¿Qué es el temor al Señor? (Parte 2)

En el artículo anterior vimos el primer aspecto del temor al Señor expresado como miedo a Dios, ahora continuaremos viendo otros significados como: reverencia o gran admiración y respeto hacia nuestro Creador; el desarrollo de un comportamiento justo o piadoso; y la adoración correcta hacia el Señor de acuerdo con Sus estatutos.

2. El temor al Señor como: Reverencia o gran admiración y respeto

La reverencia lleva una connotación positiva al describir una sensación de asombro cuando percibimos la majestuosidad de Dios. Cuando maduramos como creyentes aprendemos que el temer a Dios es en específico algo más profundo que simplemente tenerle miedo porque apreciamos que en realidad lo amamos, lo respetamos, reverenciamos, adoramos, admiramos y alabamos como nuestro Padre, y reconocemos Su santidad, Su soberanía, Su carácter, y que Él es quién juzga el pecado. El profeta Isaías nos dice que el temor del Señor es uno de los 7 Espíritus de Dios que recibió Jesús.

“Sobre Él reposará el Espíritu del Señor; el Espíritu de sabiduría y de inteligencia; el Espíritu de consejo y de poder, el Espíritu de conocimiento y de temor del Señor. Su deleite será temer al Señor. No juzgará según las apariencias, ni dictará sentencia según los rumores.” — Isaías 11:2-3 (RVC)

Con el temor de Dios, sentimos una gran admiración a Su majestuosidad, suprema reverencia para Su autoridad y un fuerte deseo para Su gloria. Por eso no nos sorprende que el mensaje del ángel en Apocalipsis a los pecadores que aún estarán vivos en la tierra y que están a punto de recibir las últimas 7 plagas de la ira de Dios para que se arrepientan y vuelvan a Él es: “Teman a Dios, y denle gloria”. Porque el ángel está haciendo un llamado a la gente del mundo para que se arrepientan de su lealtad al Anticristo, la Bestia, y Satanás, y en su lugar teman, reverencien, honren y adoren a Dios y a Su Hijo, el soberano gobernante del universo.

“Vi volar por en medio del cielo a otro ángel, que tenía el evangelio eterno para predicarlo a los moradores de la tierra, a toda nación, tribu, lengua y pueblo, diciendo a gran voz: Temed a Dios, y dadle gloria, porque la hora de su juicio ha llegado; y adorad a aquel que hizo el cielo y la tierra, el mar y las fuentes de las aguas.” — Apocalipsis 14:6-7 (RVR1960)

La reverencia que el profeta Isaías tuvo al estar frente a la gloriosa presencia del Señor, nos demuestra que no podemos soportar estar ante la presencia de nuestro Padre en nuestra actual condición. Isaías exclamó que estaba condenado por ser un pecador, a pesar de que él era el líder espiritual más importante de la nación; él además sentía que sus labios eran impuros, aún y cuando tenía la mejor boca en la tierra al ser un profeta de Dios. ¿Entonces por qué Isaías se expresó de esa forma negativa de sí mismo? Porque vio la santidad de Dios y quedó destrozado por sus pecados, anhelaba poder purificar su corazón por el temor y reverencia que tenía hacia el Señor.

“Entonces dije: «¡Todo se ha acabado para mí! Estoy condenado, porque soy un pecador. Tengo labios impuros, y vivo en medio de un pueblo de labios impuros; sin embargo, he visto al Rey, el Señor de los Ejércitos Celestiales».” — Isaías 6:5 (NTV)

Al ver la respuesta y comportamiento de Isaías acerca de su visión del trono de Dios, y demostrando temor al Señor, las Escrituras nos muestran a un verdadero creyente totalmente abrumado, quebrantado y aterrorizado como consecuencia de sus propios pecados expuestos ante la santidad del Señor. Esto me hace preguntarme acerca de todas las personas que hoy afirman haber visto a Dios: ¿Realmente lo habrán visto? Más aún, si después los vemos dando entrevistas en la TV, y escribiendo libros, en lugar de estar postrados en el suelo, llorando y aterrorizados por su pecado, y tratando de alertar a todo el mundo acerca del juicio venidero y predicando que se arrepientan de sus pecados. Siempre considere el mensaje de estas personas con respecto a lo que dicen las Escrituras para que no sea engañado.

