La oración eficaz (Parte 6 — Las partes de la oración eficaz)

El modelo de oración que nos dio Jesús en el “Padre Nuestro” nos muestra elementos que van desde la adoración a Dios hasta la petición y la súplica. Bueno ahora veamos estos componentes de una oración eficaz de forma individual.

Cómo prepararnos para orar eficazmente

La oración es la más grande fuente de poder que tenemos a nuestro alcance, es la forma en la que podemos obtener recursos del cielo.

Pero para que nuestra oración sea escuchada debemos de cumplir con ciertos requisitos.

Primero, antes de empezar a rezar debemos de tener la actitud correcta, ya que estamos tan enfocados en nosotros mismos y en las influencias del mundo, que nuestra mente tiene que ver claramente que las circunstancias del mundo nunca van a proveernos de una paz, felicidad y consolación duraderas, ésto sólo lo encontramos en Nuestro Señor Jesucristo. Si no nos percatamos de ello, nuestras oraciones van a estar enfocadas en las prioridades equivocadas basadas en los valores del mundo (prosperidad, éxito, amor y placer). Tenemos que reconocer que nuestra naturaleza pecaminosa distorsiona lo que realmente es importante en nuestra vida, y si no cambiamos, nuestras oraciones aumentarán el problema en vez de solucionarlo.

“Pero si mi pueblo, que lleva mi nombre, se humilla y ora, busca mi rostro y se aparta de su conducta perversa, Yo oiré desde el cielo, perdonaré sus pecados y restauraré su tierra.” — 2 Crónicas 7:14 (NTV)

“Señálame cualquier cosa en mí que te ofenda y guíame por el camino de la vida eterna.” — Salmos 139:24 (NTV)

Tenemos que reorientar nuestro corazón hacia las verdaderas prioridades de Dios, lo que nos abre el camino a las verdaderas riquezas espirituales, la alegría y la paz. Ahí es donde está el verdadero poder de la oración.

“Tenemos confianza en Dios, porque sabemos que si le pedimos algo conforme a Su voluntad, Él nos oye.”— 1 Juan 5:14 (DHH)

“Lo único que le pido al Señor —lo que más anhelo— es vivir en la casa del Señor todos los días de mi vida, deleitándome en la perfección del Señor y meditando dentro de Su templo.” — Salmos 27:4 (NTV)

Agustín de Hipona escribió que no deberíamos empezar a rezar por todo lo que queremos hasta que no nos demos cuenta que en Dios tenemos todo lo que necesitamos. Es decir, hasta que nosotros no sepamos que Dios es lo único que realmente necesitamos, nuestras peticiones y súplicas se convertirán en solicitudes carnales y egoístas.

“…Sin embargo, no tienen lo que desean porque no se lo piden a Dios. Aun cuando se lo piden, tampoco lo reciben porque lo piden con malas intenciones: desean solamente lo que les dará placer.”— Santiago 4:2b-3 (NTV)

Otra práctica que nos ayuda en alinear nuestra actitud para la oración es leer las Escrituras antes, y reflexionar para entender la enseñanza, sus implicaciones y su aplicación en nuestras vidas como un preámbulo antes de empezar a orar, ésto cambiará nuestro corazón para alabar a Dios, enfocar nuestros pensamientos, levantarnos el ánimo cuando estamos pasando por un mal periodo, o llevarnos a la humildad cuando vemos la grandeza del Señor.

“Abre mis ojos, para que vea las verdades maravillosas que hay en Tus enseñanzas.” — Salmos 119:18 (NTV)

Martin Lutero escribió que cuando estamos en el ejercicio de reflexión de la Palabra o inclusive cuando estamos rezando, el Espíritu Santo puede traernos una abundancia de buenos pensamientos, y lo que recomienda Lutero, es que dejemos de hacer lo que estamos haciendo para escuchar con atención Su enseñanza en silencio, y sin obstruirlo. El sermón que nos dé va a ser mejor que mil de nuestras oraciones. Todas nuestras oraciones ocurren por el trabajo del Espíritu Santo, así que Él puede iluminar nuestra mente cuando lo necesitamos.

