¿Por qué es tan Importante que los Cristianos seamos Humildes?

En este artículo hablaremos de la humildad, la cual, es uno de los atributos de Dios, y uno de los dones que nos concede a través de Su Espíritu. Veremos ejemplos de personas humildes en las Escrituras y por qué nos conviene seguir su ejemplo si queremos recibir bendiciones de Dios y vivir en paz.

Recordemos que solo existen dos categorías de personas en este mundo: Las personas salvadas y las perdidas. Porque no hay nadie tan malo que no pueda ser salvado, y tampoco existe ninguno tan bueno que no necesite ser salvado. Y aunque el SEÑOR ha hecho todo lo posible de Su parte, para salvar a todo el mundo, nuestro Creador nos da la oportunidad para que escojamos la categoría a la que queremos pertenecer: Dios nos dice que escojamos la vida (Deuteronomio 30:19), pero en Su amor, nos da la libertad para que tomemos esta decisión de amarlo o no de forma individual.

“Hoy pongo a los cielos y a la tierra por testigos contra ustedes, de que he puesto ante ustedes la vida y la muerte, la bendición y la maldición. Escoge, pues, la vida, para que tú y tu descendencia vivan” — Deuteronomio 30:19 (RVA)

Porque la salvación es una decisión consciente y personal, que comienza con la humildad, cuando una persona decide humillarse ante el SEÑOR, reconocer que ha pecado contra el Todopoderoso, pedirle perdón por sus pecados, y poner su fe en el único que lo puede salvar: Jesucristo (Yeshúa HaMashíaj en hebreo). Para cuando una persona llega a este punto, tuvo que haber vencido a su propio orgullo, que le impedía tomar esta decisión tan transcendental en su vida. Y como creyentes, debemos con toda humildad poner a nuestro Señor Jesucristo en el trono de nuestras vidas, y dejar que nuestro yo, nuestro egocentrismo, y nuestro orgullo, mueran cada día, siendo ésta la única manera en la que podemos vivir nuestras vidas cristianas (Gálatas 2:20; Romanos 6:11).

“Porque el SEÑOR se agrada de Su pueblo, a los humildes adornará con salvación.” — Salmos 149:4 (RVA-2015)

“Humíllense delante del Señor, y él los exaltará.” — Santiago 4:10 (RVA-2015)

La humildad a la que se refieren las Escrituras, no tiene la connotación negativa que el mundo nos quiere hacer creer (Romanos 12:3). La humildad no es que uno mismo se menosprecie, porque como creyentes, tenemos un gran valor como hijos de Dios, tan alto que, Jesús estuvo dispuesto a pagar un precio demasiado alto por usted (1 Corintios 6:20). Más bien, la humildad está basada principalmente en la obediencia y el servicio que le brindamos al SEÑOR, a Su reino y a los demás, y crece cuando fomentamos una actitud de servicio también en nuestro hogar, iglesia y comunidad. Yeshúa nos dijo que es mejor dar que recibir, por lo que, nuestra humildad nos permitirá permanecer firmemente en los caminos del SEÑOR, y adicionalmente, nos librará de otros pecados como: el orgullo, la codicia, la ociosidad y el egoísmo. La humildad que desarrollemos traerá a nuestra vida bienaventuranza del SEÑOR, y recompensas y honor de nuestro prójimo (Isaías 57:15; Proverbios 29:23).

“En todo os he enseñado que, trabajando así, se debe ayudar a los necesitados, y recordar las palabras del Señor Jesús, que dijo: “Más bienaventurado es dar que recibir.”»” — Hechos 20:35 (RVR-1995)

“Riquezas, y honra, y vida, son la remuneración de la humildad y del temor del SEÑOR.” — Proverbios 22:4 (JBS)

“Tú, SEÑOR, estás en las alturas, pero te dignas atender a los humildes; en cambio, te mantienes alejado de los orgullosos.” — Salmos 138:6 (RVC)

¿Qué es una Bienaventuranza?

Una bienaventuranza es una bendición, es obtener favor de Dios. La palabra utilizada para las Bienaventuranzas en los evangelios es μακάριος – makários, lo cual significa “bendecido”, “feliz” y “más feliz”, y expresa un estado permanente de felicidad cuando uno tiene todo lo que necesita espiritualmente, y no tanto la recepción pasiva de una bendición temporal o de corta duración. Y encontramos que, los creyentes que son humildes, son bienaventurados. Veamos a continuación qué es ser humildes y por qué nos conviene llevar un estilo de vida de humildad.

