Una Carta del Futuro (Parte 3)

En el articulo anterior viajamos unos 160 años al pasado con respecto a nuestra línea del tiempo, que fijamos en el año 539 a.C., cuando Ciro II recibió “la carta del futuro”, y vimos los eventos que sucedieron en los tiempos en que el profeta Isaías escribió la carta que contenía la profecía de Dios. También vimos que el rey Ezequías desencadenó una realidad alterna con terribles consecuencias provocando la destrucción del Templo de Jerusalén, el reino de Judá, y el destierro de los judíos a Babilonia. En este artículo veremos qué es lo que decía la carta para Ciro, su reacción, y qué fue lo que éste hizo después de haber recibido la carta. Luego terminaremos mostrando el evento que inició la profecía que anunciaba la venida del Mesías: nuestro Señor Jesucristo.

La Expansión del Imperio Persa (549-539 a.C.)

Después de que Ciro II venciera a su abuelo materno, Astiajes, el rey de los Medos, y unificara los dos reinos bajo el trono persa en el año 549 a.C. Ciro II inició la expansión de su territorio y en un periodo de 10 años milagrosamente conquistó todo el mundo conocido hasta entonces. La estrategia que utilizó para ello fue iniciar atacando Asia Menor, conquistando Sardis, la capital del reino de Lidia (hoy Turquía) en 546 a.C. Después, se dirigió al este conquistando las regiones de las actuales Pakistán y Afganistán y por último Babilonia, la cual, conquistó como ya vimos de una forma inusual en el año 539 a.C. El reinado de Ciro sobre todos estos territorios fue diferente, él no ejerció la brutalidad, las crueles costumbres, y los saqueos que caracterizaban a los Asirios y Babilonios, quienes destruían ciudades en el proceso y exiliaban a sus habitantes como esclavos. Ciro, al contrario, permitió que cada reino mantuviera sus creencias religiosas y dioses, su propia cultura, restauró los derechos de los que habían sido privados, y permitió a los exiliados regresar a sus lugares de origen. Estas políticas unieron al Imperio persa dándole poder, paz y crecimiento bajo el estricto control de Ciro II.

¿Qué decía la carta para Ciro?

Imagine cual sería la reacción que tuvo el rey Ciro II cuando el profeta Daniel le leyó “la carta del futuro” con una de las profecías más sorprendentes del Antiguo Testamento acerca de él. Esta carta, la encontramos empezando en Isaías 44:28 y continúa a través del capítulo 45.

[Dice el Señor] “Yo afirmo que Ciro es mi pastor, y dará cumplimiento a mis deseos; dispondrá que Jerusalén sea reconstruida, y que se repongan los cimientos del Templo”.” — Isaías 44:28 (NVI)

En esta carta profética el Señor se refirió a Ciro como “pastor”, este título aplicaba para los reyes, los líderes del pueblo del Señor (ver 2 Samuel 5:2; Jeremías 3:15), y ahora Ciro sería el instrumento para llevar a cabo el plan de Dios. Por otro lado, ¿Qué cree usted que habrá sentido Isaías cuando escribió esta profecía acerca de que en el futuro se iba a requerir edificar el Templo desde los cimientos? Ya que el Templo lucía majestuosamente cuando Isaías escribió está carta.

Dios inició describiendo a Ciro II con lujo de detalle, las estrategias militares que utilizó para conquistar todos los reinos a su paso, y la forma en la que Ciro tomó Babilonia. La profecía estaba validando que fue Dios quien le dio la victoria a Ciro. Recuerde que el rey regente de Babilonia, Belsasar, se quedó paralizado de miedo con la escritura en la pared (Daniel 5:5-6) y murió esa misma noche (Daniel 5:30-31). Todo esto se lo dijo el Señor a Ciro para que relacionara los hechos que acababan de suceder cuando tomó Babilonia con lo que le está diciendo en la carta, todos estos acontecimientos servirían como muestra de la autenticidad de la carta y de quien proviene, ya que solamente Dios conoce el futuro. Cuando dice “se abrirán las puertas de sus fortalezas” (Isaías 45:1) se refería a la forma en la que entraron los medo-persas a la ciudad de Babilonia. Dado que Babilonia tenía fuertes y anchas murallas a su alrededor, los medo-persas pensaron en desviar el canal del río Éufrates que suministraba la ciudad, se esperaron a que el nivel del agua bajara lo suficiente y entraron por ahí, en otras palabras “las puertas de sus fortalezas fueron abiertas”. Cuando se introdujeron los ejércitos comandados por Darío, los habitantes simplemente se rindieron, no hubo ninguna batalla, Babilonia cayó sin ser destruida.

