La oración eficaz (Parte 5 — Padre Nuestro)

En nuestro artículo anterior vimos que la prioridad en el “Padre Nuestro” es adorar y alabar al Padre en nuestras oraciones. Ahora veremos la segunda parte de este modelo de oración en la que se cubren las necesidades del hombre provistas por Dios en las 3 dimensiones de la vida: (1)“El pan diario” que representa el presente; (2) el pasado —“nuestras ofensas”; y (3) el futuro — “no nos dejes caer en tentación”. También, Jesús vela por nuestras necesidades físicas cubiertas con “el pan diario”; las mentales, al liberarnos de las angustias de culpabilidad de nuestras “ofensas”; nuestras necesidades espirituales, al mantenernos lejos del mal al ser “tentados”; y de protección al librarnos del mal.

En las 3 primeras peticiones están representados el Padre, el Hijo, y el Espíritu Santo. La primera petición nos habla de Dios Padre (Padre nuestro… Santificado sea Tu Nombre);

[Dice Jesús] “Padre, glorifica Tu nombre. Entonces habló una voz del cielo: «Ya he glorificado Mi Nombre y lo haré otra vez».” — Juan 12:28 (NTV)

“Señor, mostramos nuestra confianza en Ti al obedecer Tus leyes; el deseo de nuestro corazón es glorificar Tu Nombre.” — Isaías 26:8 (NTV)

“¿Quién no te temerá, Señor, y glorificará Tu Nombre? Pues solo Tú eres santo. Todas las naciones vendrán y adorarán delante de Ti, porque Tus obras de justicia han sido reveladas».” — Apocalipsis 15:4 (NTV)

En la segunda, de Dios Hijo (Venga a nosotros Tu Reino);

“Un día, los fariseos le preguntaron a Jesús: —¿Cuándo vendrá el reino de Dios? Jesús contestó: —No pueden descubrir el reino de Dios por medio de señales visibles. Nunca podrán decir: “¡Aquí está!” o “¡Está por allí!”, porque el Reino de Dios ya está entre ustedes. ” — Lucas 17:20-21 (NTV)

[Dice Jesús] “Busquen el Reino de Dios por encima de todo lo demás, y Él les dará todo lo que necesiten.” — Lucas 12:31 (NTV)

Y en la tercera, de Dios Espíritu Santo (Hágase Tu voluntad), ya que es el Espíritu quien nos activa para hacer la voluntad de Dios y graba en nuestros corazones el amor de Jesús.

[Dice el Señor] “Pondré Mi Espíritu en ustedes para que sigan Mis decretos y se aseguren de obedecer Mis ordenanzas.” — Ezequiel 36:27 (NTV)

[Dice Jesús] “Solo el Espíritu da vida eterna; los esfuerzos humanos no logran nada. Las palabras que Yo les he hablado son espíritu y son vida.” — Juan 6:63 (NTV)

“Entonces me dijo: —El Señor dice a Zorobabel: “No es por el poder ni por la fuerza, sino por Mi Espíritu, dice el Señor de los Ejércitos Celestiales.” — Zacarías 4:6 (NTV)

Ya vimos que el rezar en el “nombre de Jesús” está ejemplificado en el “Padre Nuestro”. Nuestras oraciones no tienen forma de conectarnos con el Padre, a menos de que Jesucristo, quien es Él que nos conecta con el Padre las apruebe. Por lo que las oraciones deben de estar de acuerdo a Él, si están llenas de demandas impacientes, Él las va a rechazar. O si rezamos sin fe, confianza o esperanza de que vayan a ser escuchadas, tenga por seguro que Él no las va a elevar al cielo. O si nos vamos al otro extremo: esperamos (exigiendo) que nuestras oraciones sean respondidas como queremos en base a todas las buenas obras que hemos hecho en el nombre de Dios, también serán negadas porque Dios no está obligado a responder en base a que seamos buenos cristianos, sino en base a que estemos alineados al nombre de Jesús. Por lo que oraciones con características como las anteriores no son hechas en el nombre de Jesús, y no serán respondidas.

