¿Qué son los 7 Espíritus del Señor?

En el artículo anterior hablamos acerca de la labor del Espíritu Santo en la Creación, y presentamos una introducción acerca del Espíritu de Dios y que son Sus 7 Espíritus. En este artículo primero hablaremos un poco más acerca de la Persona del Espíritu Santo y de Su ministerio, cómo es que el Espíritu Santo produce una transformación en nuestras vidas, y posteriormente veremos ejemplos en las Escrituras que nos hablan acerca de los 7 Espíritus del Señor.

El ministerio del Espíritu Santo

Para entender mejor los 7 Espíritus del Señor, primero necesitamos conocer mejor al Espíritu Santo. Lo primero que tenemos que aprender es que El Espíritu Santo es una persona, no es una “fuerza, energía o poder abstractos”, no es una paloma, el Espíritu Santo es un ser individual con “mente, sentimientos y voluntad propia”, y es un Ser divino que posee una personalidad, es racional y lógico. En las Escrituras vemos que el Espíritu Santo es la fuente de toda vida (Salmos 104:30; Job 33:4; Génesis 2:7); y de regalos intelectuales (Éxodo 31:3; Números 11:17); nos enseña (1 Corintios 2:13, Lucas 12:12; Juan 14:26); nos llama para entrar en acción (Hechos 10:19-20), nos guía (Juan 16:13; Hechos 8:29; Romanos 8:14); hace intervenciones directas en nuestras vidas (Hechos 16:6; Hechos 8:39-40); ama (Romanos 15:30); sufre (Efesios 4:30); contiende con los hombres (Génesis 6:3); tiene voluntad propia (1 Corintios 12:11); nos da profecías (1 Timoteo 4); habla con autoridad (Hechos 13:2); intercede por nosotros (Romanos 8:26); es un testigo (Hebreos 10:15; Romanos 8:16); tiene convivencia con creyentes (2 Corintios 13:14). Él Espíritu Santo ha sido puesto a prueba (Hechos 5:9), le han mentido (Hechos 5:3).

“Y nosotros hemos recibido, no el espíritu del mundo, sino el Espíritu que viene de Dios, para que conozcamos lo que Dios nos ha dado gratuitamente, de lo cual también hablamos, no con palabras enseñadas por sabiduría humana, sino con las enseñadas por el Espíritu, combinando pensamientos espirituales con palabras espirituales.” — 1 Corintios 2:12-13 (NBLH)

Cuando las Escrituras nos hablan de un solo Dios, pero describen a tres personas, nos parecería que hay una contradicción. Pero lo que la Biblia nos revela es que las tres personas a quienes llamamos Dios tienen la misma naturaleza, el mismo propósito y objetivo, son un equipo, una unidad (ejád en hebreo significa uno y unidad). Una de las características de Dios que nos ayudarían a probar este punto es que nuestro Dios es un Dios amoroso, Quien existe eternamente antes de la Creación (Juan 17:5, 17:24), pero podríamos decir que una de las condiciones para que exista amor, es que existan 2 o más personas. De lo contrario, ¿cómo sería posible que uno de los atributos de Dios fuera amor si solo fuera una sola persona desde antes de la Creación?, porque ¿a quién le expresaría Su amor eterno? Pero vemos que las Escrituras nos hablan de que el Padre expresa Su amor a Su Hijo (Juan 3:35, 5:20), y tanto Jesucristo como el Espíritu Santo expresan Su amor al Padre al cumplir Sus Mandamientos (Juan 5:30, 14:21, 14:31; Isaías 42:1-5, 61:1). Por eso la Biblia nos habla de una unidad de tres personas: Dios el Padre, Dios el Hijo (Jesús) y Dios Espíritu Santo. Ellos son Uno (Deuteronomio 6:4; Juan 17:21) han compartido una unión por toda la eternidad mucho antes de que crearan a los ángeles o a la humanidad.

