¿Por qué es tan Importante que los Cristianos seamos Humildes? (Parte 2)

En el artículo anterior comenzamos a ver lo importante que es la humildad, que es uno de los atributos de Dios, y es la virtud que el SEÑOR anhela ver reflejada en Su pueblo. También hablamos acerca de que Jesús personifica la humildad con la que debemos caminar ante Dios. Ahora hablaremos de la relación entre la humildad y el perdón; de cómo la humildad ayuda para la evangelización y la conversión de los incrédulos; y de cómo la humildad nos ayuda a crecer espiritualmente y a desarrollar nuestro amor hacia los demás.

En nuestro estudio ¿Qué es la Misericordia del SEÑOR? (Parte 2), vimos que la misericordia es uno de los 3 requerimientos para agradar al SEÑOR (Miqueas 6:8), otro de estos requerimientos es la humildad.

“¡Oh hombre, Él te ha declarado lo que es bueno! ¿Qué requiere de ti el SEÑOR? Solamente hacer justicia, amar misericordia y caminar humildemente con tu Dios.” — Miqueas 6:8 (RVA 2015)

Una de las formas más fáciles en las que podemos adoptar la humildad en nuestras vidas, es admirar el complejo diseño y la sabiduría que existe en la Creación de Dios. Desde lo más grande y lejano que vemos a través de un telescopio que nos muestra la grandeza del Todopoderoso, hasta el más minucioso y complejo detalle que podemos apreciar con un microscopio. Y así podemos reconocer humildemente lo pequeños que somos (Génesis 3:19; Isaías 40:15), y el gran amor que nos tiene nuestro Creador. Además, considere que, todo lo que tiene fue proveído por Dios (Santiago 1:17), a pesar de que pensemos que es fruto de nuestro trabajo, porque el trabajo que tenemos nos lo dio también el SEÑOR (1 Corintios 4:7). Todo cambia cuando nos humillamos ante el SEÑOR.

“Así dice el SEÑOR: No se gloríe el sabio de su sabiduría, ni se gloríe el poderoso de su poder, ni el rico se gloríe de su riqueza.” — Jeremías 9:23 (LBLA)

Toda buena dádiva y todo don perfecto proviene de lo alto y desciende del Padre de las luces en quien no hay cambio ni sombra de variación.” — Santiago 1:17 (RVA-2015)

Thomas Guthrie dijo: “El cristiano es como una espiga de trigo, cuanto más madura, más inclina la cabeza”. Ya que se puede apreciar la madurez espiritual de un cristiano por cuanto más se humille. Pero cuanto más orgulloso sea un cristiano, más demuestra su carnalidad e inmadurez espiritual. El Pastor Dwight Moody dijo que un hombre puede mentir acerca del amor, la fe, la esperanza, y que hasta puede falsificar todos los demás dones, pero le va a ser muy difícil falsificar la humildad.

“Tengan un mismo sentir los unos por los otros, no siendo altivos sino acomodándose a los humildes. No sean sabios en su propia opinión.” — Romanos 12:16 (RVA-2015)

“No hagan nada por egoísmo o por vanagloria, sino que con actitud humilde cada uno de ustedes considere al otro como más importante que a sí mismo.” — Filipenses 2:3 (NBLA)

 

Una y otra vez a lo largo de las Escrituras vemos que Dios es misericordioso con quien se humilla y que se arrepiente de corazón. En Mateo 18:4, Jesús dijo que cualquiera que se humille como un niño pequeño será exaltado en el reino de los cielos. Pero el que se enorgullece, ¿cómo puede salvarse? Esta persona no aceptará instrucción ni corrección, ni se someterá al SEÑOR que lo creó. El profeta Miqueas nos explica que el SEÑOR espera que las personas caminen humildemente ante nuestro Rey y Redentor, sabiendo que, ninguno de nosotros merece Su gracia y misericordia (Miqueas 6:8). El espíritu humilde en una persona, le permite recibir la sabiduría y el temor del SEÑOR, además de que no se puede alcanzar una verdadera grandeza y honor sin una verdadera humildad. Los expertos creen saberlo todo y en su orgullo no escuchan razones. La Biblia nos revela que el verdadero intelecto proviene de la humildad (Proverbios 12:15). Si nos humillamos, el SEÑOR nos enseñará (Mateo 11:29; 2 Corintios 12:7). El estar dispuesto a escuchar es lo que nos permite aprender nuevas cosas (Romanos 10:17) y hasta alcanzar nuestra salvación (Job 22:29; Gálatas 3:2; Santiago 1:21-23).