“Yo, el Señor, digo así a Ciro, mi ungido, al cual tomé de la mano derecha para que las naciones se sometan a su paso y los reyes huyan en desbandada; para que las ciudades le abran sus puertas y no las vuelvan a cerrar: Yo iré delante de ti, y te allanaré los lugares torcidos; haré pedazos puertas de bronce y cerrojos de hierro, te entregaré tesoros escondidos y te daré a conocer recónditos secretos, para que sepas que Yo Soy el Señor, el Dios de Israel, que te llamo por tu nombre.” — Isaías 45:1-3 (RVC)

“Yo Soy el que dice a las profundidades: “Secas quedarán, pues yo secaré sus ríos”.” — Isaías 44:27 (RVC)

Babilonia siguió siendo habitada bajo el control persa, después bajo Alejandro el Grande, quien quería hacerla la capital de su imperio griego. Hoy en día, Babilonia se encuentra 88Km al sur de Bagdad la capital de Iraq. Cuando Saddam Hussein llegó al poder, invirtió fuertemente en la reconstrucción de los sitios arqueológicos de Babilonia, Nínive, Hatra, Nimrod, Ur, ‘Aqar Quf, Samarra y Ctesifonte, por más de una década. En su momento Saddam trató de restablecer su antiguo “esplendor”, por ejemplo, su palacio lo construyó sobre los ladrillos originales del palacio del rey Nebucodonosor II, a pesar de las objeciones de los arqueólogos, en los ladrillos nuevos Saddam puso las inscripciones: “En la era de Saddam Hussein, protector de Iraq, quien reconstruyó la civilización y reconstruyó Babilonia”. Saddam Hussein se veía así mismo como Nabucodonosor II, el gran constructor. Sin embargo, Hussein no pudo completar su proyecto por la Guerra del Golfo, su posterior captura y muerte. El hecho de que Babilonia todavía exista tiene implicaciones proféticas, ya que las Escrituras mencionan la destrucción total de Babilonia y que no volverá a ser habitada (vea Jeremías 50, 51; Isaías 13, 14; Apocalipsis 18.), pero esto aún no ha sucedido, por eso pensamos que el cumplimiento de estas profecías se trata de un evento aún futuro.

“Por lo tanto, Babilonia… nunca más volverá a poblarse, ni habrá jamás quien la habite. Será como cuando Yo destruí a Sodoma y Gomorra, y a sus ciudades vecinas: nunca nadie volverá a habitarla.” — Jeremías 50:39-40 (RVC)

Continuando con lo que dice la carta vemos que Ciro no conocía al Señor, él rendía culto a los dioses falsos de Babilonia Marduk y Nabu. Lo sabemos porque el mismo Ciro lo menciona en el llamado “Cilindro de Ciro” el cual se encuentra hoy en día en exhibición en el Museo Británico de Londres y que fue excavado en 1879. Este cilindro es un texto cuneiforme en lenguaje de Babilonia, y habla de la grandeza del rey Ciro II (Ciro el Grande), también habla de los actos “malvados” de Nabonidus (el papá de Belsasar), en ella Ciro dice ser “Yo soy Ciro, el rey del mundo”. El Señor es el que preparó a Ciro para la batalla y no Marduk, a pesar de que Ciro no se daba cuenta que era Dios quien lo ayudaba. El Señor le explicó que no hay ningún otro dios, que es Él quien está en control de todo lo que pasa, le dio la victoria sobre todas las naciones destruyendo toda oposición, para que toda la gente sepa quien es el Señor y le den gloria solamente a Él por liberarlos de la tiranía de los babilonios quienes los subyugaban.