“Consérvense en el amor de Dios, esperando ansiosamente la misericordia de nuestro Señor Jesucristo para vida eterna.” — Judas 21 (NBLH)

El Espíritu Santo además tiene atributos divinos como: Es eterno (Hebreos 9:14); Él todo lo sabe incluyendo el futuro, u omnisciencia (1 Corintios 2:10-12; Juan 16:13; Hechos 1:16-17; 2 Pedro 1:21); Omnipotencia o poder, autoridad o fuerza ilimitados o universales (Génesis 1:2; Salmos 104:30; Job 33:4; Zacarías 4:6; Lucas 1:35; Romanos 15:19); Omnipresencia, es Su atributo en el que no hay lugar donde el Espíritu de Dios no esté presente, ni hay ningún período de tiempo en el que el Espíritu Santo no existiera. El Espíritu Santo está en más de un lugar en un momento dado, y no necesita abandonar un lugar para estar en otro, sino que puede estar simultáneamente en todas partes (Salmo 139: 7-10).

“¿A dónde me iré de tu Espíritu? ¿A dónde huiré de Tu presencia? Si subo a los cielos, allí estás Tú; si en el Seol [infierno] hago mi cama, allí Tú estás. Si tomo las alas del alba y habito en el extremo del mar, aun allí me guiará Tu mano y me asirá Tu diestra.” — Salmos 139:7-10 (RVA-2015)

El Espíritu Santo no solamente participó en la Creación, sino que además tiene un papel importantísimo en la redención de la humanidad trabajando en conjunto con Dios Padre y Dios Hijo. El Padre envió al Hijo al mundo (1 Juan 4:14). El Hijo, Jesucristo, realizó todo el trabajo que era necesario para nuestra salvación: vivió una vida de perfecta obediencia sin pecado alguno, murió siendo un sacrificio perfecto, y resucitó de acuerdo a la voluntad del Padre (Lucas 4:18-19; Mateo 26:39). El Espíritu Santo siempre estuvo presente en la vida de Cristo, participó al engendrar a Jesús (Mateo 1:18-20), durante todo Su ministerio desde Su bautismo (Mateo 3:16-17), lo ungió (Juan 3:34, Hebreos 1:9), y lo dirigió al facultarlo para el servicio (Lucas 4:14).

“Y nosotros hemos visto y damos testimonio de que el Padre envió al Hijo para ser el Salvador del mundo.” — 1 Juan 4:14 (NBLH)

“Porque yo les entregué en primer lugar lo mismo que recibí: que Cristo (el Mesías) murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras.” — 1 Corintios 15:3 (NBLH)

“Y Él les dio vida a ustedes, que estaban muertos en (a causa de) sus delitos y pecados.” — Efesios 2:1 (NBLH)

Pero el trabajo clave que hace el Espíritu Santo en la vida de los cristianos vueltos a nacer es aplicar todo el trabajo de salvación que Dios ha realizado desde Génesis 3 hasta Apocalipsis, para que sea recibido personalmente por un creyente. El creyente necesita pedirle a Jesucristo que lo salve y arrepentirse de sus pecados, y Jesús (Yeshúa en hebreo) manda al Espíritu Santo para que habite en el creyente, lo regenere santificándolo, y le de vida eterna. Así que Dios empieza a trabajar desde antes para guiar a las personas a Cristo, para poderlas sacar de la muerte espiritual que heredaron desde Adán (al nacer de la carne), es cuando el Espíritu Santo muestra a las personas la gravedad de sus pecados (Juan 16:7-11) y luego les revela a Cristo como la “respuesta” para su salvación. Y cuando aceptan a Jesucristo como su Salvador, El Espíritu Santo habita el corazón de la persona (1 Corintios 6:17), lo que le permite volver a nacer (al nacer del Espíritu) (Juan 3:3). Para su mayor referencia puede ver nuestro link Jesús.