“Así que, cualquiera que se humille como este niño, ese es el más importante en el reino de los cielos.” — Mateo 18:4 (RVA-2015)

“¡Oh hombre, él te ha declarado lo que es bueno! ¿Qué requiere de ti el SEÑOR? Solamente hacer justicia, amar misericordia y caminar humildemente con tu Dios.” — Miqueas 6:8 (RVA-2015)

La Humildad y el Amor

Como podrán haber notado, el amor y la humildad van de la mano, tal y como, en oposición, el orgullo y el egoísmo en conjunto destruyen a las personas. La Biblia nos muestra que, por ejemplo, gracias al amor y a la humildad, el apóstol Juan creció espiritualmente, al punto que, se le ha llegado a conocer como el “apóstol de amor”. Vemos cómo la humildad lo transformó: Al principio Juan fue llamado por Jesús (Yeshúa en hebreo) “Hijo del Trueno” (Marcos 3:17), y en su inmadurez espiritual, por su orgullo, Juan estuvo dispuesto a llamar fuego del cielo para quemar una aldea samaritana, por el simple hecho de que no le dieron la bienvenida (Lucas 9:54). Sin embargo, para cuando escribió el Evangelio de Juan, el Espíritu Santo ya había trabajado tanto en su corazón que, en su humildad, ni siquiera utilizó su nombre para referirse a sí mismo, y se llama: “el discípulo a quien Jesús amaba”. Demostrando que estaba tan abrumado porque Yeshúa lo amaba. Su modestia refleja su gran humildad y su amor por el SEÑOR.

“Uno de Sus discípulos, el que Jesús amaba, estaba a la mesa reclinado en el pecho de Jesús.” — Juan 13:23 (NBLA)

“Jacobo y su hermano Juan, hijos de Zebedeo, a quienes les puso por nombre «Boanerges», que significa «Hijos del trueno».” — Marcos 3:17 (RVC)

“Entonces, ustedes como escogidos de Dios, santos y amados, revístanse de tierna compasión, bondad, humildad, mansedumbre y paciencia; soportándose unos a otros y perdonándose unos a otros, si alguien tiene queja contra otro. Como Cristo los perdonó, así también háganlo ustedes. Sobre todas estas cosas, vístanse de amor, que es el vínculo de la unidad.” — Colosenses 3:12-14 (NBLA)

La Humildad y el Perdón

Un principio muy importante en las Escrituras es que el perdón depende de la humildad (Santiago 4:6; Proverbios 3:34; 1 Pedro 5:5). La gracia es el vehículo por el cual obtenemos el perdón de Dios. El SEÑOR resiste a los soberbios, pero da gracia (perdón) a los humildes. Otro beneficio adicional que nos dice Santiago es que, cuando nos humillamos ante el Todopoderoso, somos perdonados de nuestros pecados, y estamos bajo Su protección. Y el diablo no puede hacernos daño, y ni siquiera puede utilizar el orgullo contra nosotros para tentarnos. Por eso Satanás detesta la humildad, y busca que nadie sea humilde.

“Pero Él da mayor gracia. Por eso dice: «Dios resiste a los soberbios, pero da gracia a los humildes». Por tanto, sométanse a Dios. Resistan, pues, al diablo y huirá de ustedes.” — Santiago 4:6-7 (NBLA)

“Ciertamente Él se burlará de los que se burlan, pero a los humildes concederá gracia.” — Proverbios 3:34 (RVA-2015)

En la Parábola del Fariseo y el Publicano en Lucas 18:9-14, Jesús nos da un ejemplo de la relación entre la humildad ante Dios, y el perdón de los pecados, en donde nos presenta un contraste: el Fariseo orgulloso y hasta altanero, que oraba para sí mismo (Lucas 18:11), y el publicano (un recaudador de impuestos) en total sumisión a Dios, en posición de arrepentimiento, quien ni siquiera se atrevía a estar más adelante en el Templo, ni a levantar su mirada, sino que estaba en la parte de atrás, buscando la misericordia de Dios. Yeshúa nos dice que el publicano regresó a su casa justificado, porque Dios da gracia a los humildes.

