La oración eficaz (Parte 3 — Orando en el Espíritu)

En el artículo anterior, vimos que el propósito de la oración es darnos el privilegio de trabajar con Dios en la regulación del universo. ¡Esto es increíble, verdad! ¿Pero cómo podemos llevar a cabo tan sorprendente función? Bien, en este artículo veremos que la comunicación es la clave para podamos realizar este trabajo tan importante de forma eficaz. También veremos que el secreto de una oración poderosa es rezar en el Espíritu. Así que empezaremos viendo el cómo hacer para que nuestras oraciones sean escuchadas en el cielo.

Las oraciones que son escuchadas por Dios

¿Alguna vez ha sentido que sus oraciones no son escuchadas? ¿Hacia quién van dirigidas sus oraciones? ¿Considera usted que sus oraciones son poderosas?

Ya vimos que hay ciertos requisitos que debemos de seguir cuando rezamos. Cuando pedimos algo a Dios, lo que solicitamos debe de estar de acuerdo a la voluntad del Padre, y obedeciendo lo que Él nos ha revelado. Y si todos los requisitos se cumplen, debemos de tener la confianza de que nuestra oración será respondida. Tenga en cuenta que cuando Dios contesta oración puede ser un “Sí”, “No”, o “Espera”. También a veces Él decide responderle de alguna forma diferente a lo que usted esperaba, normalmente es porque Dios tiene pensado algo mejor que lo que usted propuso.

[Dice Jesús] “Ustedes, los que son padres, si sus hijos les piden un pescado, ¿les dan una serpiente en su lugar? O si les piden un huevo, ¿les dan un escorpión? ¡Claro que no! Así que si ustedes, gente pecadora, saben dar buenos regalos a sus hijos, cuánto más su Padre celestial dará el Espíritu Santo a quienes lo pidan.” — Lucas 11:11-13 (NTV)

Cuando la respuesta de Dios es un “No”, no es porque Él no nos quiera, sino porque el Señor nos ama y tiene algo mejor planeado para nosotros. A veces la respuesta es “No” porque la petición va en contra de Su voluntad.

[Dice el Señor] “Jeremías, no ores más por este pueblo. No llores ni ores por ellos y no me supliques que los ayude, porque no te escucharé. ¿Acaso no ves lo que están haciendo en las ciudades de Judá y en las calles de Jerusalén?¡Con razón estoy tan enojado! Mira cómo los hijos juntan leña y los padres preparan el fuego para el sacrificio [a ídolos]. Observa cómo las mujeres preparan la masa para hacer pasteles y ofrecérselos a la reina del cielo. ¡Y derraman ofrendas líquidas a sus otros dioses-ídolos! ¿Soy Yo al que ellos perjudican? —pregunta el Señor—. Más que nada se perjudican a sí mismos, para su propia vergüenza».” — Jeremías 7:16-19 (NTV)

¿Cómo rezar? — Como comunicarnos eficazmente con Dios

El poder de la oración no depende en qué tan hábiles seamos para orar, de lo elocuente que seamos, o de utilizar el mejor libro de oraciones; sino quien es el que está escuchando su oración. No oramos para impresionar a Dios, o para informarlo, ni mucho menos para instruirlo. Dígale a su Padre que está en el cielo lo que piensa, la oración es así de sencilla, sin complicaciones. Acérquese a Él como un niño pequeño a su Padre.

“Entonces dijo [Jesús]: —Les digo la verdad, a menos que se aparten de sus pecados y se vuelvan como niños, nunca entrarán en el reino del cielo.” — Mateo 18:3 (NTV)

La forma en las que podemos combatir nuestra naturaleza pecaminosa es con la ayuda del Espíritu Santo. Judas, el hermano de Jesús, nos dice que oremos guiados por el Espíritu, para contrarrestar la apatía de nuestra naturaleza carnal.

“Pero ustedes, queridos hermanos, manténganse firmes en su santísima fe. Oren guiados por el Espíritu Santo.” — Judas 20 (DHH)

Jesús es nuestro modelo a seguir, Él nos explica que Él hacía lo que el Padre hacía, mostrándonos la sumisión que Él tenía al actuar bajo el Espíritu.

