¿Qué va a pasar en el futuro? Las Profecías de la Biblia (Parte 2)

En el artículo anterior vimos que si estudiamos las profecías en la Biblia recibiremos una bendición especial (Apocalipsis 1:3), pero si no las estudiamos nos puede pasar lo que les pasó a los judíos quienes no reconocieron a Jesús cuando vino a este mundo (Lucas 19:41-44), y este evento les ha traído serias repercusiones desde entonces. En este estudio veremos como el pueblo de Israel va ser el indicador que nos mostrará en qué punto en el tiempo va el plan de Salvación que Dios tiene para la humanidad.

¿Cómo saber que va a pasar en el futuro?

Las profecías en la Biblia nos hablan de los principales imperios en la historia, pero se enfoca específicamente en la nación de Israel. Y si estudiamos la historia de este pueblo vemos como el cumplimiento de las profecías se ha llevado a cabo una y otra vez. Hoy en día los acontecimientos que ocurren en la pequeña nación de Israel (que es del tamaño del estado de Nueva Jersey; o del estado de Hidalgo en México; o del país El Salvador) nos dan una muy buena idea de la hora profética del reloj celestial en la que estamos viviendo dentro del plan del Señor.

Israel en profecía

La historia de Israel es la historia de los cumplimientos de las profecías en la Biblia, con ello podemos validar que la Biblia realmente proviene de Dios.

[Dice el apóstol Pedro]”Sobre todo, tienen que entender que ninguna profecía de la Escritura jamás surgió de la comprensión personal de los profetas ni por iniciativa humana. Al contrario, fue el Espíritu Santo quien impulsó a los profetas y ellos hablaron de parte de Dios.”— 2 Pedro 1:20-21 (NTV)

Mediante el cumplimiento de las profecías se demuestra al mundo que Dios hace lo que nos dice que va a hacer, y que nos avisa o advierte con anterioridad, acerca de los acontecimientos tanto buenos como malos que están por venir.

“Yo formo la luz y creo las tinieblas, Yo envío los buenos tiempos y los malos; Yo, el Señor, Soy el que hace estas cosas.”— Isaías 45:7 (NTV)

El pueblo de Israel es el elegido por el Señor, Él habitó con ellos en el Tabernáculo durante sus travesías en el desierto, y después habitó entre ellos en el Templo (que construyó el rey Salomón). Debido al trabajo de preservación del pueblo de Israel, y claro, por gracia de Dios, hoy en día tenemos las Escrituras.

“Pues el Señor escogió a Jacob para Sí, a Israel, como Su tesoro especial.”— Salmos 135:4 (NTV)

Sin embargo, las mismas Escrituras nos muestran que el pueblo elegido de Israel no fue el ejemplo para las naciones que debió ser, y se reveló ante Dios: adoraron a otros dioses y adoptaron las malas costumbres de las naciones vecinas. Pero esto no sorprendió al Señor, al contrario, Él lo profetizó y les dijo las consecuencias de esta rebelión.

“El Señor le dijo a Moisés: «Estás por morir y vas a reunirte con tus antepasados. Cuando ya no estés aquí, los israelitas comenzarán a rendir culto a dioses ajenos, los dioses de la tierra a la cual se dirigen. Me abandonarán y romperán el pacto que hice con ellos. Entonces Mi enojo arderá contra ellos. Los abandonaré, esconderé Mi rostro de ellos, y serán devorados. Pasarán terribles dificultades y, en aquel día, dirán: “¡Estas calamidades nos han ocurrido porque Dios ya no está entre nosotros!”. En esos días esconderé Mi rostro de ellos debido a toda la maldad que cometen al rendir culto a otros dioses.”— Deuteronomio 31:16-18 (NTV)

Debido a los pecados del pueblo de Israel, Dios los exilió de la Tierra Prometida hacia Asiria y Babilonia. El destierro a Babilonia ya había sido anticipado por el profeta Jeremías en un mensaje que recibió del Señor en 605 a.C. (Jeremías 25:1), unos 20 años antes de que sucediera.