“Y esa esperanza no acabará en desilusión. Pues sabemos con cuánta ternura nos ama Dios, porque nos ha dado el Espíritu Santo para llenar nuestro corazón con Su amor.” — Romanos 5:5 (NTV)

Cuando rezamos en el Espíritu y nuestras oraciones son en el nombre de Jesús, y estamos “en Cristo” (unidos a Él), Dios enfoca Su amor y atención hacia nosotros. La palabra “acceso” en Efesios 2:18, es como cuando se nos concede audiencia con un rey. Pero por lo que hizo Jesucristo en la cruz, los cristianos siempre tenemos acceso al Padre “a través de Él”.

“Por medio de Él [Jesucristo], unos y otros tenemos acceso al Padre en un mismo Espíritu.” Efesios 2:18 (RVC)

“Jesús le contestó:—Yo Soy el camino, la verdad y la vida; nadie puede ir al Padre si no es por medio de Mí.”— Juan 14:6 (NTV)

Si Dios no tiene nuestra lealtad absoluta, entonces es probable que tengamos una oración egoísta cuyas peticiones no serán concedidas.

“Cuando se la pidan, asegúrense de que su fe sea solamente en Dios, y no duden, porque una persona que duda tiene la lealtad dividida y es tan inestable como una ola del mar que el viento arrastra y empuja de un lado a otro. Esas personas no deberían esperar nada del Señor; su lealtad está dividida entre Dios y el mundo, y son inestables en todo lo que hacen.” — Santiago 1:6-8 (NTV)

Partes de una oración eficaz

Haciendo una recapitulación de qué es la oración, vimos que no es una recitación de palabras, sino que es una interacción balanceada entre adoración, confesión, agradecimiento y petición. También vimos que la estructura del “Padre Nuestro” nos lleva desde la adoración y alabanza, a la petición, la confesión de nuestros pecados, a pedir un cambio interno, y en donde finalmente pedimos protección en contra del mal. La oración nos da perspectiva, como los Puritanos decían, “la oración es la que aceita los engranes del alma”. Por ello, siempre tenemos que personalizar nuestras oraciones, porque no somos iguales y cada día existen necesidades diferentes.

Te alabaré de todo corazón, y ante todos los dioses te cantaré salmos. De rodillas, y en dirección a tu santo templo, alabaré tu nombre por tu misericordia y fidelidad, por la grandeza de tu nombre y porque tu palabra está por encima de todo.” — Salmos 138:1-2 (RVC)

Fervor

El primer elemento en una oración eficaz es la vitalidad y fervor con la que se hace. Cuando oramos tenemos un alto consumo de energía. Tenemos que rezar con pasión y seriedad. Jesús nos muestra la vehemencia con la que oró en Getsemaní en donde Su sudor parecía gotas de sangre.

“Oró con más fervor, y estaba en tal agonía de espíritu que Su sudor caía a tierra como grandes gotas de sangre.” — Lucas 22:44 (NTV)

“La oración ferviente de una persona justa tiene mucho poder y da resultados maravillosos.” — Santiago 5:16b (NTV)

Adoración

“Sabemos que Dios no escucha a los pecadores pero está dispuesto a escuchar a los que lo adoran y hacen Su voluntad.” — Juan 9:31 (NTV)

Tristemente cuando oramos omitimos esta importante parte de la oración para ir directamente a pedir por nuestras necesidades y deseos. Esto debido a que sólo oramos cuando tenemos una necesidad o un problema o nos sentimos cortos de tiempo, por lo que vamos “al grano”. Pero hacer esto elimina la parte más importante de la oración, porque esta es la parte que nos prepara para rezar en el Espíritu, eliminando la interferencia de nuestra naturaleza carnal. El alabar a Dios, prepara nuestra mente a alinearnos con la voluntad de Dios, permite al Espíritu Santo inspirarnos y prepararnos para rezar en el Espíritu. El buscar como alabar y adorar a Nuestro Señor nos ayuda a crecer. Imagine que iniciemos nuestras oraciones alabando al Señor como la siguiente oración que hizo el Rey David.

