha. Cualquiera que haya sido el escenario, la actitud de Caín al llevar su ofrenda debió haber sido irreverente ya que menospreció la instrucción divina para el sacrificio, no mostró ningún sentido de dependencia en el Señor, ni amor, ni confianza, ni adoración, fue guiada por su naturaleza pecaminosa y carnal, característica del mundo. Pero Yahveh vio el corazón y espíritu de Caín y lo rechazó. Pero como Caín no hizo su ofrenda en fe, esta se convirtió en un pecado para él.

Quiero que demuestren amor, no que ofrezcan sacrificios. Más que ofrendas quemadas, quiero que me conozcan. — Oseas 6:6 (NTV)

“Pues Dios es Espíritu, por eso todos los que lo adoran deben hacerlo en espíritu y en verdad.” — Juan 4:24 (NTV)

Cuando el profeta Amos advirtió al pueblo de Israel acerca del exilio a Asiria, una de las razones que les dio es que Dios no aceptaría sus ofrendas porque las traían de forma hipócrita, y mencionó que desde el éxodo de Egipto durante los 40 años en el desierto las ofrendas de los Israelitas eran para dioses paganos.

[Dice el Señor]“«Odio todos sus grandes alardes y pretensiones, la hipocresía de sus festivales religiosos y asambleas solemnes. No aceptaré sus ofrendas quemadas ni sus ofrendas de grano. Ni siquiera prestaré atención a sus ofrendas selectas de paz… Israel, ¿acaso era a Mí a quien traías sacrificios y ofrendas durante los cuarenta años en el desierto? No, servías a tus dioses paganos —Sacut, tu dios rey y Quiún, tu dios estrella—, las imágenes que hiciste para ti mismo.” — Amos 5:21-22, 25-26

Lamentablemente hoy en día en la iglesia, la adoración de muchos cristianos profesantes de buena reputación es similar a la ofrenda que llevo Caín al Señor, ya que no es hecha de corazón. Y sus oraciones no son escuchadas por Dios, porque siguen en su pecado alejados de Él.

“El Señor no soporta las ofrendas de los malvados, pero recibe con agrado la oración de los justos.” — Proverbios 15:8 (DHH)

“Esto hizo que Caín se enojara mucho”

Cuando Caín llevó su ofrenda ante el Señor, no lo hizo por fe, ya que él no admitió que en él hubiera pecado, por lo tanto para él la sangre no era necesaria. También negó que él estuviera separado de Dios, su actitud era como si todo estuviera bien entre él y Dios. Caín, sin ningún remordimiento, ofreció el fruto de sus “buenas obras” — la cosecha del sudor de su frente. Caín estaba molesto porque después de todo su esfuerzo fue rechazado. Y como nos revela Judas en su epístola, Caín se volvió un apóstata y un rebelde al igual que ocurrirá al final de los tiempos con los falsos maestros que seguirán los pasos de Caín.

“¡Qué aflicción les espera! Pues siguen los pasos de Caín, quien mató a su hermano. Al igual que Balaam, engañan a la gente por dinero; y, como Coré, perecen en su propia rebelión.” — Judas 11 (NTV)

El enojo de Caín demuestra su actitud, ya que se da cuenta que él no puede acercarse y adorar a Dios en sus términos, en lugar de los revelados por la palabra de Dios. Y como resultado se llenó de ira contra Dios y contra su hermano, en parte con Dios, porque lo había avergonzado públicamente y le había dado preferencia a su hermano menor; y en parte con Abel, porque había recibido más honor de parte de Dios y, por lo tanto, era probable que tuviera más respeto y privilegios de sus padres y de sus otros hermanos que él.

Todo el que odia a un hermano, en el fondo de su corazón es un asesino, y ustedes saben que ningún asesino tiene la vida eterna en él.” — 1 Juan 3:15 (NTV)

El pasaje ilustra el progreso del pecado en el corazón de Caín. En primer lugar, la desilusión y el orgullo dañado, agravados por la envidia hacia su hermano, lo conducen a la ira, que despierta el espíritu de venganza que terminó en violencia y el asesinato de Abel. Vemos el cumplimento de la promesa de Dios acerca de la rivalidad de la semilla de la serpiente y la semilla de la mujer representado por Caín y Abel, entre el malvado y el justo.