“Toda la tierra se convertirá en una desolada tierra baldía. Israel y las naciones vecinas servirán al rey de Babilonia por setenta años.”— Jeremías 25:11 (NTV)

Luego Jeremías recibió este mensaje del Señor en aproximadamente 597 a.C. que habla de “la primera vez” que el Señor trae de regreso a Su pueblo a la tierra de Israel después de su exilio de 70 años en Babilonia.

“Esto dice el Señor: “Ustedes permanecerán en Babilonia durante setenta años; pero luego vendré y cumpliré todas las cosas buenas que les prometí, y los llevaré de regreso a casa. Pues Yo sé los planes que tengo para ustedes —dice el Señor—. Son planes para lo bueno y no para lo malo, para darles un futuro y una esperanza… Pondré fin a su cautiverio y restableceré su bienestar. Los reuniré de las naciones adonde los envié y los llevaré a casa, de regreso a su propia tierra”. — Jeremías 29:10-14 (NTV)

¿Por qué fue disperso el pueblo del Señor?

Sin embargo, aproximadamente 450 años después de que el pueblo de Israel regresó del exilio de Babilonia, cuando rechazaron a Jesucristo, ésto provocó el cumplimiento de profecías que fueron reveladas por Moisés, quien escribió acerca de la dispersión de los judíos. Jesús profetizó que, debido al rechazo de Su propia gente, ocurriría la destrucción del Templo en Jerusalén en 70 d.C., y los romanos fueron el instrumento para dar cumplimiento a estas profecías.

Pues el Señor te dispersará por todas las naciones, desde un extremo de la tierra hasta el otro. Allí rendirás culto a dioses ajenos que ni tú ni tus antepasados conocían, ¡dioses de madera y de piedra!” — Deuteronomio 28:64 (NTV)

[Jesús dijo acerca del Templo] “«Viene el tiempo cuando todo esto será demolido por completo. ¡No quedará ni una sola piedra sobre otra!»… Cuando vean a Jerusalén rodeada de ejércitos, entonces sabrán que ha llegado el tiempo de su destrucción… Los matarán a espada o serán enviados cautivos a todas las naciones del mundo. Y Jerusalén será pisoteada por los gentiles hasta que el tiempo de los gentiles llegue a su fin.” — Lucas 21:6, 20, 24 (NTV)

Después de su exilio, el pueblo de Israel ha sido víctima del anti-semitismo a lo largo de la historia, inclusive por parte de los cristianos: desde el segundo siglo d.C., por la ignorancia que tenían acerca de los judíos, ya que no sabían nada, o casi nada de ellos, y se guiaban por los las costumbres del mundo que los odiaba. Esta es una manifestación de la rebelión de la humanidad en contra de Dios y de Su Palabra.

“Serás un objeto de horror, de ridículo y de burla frente a todas las naciones donde el Señor te envíe.” — Deuteronomio 28:37 (NTV)

¿Quién es el enemigo número 1 de Israel (y de la humanidad)?

¿Pero cuál es la fuente de este odio irracional hacia el pueblo escogido por Dios? Su origen en una palabra es: Satanás, porque él sabe lo que dicen las profecías: que cuando Israel reciba a Jesús como el Mesías, su reinado se acabará, y por ello, ha buscado eliminarlos para que los planes de Dios no se lleven a cabo. Como plan “B” para los judíos sobrevivientes de estos ataques, está enfocando sus esfuerzos en persuadir a los judíos para que ni siquiera consideren la posibilidad de que Jesús pueda ser el Mesías al recordarles constantemente que la “Iglesia cristiana” ha sido la principal fuente de anti-semitismo en la historia, cuando han atacado a los judíos en el nombre de Jesucristo desde la Edad Media, las Cruzadas, la Inquisición, la expulsión de los judíos de varios países cristianos en Europa, los escritos de Martín Lutero, y claro, el horroroso Holocausto durante la Segunda Guerra Mundial. El genocidio perpetrado por soldados “cristianos” que iban los domingos a las iglesias católicas o luteranas. Por lo que se les ha presentado a los judíos una imagen de un Jesús diferente al de la Biblia. Satanás ha utilizado a la iglesia para alejar a los judíos aún más de la Palabra de Dios.