Siempre el temer a Dios nos permitirá mejorar nuestra relación con el Señor porque nos dará la correcta visión de Su santidad, Su soberanía, y comprendemos que Él es quien juzga el pecado. De esta forma tenemos el marco de referencia correcto para amar a Dios, respetarlo, reverenciarlo, adorarlo, admirarlo y honrarlo. Además de temer a Dios, debemos de darle gloria. Negarse a darle gloria a Dios es la principal causa de la rebelión del hombre. El orgullo en el corazón del hombre es la esencia por la cual las personas son incrédulas.

“Es cierto, ellos conocieron a Dios pero no quisieron adorarlo como Dios ni darle gracias. En cambio, comenzaron a inventar ideas necias sobre Dios. Como resultado, la mente les quedó en oscuridad y confusión.” — Romanos 1:21 (NTV)

“Sin embargo, aunque una persona peque cien veces y siga gozando de muchos años de vida, yo sé que les irá mejor a los que temen a Dios.” — Eclesiastés 8:12 (NTV)

Las Escrituras nos indican que debemos mostrar esta reverencia a todo lo que está incluido en el carácter Santo de Dios como: (A) Su Nombre; (B) Sus Mandamientos; y (C) Su Santuario.

A) Reverencia o gran admiración y respeto hacia el Nombre de Dios:

Vemos que el Nombre de Dios debe de ser tratado con la misma reverencia y admiración que cuando hablamos del Señor. Puede ver nuestro artículo acerca del Tercer Mandamiento para mayor información.

“Del oriente al occidente temerán el Nombre del Señor y reconocerán Su poder. Ciertamente el enemigo vendrá como un río caudaloso, pero el Espíritu del Señor desplegará Su bandera contra él.” — Isaías 59:19 (RVC)

“Te ruego, oh Señor, que Tu oído esté atento ahora a la oración de Tu siervo y a la oración de Tus siervos que se deleitan en reverenciar Tu Nombre; haz prosperar hoy a Tu siervo, y concédele favor delante de este hombre. Era yo entonces copero del rey.” — Nehemías 1:11 (LBLA)

El Señor utiliza diferentes nombres a través de las Escrituras para revelarnos algún atributo en específico de Su carácter y personalidad.

“Enséñame, Señor, Tu camino, para que camine yo en Tu verdad. Dale firmeza a mi corazón, para que siempre tema Tu Nombre.” — Salmos 86:11 (RVC)

“Mas á vosotros los que teméis Mi Nombre, nacerá el Sol de justicia, y en sus alas traerá salud: y saldréis, y saltaréis como becerros de la manada.” — Malaquías 4:2 (RVA)

En el Apocalipsis, el apóstol Juan utiliza la palabra griega φοβέω – fobéo, temor, para hablar de todos los creyentes que pusieron su fe en el Nombre de Dios:

“Las naciones se llenaron de ira, pero ahora el tiempo de Tu ira ha llegado. Es tiempo de juzgar a los muertos y de recompensar a Tus siervos, los profetas, y también a Tu pueblo santo y a todos los que temen Tu Nombre, desde el menos importante hasta el más importante. Es tiempo de destruir a todos los que han causado destrucción en la tierra».” — Apocalipsis 11:18 (NTV)

B) Reverencia o gran admiración y respeto hacia Sus Mandamientos:

La palabra temor también es utilizada para mostrar gran reverencia hacia los Mandamientos del Señor:

“El que menosprecia la Palabra, perecerá por ello: Mas el que teme el Mandamiento, será recompensado.” — Proverbios 13:13 (RVA)

“¡Alabado sea el Señor!¡Qué felices son los que temen al Señor y se deleitan en obedecer Sus Mandatos!” — Salmos 112:1 (NTV)

C) Reverencia o gran admiración y respeto hacia el Santuario del Señor:

Por último, también vemos la utilización de la palabra temor (yaré, en hebreo) para referirse al mandato de dirigir nuestra reverencia o gran admiración hacia el Santuario del Señor.

