Las Adicciones que nos alejan de Dios: Los Opioides (Heroína) (Parte 1)

Entre las adicciones que nos alejan de Dios, ya vimos el alcohol y la marihuana. Ahora veremos la tercer categoría de drogas: los opioides, que incluyen desde los analgésicos prescritos por doctores como la morfina, Vicodin, entre otros, hasta el fentanilo y la heroína. En este artículo veremos sus efectos.

Después de que Carrie tuvo a su segundo hijo, su médico le prescribió un opioide llamado “Vicodin” (pastillas de hidrocodona con paracetamol/acetaminofén) para aliviar sus dolores post-parto. Estas pastillas analgésicas le ocasionaron una adicción a la droga que llevó a Carrie a seguir consultando a su doctor con el pretexto de tener dolores ficticios y que las pastillas ya no le hacían efecto, de forma que el doctor le prescribió otra droga diferente, y durante 2 años el doctor le siguió recetando opioides. Una vez que el doctor dejó de prescribirle, ella siguió buscando la forma de conseguir las pastillas, buscaba otros doctores, e incluso llegó a robarse las prescripciones médicas de otras personas. Llego un punto en el que ella consumía entre 15 y 20 pastillas diarias, y su esposo la envió a una clínica de rehabilitación para ayudarla a dejar su adicción, pero no funcionó. Como resultado de su adicción por 10 años, ella prefirió los opioides sobre su propia familia y Carrie se fue de su casa dejando a su esposo y a sus 2 hijos. Luego comenzó a usar metanfetaminas y de ahí comenzó a usar heroína. Se mudó a vivir a una casa con otros 20 adictos a la heroína. Carrie en sus palabras dice “durante ese tiempo lo perdí todo, y no me importaba, mientras que pudiera drogarme”. Luego comenzó a vender drogas, hasta que le vendió drogas a un oficial encubierto y terminó en prisión.

“Se tambaleaban y daban tumbos como borrachos, no sabían qué más hacer. «¡Socorro, Señor!», clamaron en medio de su dificultad, y Él los salvó de su aflicción.”— Salmos 107:27-28 (NTV)

¿De dónde se obtienen los opioides?

La planta de amapola (poppy en inglés) es donde se extraen los opioides. El opio (del griego ópion que significa “jugo”) es un látex seco que se obtiene del líquido lechoso que es secretado por la amapola cuando es dañada.

“Entonces uno de los jóvenes fue al campo a recoger hierbas y regresó con el bolsillo lleno de calabazas silvestres. Las cortó en tiras y las puso en la olla, sin darse cuenta de que eran venenosas.”— 2 Reyes 4:39 (NTV)

El opio crudo contiene un 10% de morfina y un 2% de codeína, y es utilizado por la planta como un mecanismo de defensa contra insectos que tratan de comérsela. Del opio se obtienen drogas como la morfina, la codeína (utilizada en pastillas para dormir, jarabes para la tos), la hidrocodona (en el Vicodin), la oxicodona (en Percocet y Oxycontin), el fentanilo, el carfentanilo (utilizado por veterinarios para dormir elefantes) y la heroína.

¿Cuáles son los efectos de los opioides?

Los opioides son analgésicos narcóticos, los cuales pueden reducir el dolor sin eliminar la sensación, son diferentes de los anestésicos, los cuales reducen toda sensación y a menudo producen un estado de inconsciencia como con la anestesia general utilizada en las cirugías. Por lo que el uso más común de estas drogas es para aliviar el dolor como con la morfina.

Pero también los opioides son ampliamente mercadeados como un remedio contra la tos. Adicionalmente, dado que producen náuseas y constipación, las farmacéuticas los ofrecen como tratamiento para controlar la diarrea. Por ejemplo, el ingrediente activo en el “Imodium AD” es la loperamida, un opioide que no pasa la barrera protectora del cerebro, por lo que no produce efectos psicotrópicos en el paciente.