Rezar en el nombre de Jesús nos lleva a dar gracias a Dios cuando estamos en tiempos difíciles y a pedir perdón cuando estamos en tiempos prósperos y de éxito. Nos disciplina a traer cada parte de nuestras vidas a Dios.

Ahora continuemos con la segunda parte del Padre Nuestro:

Danos el pan de cada día — Cuarta petición

Entendemos que todo en esta vida depende de Dios, no sólo la comida, sino que todo lo que es parte de nuestras necesidades físicas para sustentar nuestra vida. Como la casa, ropa, salud, familia, dinero, talento, trabajo, paz y estabilidad. Pero también indirectamente estamos rezando por todas las personas que permiten que tengamos “el pan” de cada día, desde el agricultor, transportista, panadero, comerciante, cocinero, nuestro empleador, gobernante, doctor, policía, etc., es a través de ellos que Dios nos provee el pan de cada día. También estamos hablando de nuestro pan, y no mi pan, así que nuestra oración debe de incluir las necesidades de otras personas también, no solo las nuestras. Agustín de Hipona nos recuerda que “el pan de cada día” es una metáfora de nuestras necesidades, no una petición de lujos.

Todo lo que es bueno y perfecto es un regalo que desciende a nosotros de parte de Dios nuestro Padre, quien creó todas las luces de los cielos. Él nunca cambia ni varía como una sombra en movimiento.” — Santiago 1:17 (NTV)

“Juan les dijo: —Nadie puede tener nada, si Dios no se lo da.” — Juan 3:27 (DHH)

Cuando decimos “danos” estamos rezando con un alcance para que todos tengan “el pan de cada dia”, lo que requiere una economía en crecimiento, buenos empleos, una sociedad justa, estamos rezando por la prosperidad de todos.

“Luego Jesús tomó los panes, dio gracias a Dios y los distribuyó entre la gente. Después hizo lo mismo con los pescados. Y todos comieron cuanto quisieron.” — Juan 6:11 (NTV)

Dado que en la primera mitad de nuestra oración reconocimos que Dios es nuestro verdadero alimento, y proveedor de nuestras necesidades físicas y emocionales. Jesús ahora nos exhorta a que listemos nuestras necesidades con el mismo marco de referencia que traemos después de las primeras 3 peticiones

“Primero, ayúdame a no mentir jamás. Segundo, ¡no me des pobreza ni riqueza! Dame solo lo suficiente para satisfacer mis necesidades.” — Proverbios 30:8 (NTV)

Dios sabe las necesidades de todos Sus hijos antes de que lo pidamos, pero Jesús nos llama a pedir por nuestras necesidades cuando rezamos para darle gloria a Dios cuando nuestras oraciones son contestadas y le agradecemos por Su proveeduría y gracia. El Señor es el sustento de los ciudadanos de Su reino, y proveedor de absolutamente todo lo que tenemos en esta vida y en la que vendrá.

[Dice Jesús] “Ciertamente, Yo Soy la vid; ustedes son las ramas. Los que permanecen en Mí y Yo en ellos producirán mucho fruto porque, separados de Mí, no pueden hacer nada.” — Juan 15:5 (NTV)

“Así es —respondió Jesús—, y les aseguro que todo el que haya dejado casa o esposa o hermanos o padres o hijos por causa del reino de Dios recibirá mucho más en esta vida y tendrá la vida eterna en el mundo que vendrá.” — Lucas 18:29-30 (NTV)

No podemos decir “danos el pan de cada día’ si por el otro lado estoy egoístamente acaparando cosas para el futuro. La petición que hacemos es diaria, no le pedimos el sustento por un mes, o un año, o de por vida. La oración es algo que tenemos que hacer diariamente, varias veces al día, para estar en constante contacto con nuestro Padre, en quien dependemos un día a la vez. Así le mostramos nuestra fe en Su proveeduría futura, al no preocuparnos por nuestro bienestar y necesidades futuras, porque como creyentes ponemos nuestras vidas en Sus manos, porque conocemos Sus promesas para nuestro sustento eterno.

