¿Soy legalista si sigo los mandamientos del Antiguo Testamento?

Hoy en día hay cristianos que son llamados “legalistas” por obedecer las leyes de Dios descritas en el Antiguo Testamento, incluyendo los 10 Mandamientos (Éxodo 20:2-17), las leyes alimentarias (Levítico 11, Deuteronomio 14), observar el Shabát y los festivales del Señor (Levíticos 23), etc. Algunos son llamados equivocadamente “judaizantes”, que es el término utilizado para describir al grupo judío de la circuncisión en los tiempos de Pablo quienes creían que la salvación era a través de la circuncisión. Está confusión al utilizar el mismo nombre “Judaizante” ha sido extendida para describir a grupos de personas con creencias diferentes.

“Ahora bien, amados hermanos, ustedes que conocen la ley, ¿no saben que la ley se aplica solo mientras una persona está viva?” — Romanos 7:1 (NTV)

¿Qué es el “legalismo”?

Jesús describe la “puerta angosta” como la única entrada al reino de Dios haciendo referencia al camino angosto que los creyentes tenemos que caminar cuando entendemos la rectitud que se nos pide. Y cuando nos salimos de este camino podemos caer en el legalismo.

“Solo puedes entrar en el reino de Dios a través de la puerta angosta. La carretera al infierno es amplia y la puerta es ancha para los muchos que escogen ese camino. Sin embargo, la puerta de acceso a la vida es muy angosta y el camino es difícil, y son solo unos pocos los que alguna vez lo encuentran.” — Mateo 7:13-14 (NTV)

El legalismo involucra tomar la ley de Dios fuera de su contexto original y reducirla a una lista de reglas de cosas permitidas y prohibidas, según interpretaciones humanas erróneas. Pero cuando Dios nos da Sus leyes, Él se enfoca en la actitud que éstas provocan en nuestros corazones al hacer lo que es agradable y evitar lo que es desagradable para Él, porque el vacío en nuestros corazones solo puede ser llenado por el Señor, así es como fuimos diseñados por nuestro Creador.

“El Señor me dijo: «Este pueblo me sirve de palabra y me honra con la boca, pero su corazón está lejos de Mí, y el culto que me rinde son cosas inventadas por los hombres y aprendidas de memoria.” — Isaías 29:13 (DHH)

Escúchenme, ustedes que distinguen entre lo bueno y lo malo, ustedes que atesoran mi ley en el corazón. No teman las burlas de la gente, ni tengan miedo de sus insultos.” — Isaías 51:7 (NTV)

El legalismo sólo provoca una apariencia de obediencia externa, motivando una desobediencia interna o rebeldía en las personas que ven las leyes como una carga agotadora en sus vidas. Por esta razón Jesús criticaba fuertemente a los fariseos, y los llamaba hipócritas, quienes aparentaban obediencia, pero en realidad hacían las cosas por quedar bien con los demás.

[Dice Jesús] “Cuando ayunes, que no sea evidente, porque así hacen los hipócritas; pues tratan de tener una apariencia miserable y andan desarreglados para que la gente los admire por sus ayunos. Les digo la verdad, no recibirán otra recompensa más que esa. Pero tú, cuando ayunes, péinate y lávate la cara. Así, nadie se dará cuenta de que estás ayunando, excepto tu Padre, quien sabe lo que haces en privado; y tu Padre, quien todo lo ve, te recompensará.” — Mateo 6:16-18 (NTV)

Las leyes humanas que siguen los legalistas están divorciadas del espíritu de la ley porque ignoran que las leyes de Dios motivan al espíritu de las personas desde lo más profundo de sus corazones para actuar, les nace desde el interior el deseo de obedecer, y produce acciones externas para seguir todos los lineamientos de las leyes de Dios con el objetivo de dar gloria al Señor, y no por tratar de quedar bien con los demás. La persona legalista con un corazón corrupto sólo puede aparentar seguir las leyes de Dios externamente, pero internamente su naturaleza pecaminosa sigue en constante lucha, torturando el alma de la persona como si fuera una tremenda carga que tiene que soportar. Por eso no existe ninguna motivación de los legalistas por hacer lo que es bueno ante los ojos de Dios. Sólo el Señor puede ver nuestros corazones y nuestras verdaderas intenciones.

“Jesús les respondió: —¿Y por qué ustedes, por sus tradiciones, violan los mandamientos directos de Dios?” — Mateo 15:3 (NTV)

Por eso, Jesús criticaba a los fariseos quienes elevaron sus tradiciones al nivel de ley divina, no sólo para usurpar la autoridad de Dios y distorsionar lo que es recto y justo, sino también para esclavizar a los demás (Mateo 23:1-36). Y lamentablemente lo siguen haciendo aún hoy en día en el judaísmo.

