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Génesis 2:15-17 — El Primer Pacto con la Humanidad: El Pacto Edénico

El Señor Dios puso al hombre en el jardín de Edén para que se ocupara de él y lo custodiara; pero el Señor Dios le advirtió: «Puedes comer libremente del fruto de cualquier árbol del huerto, excepto del árbol del conocimiento del bien y del mal. Si comes de su fruto, sin duda morirás».

En este pasaje se muestra la segunda parte en la comunicación entre Dios (Yahveh) y el hombre para darnos el primer pacto o alianza, llamado Pacto Edénico; y se describen las condiciones en las cuales Yahveh ofrece Sus bendiciones, cuidados, dirección y Su presencia para el primer miembro de la raza humana: Adán. Seguir leyendo Génesis 2:15-17 — El Primer Pacto con la Humanidad: El Pacto Edénico

Génesis 2:10-14 — El misterio del Jardín del Edén

Un río salía de la tierra del Edén que regaba el huerto y después se dividía en cuatro ramales. El primero, llamado Pisón, rodeaba toda la tierra de Havila, donde hay oro. El oro de esa tierra es excepcionalmente puro; también se encuentran allí resinas aromáticas y piedras de ónice. El segundo, llamado Gihón, rodeaba toda la tierra de Cus. El tercero, llamado Tigris, corría al oriente de la tierra de Asiria. El cuarto se llama Éufrates.

El Jardín del Edén pudo haber sido un paraíso para Adán y Eva, pero es un dolor de cabeza para los académicos y los arqueólogos en la búsqueda de este lugar paradisiaco. La principal razón es que Dios quiere mantenerlo como un misterio para nosotros. Hoy nadie sabe dónde pudo encontrarse.

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Génesis 2:8-9 — YAHVEH planta el Jardín del Edén

Después, el SEÑOR Dios plantó un huerto en Edén, en el oriente, y allí puso al hombre que había formado. El SEÑOR Dios hizo que crecieran del suelo toda clase de árboles: árboles hermosos y que daban frutos deliciosos. En medio del huerto puso el árbol de la vida y el árbol del conocimiento del bien y del mal.

Ya se ha mencionado que la creación de la vegetación fue en el tercer día. Pero se puso especial énfasis en el jardín del SEÑOR (YAHVEH), que se convirtió en el más alto ideal de la excelencia terrenal. Ahora, la narración procede a describir la construcción de la primera casa de Adán. Donde podía tener comunión con Dios toda la eternidad, ya que Dios plantó el árbol de la vida. Sin embargo, también estaba el árbol del conocimiento del bien y del mal, el cual luego sería la máxima prueba presentada a Adán y Eva.

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Génesis 2:7 – YAHVEH forma al hombre y le da vida

Luego el Señor Dios formó al hombre del polvo de la tierra. Sopló aliento de vida en la nariz del hombre, y el hombre se convirtió en un ser viviente.

El proceso de la creación del hombre, la principal obra de Dios en la Tierra, está minuciosamente descrito aquí. Dios nos muestra de la manera más clara que el hombre es un ser compuesto, que tiene espíritu, alma, y cuerpo. El cuerpo de Adán fue formado por Dios del polvo de la tierra, luego le dio espíritu y alma. Esto marca una fuerte diferencia entre el cuerpo terrenal que es temporal; y el alma que nos da entendimiento destinada para la eternidad. Explicaremos a detalle cada uno de estos elementos en este estudio.

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Génesis 2:4-6 — Yahveh y la creación de los cielos y la tierra

Este es el relato de la creación de los cielos y la tierra. Cuando el SEÑOR Dios hizo la tierra y los cielos, no crecían en ella plantas salvajes ni grano porque el Señor Dios aún no había enviado lluvia para regar la tierra, ni había personas que la cultivaran. En cambio, del suelo brotaban manantiales que regaban toda la tierra.

Este relato de la creación que se enfoca principalmente en el inicio de la historia de la humanidad y sirve de introducción a los eventos que van a ocurrir en los siguientes capítulos de Génesis. Dios está preparando el Jardín del Edén para mover al hombre a este lugar que ha dispuesto para él. También, la Biblia introduce Yahveh (Jehováh), el nombre más íntimo, favorito, y personal de Dios, ya que ahora que todo está listo, Dios puede tener una relación estrecha (comunión) entre el Creador y la creación. Ahora vamos a ver la creación de los cielos y la tierra desde el punto de vista de Yahveh interactuando con Su creación. Adicionalmente veremos la relación que tiene Yahveh con nuestro Salvador Jesucristo.