“Por eso les digo que no se preocupen por la vida diaria, si tendrán suficiente alimento y bebida, o suficiente ropa para vestirse. ¿Acaso no es la vida más que la comida y el cuerpo más que la ropa?… Esas cosas dominan el pensamiento de los incrédulos, pero su Padre celestial ya conoce todas sus necesidades. Busquen el reino de Dios por encima de todo lo demás y lleven una vida justa, y Él les dará todo lo que necesiten.” — Mateo 6:25 (NTV)

“Entonces Jesús les preguntó: —Cuando los envié a predicar la Buena Noticia y no tenían dinero ni bolso de viaje ni otro par de sandalias, ¿les faltó algo? —No —respondieron ellos.” — Lucas 22:35 (NTV)

Por otro lado, Jesucristo nos enseña que pidamos por nuestras necesidades físicas diariamente para que invitemos a Dios en nuestros corazones cada día. El pan también representa a Jesús, nuestra comida espiritual, la cual es más completa que las necesidades de pan en la tierra.

“Jesús les respondió: —Yo Soy el pan de vida. El que viene a Mí nunca volverá a tener hambre; el que cree en Mí no tendrá sed jamás.” — Juan 6:35 (NTV)

Cuando Jesús habla de pan en el siguiente versículo, también se está refiriendo a todas las necesidades temporales de la humanidad.

“Jesús respondió: «Escrito está: No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.»” — Mateo 4:4 (RVC)

Cuando pedimos por el pan de cada día, no significa que no tengamos que salir a ganárnoslo, el trabajo es parte del plan de Dios (ver nuestro artículo Génesis 2:15-17). Por ejemplo, cuando Dios proveyó el maná a los Israelitas en el desierto, ellos tenían que ir a recolectarlo fuera del campamento, y después lo tenían que cocinar.

“Sí, te humilló permitiendo que pasaras hambre y luego alimentándote con maná, un alimento que ni tú ni tus antepasados conocían hasta ese momento. Lo hizo para enseñarte que la gente no vive solo de pan, sino que vivimos de cada palabra que sale de la boca del Señor.”— Deuteronomio 8:3 (NTV)

“Entonces Jesús explicó: —Mi alimento consiste en hacer la voluntad de Dios, quien me envió, y en terminar Su obra.” — Juan 4:34 (NTV)

El pan diario, o nuestra comunión diaria con el Señor, debe de ser nuestra prioridad. Por esta razón el rey David nos dice:

“Mañana, tarde y noche clamo en medio de mi angustia, y el Señor oye mi voz.” — Salmos 55:17 (NTV)

“Perdona nuestras ofensas” — Quinta petición

Jesús nos enseña que después de rezar por nuestras necesidades físicas, ahora toca el turno a nuestras necesidades espirituales, a través de la petición diaria del perdón de nuestros pecados.

[El Señor dice] “Pero Yo, por ser tu Dios, borro tus crímenes y no me acordaré más de tus pecados.” — Isaías 43:25 (DHH)

Dado que Dios es infinitamente santo, el principal problema con el pecado, es que separa al hombre de Dios, convirtiéndose en nuestro mayor problema, así que cualquier pecado que cometamos, por trivial que sea ante nuestros ojos, constituye una deuda infinita con Dios que no podemos pagar. Ni siquiera con una obediencia perfecta, portándonos perfectamente bien, y haciendo miles de buenas obras. Ya que todas estas “acciones” representan el mínimo requerimiento que cualquier ciudadano del reino de Dios está obligado a hacer, es lo que se espera que hagamos. Así que lo único que nos queda para pagar la deuda del pecado es que diariamente nos postremos ante Dios y roguemos por el perdón de los pecados que hemos cometido contra Él. Y mientras no lo hagamos, sentiremos los efectos del pecado en nuestra vida, que nos traen miseria, insatisfacción, y un sentimiento de culpabilidad.

[Dice Jesús] “Dios bendice a los que son pobres en espíritu y se dan cuenta de la necesidad que tienen de Él, porque el reino del cielo les pertenece.”— Mateo 5:3 (NTV)

“¡Oh, qué alegría para aquellos a quienes se les perdona la desobediencia, a quienes se les cubre su pecado! Sí, ¡qué alegría para aquellos a quienes el Señor les borró la culpa de su cuenta, los que llevan una vida de total transparencia!” — Salmos 32:1-2 (NTV)

Los incrédulos racionalizan y justifican sus pecados. No admiten que el pecar es parte de su naturaleza, todos ellos se consideran buenas personas, mucho mejores que su prójimo. No buscan hacer el bien porque aman la obscuridad (Juan 3:19).