[Dice el Señor] ¿Por qué te he llamado para esta tarea? ¿Por qué te llamé por tu nombre, cuando no me conocías? Es por amor a Mi siervo Jacob, Israel, Mi escogido. Yo Soy el Señor; no hay otro Dios. Te he preparado para la batalla, aunque tú ni siquiera me conoces, para que el mundo entero, desde el oriente hasta el occidente, sepa que no hay otro Dios. Yo Soy el Señor, y no hay otro. Yo formo la luz y creo las tinieblas, Yo envío los buenos tiempos y los malos; Yo, el Señor, Soy el que hace estas cosas.” — Isaías 45:4-7 (NTV)

Yo hice la tierra; hice también al hombre y lo puse sobre ella. Yo extendí los cielos con Mis manos, y di órdenes a todas sus estrellas.” — Isaías 45:12 (RVC)

¿Qué fue lo que hizo Ciro después de haber leído la carta?

Después de la introducción de Dios evidentemente Ciro estaba impresionado por el contenido de la carta, y siguió las instrucciones al pie de la letra.

“Levantaré a Ciro para que cumpla Mi propósito justo, y guiaré sus acciones. Él restaurará Mi ciudad y pondrá en libertad a Mi pueblo cautivo, ¡sin buscar recompensa!¡Yo, el Señor de los Ejércitos Celestiales, he hablado!».” — Isaías 45:13 (NTV)

De forma que en el año 538 a.C., un año después de la caída de Babilonia, emitió un edicto en donde autorizó el regreso del pueblo del Señor a Judá, y no tan sólo eso, les ofreció incentivos económicos para que emprendieran el viaje de regreso y les proporcionó un financiamiento para la reconstrucción del Templo del Señor en Jerusalén. Este edicto es tan importante, que es con el que Esdras terminó el libro de Crónicas (2 Crónicas 36:22-23) y comenzó el libro de Esdras describiendo las palabras de Ciro:

En el primer año de Ciro, rey de Persia, el Señor cumplió la profecía que había dado por medio de Jeremías. Movió el corazón de Ciro a poner por escrito el siguiente edicto y enviarlo a todo el reino: «Esto dice Ciro, rey de Persia:» “El Señor, Dios del cielo, me ha dado todos los reinos de la tierra. Me encargó construirle un Templo en Jerusalén, que está en Judá. Cualquiera que pertenezca a Su pueblo puede ir a Jerusalén de Judá para reconstruir el Templo del Señor, Dios de Israel, quien vive en Jerusalén, ¡y que su Dios esté con ustedes! En el lugar que se encuentre este remanente judío, que sus vecinos los ayuden con los gastos, dándoles plata y oro, provisiones para el viaje y animales, como también una ofrenda voluntaria para el Templo de Dios en Jerusalén”». — Esdras 1:1-4 (NTV)

Ciro además devolvió los objetos del Templo del Señor que habían sido llevados a Babilonia años atrás por el rey Nabucodonosor, y se los entregó a Sesbasar, príncipe de Judá de la línea real de David (1 Crónicas 3:17-18, llamado Senazar), a quien Ciro designó como gobernador de la provincia de Judá.

“El propio rey Ciro sacó los objetos que el rey Nabucodonosor se había llevado del Templo del Señor en Jerusalén y había colocado en el templo de sus dioses. Ciro le ordenó a Mitrídates, el tesorero de Persia, que contara esos artículos y se los entregara a Sesbasar, el líder de los desterrados que regresaban a Judá.” — Esdras 1: 7-8 (NTV)

El Primer Grupo que regresó a Judá (538 a.C.)

Dios les había levantado el castigo y le estaba dando a Su pueblo la oportunidad de regresar a casa y comenzar de nuevo. Muchos judíos decidieron regresar a Jerusalén, y estaban entusiasmados por reconstruir el Templo del Señor.