“Cuando llegaron a las naciones a las que fueron llevados, profanaron Mi Santo Nombre, pues de ellos se decía que eran el pueblo del Señor, y que de la tierra del Señor habían salido… Por eso, dile al pueblo de Israel que Yo, su Señor y Dios he dicho: “Pueblo de Israel, no lo hago por ustedes, sino por causa de Mi Santo Nombre, el cual ustedes profanaron entre las naciones a las que fueron llevados. Pero Yo santificaré la grandeza de Mi Nombre… ”Yo los recogeré de todas las naciones y países, y los traeré de vuelta a su tierra.” — Ezequiel 36:20,22-23a, 24 (RVC)

Pero no importa lo que haga Satanás, sus esfuerzos no prosperarán, porque Dios ya ha cumplido la profecía, y trajo de regreso a los judíos a la tierra de Israel (aunque no se lo merecían), y además los judíos van a aceptar a Jesucristo como su Salvador. Que tan serio es Dios en proteger a Israel, que a través del profeta Jeremías nos dice que Israel prevalecerá más allá que las leyes que rigen este universo, es decir para siempre, aunque ellos no sean fieles a Él.

“«¡Igual de improbable es que anule las leyes de la naturaleza como que rechace a Mi pueblo Israel!».” — Jeremías 31:36 (NTV)

Hay personas que dicen que el Señor se ha olvidado de Su pueblo Israel, pero están muy equivocadas:

“Sin embargo, Jerusalén dice: «El Señor me ha abandonado; el Señor me ha olvidado». «¡Jamás! ¿Puede una madre olvidar a su niño de pecho? ¿Puede no sentir amor por el niño al que dio a luz? Pero aun si eso fuera posible, Yo no los olvidaría a ustedes. Mira, he escrito tu nombre en las palmas de Mis manos. En Mi mente siempre está la imagen de las murallas de Jerusalén convertidas en ruinas. Dentro de poco tus descendientes regresarán, y los que procuran destruirte se irán. Mira a tu alrededor y observa, porque todos tus hijos volverán a ti. Tan cierto como que Yo vivo —dice el Señor—, ellos serán como joyas o adornos de novia para que tú los exhibas.”— Isaías 49:14-18 (NTV)

¿Por qué es tan importante que los judíos reciban a Jesucristo?

Los judíos rechazaron a Jesús porque su estudio de las profecías del Mesías se basaba en que ellos serían liberados de la opresión de los romanos, y que el Mesías restablecería el reino de Dios, traería paz y justicia, pero como eso no ocurrió lo rechazaron, su resistencia para recibir al Hijo de Dios es lo que precisamente las profecías habían predicho. Pero esto tan sólo se reduce a que su interpretación de las profecías fue incorrecta.

“Fue despreciado y rechazado: hombre de dolores, conocedor del dolor más profundo. Nosotros le dimos la espalda y desviamos la mirada; fue despreciado, y no nos importó.” — Isaías 53:3 (NTV)

Los judíos han sido cegados como nación en castigo a no haber reconocido a su Salvador cuando Él los visitó:

“Cuando llegó cerca de Jerusalén, al ver la ciudad, Jesús lloró por ella, diciendo: «¡Si en este día tú también entendieras lo que puede darte paz! Pero ahora eso te está escondido y no puedes verlo. Pues van a venir para ti días malos, en que tus enemigos harán un muro a tu alrededor, y te rodearán y atacarán por todos lados, y te destruirán por completo. Matarán a tus habitantes, y no dejarán en ti ni una piedra sobre otra, porque no reconociste el momento en que Dios vino a visitarte.»” — Lucas 19:41-44 (DHH)

Las enseñanzas rabínicas judías hablan de 2 Mesías: (1) el Mesías, hijo de José; y (2) el Mesías, hijo de David. Describiendo que al final del mundo, el Mesías, hijo de José, liderará a los ejércitos contra el mundo, pero morirá en la batalla, entonces Dios enviará al Mesías, hijo de David, sobre un caballo blanco para reinar sobre el mundo. En su interpretación no se dan cuenta que no se trata de 2 Mesías, sino del Mismo quien viene 2 veces. No consideraron que el propósito principal de la primera venida del Mesías a la Tierra, era establecer el Reino de Dios en los corazones de los hombres, venciendo a la muerte, Satanás, y al pecado. Los romanos no eran el enemigo real de los judíos, porque el pecado traería otros imperios para conquistarlos. Jesucristo en Su primera venida fue victorioso, venció a los reales enemigos de la humanidad, Él ya hizo Su parte, obedeciendo la voluntad de Dios Padre, decidida desde antes de la Creación de la Tierra. Él cargó con los pecados del mundo, para que por Sus heridas nosotros pudiéramos ser sanados (Isaías 53:5). Jesús es nuestro Salvador y Redentor. Su nombre en hebreo “Yeshua” significa “Salvación”.