[Jesús dice] “Bienaventurados los humildes, pues ellos heredarán la tierra.” — Mateo 5:5 (NBLA)

[Jesús dice] “Bienaventurados los pobres en espíritu, pues de ellos es el reino de los cielos.” — Mateo 5:3 (NBLA)

La palabra humildad en hebreo

En las Escrituras encontramos diferentes palabras para describir la humildad, o ser humilde, y nos apoyaremos en el hebreo para entender mejor su significado de este concepto abstracto. Primero tenemos עֲנָוָה – anawá, que significa humildad, gentileza, amabilidad o mansedumbre. Y proviene de la raíz: עָנָה – aná, que significa “humillarse a sí mismo”, “afligir”, “debilitar”, “estar sometido”. Dios usa la aflicción para provocar el arrepentimiento del pueblo de Israel para que regresen al buen camino, porque Él corrige a todos los que ama (Proverbios 3:12). Este fue el propósito de la peregrinación por el desierto, para humillar al rebelde y orgulloso Israel (Deuteronomio 8:3). Por eso debemos humildemente agradecer al SEÑOR cuando nos aflige, porque es por nuestro propio bien, para que aprendamos la lección, y maduremos espiritualmente (Salmos 119:75, 90:15; Lamentaciones 3:33). Otro significado de aná es “responder”, cuando Dios llamó al hombre por Su Palabra (a través de Moisés y los profetas), Él esperaba una respuesta, y la respuesta apropiada es: la obediencia; porque cuando lo rechazamos por falta de humildad, estamos pecado (Jeremías 7:13; Isaías 65:12). También aná se utiliza para suplicar por la misericordia, la gracia, y la salvación de Dios (Salmos 69:13, 4:1, 20:6, 118:21). De la misma raíz, tenemos el adjetivo עָנָו – anáw, que significa humilde, manso, sumiso, “pobre”, “afligido” y “necesitado”, enfatizando la condición moral y espiritual de los creyentes que han entendido que, son mejor la aflicción y el sufrimiento provenientes del SEÑOR, porque producen una vida de humildad, que la vana y constante búsqueda de los incrédulos por la felicidad y la abundancia mundana.

“En el desierto te alimentó con el maná que tus padres no habían conocido, para humillarte [aná] y probarte, y para finalmente hacerte bien.” — Deuteronomio 8:16 (NBLA)

“Te daré gracias porque me has respondido [aná] y has sido mi salvación [Yeshúa].” — Salmos 118:21 (RVA-2015)

“Yo los destinaré a la espada, y todos ustedes se encorvarán para la matanza. Porque llamé, pero no respondieron [aná], hablé, pero no oyeron; hicieron lo malo ante Mis ojos y escogieron aquello que no me complacía.” — Isaías 65:12 (NBLA)

Otra palabra es כָּנַע – caná, que significa: ser humilde, ser humillado, ser subyugado, ser abatido, por lo que este verbo se utiliza para denotar el someter a un pueblo, o espíritu orgulloso y reacio. Expresa la acción de un rey al someterse a sí mismo, y a su nación, a Dios (1 Reyes 21:29). Caná nos recuerda que, mientras una persona o nación sea arrogante, rebelde y “autosuficiente”, Dios no puede hacer nada por ella para salvarla, bendecirla o ayudarla para que se mantenga por el buen camino (2 Crónicas 7:14; Levítico 26:40-42). El llamarnos cristianos implica una sumisión total a la voluntad de Dios porque esa es la única forma en la que le podemos servir, y lograr exitosamente el propósito de nuestras vidas.

Si Mi pueblo, sobre el cual se invoca Mi nombre, se humilla [caná] y ora, y busca Mi rostro, y se aparta de sus malos caminos, Yo lo escucharé desde los cielos, perdonaré sus pecados y sanaré su tierra.” — 2 Crónicas 7:14 (RVC)

“¿Has visto cómo se ha humillado [caná] Acab delante de Mí? Por cuanto se ha humillado delante de Mí, no traeré el mal en sus días; en los días de su hijo traeré el mal sobre su casa.” — 1 Reyes 21:29 (RVA-2015)

Ser humilde también es expresado por שָׁפָל – shafál, que también significa bajo (de altura, posición), humilde de condición o espíritu, humillado, abatido, y es utilizado en la promesa de Dios de abatir y humillar a los que son arrogantes y orgullosos, mientras exalta a los que han caminado humildemente ante Él (Proverbios 29:23). La humillación y posterior restauración de Nabucodonosor, nos presenta un ejemplo gráfico de esto en Daniel 4.