“Jesús le contestó: “En verdad te digo que el que no nace de nuevo no puede ver el reino de Dios.”… Jesús respondió: “En verdad te digo que el que no nace de agua y del Espíritu no puede entrar en el reino de Dios. Lo que es nacido de la carne, carne es, y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es. No te asombres de que te haya dicho: ‘Tienen que nacer de nuevo.’ El viento sopla por donde quiere, y oyes su sonido, pero no sabes de dónde viene ni adónde va; así es todo aquél que es nacido del Espíritu.” — Juan 3:3, 5-8 (NBLH)

“Y no entristezcan al Espíritu Santo de Dios, por el cual fueron sellados para el día de la redención.” — Efesios 4:30 (NBLH)

Por lo tanto, el Padre y el Hijo envían al Espíritu Santo al mundo para que podamos recibir la salvación que está disponible para todo ser humano (Juan 15:26; Gálatas 4:6). El papel del Espíritu Santo en la redención es aplicar la obra de salvación de Jesucristo en la cruz a los creyentes mediante el milagro del Bautismo del Espíritu Santo (que es diferente al bautismo con agua), que nos permite volver a nacer espiritualmente de forma instantánea cuando el Espíritu Santo se mueve dentro de los corazones y las conciencias de las personas. Después del nacimiento espiritual del cristiano, el Espíritu Santo empieza a trabajar desde el interior conformando el alma y corazón de las personas a la imagen de Cristo para que vivan una vida cristiana a través del proceso de santificación (Gálatas 5:16; 1 Corintios 6:11). El Espíritu Santo además llama a los creyentes a diferentes ministerios y posiciones dentro del Cuerpo de Cristo, y les da lo que necesitan para realizar su trabajo (Hechos 13:2, 4; 1 Corintios 12:4-11).

[Dice Jesús] “Pero cuando venga el Consolador, a quien Yo os enviaré del Padre, el Espíritu de verdad, el cual procede del Padre, Él dará testimonio acerca de Mí.” — Juan 15:26 (RVR1960)

Porque esta es la voluntad de Dios, la santificación de ustedes: que se aparten de inmoralidad sexual; que cada uno de ustedes sepa controlar su propio cuerpo en santificación y honor.” — 1 Tesalonicenses 4:3-4 (RVA-2015)

“Y porque ustedes son hijos, Dios ha enviado el Espíritu de Su Hijo a nuestros corazones, clamando: “¡Abba! ¡Padre!”” — Gálatas 4:6 (NBLH)

Después de la ascensión de Cristo, el advenimiento del Espíritu Santo fue simplemente una continuación del ministerio de Cristo aquí en la tierra. El Espíritu Santo permanecerá en la tierra, morando en los creyentes y guiándonos hasta que Jesús regrese.

[Dice Jesús] “Pero el Consolador, el Espíritu Santo que el Padre enviará en Mi Nombre, Él les enseñará todas las cosas y les hará recordar todo lo que Yo les he dicho.” — Juan 14:26 (RVA-2015)

Nuestro deber es hacer lo que hizo Jesús, estar llenos y guiados por el Espíritu Santo (Efesios 5:18), manteniéndonos victoriosos hasta el final (Apocalipsis 21:7). Por eso, cuando pecamos afligimos al Espíritu Santo (Efesios 4:29-31). Cuando caminamos en el Espíritu, es decir, cuando vivimos bajo el control del Espíritu Santo, nos comportamos como Jesucristo actuaría dando muestra de los frutos del Espíritu (Gal 5:22-23).

Pero el fruto del Espíritu es: amor, gozo [alegría], paz, paciencia, benignidad [amabilidad], bondad, fe, mansedumbre [docilidad] y dominio propio. Contra tales cosas no hay ley” — Gálatas 5:22-23 (RVA-2015)

El entendimiento de la obra y ministerio del Espíritu Santo en nuestras vidas es vital para nuestro crecimiento como creyentes. Es a través del Espíritu Santo que Dios se hace personal y que Él se manifiesta en nuestras vidas.

[Dice Jesús] “El que tiene Mis mandamientos y los guarda, ése es el que Me ama; y el que Me ama será amado por Mi Padre; y Yo lo amaré y Me manifestaré a él.” — Juan 14:21 (NBLH)

Los Siete Espíritus de Dios

Recordemos que las Escrituras se pueden referir a una misma persona con diferentes nombres o bien con diferentes títulos, por ejemplo: “El Cordero de Dios” es otra forma con la que las Escrituras se refieren a Jesucristo (Juan 1:29). En el caso del Espíritu Santo la primera referencia en la Biblia donde se menciona bajo el nombre de los “Siete Espíritus de Dios” que están ubicados delante del trono de Dios se encuentra en Apocalipsis 1:4