“María tendrá un hijo, a quien pondrás por nombre JESÚS [Yeshua], porque Él salvará a Su pueblo de sus pecados.” — Mateo 1:21 (RVC)

“Todos nosotros nos hemos extraviado como ovejas; hemos dejado los caminos de Dios para seguir los nuestros. Sin embargo, el Señor puso sobre Él los pecados de todos nosotros.” — Isaías 53:6 (NTV)

Los rabinos no vieron el nombre de Jesús, “Yeshua”, que se menciona en las profecías de Isaías en el Antiguo Testamento en:

“Pero Yo revelaré Mi nombre a Mi pueblo, y llegará a conocer Mi poder. Entonces, por fin Mi pueblo reconocerá que Soy Yo quien le habla». ¡Qué hermosos son sobre los montes los pies del mensajero que trae buenas noticias, buenas noticias de paz y de salvación [YESHUA], las noticias de que el Dios de Israel reina!” — Isaías 52:6-7 (NTV)

“¡Dios es mi salvación [YESHUA]! Confiaré en Él y no temeré. El Señor es mi fuerza, el Señor es mi canción; ¡Él es mi salvación [YESHUA]!» Con alegría sacarán ustedes agua de las fuentes de la salvación [YESHUA].” — Isaías 12:2-3 (NVI)

La primera vez Jesucristo vino como Servidor para proclamar libertad para los cautivos de forma física, pero su objetivo era espiritual al eliminar el pecado de todo aquel que cree en Él.

[Dice Jesús] “«El Espíritu del Señor está sobre Mí, porque me ha ungido para llevar la Buena Noticia a los pobres. Me ha enviado a proclamar que los cautivos serán liberados, que los ciegos verán, que los oprimidos serán puestos en libertad, y que ha llegado el tiempo del favor del Señor»… Después Jesús comenzó a hablarles: «La Escritura que acaban de oír ¡se ha cumplido este mismo día!».” —Lucas 4:18-21 (NTV)

Por eso los líderes religiosos, los fariseos, los maestros de la ley, y los escribas no lo reconocieron, y el resto de los judíos confiaron en su propio criterio y también lo rechazaron. En las escrituras hay más profecías acerca de la Segunda Venida de Jesús que de la primera venida. Ellos esperaban a un líder militar que derrotaría a cualquier imperio que los tuviera subyugados, que trajera paz mundial, y que fuera coronado como su rey, pero no se dieron cuenta que eso lo haría hasta la Segunda Venida.

“Caifás, quien era el sumo sacerdote en aquel tiempo, dijo: «¡No saben de qué están hablando! No se dan cuenta de que es mejor para ustedes que muera un solo hombre por el pueblo, y no que la nación entera sea destruida». No dijo eso por su propia cuenta; como sumo sacerdote en aquel tiempo, fue guiado a profetizar que Jesús moriría por toda la nación.” — Juan 11:49-51 (NTV)

En Su primer venida, Jesús nos dio lo que necesitábamos: Él fue nuestro “Profeta” quien trajo la buena noticia de la Palabra de Dios y nos envió a Su Espíritu para guiarnos hacia el entendimiento de la verdad. Él fue nuestro “Gran Sacerdote”, que ofreció Su propia vida para quitar el pecado del mundo. Y Él vino como “Rey” para conquistar al pecado y traer paz y alegría a todo el que crea en Él.

“«Dile a la gente de Jerusalén: “Mira, tu Rey viene hacia ti. Es humilde y llega montado en un burro: montado en la cría de una burra”»” — Mateo 21:5 (NTV)

Después, Él mismo preguntaría qué es lo que los judíos creían acerca de Él. Y los discípulos dieron diferentes respuestas, excepto que Él es el Mesías, su salvación. Los judíos endurecieron su corazón y no lo recibieron.