El orgullo del hombre lo humillará, pero el de espíritu humilde [shafál] obtendrá honores.” — Proverbios 29:23 (NBLA)

“Porque así dijo el Alto y Sublime, el que habita la eternidad y cuyo nombre es el Santo: «Yo habito en la altura y la santidad, pero habito también con el quebrantado y humilde [shafál] de espíritu, para reavivar el espíritu de los humildes [shafál] y para vivificar el corazón de los quebrantados.” — Isaías 57:15 (RVR-1995)

“Ahora, yo, Nabucodonosor, alabo, exalto y glorifico al Rey de los cielos, porque todas sus obras son verdad y sus caminos son justicia. Él puede humillar [shefál] a los que andan con soberbia”.” — Daniel 4:37 (RVA-2015)

Jesús es nuestro ejemplo de Humildad

Cuando nos humillamos, el SEÑOR utiliza incluso las cosas malas en nuestras vidas, para bendecirnos (Génesis 50:20). El mejor ejemplo de humildad lo encontramos en Cristo, y vemos que el ser humilde no lo hizo menos ni débil a los ojos de Dios, al contrario: lo exaltó por arriba de toda la Creación. La humildad, mansedumbre y sumisión al Padre son parte de la naturaleza del Mesías (Salmos 45:4). Por lo mismo, pregúntese: ¿Acaso Jesús nos está pidiendo que hagamos algo que Él mismo no ha hecho? ¿O que nos perjudique? ¡Claro que no! Yeshúa dejó Su posición en el Cielo, y pasó de la soberanía a la esclavitud (Hebreos 12:2). Él se humilló a sí mismo, se hizo obediente, aunque sabía que iba a ser rechazado por Su propia gente (Marcos 8:31; Lucas 17:25). Además, sabemos que el SEÑOR afligió al Mesías mientras estuvo aquí en la tierra hasta el día de Su muerte, cuando le imputó todos nuestros pecados (Isaías 53:3-7). Entendemos que el Salmo 69, nos habla de los sufrimientos por los que pasó Yeshúa desde Su infancia, por Su misma familia, y por la gente que lo conocía (Salmos 35:12-13), como lo vimos en nuestro estudio  La Cronología de la Navidad (Parte 4). El apóstol Juan nos dice que Sus mismos hermanos no creían en Él (Juan 7:3-5).

Despreciado y desechado entre los hombres, varón de dolores, experimentado en sufrimiento; y como que escondimos de Él el rostro, fue menospreciado y no lo estimamos.” — Isaías 53:3 (RVR-1995)

“Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús: Él, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomó la forma de siervo y se hizo semejante a los hombres. Mas aún, hallándose en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz. Por eso Dios también lo exaltó sobre todas las cosas y le dio un nombre que es sobre todo nombre, para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, en la tierra y debajo de la tierra; y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre.” — Filipenses 2:5-11 (RVR-1995)

El SEÑOR nos quiere exhortar a que seamos humildes en nuestras vidas para la gloria del Padre. Debemos vivir una vida de humildad, y la marca de la humildad es el servicio a Dios y a nuestro prójimo. Por eso, Satanás, quien se exalta a sí mismo, busca que hagamos lo contrario, que seamos orgullosos y arrogantes. Por ello, los valores del mundo miden a un hombre por su inteligencia, fuerza, posición o riqueza. Sin embargo, el mundo olvida que, cuando morimos, dejamos atrás todo lo que tenemos, y solo nos podemos llevar nuestras buenas acciones. ¿Qué se llevará usted consigo? ¿Qué es lo que verdaderamente importa en una persona? Considere al apóstol Pablo, quien sirvió con humildad al SEÑOR, cuando nos menciona que no fue una tarea fácil, y que derramó lagrimas cuando fue puesto a prueba; pero no se desmotivó por ello, y nos exhorta a que nosotros también, humildemente, sirvamos al SEÑOR de la misma forma, porque nuestra recompensa será muy grande (1 Pedro 5:6).

He servido al Señor con toda humildad, con lágrimas y con pruebas que vinieron sobre mí por causa de las intrigas de los judíos.” — Hechos 20:19 (NBLA)

“Que vivan con toda humildad y mansedumbre, con paciencia, soportándose unos a otros en amor.” — Efesios 4:2 (NBLA)

“Humíllense, pues, bajo la poderosa mano de Dios, para que Él los exalte a su debido tiempo,” — 1 Pedro 5:6 (NBLA)

En nuestro siguiente artículo continuaremos hablando de la relación entre la humildad y el perdón; de cómo la humildad ayuda para la evangelización y la conversión de los incrédulos; y cómo la humildad nos ayuda a crecer espiritualmente, y a desarrollar nuestro amor hacia los demás. Mientras tanto, los dejo con esta exhortación del profeta Sofonías:

Busquen al SEÑOR, todos los humildes de la tierra, los que han puesto en práctica Sus normas. Busquen la justicia, busquen la humildad; tal vez encontrarán refugio en el día de la ira del SEÑOR.” — Sofonías 2:3 (NVI)

¡Que Dios los bendiga!


Continuar leyendo: ¿Por qué es tan Importante que los Cristianos seamos Humildes? (Parte 2)