“Luego Dios movió el corazón de los sacerdotes, de los levitas y de los jefes de las tribus de Judá y de Benjamín, para que fueran a Jerusalén a reconstruir el Templo del Señor.” — Esdras 1:5 (NTV)

“Así que un total de 42,360 personas regresaron a Judá, 65 además de 7,337 sirvientes y 200 cantores, tanto hombres como mujeres.” — Esdras 2:64-65 (NTV)

Con esto se cumplió la profecía de Jeremías de 70 años de exilio en Babilonia (605-535 a.C.):

“Esto dice el Señor: “Ustedes permanecerán en Babilonia durante setenta años; pero luego vendré y cumpliré todas las cosas buenas que les prometí, y los llevaré de regreso a casa.” — Jeremías 29:10 (NTV)

Sin embargo, tristemente, la mayoría de los judíos optaron por quedarse en Babilonia. Antiguos registros persas indican que muchos judíos habían acumulado grandes riquezas durante el cautiverio. Si decidían regresar a Jerusalén quizás tendrían que vender sus casas o simplemente dejar atrás sus bienes materiales, y las comodidades a las que ya estaban acostumbrados. El viaje de regreso a Jerusalén era difícil, peligroso y costoso, en aquel entonces tomaba más de 4 meses. Jerusalén y sus alrededores estaban en ruinas, los habitantes de la región eran hostiles, y al llegar implicaría volver a empezar de nuevo. Quizás por estas razones, y al ver que sus compatriotas iban de regreso, quienes se quedaron en Babilonia mejor optaron por ayudarlos con regalos para el viaje.

“Todos los vecinos colaboraron, dándoles objetos de plata y de oro, provisiones para el viaje y animales. Les dieron muchos regalos valiosos además de todas las ofrendas voluntarias.” — Esdras 1:6 (NTV)

Hasta para los judíos que se quedaron, Dios tenía un propósito, por ejemplo, la reina Ester se casaría con el Rey Jerjes (Asuero) y salvaría a todos los judíos del exterminio mundial planeado por Amán en el 474 a.C. (ver el libro de Ester). En otra ocasión, Daniel fue arrojado a los leones durante el reinado de Darío I.

En el 536 a.C. el primer grupo de desterrados (el más numeroso) regresó a casa dirigidos por Sesbasar, pero bajo su mando no lograron mucho por la oposición de los Samaritanos que estaban en Jerusalén y factores económicos que no les permitieron reconstruir el Templo, solo sus cimientos, y la obra fue interrumpida en el 530 a.C. (ver Esdras 4). Se cree que Sesbasar era de edad avanzada y fue remplazado por otro príncipe descendiente del rey David (Mateo 1:12): Zorobabel, quien fue designado gobernador de Judá, y quien reanudó la reconstrucción con el apoyo del rey Darío de Persia en el 520 a.C. (ver Esdras 5 y 6).

“Entonces me dijo: —El Señor dice a Zorobabel: “No es por el poder ni por la fuerza, sino por Mi Espíritu, dice el Señor de los Ejércitos Celestiales. Nada impedirá el camino de Zorobabel, ni siquiera una montaña gigantesca, ¡pues se convertirá en llanura delante de él! Y cuando Zorobabel coloque la última piedra del Templo en su lugar, la gente gritará: ‘¡Dios lo bendiga! ¡Dios lo bendiga!’” — Zacarías 4:6-7 (NTV)

Una vez que los judíos ya se habían establecido en sus ciudades, Zorobabel comenzó por la reconstrucción del altar del Templo del Señor, y los sacrificios diarios y los festivales anuales fueron restablecidos (ver Esdras 3).

“A pesar de que tenían miedo de los lugareños, reconstruyeron el altar en su sitio original. Luego, cada mañana y cada tarde, comenzaron a sacrificar ofrendas quemadas al Señor sobre el altar. Celebraron el Festival de las Enramadas como está establecido en la ley y sacrificaron la cantidad específica de ofrendas quemadas para cada día del festival.” — Esdras 3:3-4 (NTV)

Los profetas Hageo y Zacarías jugaron un papel crucial al motivar a los judíos al prometer que la gloria del segundo Templo sobrepasaría las riquezas del primer Templo. Estos profetas no solamente predicaban, sino que también se involucraron en el trabajo de reconstrucción (Esdras 5:1-2). Puede leer más acerca de la obra y de los mensajes de Hageo y Zacarías en los libros de la Biblia que llevan sus nombres.