“Luego David alabó al Señor en presencia de toda la asamblea: «¡Oh Señor, Dios de nuestro antepasado Israel, que seas alabado por siempre y para siempre! Tuyos, oh Señor, son la grandeza, el poder, la gloria, la victoria y la majestad. Todo lo que hay en los cielos y en la tierra es Tuyo, oh Señor, y este es Tu reino. Te adoramos como El que está por sobre todas las cosas. La riqueza y el honor solo vienen de Ti, porque Tú gobiernas todo. El poder y la fuerza están en Tus manos, y según Tu criterio la gente llega a ser poderosa y recibe fuerzas.» ¡Oh Dios nuestro, te damos gracias y alabamos Tu glorioso nombre!” — 1 Crónicas 29:10-13 (NTV)

La mejor forma de mejorar nuestra oración es aprender de los Salmos, la principal fuente de inspiración que tenemos a nuestro alcance. Los Salmos nos enseñan a articular mejor nuestras oraciones, dándonos un vocabulario apropiado, el conocimiento de cómo honrar a Dios y saber lo que Él ha hecho a través de la historia, también nos proporciona diferentes formas de inspiración que podemos aplicar para glorificar a Dios.

“¡Alabado sea Dios en Su templo! ¡Alabado sea en la majestad del firmamento! ¡Alabado sea por Sus proezas! ¡Alabado sea por Su imponente grandeza!… ¡Que todo lo que respira alabe al Señor! ¡Aleluya!” — Salmos 150:1-2, 6 (RVC)

“¡Cuán bueno es alabarte, Señor! Bueno es, Altísimo, cantar salmos a Tu nombre, anunciar Tu misericordia por la mañana, y Tu fidelidad todas las noches” — Salmos 92:1-2

La adoración a Dios nos traslada al altar, por lo que durante la oración Dios nos consume y transforma para tener la mente de Cristo y estar en el centro de la voluntad de Dios. Cuando lo alabamos somos bendecidos por Su gracia y misericordia.

“Por lo tanto, amados hermanos, les ruego que entreguen su cuerpo a Dios por todo lo que Él ha hecho a favor de ustedes. Que sea un sacrificio vivo y santo, la clase de sacrificio que a Él le agrada. Esa es la verdadera forma de adorarlo. No imiten las conductas ni las costumbres de este mundo, más bien dejen que Dios los transforme en personas nuevas al cambiarles la manera de pensar. Entonces aprenderán a conocer la voluntad de Dios para ustedes, la cual es buena, agradable y perfecta.” — Romanos 12:1-2 (NTV)

Como cristianos es nuestro deber adorar a Dios y debemos de llenar la tierra con Su gloria, somos la sal y la luz en este mundo (Mateo 5:13-16). Somos Sus embajadores y todo lo que hacemos debe magnificar al Señor al alabarlo con cada uno de nuestros respiros. Somos los que proclamamos la Santidad de Dios, pese la persecución o la hostilidad que enfrentemos.

“El Señor es bueno con todos; desborda compasión sobre toda Su creación. Todas tus obras te agradecerán, Señor, y tus fieles seguidores te darán alabanza.” — Salmos 145:9-10 (NTV)

El adorar al Señor nunca debe de ser una adulación que nos justifique para poder pedir todo lo que deseemos, porque no podemos manipular a quién conoce nuestros corazones. Sino que nos prepara para que confesemos nuestros pecados, demos gracias, pidamos por nuestras necesidades, y hagamos nuestras intercesiones y suplicaciones en nuestras oraciones. La adoración no tiene que ser perfecta como la de un poeta, ni con la gramática de un premio Nobel en Literatura, pero si debe de ser respetuosa y siempre honrando a Dios.