“¿Acaso puede un etíope cambiar el color de su piel? ¿Puede un leopardo quitarse sus manchas? Tampoco ustedes pueden comenzar a hacer el bien porque siempre han hecho lo malo.” — Jeremías 13:23 (NTV)

Pero como creyentes debemos de confesar nuestros pecados a Dios para restablecer nuestra comunión con Él, y poder entrar en Su presencia. Y nuestra recomendación es que confiese su pecado inmediatamente después de haberlo cometido para suplicar por Su perdón y no alejarse del Señor.

“Si afirmamos que no tenemos pecado, lo único que hacemos es engañarnos a nosotros mismos y no vivimos en la verdad; pero si confesamos nuestros pecados a Dios, Él es fiel y justo para perdonarnos nuestros pecados y limpiarnos de toda maldad.” — 1 Juan 1:9 (NTV)

Jesús nos demuestra que el tema central en este pasaje es el “perdón” al utilizar 6 veces el verbo perdonar en la enseñanza del “Padre Nuestro” (Mateo 6:9-15). Así que es mucho más importante pedir diariamente perdón por los pecados que cometemos por nuestra naturaleza pecaminosa que el pedir por el pan de cada día.

Y perdónanos nuestros pecados, así como hemos perdonado a los que pecan contra nosotros… Si perdonas a los que pecan contra ti, tu Padre celestial te perdonará a ti; pero si te niegas a perdonar a los demás, tu Padre no perdonará tus pecados.” — Mateo 6:12, 14-15 (NTV)

¿Pero por qué debemos rezar por el perdón de los pecados si ya fuimos perdonados al recibir a Cristo? Como nos explica el apóstol Pablo, nosotros hemos sido perdonados, justificados, y declarados justos ante Dios por el sacrificio de Jesucristo. Y fuimos salvados del juicio final y de ir al infierno. Pero porque constantemente caemos en pecado necesitamos el perdón de nuestro Padre, no nuestro Juez. Es lo que Jesús nos demuestra en la “Ultima Cena” cuando Él en un acto de humildad y en actitud de servicio empieza a lavar los pies de Sus discípulos (Juan 13:5-11). Pero cuando Pedro protestó — “¡Jamás me lavarás los pies!”, Jesús le dice: “Si no te lavo, no vas a pertenecerme.” Entonces Pedro fue al otro extremo pidiéndole que lo bañara de pies a cabeza. Pero Jesús le responde: “Una persona que se ha bañado bien no necesita lavarse más que los pies para estar completamente limpia.” Este acto de Jesús simboliza cómo funciona el perdón de Dios que diariamente limpia nuestros pecados (pies sucios, ir por el mal camino) aun y cuando hemos sido salvados al aceptar a Jesucristo como nuestro Señor y Salvador (bañados completamente). La suciedad que acumulamos en nuestros pies simboliza la contaminación de nuestros pecados que cometemos diariamente a través de la vida.

“He alejado mis pies de todo mal camino para cumplir Tu palabra.” — Salmos 119:101 (DHH)

Pero a diferencia de los incrédulos, estos pecados no nos ensucian completamente, pero interrumpe nuestra comunión con Dios. Por ello debemos presentar nuestros pies, por así decirlo, para que Cristo nos limpie a través de nuestra confesión en la oración.

“Por lo tanto, ya no hay condenación para los que pertenecen a Cristo Jesús.” — Romanos 8:1 (NTV)

“El que encubre sus pecados no prospera; el que los confiesa y se aparta de ellos alcanza la misericordia divina.” — Proverbios 28:13 (RVC)

Cuando los creyentes confiesan sus pecados a Dios, le están dando gloria a Dios, porque al perdonarlos elimina cualquier objeción de que Dios es injusto con aquellos que Él disciplina. Su perdón aumenta nuestra reverencia (o el temor) al Señor.