“Entonces Jesús explicó: «Les digo la verdad, el Hijo no puede hacer nada por su propia cuenta; solo hace lo que ve que el Padre hace. Todo lo que hace el Padre, también lo hace el Hijo.” — Juan 5:19 (NTV)

Rezar en el Espíritu

Hay una parte de nosotros que no quiere rezar: nuestra vieja naturaleza. Sin embargo, el Espíritu Santo nos motiva a rezar. Cuando estamos llenos con el Espíritu Santo, es natural y fácil el rezar. Para que nuestra oración sea eficaz, tiene que ser originada con la ayuda del Espíritu Santo, es a través de Dios que hacemos la oración, y el objetivo y propósito de la misma es Dios.

Pues todas las cosas provienen de Él y existen por Su poder y son para Su gloria. ¡A Él sea toda la gloria por siempre! Amén.” — Romanos 11:36 (NTV)

La oración no es la forma en la que el hombre logra su voluntad, sino el camino que Dios elige para hacer Su voluntad en la tierra.

“Pero ustedes no están dominados por su naturaleza pecaminosa. Son controlados por el Espíritu si el Espíritu de Dios vive en ustedes. (Y recuerden que los que no tienen al Espíritu de Cristo en ellos, de ninguna manera pertenecen a Él).” — Romanos 8:9 (NTV)

La oración causa un gozo en nuestro corazón cuando nos damos cuenta que Dios es nuestro Padre. Porque tenemos el Espíritu de Su Hijo, nuestro Señor Jesucristo.

“Y por cuanto ustedes son hijos, Dios envió a sus corazones el Espíritu de Su Hijo, el cual clama: «¡Abba, Padre!»” — Gálatas 4:6 (RVC)

La oración es el medio que tenemos para obtener las cosas buenas que pedimos. Nuestra responsabilidad es pedir y Dios nos da si lo que pedimos está de acuerdo a Su voluntad.

“Deléitate en el Señor, y Él te concederá los deseos de tu corazón.” — Salmos 37:4 (NTV)

“Pidan, y se les dará, busquen, y encontrarán, llamen, y se les abrirá. Porque todo aquel que pide, recibe, y el que busca, encuentra, y al que llama, se le abre.” — Mateo 7:7-8 (RVC)

También es nuestra oportunidad de mostrarle nuestra devoción al Padre como nuestro Proveedor, reconociendo nuestra dependencia hacia nuestro Creador y es una forma de darle gloria en el Nombre del Hijo (nuestro Mediador, el Único a través de quien nos podemos acercar al Padre), por medio del poder directivo del Espíritu Santo.

“Jesús le contestó: —Yo Soy el camino, la verdad y la vida; nadie puede ir al Padre si no es por medio de Mí.” — Juan 14:6 (NTV)

Sin embargo, muchas personas no se dan cuenta de esta realidad, hasta que el Espíritu Santo se los muestra a través de la oración, al quitar del camino el orgullo humano, fomentar la humildad al darnos cuenta de que no podemos hacer nada sin Él, y al poner en primer lugar a Dios en nuestros corazones y pensamientos.

[Dice el Señor] “Entonces derramaré un espíritu de gracia y oración sobre la familia de David y sobre los habitantes de Jerusalén…” — Zacarías 12:10a (NTV)

¿Pero qué es rezar en el Espíritu? Rezar en el Espíritu es rezar de acuerdo a las Escrituras, ya que el Espíritu Santo es el autor de la Biblia.

[Dice Jesús]”Pero se acerca el tiempo —de hecho, ya ha llegado— cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad. El Padre busca personas que lo adoren de esa manera. Pues Dios es Espíritu, por eso todos los que lo adoran deben hacerlo en espíritu y en verdad.” — Juan 4:23-24 (NTV)

Las Escrituras nos hacen crecer para alcanzar la perfección. Por lo que para crecer en nuestras oraciones y rezar en el Espíritu tenemos que utilizar la Biblia, la cual nos revela la voluntad de Dios. Vimos que la oración es esencial para nuestra vida espiritual, es como el aire que respiramos.