[Dice el Señor] “Deben guardar Mis días de descanso [Shabát] y mostrar reverencia [yaré] por Mi santuario. Yo Soy el Señor.” — Levítico 26:2 (NTV)

3. El temor al Señor como: Un comportamiento justo o piadoso

Cuando nuestro entendimiento pasa del temor a la reverencia a Dios, entendemos que Dios es Santo, y nuestra reacción instantánea es vernos a nosotros mismos como pecadores con un abismo de separación entre el Señor y la humanidad. La santidad de Dios nos muestra la profundidad de nuestros pecados, nos produce dolor, y nos sacude en lo más profundo de nuestros corazones produciendo en nosotros la humildad de un niño a la que se refirió Jesús en Marcos 10:13-16. Y nuestro comportamiento puede ser moldeado como resultado para ser guiados por la sabiduría del Espíritu de Dios.

El sabio teme a Dios y se aparta del mal, pero el necio se muestra temerario y engreído.” — Proverbios 14:16 (RVC)

“Con misericordia y verdad se expía la culpa, y con el temor del Señor el hombre se aparta del mal.” — Proverbios 16:6 (LBLA)

“Cuando Jesús vio lo que sucedía, se enojó con sus discípulos y les dijo: «Dejen que los niños vengan a mí. ¡No los detengan! Pues el reino de Dios pertenece a los que son como estos niños. Les digo la verdad, el que no reciba el reino de Dios como un niño nunca entrará en él».” — Marcos 10:14-15 (NTV)

Esto explica porque el “temor al Señor” es la base de roca solida en la cual podemos crecer como cristianos, y el rey Salomón nos explica que este es el concepto vital por el cual obtendremos la real sabiduría basada en la verdad. Por eso el temor a Dios moldea nuestras acciones y comportamiento cambiando poco a poco nuestra naturaleza pecaminosa.

El principio de la sabiduría es el temor al Señor; Los necios desprecian la sabiduría y la enseñanza.” — Proverbios 1:7 (RVC)

En muchos pasajes el temor del Señor y llevar una vida de obediencia a la Palabra de Dios, están estrechamente vinculados, tanto que parecieran ser sinónimos. El común denominador de estos versículos es apartarse del mal, y no salirse de los caminos del Señor:

“No seas sabio en tu propia opinión; teme al Señor y apártate del mal.” — Proverbios 3:7 (RVC)

“El temor del Señor es aborrecer el mal; yo aborrezco la soberbia y la arrogancia, el mal camino y la boca perversa.” — Proverbios 8:13 (RVC)

El comportamiento justo que desarrollamos es gracias al entendimiento del temor del Señor en dos aspectos: Primero como ya vimos, mostrar gran reverencia y admiración del Señor; y segundo, el miedo a las consecuencias por desobediencia. Así es como nuestro comportamiento es moldeado como una vasija de barro. Las Escrituras nos muestran ejemplos de la conducta deseable de personas que tenían temor del Señor:

“Entonces el Señor preguntó a Satanás: —¿Te has fijado en Mi siervo Job? Es el mejor hombre en toda la tierra; es un hombre intachable y de absoluta integridad. Tiene temor de Dios y se mantiene apartado del mal.” — Job 1:8 (NTV)

“Los gobernadores anteriores, por contraste, impusieron pesadas cargas al pueblo, al exigir una ración diaria de comida y vino, además de cuarenta piezas de plata. Hasta sus ayudantes se aprovechaban del pueblo. Sin embargo, como yo temía a Dios, no actué de esa manera.” — Nehemías 5:15 (NTV)

“Bienaventurado todo aquel que teme al Señor, que anda en Sus caminos.” — Salmos 128:1 (LBLA)

La muestra más impresionante del “temor de Dios” fue el comportamiento justo de Abraham, quien por fe fue capaz de intentar sacrificar a su hijo Isaac en obediencia a las instrucciones del Señor:

“El ángel le dijo: —No le hagas ningún daño al muchacho, porque ya sé que tienes temor de Dios, pues no te negaste a darme tu único hijo.” — Génesis 22:12 (DHH)

A estas alturas, espero haberle demostrado con las Escrituras que el comportamiento justo no es algo natural y que necesitamos aprenderlo. Es responsabilidad de cada uno de nosotros estudiar las Escrituras para madurar en el temor al Señor, y transmitir estas enseñanzas a nuestros hijos, porque en el Día del Juicio, Jesús nos juzgará a cada uno de nosotros individualmente.