“Desata mis labios, oh Señor, para que mi boca pueda alabarte. Tú no deseas sacrificios; de lo contrario, te ofrecería uno. Tampoco quieres una ofrenda quemada. El sacrificio que sí deseas es un espíritu quebrantado; Tú no rechazarás un corazón arrepentido y quebrantado, oh Dios.” — Salmos 51:15-17 (NTV)

Confesión

La confesión nos brinda muchos beneficios, y para que sea efectiva, debemos ser concretos, específicos y detallados, ésto nos liberará del sentimiento de culpa como si fuera una herida que es expuesta a la gracia de Dios. La confesión expone el pecado y nuestro Señor lo puede extraer de nosotros al perdonarnos.

“Finalmente te confesé todos mis pecados y ya no intenté ocultar mi culpa. Me dije: «Le confesaré mis rebeliones al Señor», ¡y Tú me perdonaste! Toda mi culpa desapareció.” — Salmos 32:5 (NTV)

“Pero si confesamos nuestros pecados a Dios, Él es fiel y justo para perdonarnos nuestros pecados y limpiarnos de toda maldad.” — 1 Juan 1:9 (NTV)

El sentimiento de culpabilidad es la alerta que Dios nos dio para nuestra protección, el cual se activa cuando lo que hacemos va en contra de los deseos de Dios. Es el principal mecanismo que nos crea la necesidad de arrepentirnos y confesar nuestro pecado para liberarnos de esta presión. Porque inclusive como creyentes, nuestra naturaleza pecaminosa nos puede incitar a mentir, engañar, tener envidia del éxito de nuestras amistades, codiciar las posesiones de nuestros conocidos, ignorar a los pobres, adorar ídolos personales (cualquier cosa a la que amemos más, temamos más, sirvamos más, o confiemos más que en Dios), entre otras malas conductas. Y por el amor que Dios nos tiene como Sus hijos, la solución para eliminar el sentimiento de culpabilidad es la confesión. No necesitamos ir con un psiquiatra.

[El apóstol Pablo dice] “Yo sé que en mí, es decir, en mi naturaleza pecaminosa no existe nada bueno. Quiero hacer lo que es correcto, pero no puedo. Quiero hacer lo que es bueno, pero no lo hago. No quiero hacer lo que está mal, pero igual lo hago. Ahora, si hago lo que no quiero hacer, realmente no soy yo el que hace lo que está mal, sino el pecado que vive en mí.” — Romanos 7:18-20 (NTV)

“El Alto y Majestuoso que vive en la eternidad, el Santo, dice: «Yo vivo en el lugar alto y santo con los de espíritu arrepentido y humilde. Restauro el espíritu destrozado del humilde y reavivo el valor de los que tienen un corazón arrepentido.” — Isaías 57:15 (NTV)

La confesión de los pecados que cometimos debe de ser una actividad diaria. Recuerde que Dios es santo y no puede convivir con el pecado. Por eso, en el templo había 2 sacrificios diarios, uno en la mañana y otro en la noche para la expiación de los pecados. Y ahora nosotros somos el templo de Dios (2 Corintios 6:16).

“El que encubre sus pecados no prospera; el que los confiesa y se aparta de ellos alcanza la misericordia divina.” — Proverbios 28:13 (RVC)

El privilegio que tenemos como cristianos es que Dios nos invita a Su presencia aún con nuestros pecados. Por lo que nuestro arrepentimiento no debe de estar motivado por el temor a ser juzgados, sino por el daño de nuestras acciones que han ofendido el honor de Dios. Cuando pecamos, nuestra única opción es arrepentirnos para alcanzar el perdón de Dios. El estándar de Dios es la perfección, por lo que ni todas las buenas obras que hagamos pueden borrar un pecado cometido, por pequeño que nos parezca para regresarnos a un historial perfecto.