“A unos que a sí mismos se consideraban justos y menospreciaban a los demás, Jesús les dijo esta parábola: «Dos hombres fueron al templo a orar: uno de ellos era fariseo, y el otro era cobrador de impuestos. Puesto de pie, el fariseo oraba consigo mismo de esta manera: “Dios mío, te doy gracias porque no soy como los demás, que son ladrones, injustos y adúlteros. ¡Ni siquiera soy como este cobrador de impuestos! Ayuno dos veces a la semana, y doy la décima parte de todo lo que gano.” Pero el cobrador de impuestos, desde lejos, no se atrevía siquiera a levantar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho y decía: “Dios mío, ten misericordia de mí, porque soy un pecador.” Yo les digo que éste volvió a su casa justificado, y no el otro. Porque cualquiera que se enaltece, será humillado; y el que se humilla será enaltecido.»” — Lucas 18:9-14 (RVC)

“Humíllense delante del Señor, y Él los exaltará.” — Santiago 4:10 (RVA-2015)

Ejemplos de Humildad en la Biblia

En el pasaje anterior, el fariseo permaneció parado mientras oraba y no fue perdonado. Sin embargo, si nos arrodillamos cuando oramos, en muestra de que nos estamos humillando ante el Todopoderoso, lo hacemos para pedir misericordia, y para que nuestras peticiones sean escuchadas. Nosotros podemos elegir humillarnos o no ante el SEÑOR, pero si decidimos dejarnos llevar por nuestro orgullo, lo único que podemos esperar es un juicio severo. Podemos aprender de los beneficios de la humildad, con el ejemplo en 1 Reyes 21, donde el malvado rey Acab, quien por su orgullo, tomó posesión de la viña de Nabot, pero luego se arrepintió y se humilló, cuando Elías le pronunció el juicio que el SEÑOR tenía en su contra. Y gracias a que el rey Acab se humilló, el juicio divino contra él fue aplazado.

“¿No has visto cómo Acab se ha humillado delante de Mí? Pues por haberse humillado delante de Mí, no traeré el mal mientras él viva; en tiempos de su hijo traeré el mal sobre su casa.” — 1 Reyes 21:29 (RVR-1995)

“Cuando el rey [Josías] oyó las palabras de la Ley, rasgó sus vestidos… Y tu corazón se conmovió, te humillaste delante de Dios al oír Sus palabras sobre este lugar y sobre sus habitantes, y te humillaste delante de Mí, rasgaste tus vestidos y lloraste en Mi presencia, Yo también te he oído, dice Jehová. Yo te recogeré con tus padres, y serás recogido en tu sepulcro en paz, tus ojos no verán todo el mal que Yo traigo sobre este lugar y sobre los que habitan en él.” — 2 Crónicas 34:19, 27-28 (RVR-1995)

Otro ejemplo de humildad lo tenemos en Daniel, quien nunca utiliza la palabra, yo, para referirse a sí mismo. Y cuando en Daniel 4, Nabucodonosor tuvo su sueño acerca del gran árbol, el consejo de Daniel para el rey fue que se humillara ante el SEÑOR, que pusiera fin a sus pecados e iniquidades con rectitud y con misericordia hacia los pobres, para que viviera tranquilo, en paz y prosperidad. Sin embargo, Nabucodonosor no hizo caso, y después de un año, su orgullo hizo que brotara todo lo que tenía en su corazón, y su castigo fue que por 7 años viviera como un animal, hasta que se humillara ante el SEÑOR. Después de este juicio, el rey no solamente obtuvo muy seguramente su salvación, después de ser alguien despiadado y cruel, sino que ganó sabiduría espiritual, y le fue restaurado su reino.