“¡Qué aflicción les espera, maestros de la ley religiosa y fariseos! ¡Hipócritas! Pues son como tumbas blanqueadas: hermosas por fuera, pero llenas de huesos de muertos y de toda clase de impurezas por dentro. Por fuera parecen personas rectas, pero por dentro, el corazón está lleno de hipocresía y desenfreno.” — Mateo 23:27-28 (NTV)

¿Cuál es la diferencia entre el “legalismo” y la obediencia de las leyes de Dios?

Si obedecemos las Escrituras como si fueran un libro de reglas, entonces corremos el peligro de convertimos en legalistas. Sin embargo, si vemos la Biblia como la revelación del Dios quien nos ama, que Sus mandamientos están basados en el amor a Su creación, y entendemos los beneficios físicos y espirituales que nos traen estas leyes. Entonces veremos el mundo a través de este estándar y adoptaremos las leyes de Dios como nuestra forma de vida.

“Nunca antes hubo un rey como Josías, que se volviera al Señor con todo su corazón, con toda su alma y con todas sus fuerzas, obedeciendo todas las leyes de Moisés. Desde entonces nunca más hubo un rey como él.” — 2 Reyes 23:25 (NTV)

“Por lo tanto, imiten a Dios en todo lo que hagan porque ustedes son sus hijos queridos. Vivan una vida llena de amor, siguiendo el ejemplo de Cristo. Él nos amó y se ofreció a sí mismo como sacrificio por nosotros, como aroma agradable a Dios.” — Efesios 5:1-2 (NTV)

Satanás sigue engañando a la gente con sus mentiras.

El diablo es muy hábil y ha intimidado a los cristianos con la palabra “legalismo”, enmascarando la real obediencia de las leyes del Señor descritas en las Escrituras, y las hace parecer como si fueran una doctrina que sigue las leyes, ritos y tradiciones hechas por el hombre. El éxito de esta mentira de Satanás ha llevado a que los mismos cristianos consideren a otros creyentes que quieren obedecer la ley de Dios, sean vistos como aquellos que siguen doctrinas heréticas o demoniacas.

“Entonces el dragón se llenó de ira contra la mujer y se fue a luchar contra el resto de sus descendientes, es decir, contra los que obedecen los mandamientos de Dios y tienen el testimonio de Jesucristo.” — Apocalipsis 12:17 (RVC)

Estos grupos, desde hace siglos, han tratado de alejarse de “lo judío” para enfocarse en “lo cristiano”, parecen olvidarse que Jesucristo es judío, de hecho cuando fue crucificado, había un letrero en la parte superior de la cruz que decía “Rey de los Judíos”, para mayor información puede leer ¿Cuál es el significado de INRI?

El querer obedecer los mandatos del Señor no debe de ser etiquetado como “legalismo” ni comparado con el fariseísmo (antiguo o nuevo). Más bien, es una respuesta de madurez espiritual al entender el gran sacrificio que Jesucristo hizo por nosotros al morir en la cruz, y que como parte de Sus enseñanzas nos pidió que obedeciéramos Sus mandamientos para demostrar nuestro amor hacia nuestro Señor. Así que no deberíamos de avergonzarnos por hablar de los 10 Mandamientos. Es el deseo de querer obedecer la “Ley de Dios” en el Espíritu, lo que nos va a permitirnos crecer y acercarnos a Jesús.

“Pues el simple acto de escuchar la ley no nos hace justos ante Dios. Es obedecer la ley lo que nos hace justos ante sus ojos.” — Romanos 2:13 (NTV)

“El temor del Señor es la base de la verdadera sabiduría; todos los que obedecen Sus Mandamientos crecerán en sabiduría. ¡Alábenlo para siempre!” — Salmos 111:10 (NTV)

A los creyentes que han vuelto a nacer y que han buscado seguir las leyes del Señor, incluyendo las del Antiguo Testamento, se les ha acusado de ser legalistas y de que:

  1. Imponen exigencias y expectativas en otras personas al decir que debemos de seguir las leyes del Antiguo Testamento.
  2. Enfatizan el esfuerzo humano (en lugar del trabajo terminado de Cristo en la cruz).
  3. Promueven el fariseísmo, exigiendo el cumplimiento de una larga lista de normas religiosas.
  4. Se enfocan en las fallas en lugar de enfocarse en lo mucho que hemos logrado en Cristo.
  5. Han perdido la alegría de su salvación, ya que se sienten culpables en lugar de sentirse amados.
  6. Son los judaizantes de hoy en día.

¿Se fija que, en lugar de condenar al pecado, se condena la obediencia a la ley de Dios?

“Pero este es el nuevo pacto que haré con el pueblo de Israel en ese día, dice el Señor: Pondré mis leyes en su mente y las escribiré en su corazón. Yo seré su Dios, y ellos serán mi pueblo.” — Hebreos 8:10 (NTV)

Y las leyes de Dios reciben una etiqueta de “ser una carga pesada” o de una “larga lista de reglas antiguas”. Estos grupos al defender su postura citan Mateo 23:4, diciendo que los fariseos:

“Aplastan a la gente bajo el peso de exigencias religiosas insoportables y jamás mueven un dedo para aligerar la carga.” — Mateo 23:4 (NTV)

Esto es cierto, sin embargo lo sacan de contexto porque pasan por el alto el versículo anterior:

[Dice Jesús] “Por lo tanto, practiquen y obedezcan todo lo que [los maestros de la ley religiosa y los fariseos] les digan, pero no sigan su ejemplo. Pues ellos no hacen lo que enseñan.” — Mateo 23:3 (NTV)

Observe que Jesús criticó a los fariseos por no hacer lo que predicaban, y en Marcos 7:13 porque imponían tradiciones del hombre sobre la ley de Dios.