[Dice el Señor] “Hijo de hombre, da este mensaje a tu pueblo: “La conducta recta de los justos no los salvará si se entregan al pecado, ni la mala conducta de los malvados los destruirá si se arrepienten y abandonan sus pecados.”— Ezequiel 33:12 (NTV)

Y ante Dios somos culpables, la sangre de los sacrificios de animales (ver Levíticos) no elimina el pecado de forma permanente, solo la sangre de Jesucristo lo hace.

“Señor, confesamos nuestra maldad y también la de nuestros antepasados; todos hemos pecado contra Ti.” — Jeremías 14:20 (NTV)

“Dios detesta la oración del que no hace caso de la ley.” — Proverbios 28:9 (NTV)

El Señor, en Su Palabra, le ha dicho a Su pueblo en repetidas ocasiones que se arrepienta de sus pecados.

“Por lo tanto, diles a los israelitas: “Esto dice el Señor Soberano: ‘Arrepiéntanse y abandonen sus ídolos, y dejen de cometer ya sus pecados detestables.”— Ezequiel 14:6 (NTV)

“Por eso dice el Señor:«Vuélvanse a Mí ahora, mientras haya tiempo; entréguenme su corazón. Acérquense con ayuno, llanto y luto.” — Joel 2:12 (NTV)

El rey David confesó sus pecados y transgresiones en el siguiente Salmo, solicitando que se lave su inequidad.

“Ten misericordia de mí, oh Dios, debido a Tu amor inagotable; a causa de Tu gran compasión, borra la mancha de mis pecados. Lávame de la culpa hasta que quede limpio y purifícame de mis pecados. Pues reconozco mis rebeliones; día y noche me persiguen. Contra Ti y solo contra Ti he pecado; he hecho lo que es malo ante Tus ojos. Quedará demostrado que tienes razón en lo que dices y que Tu juicio contra mí es justo. Pues soy pecador de nacimiento, así es, desde el momento en que me concibió mi madre.” — Salmos 51:1-5 (NTV)

“Vengan ahora. Vamos a resolver este asunto—dice el Señor—. Aunque sus pecados sean como la escarlata, Yo los haré tan blancos como la nieve. Aunque sean rojos como el carmesí, Yo los haré tan blancos como la lana.” — Isaías 1:18 (NTV)

Dar Gracias

En las Escrituras, la idea de dar gracias no es una sugerencia o recomendación, sino que es un mandamiento. Dios toma el dar gracias muy seriamente, ya que la ingratitud fue en parte lo que ocasionó el pecado original. Adán y Eva tenían un millón de razones por las que podían dar gracias, pero en su ingratitud, ellos desearon más: el ser como Dios. ¡No les bastó el jardín del Edén!

“¡Den gracias al Señor, porque Él es bueno! Su fiel amor perdura para siempre.” — 1 Crónicas 16:34 (NTV)

Nunca dejen de orar. Sean agradecidos en toda circunstancia, pues esta es la voluntad de Dios para ustedes, los que pertenecen a Cristo Jesús.” — 1 Tesalonicenses 5:17-18 (NTV)

El dar gracias a Dios es nuestra forma de reconocer nuestra dependencia y Su proveeduría. Como creyentes nos damos cuenta de Su gran proveeduría y que nunca podremos dejar de expresar nuestra gratitud porque todo lo que tenemos nos fue dado por Dios. Si Adán y Eva hubieran decidido dar gracias a Dios por lo que les dio, nuestro mundo sería diferente Y si usted da gracias, ¿su mundo sería diferente? Aprenda de las lecciones del pasado para no cometer los mismos errores.