“A fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra.” — 2 Timoteo 3:17 (RVC)

La Palabra de Dios es nuestro alimento para crecer.

“Mientras tanto, los discípulos le insistían a Jesús: —Rabí, come algo. Jesús les respondió: —Yo tengo una clase de alimento que ustedes no conocen. «¿Le habrá traído alguien de comer mientras nosotros no estábamos?», se preguntaban los discípulos unos a otros. Entonces Jesús explicó: —Mi alimento consiste en hacer la voluntad de Dios, quien me envió, y en terminar su obra.” — Juan 4:31-34 (NTV)

Y el objetivo final al rezar en el Espíritu es darle gloria a Dios. Nosotros somos Sus promotores y embajadores en la tierra, quienes estamos encargados de darle gloria; por lo que tenemos que promocionar cada oración respondida, atribuyéndole toda la gloria al Señor por todas las recompensas por lo que nos da, por Su poder y misericordia. Todo lo que Él hace es para Su gloria primordialmente, y para nuestro beneficio de forma secundaria. Así que la oración nos beneficia de principio a fin.

“Todo lo que Él hace revela su gloria y majestad; Su justicia nunca falla.” — Salmos 111:3 (NTV)

“No a nosotros, oh Señor, no a nosotros sino a Tu Nombre le corresponde toda la gloria, por Tu amor inagotable y Tu fidelidad.” — Salmos 115:1 (NTV)

Nos damos cuenta que cuando rezamos en el Espíritu nuestras oraciones se vuelven reales y llenas de alegría, en lugar de ser consideradas como una tarea más en nuestra vida llena de ocupaciones. Inspirados por el Espíritu Santo y Sus Escrituras, apreciamos a la oración como un privilegio que nos permite estar en la presencia de Dios, que nos permite la comunión con Él en Su trono, y tener una probadita de lo que es estar en el cielo cada vez que rezamos. Con la oración nuestro corazón se fortalece, nuestra fe crece, y nuestra alma es bendecida.

Oren en el Espíritu en todo momento y en toda ocasión. Manténganse alerta y sean persistentes en sus oraciones por todos los creyentes en todas partes.” — Efesios 6:18 (NTV)

Nuestras oraciones en el Espíritu son como una ofrenda a Dios:

“Y cuando tomó el rollo, los cuatro seres vivientes y los veinticuatro ancianos se postraron delante del Cordero. Cada uno tenía un arpa y llevaba copas de oro llenas de incienso, que son las oraciones del pueblo de Dios.”— Apocalipsis 5:8 (NTV)

“Entonces vino otro ángel con un recipiente de oro para quemar incienso y se paró ante el altar. Se le dio una gran cantidad de incienso para mezclarlo con las oraciones del pueblo de Dios como una ofrenda sobre el altar de oro delante del trono.” — Apocalipsis 8:3 (NTV)

Cuando hablamos de estar en la presencia de Dios, no es basado en nuestra imaginación carnal, sino en la iluminación carnal, ya que es por fe que nosotros vemos a Dios. Es como podemos acercarnos a Su trono con confianza.

“La fe es la confianza de que en verdad sucederá lo que esperamos; es lo que nos da la certeza de las cosas que no podemos ver.” — Hebreos 11:1 (NTV)

“Fue por la fe que Moisés salió de la tierra de Egipto sin temer el enojo del rey. Siguió firme en su camino porque tenía los ojos puestos en el Invisible.” — Hebreos 11:27 (NTV)

La clave para orar eficazmente es que nos demos cuenta que no somos autosuficientes ni siquiera para rezar. Debemos conscientemente tener fe en que el Espíritu Santo, quien vive en nosotros, nos va a ayudar al permitir la sumisión de nuestros deseos carnales para enfocarnos en alinear nuestras oraciones de acuerdo a Su voluntad y para la gloria de Dios. Una vez que entendamos que Dios es quien va activar nuestro deseo de rezar, y es Él quien nos ayuda cuando no sabemos cómo rezar, o porque pedir, porque algunas veces pedimos cosas que no necesitamos y otras veces necesitamos cosas que no queremos.