[Dice Jesús] “Y entonces anulan la Palabra de Dios para transmitir su propia tradición. Y este es solo un ejemplo entre muchos otros.” — Marcos 7:13 (NTV)

¿Sabía usted que hoy en día los fariseos aún existen? Son la rama del judaísmo que prosperó después de la destrucción del Templo de Jerusalén en el año 70 d.C., hoy los conocemos como judíos ortodoxos. Hoy siguen estrictas reglas como no conducir un automóvil, o no oprimir botones en los elevadores durante el Shabát, de modo que tienen elevadores que se van parando en cada piso para que ellos no tengan que oprimir ningún botón. Esto se deriva de una interpretación que ellos tienen acerca de Éxodo 35:3. Otras interpretaciones similares han dado como resultado que no coman hamburguesas de carne con queso por el versículo de Éxodo 23:19.

¿Quiénes eran los judaizantes de los tiempos de Pablo?

En aquel entonces había un grupo de judíos que eran del “grupo de la circuncisión” o según la traducción de Biblia que tenga “los de la circuncisión” también eran llamados “judaizantes”, los miembros de este grupo creían que un hombre necesitaba ser circuncidado para obtener la salvación, al mismo tiempo no entraban en la casa de quienes no eran judíos por temor a contaminarse (volverse ceremonialmente impuros), tampoco comían con ellos porque no confiaban en la forma en la que cocinaban, etc.

“Antes que llegaran algunos de parte de Jacobo [Santiago], Pedro solía comer con los gentiles. Pero, cuando aquellos llegaron, comenzó a retraerse y a separarse de los gentiles por temor a los partidarios de la circuncisión.” — Gálatas 2:12 (NVI)

Pablo criticaba fuertemente a este grupo, porque insistían en circuncidar a las personas para que obtuvieran la salvación, lo cual no es Bíblico y por sus verdaderas intenciones, tenían una agenda (Gálatas 6:12-13) de querer quedar bien con los demás y de ganar seguidores. Y Pedro tenía miedo a la crítica de este grupo (Gálatas 2:12)

“No importa si fuimos o no circuncidados. Lo que importa es que hayamos sido transformados en una creación nueva.” — Gálatas 6:15 (NTV)

“No, un verdadero judío es aquel que tiene el corazón recto a los ojos de Dios. La verdadera circuncisión no consiste meramente en obedecer la letra de la ley, sino que es un cambio en el corazón, producido por el Espíritu. Y una persona con un corazón transformado busca la aprobación de Dios, no la de la gente.” — Romanos 2:29 (NTV)

Se habla de este “grupo de la circuncisión” en diferentes pasajes como Tito 1:10; Filipenses 3:2.

Y por cierto, Pablo no circuncidó a Tito (Gálatas 2:3), pero sí circuncidó a Timoteo (Hechos 16:3), ciertamente no era para su salvación, ni tampoco para pacificar a los judíos no creyentes.

En este artículo nuestro propósito es mostrarle que no podemos utilizar los términos de legalista y judaizante tan a la ligera para referirnos a nuestros hermanos en el cuerpo de Jesús que tienen ideas diferentes porque quieren obedecer la “Ley de Dios” si no sabemos sus motivos.

“Amados hermanos, no hablen mal los unos de los otros. Si se critican y se juzgan entre ustedes, entonces critican y juzgan la ley de Dios. En cambio, les corresponde obedecer la ley, no hacer la función de jueces. Solo Dios, quien ha dado la ley, es el Juez. Solamente Él tiene el poder para salvar o destruir. Entonces, ¿qué derecho tienes tú para juzgar a tu prójimo?” — Santiago 4:11-12 (NTV)

Lo exhortamos a que estudie, analice y medite sobre lo que las Escrituras nos enseñan, como lo hicieron los habitantes de Berea, y sea usted mismo el que examine qué es lo que está correcto ante los ojos del Señor. Jesús nos advirtió acerca de hacer malos juicios.

“No juzguen a los demás, y no serán juzgados. Pues serán tratados de la misma forma en que traten a los demás. El criterio que usen para juzgar a otros es el criterio con el que se les juzgará a ustedes.” — Mateo 7:1-2 (NTV)

“Los de Berea tenían una mentalidad más abierta que los de Tesalónica y escucharon con entusiasmo el mensaje de Pablo. Día tras día examinaban las Escrituras para ver si Pablo y Silas enseñaban la verdad.” — Hechos 17:11 (NTV)

¡Que Dios los bendiga!