“Pero en Ti hallamos perdón, para que seas reverenciado.” — Salmos 130:4 (RVC)

“Así como nosotros perdonamos a los que nos ofenden

Jesús nos está dando una condición para perdonar los pecados, porque el vivir con un espíritu que no perdona, es vivir en el pecado. No puedo decir: “perdona nuestras ofensas” si guardo rencor contra alguien. Y dado que Dios por Su gracia nos ha perdonado nuestros pecados, los creyentes a su vez debemos de perdonar las ofensas de otras personas hacia nosotros, imitando la gracia que hemos recibido.

“Cuando estén orando, primero perdonen a todo aquel contra quien guarden rencor, para que su Padre que está en el cielo también les perdone a ustedes sus pecados.” — Marcos 11:25 (NTV)

Jesús hace una analogía del perdón con la historia de dos hombres que tenían una deuda monetaria, en donde el primero es perdonado, pero a su vez, él no perdona a su compañero quien le debía dinero (Mateo 18:23-35). Por ello, es un insulto ante Dios el que nosotros no perdonemos a nuestro prójimo.

“¿No deberías haber tenido compasión de tu compañero así como yo tuve compasión de ti?”.” — Mateo 18:33 (NTV)

El perdón es la marca de un corazón verdaderamente regenerado. No hay nada más importante en la vida del cristiano que el perdonar a otros para que recibamos el perdón de Dios. Y la oración nos fortalece para combatir nuestra propia naturaleza pecaminosa. Es un recordatorio de que debemos amar a nuestro prójimo.

“Sean amables unos con otros, sean de buen corazón, y perdónense unos a otros, tal como Dios los ha perdonado a ustedes por medio de Cristo.” — Efesios 4:32 (NTV)

Uno de los mayores beneficios de perdonar a otros es que libera a nuestra consciencia del sentimiento de culpa.

“Por lo tanto, si presentas una ofrenda en el altar del templo y de pronto recuerdas que alguien tiene algo contra ti, deja la ofrenda allí en el altar. Anda y reconcíliate con esa persona. Luego ven y presenta tu ofrenda a Dios.” — Mateo 5:23-24 (NTV)

Cuando no lo hacemos, se forma una barrera entre nosotros y el perdón de Dios, perdemos nuestra paz mental, felicidad, y nos estresamos afectando las funciones de nuestro cuerpo. Así que debemos por nuestro bien, perdonar y arreglar malos entendidos con las personas que nos rodean.

“La paz en el corazón da salud al cuerpo; los celos son como cáncer en los huesos.” — Proverbios 14:30 (NTV)

 “No nos dejes caer en tentación” — Sexta petición

La palabra tentación viene del griego πειρασμός – peirasmos, que significa probar, poner a prueba la integridad de alguien, es un término neutro sin una connotación negativa. Dios nos puede poner a prueba para que demostremos que lo obedecemos y hacemos el bien, de esta forma crecemos espiritualmente, en humildad, amor y fe. Dado que el Señor es santo, Él nunca va a llevarnos a una situación para que hagamos el mal, ni va a inducirnos a pecar. Dios nunca nos va a tentar a hacer el mal.

“Que nadie diga cuando es tentado: Soy tentado por Dios; porque Dios no puede ser tentado por el mal y El mismo no tienta a nadie.” — Santiago 1:13 (LBLA)

Las pruebas que Dios envía son una forma en que nos refina y purifica.

“A este último grupo lo pasaré por el fuego y los haré puros. Los refinaré como se refina la plata y los purificaré como se purifica el oro. Invocarán Mi nombre y Yo les responderé. Les diré: “Este es Mi pueblo”, y ellos dirán: “El Señor es nuestro Dios”.”—Zacarías 13:9 (NTV)

¿Pero entonces qué es “caer en tentación”? “Caer en tentación” implica el aspecto de entregarse al pecado. No podemos decir “no nos dejes caer en la tentación” si nos ponemos deliberadamente en ese camino. Las tentaciones pueden ser riquezas, poder, fama, lo cual nos puede llevar al pecado de pensar que no necesitamos a Dios. O de pobreza, desgracia, desprecio, y aflicciones, que nos lleve a perder la esperanza y de estar enojados culpando a Dios por nuestra situación. Pero tanto la prosperidad como la adversidad son pruebas, tentaciones, que si no las superamos, nos llevan lejos de Dios y a centrarnos en nosotros mismos.