“Juan, a las siete iglesias que están en Asia (provincia occidental Romana de Asia Menor): Gracia y paz a ustedes, de parte de Aquél que es y que era y que ha de venir [Dios Padre], y de parte de los siete Espíritus [Dios Espíritu Santo] que están delante de Su trono, y de parte de Jesucristo.” — Apocalipsis 1:4-5a (NBLH)

El número 7 en la Biblia se refiere a algo que está completo, que es perfecto, y también simboliza abundancia y descanso. Entonces, los “Siete Espíritus” hablarían de la plenitud perfecta de poder que tiene el Espíritu Santo. Nos muestra cómo es que el Espíritu Santo administra los planes, propósitos, y los programas de Dios en la tierra a través de 7 diferentes ministerios, los cuales son descritos por el profeta Isaías reposando sobre nuestro Señor Jesucristo durante Su reinado aquí en la tierra.

“Y el Espíritu del Señor reposará sobre Él: el Espíritu de sabiduría y de entendimiento, el Espíritu de consejo y de poder, el Espíritu de conocimiento y de temor del Señor.” — Isaías 11:2 (NTV)

El apóstol Juan nos confirma que el Señor Jesucristo tiene los siete Espíritus:

“Escribe al ángel de la iglesia en Sardis: ‘El que tiene los siete Espíritus de Dios.” — Apocalipsis 3:1a (NBLH)

“Porque Aquél a quien Dios ha enviado habla las palabras de Dios, pues Él da [a Jesús] el Espíritu sin medida.” — Juan 3:34 (NBLH)

Las 7 lámparas de la Menorá

Los “Siete Espíritus de Dios” son descritos también como las 7 lámparas en una menorá con un fuego ardiente. Fuego generalmente representa juicio. Por lo que 7 lámparas con fuego simbolizan que Dios supervisa y juzga a Su Creación de forma perfecta al enviar al Espíritu Santo sobre toda la tierra para confrontar a las personas que no estén cumpliendo con los requerimientos del Señor.

“Delante del trono había siete lámparas de fuego ardiendo, que son los siete Espíritus de Dios.” — Apocalipsis 4:5b (NBLH)

Por un lado, la menorá, el candelabro de oro puro que estaba en el Tabernáculo, tipifica a Cristo, que ilumina el camino y la comunión de los creyentes. El aceite de oliva en las 7 lámparas de la menorá utilizado como el combustible para dar luz, ilustra el perfecto y completo poder del ministerio del Espíritu Santo, Quien es la fuente de luz en nuestras vidas, porque con Su mirada omnisciente alumbra y descubre incluso los pecados más oscuros, profundos y “ocultos”, dejándolos al descubierto listos para el juicio final (en personas que no aceptaron el regalo de salvación de Jesucristo) o para ser perdonados cuando son limpiados por la preciosa sangre de Jesucristo (en las personas que volvieron a nacer del Espíritu).

“Haz un candelabro de oro puro labrado a martillo. Todo el candelabro y sus decoraciones serán de una sola pieza: la base, el tronco, las copas para las lámparas, los capullos y los pétalos.” — Éxodo 25:31 (NTV)

“Jesús les habló otra vez, diciendo: “Yo Soy la Luz del mundo; el que Me sigue no andará en tinieblas, sino que tendrá la Luz de la vida.” — Juan 8:12 (NBLH)

“El espíritu del hombre es la lámpara del Señor que escudriña los sentimientos más profundos.” — Proverbios 20:27 (RVC)

Observe que las lámparas de la menorá tienen la forma de la flor de almendro. Almendro en hebreo es שָׁקַד – shaked, cuya raíz es shakad, que significa ver, despertar, y tiene un sentido de alerta, de vigilar o poner atención cuidadosa. Porque en Israel, el árbol de almendras vigila cuidadosamente el pasar del invierno, y es el primer árbol que florece, tan temprano como enero o febrero, por eso lo llaman “el despertador”, ya que es el primer árbol que anuncia la llegada de la primavera.