“¿Qué puedo ofrecerle al Señor por todo lo que ha hecho a mi favor? Levantaré la copa de la salvación y alabaré el nombre del Señor por salvarme. Cumpliré las promesas que le hice al Señor en presencia de todo Su pueblo.” — Salmos 116:12-14 (NTV)

Por lo que dar gracias debe de ser una parte integral de nuestras oraciones. El apóstol Pablo nos dice que, por otro lado, lo que nos diferencía de los incrédulos es que ellos no agradecen a Dios.

“Es cierto, ellos conocieron a Dios pero no quisieron adorarlo como Dios ni darle gracias. En cambio, comenzaron a inventar ideas necias sobre Dios. Como resultado, la mente les quedó en oscuridad y confusión.” — Romanos 1:21 (NTV)

La solución de cualquier reto es simplemente tener un espíritu agradecido. El reconocer, glorificar, y dar gracias a Dios todos los días, cada vez que recibimos algo en nuestra vida. Evitando así, el tener una actitud de soberbia, en la que pensamos que es por esfuerzo propio que conseguimos las cosas.

“En esa ocasión, Jesús hizo la siguiente oración: «Oh Padre, Señor del cielo y de la tierra, gracias por esconder estas cosas de los que se creen sabios e inteligentes, y por revelárselas a los que son como niños.” — Mateo 11:25 (NTV)

“¡Qué aflicción para los que se creen sabios en su propia opinión y se consideran muy inteligentes!” — Isaías 5:21 (NTV)

Jesús nos dio varios ejemplos de un espíritu agradecido cuando ora en voz alta para dar gracias al Padre, en los milagros de la multiplicación de los panes y peces; en la resurrección de Lázaro.

“Así que corrieron la piedra a un lado. Entonces Jesús miró al cielo y dijo: «Padre, gracias por haberme oído.” — Juan 11:41 (NTV)

Peticiones

Nada es muy grande o muy pequeño para incluirlo en nuestras oraciones a Dios.

“Cierto día, Jesús les contó una historia a sus discípulos para mostrarles que siempre debían orar y nunca darse por vencidos.” — Lucas 18:1 (NTV)

Pero todo lo que pidamos tiene que estar de acuerdo a la voluntad de Dios. Uno de los más grandes problemas que tenemos en la vida como cristiano es combatir nuestros hábitos pecaminosos, nuestro egoísmo, el estar pensando sólo en nosotros durante la oración. Recuerde el modelo del “Padre Nuestro” en donde rezamos por los demás.

Pablo incluso nos exhorta a que recemos por nuestros gobernantes, quienes son responsables por la paz y estabilidad del país, así que, aunque nosotros quizás no tengamos el poder de cambiar las cosas, Dios si puede porque Él está en control de todo el universo.

“En primer lugar, te ruego que ores por todos los seres humanos. Pídele a Dios que los ayude; intercede en su favor, y da gracias por ellos. Ora de ese modo por los reyes y por todos los que están en autoridad, para que podamos tener una vida pacífica y tranquila, caracterizada por la devoción a Dios y la dignidad.” — 1 Timoteo 2:1-2 (NTV)

Que maravilloso sería que nuestros gobernantes imitaran la oración del rey Salomón suplicando por su pueblo. Bueno, pidamos a Dios por ellos.

“Sin embargo, escucha mi oración y mi súplica, oh Señor mi Dios. Oye el clamor y la oración que tu siervo te eleva hoy. Que noche y día Tus ojos estén sobre este templo, este lugar del cual Tú has dicho: “Mi nombre estará allí”. Que siempre oigas las oraciones que elevo hacia este lugar. Que atiendas las peticiones humildes y fervientes de mi parte y de Tu pueblo Israel cuando oremos hacia este lugar. Sí, óyenos desde el cielo donde Tú vives y, cuando nos escuches, perdona.” — 1 Reyes 8:28-30 (NTV)

En el siguiente artículo veremos los diferentes tipos de oración: individuales y grupales, públicas y privadas. También veremos algunas oraciones de intercesión.

¡Que Dios los bendiga!


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