[Dice Moisés] “Leerán este libro de instrucción a todo el pueblo de Israel cuando se reúna ante el Señor su Dios en el lugar que Él elija. Convoquen a todos —a hombres, mujeres, niños y a los extranjeros que vivan en sus ciudades— para que oigan lo que dice el libro de instrucción y aprendan a temer al Señor su Dios y a obedecer cuidadosamente todas las condiciones de estas instrucciones.” — Deuteronomio 31:11-12 (NTV)

“[El rey] Tendrá esa copia siempre consigo y la leerá todos los días de su vida. De esa manera, aprenderá a temer al Señor su Dios al obedecer todas las condiciones de esta serie de instrucciones y decretos.” — Deuteronomio 17:19 (NTV)

“Él juzgará a cada uno según lo que haya hecho” — Romanos 2:6 (NTV)

Uno de los comportamientos que las Escrituras con frecuencia asocian y enfatizan con el temor del Señor es el ser amables con nuestro prójimo incluyendo a los desconocidos o los foráneos.

“[El Señor] Se asegura que los huérfanos y las viudas reciban justicia. Les demuestra amor a los extranjeros que viven en medio de ti y les da ropa y alimentos. Así que tú también tienes que demostrar amor a los extranjeros porque tú mismo una vez fuiste extranjero en la tierra de Egipto. Tienes que temer al Señor tu Dios, adorarlo y aferrarte a Él. Cuando hagas juramentos, que sean solo en Su Nombre.” — Deuteronomio 10:18-20 (NTV)

Mostramos de una forma práctica nuestro temor a Dios con nuestras acciones:

Muestra tu temor a Dios al no aprovecharse el uno del otro. Yo Soy el Señor tu Dios.” — Levítico 25:17 (NTV)

“No insultes al sordo ni hagas tropezar al ciego. Debes temer a tu Dios; Yo Soy el Señor.” — Levítico 19:14 (NTV)

“La iglesia, entonces, tuvo paz por toda Judea, Galilea y Samaria; se fortalecía y los creyentes vivían en el temor del Señor. Y, con la ayuda del Espíritu Santo, también creció en número.” — Hechos 9:31 (NTV)

4. El temor al Señor como: Adoración

Por último, después de que pasamos del miedo, a la reverencia, cambiando nuestro comportamiento, llegamos al punto en el que el temor a Dios nos ayuda a adorar correctamente al Señor: en Sus términos, no en los nuestros; enseñándonos que requerimos un espíritu quebrantado por temor y reverencia a Dios, y que busque purgar el pecado a través de un sincero arrepentimiento para poder experimentar la presencia santa del Señor. El libro de Hebreos nos explica que la santidad de Dios es el fuego que consume y destruye el pecado, y que nos permite acercarnos al Señor.

“Ya que estamos recibiendo un reino inconmovible, seamos agradecidos y agrademos a Dios adorándolo con santo temor y reverencia, porque nuestro Dios es un fuego que todo lo consume.” — Hebreos 12:28-29 (NTV)

Las Escrituras nos hacen una clara exhortación para temer al Señor, implicando llevar una vida agradable ante Sus ojos.

Sirvan al Señor con temor; con temblor ríndanle alabanza.” — Salmos 2:11 (NVI)

“¡Alaben al Señor, todos los que le temen!¡Hónrenlo, descendientes de Jacob! ¡Muéstrenle reverencia, descendientes de Israel!” — Salmos 22:23 (NTV)

Cuando el Señor le indicó a Jonás que fuera a Nínive para advertirle a los Asirios acerca del juicio venidero contra la ciudad, Jonás en lugar de obedecer, trató de alejarse hacia el lugar más lejano en la dirección contraria que podía ir: a Tarsis. Pero el Señor envió una tempestad tan fuerte que si los marineros no hubieran arrojado a Jonás al mar se hubieran hundido. Pero cuando los marineros vieron que la tempestad se calmó de forma milagrosa después de que lo arrojaron, entonces le rindieron culto al Señor, las Escrituras señalan este acto como que ellos tuvieron “gran temor de Dios”.

” Entonces tomaron a Jonás y lo arrojaron al mar, y la furia del mar se calmó. Y aquellos hombres sintieron gran temor del Señor, y le ofrecieron un sacrificio y le hicieron votos.” — Jonás 1:15-16 (RVC)

Los beneficios de temer al Señor

No olvide que Dios recompensa a todo aquel que teme al Señor.