“Y saldrán de sus lados seis brazos, tres brazos del candelabro de uno de sus lados y tres brazos del candelabro del otro lado. Habrá tres copas en forma de flor de almendro en un brazo, con un cáliz y una flor; y tres copas en forma de flor de almendro en el otro brazo, con un cáliz y una flor; así en los seis brazos que salen del candelabro.” — Éxodo 25:32-33 (NBLH)

Nuestro Señor utiliza un juego de palabras con Jeremías para relacionar una rama de almendro como el despertador que vigila el cumplimiento de Su Palabra. Tal como el Espíritu Santo es el primero en revelar el pecado al mundo, demuestra que la justicia de Dios está en Jesucristo, y alerta al mundo del juicio para todo aquel que rechaza el poder de salvación de Jesús.

“La Palabra del Señor vino a mí, y me dijo: «¿Qué es lo que ves, Jeremías?» «Veo una rama de almendro», respondí. «Has visto bien —dijo el Señor—, porque Yo estoy alerta [vigilo] para que se cumpla Mi Palabra». — Jeremías 1:11-12 (NVI)

Los 7 Ojos del Señor

El apóstol Juan nos dice que los “Siete Espíritus” son enviados por el Padre y el Hijo para ser Sus ojos (omnisciencia) y Su presencia (Omnipresencia) de forma perfecta en este mundo. Además, el apóstol Juan describe otra característica de los “Siete Espíritus”, que son los “siete cuernos” que hablan de Su poder y fuerza divinas, es decir, la omnipotencia perfecta de Dios.

“Miré, y vi entre el trono (con los cuatro seres vivientes) y los ancianos, a un Cordero, de pie, como inmolado, que tenía siete cuernos y siete ojos, que son los siete Espíritus de Dios enviados por toda la tierra.” — Apocalipsis 5:6 (NBLH)

El profeta Zacarías también nos habla de los siete ojos del Señor (Zacarías 3:9, 4:10) que fueron los testigos durante el juicio del sumo Sacerdote Josué y que lo declararon inocente ante las acusaciones de Satanás (Zacarías 3:2), y como es de esperarse vemos como la sangre de Jesucristo limpió todos sus pecados, y Josué pudo vestir ropas de gala. Dios puede juzgar a las personas de forma justa de acuerdo a Su estándar perfecto gracias a Su Espíritu (Zacarías 4:6).

“Cuando vean la plomada en las manos de Zorobabel, se alegrarán los que menospreciaron los días de los modestos comienzos. ¡Estos son los siete ojos del Señor, que recorren toda la tierra!» — Zacarías 4:10 (NVI)

“Continuó él, y me dijo: “Esta es la palabra del Señor a Zorobabel: ‘No por el poder ni por la fuerza, sino por Mi Espíritu,’ dice el Señor de los ejércitos.” — Zacarías 4:6 (NBLH)

Los “Siete Espíritus” son el medio por el cual Dios destruirá el poder que Satanás tiene sobre las personas. Hoy Satanás engaña al mundo entero (Apocalipsis. 12:9), y los incrédulos lo siguen alejándose más de Dios (Apocalipsis. 13:3, 16:14) hasta que sean juzgados (Apocalipsis. 3:10). Al mismo tiempo, “el evangelio eterno” se proclama a los habitantes de la tierra (Apocalipsis 14:6-7).

Así que cada creyente que haya recibido al Espíritu Santo en realidad recibió en su corazón a los “Siete Espíritus de Dios”, las siete lámparas del Señor, y los siete ojos del Señor, en los siguientes estudios entenderemos más acerca de la bendición del Espíritu Santo y cómo podemos crecer nuestra relación con Dios a través de Sus Siete Espíritus.

Para concluir me gustaría mencionar brevemente cómo es que los “Siete Espíritus de Dios” ayudan a los creyentes cristianos vueltos a nacer en su caminar con el Señor. El Espíritu Santo nos da sabiduría y comprensión a través de las Escrituras. En segundo lugar, nos brinda un consejo para dirigir nuestras vidas y poder para enfrentarnos al ataque de la oposición satánica. Finalmente, nos da a conocer el conocimiento de Cristo (Juan 15:26; 16:15) y produce en nosotros un respeto reverente por Dios.

En nuestro siguiente estudio veremos cómo opera el Espíritu Santo en nuestras vidas como el “Espíritu de Sabiduría”.

¡Qué Dios los bendiga!


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