“Entonces vino a mí la Palabra del Señor: «Zorobabel ha puesto los cimientos de este Templo, y él mismo terminará de construirlo. ¡Así sabrán que me ha enviado a ustedes el Señor Todopoderoso! Cuando vean la plomada en las manos de Zorobabel, se alegrarán los que menospreciaron los días de los modestos comienzos. ¡Estos son los siete ojos del Señor, que recorren toda la tierra!»” — Zacarías 4:8-10 (NVI)

La futura gloria de este Templo será mayor que su pasada gloria, dice el Señor de los Ejércitos Celestiales, y en este lugar, traeré paz. ¡Yo, el Señor de los Ejércitos Celestiales, he hablado!”.” — Hageo 2:9 (NTV)

El Templo fue terminado y re-consagrado en el 516 a.C., las obras de reconstrucción unieron a los judíos, pero cuando la obra se terminó, la vida religiosa se deterioró, los judíos se casaron con gentiles, y empezó un proceso de asimilación con las naciones vecinas.

“Así que los ancianos de los judíos continuaron la obra y fueron muy animados por la predicación de los profetas Hageo y Zacarías, hijo de Iddo. Por fin el Templo quedó terminado, como lo había ordenado el Dios de Israel y decretado Ciro, Darío y Artajerjes, reyes de Persia. La construcción del Templo se completó el 12 de marzo, durante el sexto año del reinado de Darío. Luego, el pueblo de Israel, los sacerdotes, los levitas y todos los demás que habían regresado del destierro dedicaron el Templo de Dios con gran alegría.” — Esdras 6:14-16 (NTV)

El Segundo Grupo que regresó a Judá (458 a.C.)

En el 458 a.C., casi 80 años después de que el primer grupo de judíos regresó a casa, Esdras condujo al segundo grupo que regresaban a la Tierra Prometida, durante el reinado de Artajerjes I, el rey persa. Esdras era un sacerdote descendiente de la línea de Aarón, y escriba, experto en la ley de Moisés. Fue enviado por las autoridades persas para evaluar temas religiosos y para solucionar el deplorable estado espiritual de Judá. A su llegada, Esdras confirmó lo que había escuchado antes: que los israelitas se habían casado con personas idólatras extranjeras y que habían adoptados sus prácticas paganas. Estos matrimonios mixtos contaminaban la pureza religiosa del pueblo y ponían en peligro el futuro de la nación, pero gracias a la intervención de Esdras y sus estrictas regulaciones acerca del matrimonio, la gente se arrepintió y enderezaron sus caminos (ver Esdras 7:1-10:44) gracias a que Esdras llevó una copia de la ley de Moisés con él (Nehemías 8:1) y la leyó a la gente durante el “Festival de Tabernáculos”.

“La siguiente es una copia de la carta que el rey Artajerjes le dio a Esdras… Por la presente, yo y mis siete consejeros te ordenamos que averigües la situación en que están Judá y Jerusalén, basado en la ley de tu Dios, la cual está en tus manos… Y tú, Esdras, usa la sabiduría que tu Dios te ha dado a fin de nombrar magistrados y jueces que conozcan las leyes de tu Dios, para que gobiernen a toda la gente de la provincia situada al occidente del río Éufrates. Enseña la ley a todo el que no la conozca. Cualquiera que se niegue a obedecer la ley de tu Dios y la ley del rey será castigado de inmediato, ya sea por muerte, destierro, confiscación de bienes o encarcelamiento.”— Esdras 7:11,14, 25-26 (NTV)

El Tercer Grupo que regresó a Judá (445 a.C.)