Con dosis iniciales de opioides las personas experimentan una supresión de la sensación de dolor, también pueden experimentar una sensación de euforia, somnolencia, relajación, dificultad para concentrarse, tener las pupilas contraídas, una ligera disminución de la frecuencia respiratoria, náuseas, vómitos, estreñimiento, pérdida de apetito y sudoración. Pero con dosis más altas, estos efectos son más intensos y duran más, los opioides producen un estado de euforia momentáneo (que es lo que buscan los adictos), pero también puede producir severas náuseas, acompañadas de síntomas de ansiedad y de inquietud. El uso regular resulta en estreñimiento, pérdida de interés sexual, y un ciclo menstrual irregular en las mujeres, que incluso pueden llegar a dejar de menstruar. El efecto más peligroso de estos narcóticos es el no poder respirar, porque los opioides son drogas depresivas que afectan las partes en el cerebro que controlan la respiración y pueden causar que la persona llegue a morir al dejar de respirar o quedar en un estado de coma. El efecto se agrava si se combinan con otros depresores como el alcohol, o medicamentos para la ansiedad, o para dormir.

Aquí listamos algunas estadísticas de los Estados Unidos con referencia a los efectos de los opioides:

En el 2006, se reportaron un total de 92,000 casos de sobredosis por opioides en salas de emergencias, y la mayoría de estas personas no fue por heroína, sino por el uso de analgésicos narcóticos de prescripción como el Vicodin, OxyContin, Percocet, etc.

En 2006, la estadística fue que 45 personas murieron diariamente solo en los Estados Unidos a causa de sobredosis (envenenamiento) por analgésicos narcóticos legales (opioides).

Para abril de 2017, el Instituto Nacional en Abuso a las Drogas (NIDA) reportó que diariamente 91 norteamericanos mueren por una sobredosis a causa de un opioide”.

“El total de muertes en Estados Unidos a causa de los opioides hasta 2017 es mayor que el número de fallecimientos en todas las guerras de Vietnam, Iraq y Afganistán combinadas. Más norteamericanos mueren anualmente a causa de las drogas que quienes mueren en accidentes automovilísticos o incidentes con armas de fuego. De las 63,630 muertes por sobredosis de drogas en los Estados Unidos en 2016, 42,249 fueron por opioides.”— BBC, 22 de febrero del 2018.

“Qué alegría para los que no siguen el consejo de malos, ni andan con pecadores, ni se juntan con burlones; sino que se deleitan en la ley del Señor meditando en ella día y noche.”— Salmos 1:1-2 (NTV)

Cuando se toman opioides por vía oral para aliviar el dolor, los efectos aparecen de forma gradual y generalmente se sienten en aproximadamente 10 a 20 minutos. Cuando se inyecta en una vena, los efectos son más intensos y se sienten en un minuto. La duración del efecto varía un poco según el tipo de opioide que se tome. Para muchos opioides, una sola dosis puede aliviar el dolor durante cuatro a cinco horas.

Si una persona toma opioides durante más de una semana, se puede volver dependiente físicamente de la droga, pero todavía no es considerada como un adicto. Cuando hablamos de la heroína, el riesgo de la persona es que puede provocar adicción en tan solo 2 ó 3 semanas (aunque hay casos en los que la persona se vuelve adicta desde la primer inyección). Cuando la persona es adicta a los opioides desarrolla tanto una dependencia psicológica, como física en la que el cuerpo reacciona a la ausencia de la droga. Por ejemplo, las personas que usan heroína necesitan ingerir la droga cada 6 a 12 horas para evitar los desagradables síntomas de abstinencia que los opioides producen.

“Y entonces dirás: «Me golpearon pero no lo sentí. Ni siquiera me di cuenta cuando me dieron la paliza. ¿Cuándo despertaré para ir en busca de otro trago?».”— Proverbios 23:35 (NTV)

Cuando las personas son adictas a los opioides, no pueden pensar en ninguna otra cosa más que en la droga. La droga se convierte en la prioridad número uno en sus vidas desplazando a Dios, a su familia, y a la sociedad, y a menudo incurren en una cadena de otros pecados a causa de la droga tales como mentir, robar o prostituirse con tal de obtener dinero para comprar más drogas.