“Pero al fin de los días, yo, Nabucodonosor, alcé mis ojos al cielo, y recobré mi razón, y bendije al Altísimo y alabé y glorifiqué al que vive para siempre. Porque Su dominio es un dominio eterno, y Su reino permanece de generación en generación… Ahora yo, Nabucodonosor, alabo, ensalzo y glorifico al Rey del cielo, porque Sus obras son todas verdaderas y justos Sus caminos. Él puede humillar a los que caminan con soberbia.” — Daniel 4:34, 37 (NBLA)

El fruto del justo es árbol de vida; el que gana almas es sabio.” — Proverbios 11:30 (RVR-1995)

La Humildad y la Conversión de los Incrédulos

La humildad no solamente fomenta la sabiduría, sino también la ganancia de almas (Proverbios 11:30). El rey David, al humillarse en oración en Salmos 51:12-13, menciona que eso le abrirá el camino para evangelizar y para que la gente se convierta. En Lucas 5:8, 10, cuando Pedro, Juan y Santiago se humillaron ante Jesús, se convirtieron en pescadores de hombres. En contraste, el orgullo destruye las posibilidades evangelísticas de una iglesia; mientras que la humildad crea un ambiente donde el SEÑOR puede llevar a la gente a ver a Cristo. Por la humildad de Juan el Bautista, acudían multitudes de todo Jerusalén y de Judea para oírle hablar, preparando el camino para que recibieran el mensaje de Yeshúa. El profeta Isaías se humilló a sí mismo y luego fue enviado a profetizar (Isaías 6:7-8). Después de que Jesús ascendió al Cielo, Sus discípulos dejaron a un lado sus diferencias, y de común acuerdo se humillaron ante el SEÑOR (Hechos 1:12-14; 1 Pedro 3:8); y en Pentecostés, sus corazones pudieron ser llenados con el Espíritu Santo, y miles personas se convirtieron (Hechos 2:1-4).

“Devuélveme el gozo de Tu salvación y espíritu noble me sustente. Entonces enseñaré a los transgresores Tus caminos y los pecadores se convertirán a Ti.” — Salmos 51:12-13 (RVR-1995)

Acudía a él toda la región de Judea, y toda la gente de Jerusalén, y confesando sus pecados, eran bautizados por él en el río Jordán…. Y predicaba, diciendo: «Tras mí viene Uno que es más poderoso que yo, a quien no soy digno de inclinarme y desatar la correa de Sus sandalias.” — Marcos 1:5, 7 (NBLA)

“Con él tocó mi boca, y me dijo: «Esto ha tocado tus labios, y es quitada tu iniquidad y perdonado tu pecado». Y oí la voz del SEÑOR que decía: «¿A quién enviaré, y quién irá por nosotros?». «Aquí estoy; envíame a mí», le respondí.” — Isaías 6:7-8 (NBLA)

Cuando evangelizamos, lo hacemos con un espíritu de humildad por el amor hacia nuestro prójimo; y eso es lo que más molesta al enemigo en esta batalla espiritual, y por tanto, va a promover ataques contra nosotros para evitar que tengamos éxito en la difusión de la buena noticia. Por ejemplo, me enteré hace un par de meses, que un centro de rehabilitación para drogadictos dirigido por un pastor cristiano, que fue atacado por miembros de un cartel de drogas, por el éxito que estaban teniendo al hacer que los jóvenes se alejaran de las drogas, al recibir al SEÑOR en sus corazones, al punto que, estaban afectando el “negocio” de estos criminales. Nuestro Señor Jesucristo nos advierte en las Bienaventuranzas, que nos humillemos cuando seamos perseguidos, y que al mismo tiempo, nos alegremos y regocijemos, porque grande va a ser nuestra recompensa en el Cielo.

Bienaventurados aquellos que han sido perseguidos por causa de la justicia, pues de ellos es el reino de los cielos. Bienaventurados serán cuando los insulten y persigan, y digan todo género de mal contra ustedes falsamente, por causa de Mí. Regocíjense y alégrense, porque la recompensa de ustedes en los cielos es grande, porque así persiguieron a los profetas que fueron antes que ustedes.” — Mateo 5:10-12 (NBLA)

Bienaventurados los mansos: porque ellos recibirán la tierra por heredad.” — Mateo 5:5 (RVA)

En nuestro siguiente artículo continuaremos hablando de la relación de la humildad y la mansedumbre, veremos qué es, con el ejemplo de Moisés, quien fue el hombre más manso/humilde de toda la tierra (Números 12:3). Además, tocaremos el tema del ayuno, y veremos por qué es relevante dentro del tema de la humildad.

¡Que Dios los bendiga!


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