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Génesis 2:1-3 – El Séptimo día: El Sabbat del Señor

Así quedó terminada la creación de los cielos y de la tierra, y de todo lo que hay en ellos. Cuando llegó el séptimo día, Dios ya había terminado su obra de creación, y descansó [cesó] de toda su labor. Dios bendijo el séptimo día y lo declaró santo, porque ese fue el día en que descansó de toda su obra de creación.

Los primeros tres versículos de este capítulo forman parte de la narrativa del capítulo anterior, y contienen Su propósito Divino. Como vimos anteriormente, la humanidad es el punto culminante de los actos creativos de Dios (1: 26-31), mientras que el séptimo día, es el punto culminante de la semana de la creación. ¡Cuando Dios descansó (o cesó de crear), y vió que toda la creación era buena y no había nada más que hacer! El séptimo día tiene como intención celebrar la obra terminada de Dios; y se le denominaría “Shabát”, el día sería apartado como santo y dedicado al Creador, y también como descanso. La ausencia de la habitual frase “tarde y mañana” refleja la voluntad del Creador para entrar en comunión sin fin con la humanidad.

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Los principios básicos para el crecimiento espiritual (Parte 5)

Como hemos visto en este artículo, el crecimiento espiritual no es más que un compromiso de vivir para la gloria de Dios. Y al hacerlo, recibimos ayuda del Espíritu de Dios, quien activa el proceso de madurez espiritual. Se pasa de una infancia espiritual a una madurez espiritual, creciendo en gracia, y volviéndonos más como Jesucristo, nuestro modelo de perfección. Y también vimos nuestro deber de crecimiento en 2 Pedro 3:18:

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Los principios básicos para el crecimiento espiritual (Parte 4)

Pablo nos dice en Efesios 4:14 – “Entonces ya no seremos inmaduros como los niños. No seremos arrastrados de un lado a otro ni empujados por cualquier corriente de nuevas enseñanzas. No nos dejaremos llevar por personas que intenten engañarnos con mentiras tan hábiles que parezcan la verdad”. Que debemos madurar y crecer espiritualmente. Es nuestro deber el progresar en nuestras vidas cristianas. De hecho, yo personalmente siento que, si en un día no crezco en mi vida espiritual para parecerme más a Cristo, ese día sin progreso es una gran pérdida en esta corta vida. Por lo que continuaremos con los principios para el crecimiento espiritual cristiano.

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¿Por qué necesitamos a un Salvador?

La naturaleza pecaminosa de la Humanidad

Después de que Dios colocó a Adán en el Jardín del Edén, le advirtió “«Puedes comer libremente del fruto de cualquier árbol del huerto, excepto del árbol del conocimiento del bien y del mal. Si comes de su fruto, sin duda morirás».” (Génesis 2: 16-17). Dios le dio a Adán sólo una simple prohibición, sin embargo, la consecuencia de la desobediencia de dicha prohibición era grave. Y como sabemos Adán y Eva pecaron, causando lo que se conoce como la caída del hombre. Desde ese momento toda la humanidad ha heredado la naturaleza pecaminosa; una tendencia a rebelarnos en contra Dios (el pecado original). Esto lo puede ver porque no sólo Adán pecó; al examinar nuestras acciones a lo largo de nuestras vidas, se dará cuenta que independientemente del pecado original, cada uno de nosotros en diferentes ocasiones hemos caído en la tentación y cometido pecado por voluntad propia. Sin excepción, todos somos pecadores.

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Los principios básicos para el crecimiento espiritual (Parte 3)

En la parte 2 de esta serie, vimos que glorificar a Dios es la clave de la madurez espiritual. Si nosotros vivimos para la gloria de Dios eso muestra que estamos progresando hacia la semejanza de Cristo. Pero cuando vivimos para nosotros mismos dejamos de crecer espiritualmente. Como nuevos creyentes nos encontramos con que en nuestra vida damos un poco a Dios y un poco al pecado. Pero a medida que maduramos, hay un incremento en la frecuencia de la justicia, y una disminución en la frecuencia del pecado. La evidencia de la madurez espiritual es la frecuencia decreciente del pecado en nuestras vidas. Y el tercer principio nos ayudara a aclarar este punto.

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