[Dice el Señor] “Mi pueblo le pregunta a su ídolo de palo, y ese palo le responde. Su espíritu de prostitución los hizo errar; abandonaron a su Dios para prostituirse.”— Oseas 4:12 (RVC)

Esta es la victoria que está buscando Satanás en la batalla espiritual porque, para los adictos, la droga se convierte en un ídolo para el adicto que se interpone entre la persona y Dios, esclavizándola de por vida.

“Jesús contestó: —Les digo la verdad, todo el que comete pecado es esclavo del pecado.”— Juan 8:34 (NTV)

El profeta Isaías nos dice que la idolatría nos debilita física y espiritualmente, así como el herrero que hace ídolos queda “sediento” y “hambriento”, las drogas dejan a las personas con más problemas de los que supuestamente les solucionan. Las drogas solo llevan a la perdición de las personas.

“El herrero se ubica frente a su fragua para hacer una herramienta afilada, martillándola y dándole forma con todas sus fuerzas. Su trabajo le da hambre y se siente débil; le da sed y se siente desmayar.”— Isaías 44:12 (NTV)

“No tengas ningún otro dios aparte de Mí. No te hagas ninguna clase de ídolo ni imagen de ninguna cosa que está en los cielos, en la tierra o en el mar.”— Éxodo 20:3-4a (NTV)

La heroína es un opioide semi-sintético, es decir, está hecha a partir de la morfina que es procesada químicamente (lo que la hace una droga sintética). La heroína pasa la barrera de protección del cerebro rápidamente y produce un efecto inmediato. La heroína se convierte nuevamente en morfina en el cerebro. Otro opioide sintético muy peligroso es el fentanilo, el cual es 100 veces más potente que la morfina y hasta 50 veces más fuerte que la heroína, por lo que es potencialmente mortal en dosis muy pequeñas. Ha habido casos de personas que mueren por sobredosis (envenenamiento) con carfentanilo que es 10,000 más potente que la morfina, se utiliza como tranquilizante de elefantes.

“Su vid crece de la vid de Sodoma, de los viñedos de Gomorra. Sus uvas son veneno, y sus racimos son amargos. Su vino es veneno de serpientes, veneno mortal de cobras.”— Deuteronomio 32:32-33 (NTV)

¿Qué sucede cuándo los receptores opioides son activados?

En estudios hechos en los años 70’s se encontró que nuestro sistema nervioso tiene receptores inhibidores que son activados por los opiáceos y se le denominó en forma genérica “receptores opioides”. Los receptores opioides μ (“mi”, por la m en morfina) tienen una alta afinidad a la morfina y drogas relacionadas, lo cual significa que estas drogas se adhieren fuertemente, inhibiendo las conexiones para señales naturales de nuestro cuerpo, como cuando experimentamos un dolor. Como resultado, las drogas pueden ser muy potentes. Hay muchos de estos receptores opioides mu en el circuito de recompensas, en el nucleus accumbens, por eso se experimenta euforia con los opioides, en el área tegmental ventral, ATV, que segrega dopamina (la que crea la adicción a la droga). Además, están presentes en el sistema nervioso central, y en el tracto intestinal, lo cual explica que a menudo producen estreñimiento.

Hay 3 tipos de opioides endógenos (producidos naturalmente en el cuerpo): (1) endorfinas; (2) encefalinas; y (3) dinorfinas. Tanto las endorfinas como las encefalinas son analgésicos naturales y están activas en diferentes partes del cuerpo para ayudar cuando la persona se lastima o está con dolor; el cuerpo libera estos químicos, y ayudan a bloquear el dolor. Las endorfinas son sustancias similares a la morfina, pero que tienen su origen en el cerebro. Las endorfinas también son liberadas cuando estamos estresados, o al hacer ejercicios extenuantes, o incluso cuando comemos comida picante. Cuando son liberadas activan a los receptores opioides µ y alivian el dolor de forma natural y sin efectos secundarios como los que producen las drogas, además estos opioides endógenos producen una sensación de bienestar, similar a la morfina.