A pesar de que los judíos terminaron la reconstrucción del Templo en el 516 a.C., las murallas de Jerusalén permanecieron en ruinas durante los siguientes 70 años. Hasta que Nehemías, el copero real, quien garantizaba la seguridad y la calidad de los alimentos y bebidas del rey persa Artajerjes I, solicitó al rey de Persia permiso para ir a Judá para solucionar las condiciones deplorables en las que se encontraba la ciudad de Jerusalén, después de que la muralla fue derribada. El rey no solo le dio permiso, sino que lo envió como gobernador de la provincia de Judá, con una escolta real, y cartas oficiales para que las autoridades le proveyeran con todo material de construcción que necesitara para restaurar y edificar a Jerusalén. 13 años después de que Esdras condujera al segundo grupo, Nehemías dirigió al tercer grupo de judíos que regresaron a Jerusalén después de su cautiverio en Babilonia en el 445 a.C.

“El rey [Artajerjes I] preguntó: —Bueno, ¿cómo te puedo ayudar? Después de orar al Dios del cielo, contesté: —Si al rey le agrada, y si está contento conmigo, su servidor, envíeme a Judá para reconstruir la ciudad donde están enterrados mis antepasados.” — Nehemías 2:4-5 (NTV)

“Además le dije al rey: —Si al rey le agrada, permítame llevar cartas dirigidas a los gobernadores de la provincia al occidente del río Éufrates, indicándoles que me permitan viajar sin peligro por sus territorios de camino a Judá. Además, le ruego que me dé una carta dirigida a Asaf, el encargado del bosque del rey, con instrucciones de suministrarme madera. La necesitaré para hacer vigas para las puertas de la fortaleza del Templo, para las murallas de la ciudad y para mi propia casa. Entonces el rey me concedió estas peticiones porque la bondadosa mano de Dios estaba sobre mí.” — Nehemías 2:7-8 (NTV)

Cuando el rey Artajerjes I emitió esa orden para la reconstrucción de Jerusalén, el 14 de Nisán del 445 a.C., estaba iniciando el conteo de la profecía de las “70 semanas” de Daniel. Este importantísimo evento nos permite calcular cuándo se llevó a cabo el cumplimiento de la primera parte de la profecía que el ángel Gabriel le dijo a Daniel, la llegada del Príncipe:

“Así que debes saber y entender que, desde que se emitió la orden para restaurar y edificar a Jerusalén, y hasta que llegue el Mesías Príncipe, transcurrirán siete semanas, y sesenta y dos semanas más, y luego se volverá a reconstruir la plaza y la muralla. Serán tiempos angustiosos.” — Daniel 9:25 (RVC)

La profecía de Daniel nos dice que cuando se cumplieran 69 semanas se presentará el Mesías, el Salvador del mundo. Esta es la profecía mesiánica que fue cumplida con la entrada triunfal de Jesucristo a Jerusalén, fue la primera vez que Jesús permitió ser llamado Rey, como es descrito en Lucas 19:28-44; Juan 12:12-19; Mateo 21:1-11; Marcos 11:1-11;. Veremos más detalles de esta profecía en un artículo futuro.

“Entonces le llevaron el burrito a Jesús y pusieron sus prendas encima para que Él lo montara. A medida que Jesús avanzaba, la multitud tendía sus prendas sobre el camino delante de Él. Cuando llegó a donde comienza la bajada del monte de los Olivos, todos Sus seguidores empezaron a gritar y a cantar mientras alababan a Dios por todos los milagros maravillosos que habían visto. «¡Bendiciones al Rey que viene en el nombre del Señor! ¡Paz en el cielo y gloria en el cielo más alto!»” — Lucas 19:35-38 (NTV)

Estos eventos explicados por Esdras concluyen la historia del Antiguo Testamento. El libro de Esdras es el último libro que se escribió y que fue aceptado por el canon judío. Después viene un periodo de casi 400 años hasta la venida de Jesús, Nuestro Señor.

Esperamos que este artículo en el que viajamos en el tiempo le haya servido para comprender mejor las Escrituras y los propósitos del Señor.

¡Que Dios los bendiga!


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