“Pues el mundo solo ofrece un intenso deseo por el placer físico, un deseo insaciable por todo lo que vemos, y el orgullo de nuestros logros y posesiones. Nada de eso proviene del Padre, sino que viene del mundo; y este mundo se acaba junto con todo lo que la gente tanto desea; pero el que hace lo que a Dios le agrada vivirá para siempre.” — 1 Juan 2:16-17 (NTV)

“Yo formo la luz y creo las tinieblas, Yo envío los buenos tiempos y los malos; Yo, el Señor, Soy el que hace estas cosas.” — Isaías 45:7 (NTV)

Cuando nos damos cuenta del poder del pecado y de nuestra debilidad e inclinación hacia el pecado, tememos al peligro de las tentaciones que nos ponen a prueba. Esta sexta petición es para que no caigamos en pecado por las tentaciones de nuestro corazón (naturaleza pecaminosa), del mundo, o de Satanás. Así que lo que estamos pidiendo es ayuda para que en cualquier prueba que se nos presente Él nos ayude, nos proteja y nos de las fuerzas para alejarnos para no hacer el mal.

 “Las tentaciones que enfrentan en su vida no son distintas de las que otros atraviesan. Y Dios es fiel; no permitirá que la tentación sea mayor de lo que puedan soportar. Cuando sean tentados, Él les mostrará una salida, para que puedan resistir.” — 1 Corintios 10:13 (NTV)

Estamos pidiendo el evitar el peligro y los problemas que el pecado produce al solicitar que se nos provea de un camino para escapar de la tentación, o mejor aún, de escapar de cualquier situación en la que podamos caer en pecado. Suplicamos el no ser tentado con escenarios que no podamos resistir, o yendo más allá: el evitar por completo el enfrentarnos a las tentaciones para no tener que vencerlas. Pero al mismo tiempo, nuestra oración está encaminada a que podamos seguir creciendo espiritualmente, moral y emocionalmente sin ser puestos a prueba de nuestra fe. Buscamos el aprender por las buenas y no por las malas.

“Amados hermanos, cuando tengan que enfrentar cualquier tipo de problemas, considérenlo como un tiempo para alegrarse mucho porque ustedes saben que, siempre que se pone a prueba la fe, la constancia tiene una oportunidad para desarrollarse.” — Santiago 1:2-3 (NTV)

“Dios bendice a los que soportan con paciencia las pruebas y las tentaciones, porque después de superarlas, recibirán la corona de vida que Dios ha prometido a quienes lo aman.” — Santiago 1:12 (NTV)

Por eso Jesús pidió en Getsemaní por otra forma en la que todos nuestros pecados no cayeran sobre Él.

“«¡Padre mío! Si es posible, que pase de Mí esta copa de sufrimiento. Sin embargo, quiero que se haga Tu voluntad, no la Mía».” — Mateo 26:39 (NTV)

Sabemos que no vamos a estar libres del peligro del pecado, por lo que al hacer esta petición estamos glorificando a Dios al demostrar que solo a través de Su protección podemos vencer al poder del pecado en cada tentación en nuestras vidas.

“El temor del Señor conduce a la vida, para dormir satisfecho sin ser tocado por el mal.” — Proverbios 19:23 (LBLA)

[Dice Jesús]“Manténganse despiertos, y oren, para que no caigan en tentación. A decir verdad, el espíritu está dispuesto, pero la carne es débil.” — Mateo 26:41 (RVC)

Con las tentaciones debemos tener cuidado porque empiezan pequeñas, como una mirada, tal como lo vemos en la historia del rey David que empezó con una mirada lujuriosa a Betsabé, después la tentación lo llevó a cometer adulterio, escalando su pecado a un asesinato. Así que debemos de rezar al Señor para que no nos deje caer en pequeñas tentaciones, porque así empiezan todos los grandes males.