“La verdadera humildad y el temor del Señor conducen a riquezas, a honor y a una larga vida.” — Proverbios 22:4 (NTV)

Quien teme al Señor goza de: misericordia (Salmos 103:11, 17); compasión de Él (Salmos 103:13); les da alimento (Salmos 111:5); tendrán todo lo que necesitan (Salmos 34:9); protección (Salmos 33:18-19); los ayuda y es su escudo (Salmos 115:11); conduce a la vida, viviendo satisfecho y sin ser visitado por el mal (Proverbios 19:23); les da sabiduría (Salmos 111:10; Proverbios 9:10; Proverbios 15:33); les da conocimiento (Proverbios 1:7) ;es bendecido (Salmos 112:1; 115:13. 128:1, 128:4); gozan de Su bondad (Salmos 31:19); les cumple sus deseos, Él escucha sus llantos y los salva (Salmos 145:19); prolonga su vida (Proverbios 10:27; Deuteronomio 6:2); sus hijos tendrán un refugio(Proverbios 14:26); una fuente de vida que aparta de las trampas de la muerte (Proverbios 14:27); junto con la humildad trae riquezas, honra y vida (Proverbios 22:4); alabanza para la mujer (Proverbios 31:30); forman parte de un libro de remembranza escrito frente a Dios (Malaquías 3:16)

Nuestra encomienda es dar testimonio de las obras del Señor:

Entonces la humanidad entera sentirá temor, y todos proclamarán las obras de Dios y entenderán el porque de Sus acciones.” — Salmos 64:9 (RVC)

“Vengan y escuchen todos los que temen a Dios, y les contaré lo que hizo por mí.” — Salmos 66:16 (NTV)

Cuando las parteras hebreas no hicieron caso de las órdenes del Faraón egipcio quien les había dicho que mataran a los niños varones hebreos, ellas pusieron en práctica el temor del Señor y obedecieron Sus Mandatos:

“Sin embargo, las parteras tuvieron temor de Dios y no hicieron lo que el rey de Egipto les había ordenado, sino que dejaron vivir a los niños. ” — Éxodo 1:17 (DHH)

Luego el Señor recompensó a las parteras por sus acciones:

“Y por haber las parteras temido á Dios, Él les hizo casas.” — Éxodo 1:21 (RVA)

El hombre más sabio del mundo, el rey Salomón, terminó su libro de Eclesiastés con la siguiente conclusión:

“Aquí culmina el relato. Mi conclusión final es la siguiente: teme a Dios y obedece Sus Mandatos, porque ese es el deber que tenemos todos.” — Eclesiastés 12:13 (NTV)

El apóstol Pedro llegó a una conclusión similar:

“Respeten a todos. Amen a los hermanos. Teman a Dios y respeten al rey.” — 1 Pedro 2:17 (RVC)

Quisiera concluir con lo siguiente, ¿recuerda este versículo con esta promesa del Señor acerca de darnos un nuevo corazón?

“Les daré un corazón nuevo y pondré un Espíritu nuevo dentro de ustedes. Les quitaré ese terco corazón de piedra y les daré un corazón tierno y receptivo.” — Ezequiel 36:26 (NTV)

¿Y qué beneficio nos dará este nuevo corazón? Entre otras cosas recibiremos el Temor del Señor que es uno de Sus 7 Espíritus, Jeremías nos habla de esta promesa del Señor:

“Yo les daré un solo corazón y un solo camino, para que me teman perpetuamente, para bien de ellos y de sus hijos. Haré con ellos un pacto eterno, y nunca dejaré de hacerles bien. Pondré Mi temor en su corazón, para que no se aparten de Mí” — Jeremías 32:39-40 (RVC)

Por el bien que el Señor va a hacer por nosotros, el apóstol Pablo nos exhorta a que demostremos que hemos recibido el regalo de Dios, un nuevo corazón, al obedecer, reverenciar y temer al Señor con todo nuestro ser.

Esfuércense por demostrar los resultados de su salvación obedeciendo a Dios con profunda reverencia y temor. Pues Dios trabaja en ustedes y les da el deseo y el poder para que hagan lo que a Él le agrada.” —  Filipenses 2:12b-13 (NTV)

¡Que Dios los bendiga!


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