“Y pondré hostilidad entre tú y la mujer, y entre tu descendencia y la descendencia de ella. Su descendiente te golpeará la cabeza, y tú le golpearás el talón.” — Génesis 3:15 (NTV)

“y se veía decaído”

Caín se entregó a un sentimiento de resentimiento y condenación por la deshonra, y a una ira maligna contra Abel. Para este punto, Caín albergaba un espíritu malvado de descontento y rebelión contra Dios. Las Biblia no da indicios de que Caín quisiera saber cuál fue el error en su ofrenda, o que viera la forma de corregir el problema, o que buscara el perdón y la sabiduría de Dios, al contrario, se dejó llevar por sus sentimientos carnales de vergüenza, pena, y envidia hacia su hermano.

“¿Qué es lo que causa las disputas y las peleas entre ustedes? ¿Acaso no surgen de los malos deseos que combaten en su interior? Desean lo que no tienen, entonces traman y hasta matan para conseguirlo. Envidian lo que otros tienen, pero no pueden obtenerlo, por eso luchan y les hacen la guerra para quitárselo. Sin embargo, no tienen lo que desean porque no se lo piden a Dios.” — Santiago 4:1-2 (NTV)

Para concluir recordemos que Jesucristo ha eliminado al pecado, la posibilidad de muerte, y de ser juzgado, dándonos vida eterna y nos ha acercado para que tengamos comunión con Dios. Solamente “el más excelente y perfecto sacrificio” del Hijo de Dios lo pudo lograr.

“Si eso hubiera sido necesario, Cristo tendría que haber sufrido la muerte una y otra vez, desde el principio del mundo; pero ahora, en el fin de los tiempos, Cristo se presentó una sola vez y para siempre para quitar el pecado mediante Su propia muerte en sacrificio.” — Hebreos 9:26 (NTV)

“Y ahora todo esto él nos lo ha hecho evidente mediante la venida de Cristo Jesús, nuestro Salvador. Destruyó el poder de la muerte e iluminó el camino a la vida y a la inmortalidad por medio de la Buena Noticia.” — 2 Timoteo 1:10 (NTV)

Así que como Abel pongamos toda nuestra fe en Jesucristo, quien perfecciona nuestra fe. Porque la fe proviene de Dios, Él es la fuente eterna que nos permite recibir la verdad de la Palabra de Dios y lleva a nuestras almas a la presencia de Dios. Fe es la conexión viva entre nuestros corazones que la reciben y Dios que nos la provee. A diferencia de las personas con sentimientos religiosos, que aunque sean muy fuertes, nunca elevarán el alma de esa persona más allá de su fuente, la cual no es divina ni eterna, ya que procede de la misma persona. Por lo tanto, los sentimientos no pueden conectar las almas de las personas con Dios. Los sentimientos se enfocan en la misma persona, sus dudas y obscuridad; mientras que la fe se enfoca en Jesucristo, Su luz y paz. Los sentimientos fluctúan dependiendo de las condiciones del individuo; pero la fe se basa en la verdad inmutable de Dios y el eterno sacrificio de Jesucristo.

“Pues todo hijo de Dios vence a este mundo de maldad, y logramos esa victoria por medio de nuestra fe.” — 1 Juan 5:4 (NTV)

“Por lo tanto, amados hermanos, les ruego que entreguen su cuerpo a Dios por todo lo que Él ha hecho a favor de ustedes. Que sea un sacrificio vivo y santo, la clase de sacrificio que a Él le agrada. Esa es la verdadera forma de adorarlo. No imiten las conductas ni las costumbres de este mundo, más bien dejen que Dios los transforme en personas nuevas al cambiarles la manera de pensar. Entonces aprenderán a conocer la voluntad de Dios para ustedes, la cual es buena, agradable y perfecta.” — Romanos 12:1-2 (NTV)

¡Qué Dios los bendiga!


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