“Cuando Jesús llegó a la región de Cesarea de Filipo, les preguntó a sus discípulos: —¿Quién dice la gente que es el Hijo del Hombre? —Bueno —contestaron—, algunos dicen Juan el Bautista, otros dicen Elías, y otros dicen Jeremías o algún otro profeta.” — Mateo 16:13-14 (NTV)

“«El Señor les ha cegado los ojos y les ha endurecido el corazón, para que sus ojos no puedan ver y su corazón no pueda entender y ellos no puedan volver a Mí para que Yo los sane».” — Juan 12:40 (NTV)

Inclusive Jesús dirigió la misma pregunta a los apóstoles, quienes no entendían muy bien las profecías en las Escrituras, y fue solamente por revelación divina que Pedro confesó que Jesús es el Hijo de Dios.

“Entonces [Jesús] les preguntó: —Y ustedes, ¿quién dicen que Soy? Simón Pedro contestó: —Tú eres el Mesías, el Hijo del Dios viviente. Jesús respondió: —Bendito eres, Simón hijo de Juan, porque Mi Padre que está en el cielo te lo ha revelado. No lo aprendiste de ningún ser humano.” — Mateo 16:15-17 (NTV)

En su Segunda Venida, Jesús vendrá como el Mesías, hijo de David, el León de Judá, para establecer Su Reino en la Tierra, lo que llamamos “El Milenio”.

“Pero uno de los veinticuatro ancianos me dijo: «¡Deja de llorar! Mira, el León de la tribu de Judá, el heredero del trono de David, ha ganado la victoria. Él es digno de abrir el rollo y sus siete sellos». Entonces vi a un Cordero que parecía que había sido sacrificado, pero que ahora estaba de pie entre el trono y los cuatro seres vivientes y en medio de los veinticuatro ancianos…”— Apocalipsis 5:5-6a (NTV)

El gobierno estará sobre Sus hombros; la paz reinará durante mil años, y Jesús será el Rey de reyes y Señor de señores.

Pues nos ha nacido un niño, un hijo [el Hijo de Dios] se nos ha dado; el gobierno descansará sobre Sus hombros, y será llamado: Consejero Maravilloso, Dios Poderoso, Padre Eterno, Príncipe de Paz. Su gobierno y la paz nunca tendrán fin. Reinará con imparcialidad y justicia desde el trono de Su antepasado David por toda la eternidad. ¡El ferviente compromiso del Señor de los Ejércitos Celestiales hará que esto suceda!“— Isaías 9:6-7 (NTV)

“Juzgará con justicia a los débiles y defenderá los derechos de los pobres del país. Sus palabras serán como una vara para castigar al violento, y con el soplo de su boca hará morir al malvado. Siempre irá revestido de justicia y verdad.”— Isaías 11:4-5 (DHH)

El profeta Daniel en su visión al respecto, nos da más detalles de este asombroso evento:

“Mientras continuó mi visión esa noche, vi a alguien parecido a un hijo de hombre descender con las nubes del cielo. Se acercó al Anciano y lo llevaron ante Su presencia. Se le dio autoridad, honra y soberanía sobre todas las naciones del mundo, para que lo obedecieran los de toda raza, nación y lengua. Su gobierno es eterno, no tendrá fin. Su reino jamás será destruido.” — Daniel 7:13-14 (NTV)

Como vimos en este artículo, la importancia del estudio de las Escrituras es esencial para nosotros como cristianos, para evitar que nos ocurra lo que les pasó a los judíos, quienes no reconocieron a Jesús cuando habitó entre ellos. En el siguiente estudio veremos un poco más de la historia de Israel en tiempos modernos, y hablaremos acerca de las condiciones que deben cumplirse, según nuestro entendimiento de las Escrituras, para que Jesucristo regrese.

Pero la mente de ellos se endureció y, hasta el día de hoy, cada vez que se lee el antiguo pacto, el mismo velo les cubre la mente para que no puedan entender la verdad. Este velo puede quitarse solamente al creer en Cristo.” — 2 Corintios 3:14 (NTV)

¡Que Dios los bendiga!


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