“Nadie es realmente sabio, nadie busca a Dios.” — Romanos 3:11 (NTV)

“Los que están dominados por la naturaleza pecaminosa piensan en cosas pecaminosas, pero los que son controlados por el Espíritu Santo piensan en las cosas que agradan al Espíritu.” — Romanos 8:5 (NTV)

“Les digo, ustedes pueden orar por cualquier cosa y si creen que la han recibido, será suya.” — Marcos 11:24 (NTV)

El apóstol Pablo nos habla de la sumisión y de como él buscaba lo opuesto a ser orgulloso y autosuficiente después de que en oración le pidiera persistentemente a Dios que le quitara la espina que tenía en la carne. Pero la respuesta del Señor es que en nuestra debilidad Su poder actúa mejor para perfeccionarnos.

“En tres ocasiones distintas, le supliqué al Señor que me la quitara. Cada vez Él me dijo: «Mi gracia es todo lo que necesitas; Mi poder actúa mejor en la debilidad». Así que ahora me alegra jactarme de mis debilidades, para que el poder de Cristo pueda actuar a través de mí.” — 2 Corintios 12:8-9 (NTV)

El Espíritu Santo nos enseña, revela, inspira e ilumina la Palabra de Dios en nosotros. Además, Él es nuestro intermediario para que nuestras oraciones lleguen al Padre.

“Además, el Espíritu Santo nos ayuda en nuestra debilidad. Por ejemplo, nosotros no sabemos qué quiere Dios que le pidamos en oración, pero el Espíritu Santo ora por nosotros con gemidos que no pueden expresarse con palabras. Y el Padre, quien conoce cada corazón, sabe lo que el Espíritu dice, porque el Espíritu intercede por nosotros, los creyentes, en armonía con la voluntad de Dios.” — Romanos 8:26-27 (NTV)

¿Cómo crecer en la oración? La pureza y el poder de nuestras oraciones son otro indicio por el cual podemos determinar el nivel de beneficio que estamos teniendo al leer y estudiar las Escrituras. Si nuestro estudio bíblico está siendo bendecido por el Espíritu Santo, estamos motivados a rezar más y mejor diariamente de acuerdo a lo que es aceptable para Dios, entonces estamos creciendo como cristianos.

En nuestras oraciones debemos honorar y alabar a Dios Padre como nuestro proveedor, en nombre de Su Hijo, por quien podemos acercarnos a Dios, y por el poder y guía del Espíritu Santo.

“Ahora todos podemos tener acceso al Padre por medio del mismo Espíritu Santo gracias a lo que Cristo hizo por nosotros.” — Efesios 2:18 (NTV)

“Si ustedes permanecen en Mí y Mis palabras permanecen en ustedes, pueden pedir lo que quieran, ¡y les será concedido!” — Juan 15:7 (NTV)

¿Tiene una relación personal con Jesucristo? Si no lo invitamos a que visite nuestro link Jesús. La oración debe de ser hecha bajo la fe de lo contrario Dios no la escuchara. Nosotros tenemos fe por las promesas que Dios ha hecho.

“¿Pero cómo pueden ellos invocarlo para que los salve si no creen en Él? ¿Y cómo pueden creer en Él si nunca han oído de Él? ¿Y cómo pueden oír de Él a menos que alguien se lo diga?” — Romanos 10:14 (NTV)

El apóstol Juan nos enseña que al orar en el nombre de Jesús estamos glorificando al Padre.

“Pueden pedir cualquier cosa en Mi nombre, y Yo la haré, para que el Hijo le dé gloria al Padre.” — Juan 14:13 (NTV)

En nuestro siguiente artículo veremos el significado de orar en el nombre de Jesús, así como también analizaremos la estructura del “Padre Nuestro”. Los dejo con la siguiente oración del Rey David cuando oro por la protección de su reino:

“Dios mío, yo te invoco porque tú me respondes; ¡inclina a mí tu oído, y escucha mis palabras! Tú, que salvas de sus perseguidores a los que buscan tu protección, ¡dame una muestra de tu gran misericordia! ¡Cuídame como a la niña de tus ojos! ¡Escóndeme bajo la sombra de tus alas!” — Salmos 17:6-8 (RVC)

¡Que Dios los bendiga!


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