Los corredores de largas distancias reportan obtener una sensación de euforia, de forma natural, cuando su resistencia comienza a decaer. De forma que los niveles de opioides se incrementan significativamente después de correr.

Los opioides típicamente funcionan inhibiendo la transmisión neuronal, particularmente del dolor.  El sistema nervioso contiene un set de receptores especializados y fibras para la sensación y transmisión de señales de dolor al cerebro. Los opioides pueden inhibir la transmisión en la médula espinal antes de que las señales siquiera lleguen al cerebro. Se han descubierto “neuronas opioides” en la médula espinal, y cuando se activan, se piensa que es como si cerraran una puerta y previnieran que las señales de dolor lleguen al cerebro. También hay senderos descendentes del cerebro hacia la médula espinal que pueden inhibir las señales de dolor.

Eso puede explicar el por qué los soldados a menudo reportan que no sienten mucho dolor después de ser heridos en batalla. Incluso atletas heridos a menudo reportan no sentir dolor sino hasta después del juego.

Las drogas opioides (exógenas) inhiben el dolor, pero como efecto secundario sobre-estimulan al circuito de recompensas en el cerebro y liberan grandes cantidades de dopamina. Cada vez que se activa este circuito de recompensa, el cerebro nota que está sucediendo algo importante que debe recordarse, para garantizar que repetiremos las actividades que sostienen la vida asociando esas actividades con placer o recompensa. De forma que cuando el usuario ve esas señales nuevamente experimentan un fuerte impulso o antojo por usar la droga, como si su vida dependiera de ello.

“El mal le parece tan delicioso que lo saborea con la lengua; retiene su sabor en la boca y lo paladea lentamente. Pero luego, en el estómago, se le convierte en veneno de serpiente. Vomita las riquezas que había devorado; Dios se las saca del estómago. Estaba chupando veneno de serpiente, y ese veneno lo matará.”— Job 20:12-16 (NTV)

Para el cerebro, la diferencia entre las recompensas normales y las recompensas por drogas se puede describir como la diferencia entre alguien que le susurra al oído y alguien que le grita con un altavoz. El cerebro para adaptarse al exceso de dopamina y otros neurotransmisores producidos por las drogas, reduce la cantidad de receptores o la producción de dopamina en el circuito de recompensa, tal como cuando bajamos el volumen del radio cuando la música está demasiado alta. Como resultado, el impacto causado por el abuso de las drogas desbalancea la dopamina en el circuito de recompensa del cerebro, y su producción se vuelve anormalmente baja, causando que la capacidad para experimentar placer de forma natural en el adicto se reduzca y ninguna otra cosa en la vida le trae placer, volviéndolo alguien deprimido, que no disfruta lo que antes le resultaba placentero, la vida le resulta sin sentido, llevándolo a un círculo vicioso del que no puede salir, ya que lo único que lo va a reanimar es volverse a drogar para que el nivel de dopamina vuelva a ese nuevo nivel de normalidad. Además, la persona a menudo necesitará tomar mayores cantidades del narcótico para producir el mismo nivel deseado de dopamina, un efecto conocido como tolerancia. La adicción a las drogas erosiona el auto-control y la capacidad de una persona para tomar decisiones acertadas, mientras produce impulsos intensos para consumir drogas.

En nuestro siguiente artículo continuaremos con una breve historia acerca del surgimiento de los opioides y veremos el por qué la adicción a las drogas se ha convertido en un problema significativo especialmente en los últimos 150 años.

¡Que Dios los bendiga!


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