“He guardado Tu palabra en mi corazón, para no pecar contra Ti.” — Salmos 119:11 (NTV)

Por lo tanto, esta petición es para ser rescatados del mal que tenemos internamente por nuestra naturaleza pecaminosa.

[Jesús dice] “Y entonces agregó: «Es lo que sale de su interior lo que los contamina. Pues de adentro, del corazón de la persona, salen los malos pensamientos, la inmoralidad sexual, el robo, el asesinato, el adulterio, la avaricia, la perversidad, el engaño, los deseos sensuales, la envidia, la calumnia, el orgullo y la necedad. Todas esas vilezas provienen de adentro; esas son las que los contaminan».”— Marcos 7:20-23 (NTV)

La siguiente y última petición es para la protección del mal fuera de nosotros, las fuerzas malignas que nos rodean en este mundo y que buscan causarnos daño.

“Y líbranos del mal” — Séptima petición

Vivimos en un mundo en donde estamos rodeados de maldad y tentaciones por todos lados. Así que ahora confesamos nuestra incapacidad, impotencia para combatir el mal con nuestras capacidades humanas.

“El Señor es mi luz y mi salvación, entonces ¿por qué habría de temer? El Señor es mi fortaleza y me protege del peligro, entonces ¿por qué habría de temblar? Cuando los malvados vengan a devorarme, cuando mis enemigos y adversarios me ataquen, tropezarán y caerán.” — Salmos 27:1-2 (NTV)

Cuando hacemos esta petición estamos pidiendo que nos aleje del mal y nos separe eternamente de él. Oremos para que finalmente seamos liberados del mal que nos rodea en este mundo. Los males referidos en esta petición son los generados por el reino del diablo, y consiste de todo lo que afecta el bienestar de nuestro cuerpo, como la pobreza, la violencia y la muerte.

“Oren, también, para que seamos rescatados de gente perversa y mala, porque no todos son creyentes. Pero el Señor es fiel; Él los fortalecerá y los protegerá del maligno.” — 2 Tesalonicenses 3:2-3 (NTV)

En algunas traducciones dice: “líbranos del maligno”, porque el diablo es más poderoso y astuto que nosotros cuando lo enfrentamos sin la ayuda y guía de Dios. Por ello debemos de someternos a la Palabra de Dios y orar constantemente por la protección de Dios.

“Así que humíllense delante de Dios. Resistan al diablo, y él huirá de ustedes.” — Santiago 4:7 (NTV)

Recordemos que “el Padre Nuestro” nos provee, nos lleva de la mano en la oración al dejar en claro las prioridades, los temas a ser incluidos en nuestra oración, su propósito, e inclusive el ayudarnos a rezar en el Espíritu cuando personalizamos desde la adoración hasta la petición.

[Dice Jesús] “Les he dicho todo lo anterior para que en Mí tengan paz. Aquí en el mundo tendrán muchas pruebas y tristezas; pero anímense, porque Yo he vencido al mundo.” — Juan 16:33 (NTV)

Espero que este estudio del “Padre Nuestro” les sirva para que nunca vuelvan a ver esta oración de la misma manera, para que sus oraciones mejoren al alinearse a lo que es realmente importante, que es la voluntad de Dios y que tengan oraciones respondidas para dar gloria a Dios. Cerremos con la oración del rey Salomón:

“¡Viva el rey! Que se le entregue el oro de Saba. Que la gente siempre ore por Él y lo bendiga todo el día. Que haya grano en abundancia por toda la tierra, que brote aun en la cima de las colinas. Que los árboles frutales florezcan como los del Líbano y los habitantes crezcan como la hierba en el campo. Que el nombre del rey permanezca para siempre; que se perpetúe mientras el sol brille. Que todas las naciones sean bendecidas por medio de Él, y lo elogien. Alaben al Señor Dios, el Dios de Israel, el único que hace semejantes maravillas. ¡Alaben Su glorioso nombre por siempre! Que toda la tierra se llene de Su gloria. ¡Amén y amén!” — Salmos 72:15-19 (NTV)

¡Que Dios los bendiga!


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