¿Qué es la Misericordia del SEÑOR? (Parte 2)


En el artículo anterior comenzamos a hablar de la misericordia del SEÑOR, y vimos algunos ejemplos de las vidas exitosas de personas en las Escrituras que mostraron misericordia. Ahora veremos por qué nos beneficia el ser misericordiosos.

Ser Misericordiosos nos Beneficia

Cada vez que mostramos misericordia, estamos imitando uno de los atributos del SEÑOR, y Él se deleita cuando lo hacemos, porque Él desea que seamos misericordiosos, y no tanto que le ofrezcamos sacrificios (Oseas 6:6). De hecho, la misericordia es uno de los tres requerimientos para agradar al SEÑOR (Miqueas 6:8), los otros dos son: Hacer justicia y caminar en humildad con el SEÑOR. En Mateo 23:23, nuestro Señor Jesucristo nos enseña que, estos requerimientos mencionados por Miqueas para agradar a Dios: La justicia, la misericordia y la fidelidad, son “los tres preceptos más importantes de la ley”. Sin embargo, los escribas y los fariseos, se consideraban a sí mismos moralmente como muy buenas personas, porque seguían al pie de la letra las tradiciones judías y sus valores morales. Pero Jesús los reprendió, y los llamó “hipócritas”, porque siguiendo sus leyes humanas, menospreciaban lo que realmente es importante: la ley de Dios. Lamentablemente, los fariseos habían endurecido tanto sus corazones, al punto que eran indiferentes ante el sufrimiento de los demás. Les faltaba ser misericordiosos cuando aplicaban la ley que les entregó Moisés.

“¡Oh hombre, Él te ha declarado lo que es bueno! ¿Qué requiere de ti el SEÑOR? Solamente hacer justicia, amar misericordia y caminar humildemente con tu Dios.” — Miqueas 6:8 (RVA 2015)

[Jesús dice] “¡Ay de ustedes, escribas y fariseos, hipócritas que pagan el diezmo de la menta, del anís y del comino, y han descuidado los preceptos más importantes de la ley: la justicia, la misericordia y la fidelidad! Estas son las cosas que debían haber hecho, sin descuidar aquellas.” — Mateo 23:23 (NBLA)

En el pasaje de Juan 9:1-3, los discípulos le preguntaron a Jesús la razón por la que un hombre estaba ciego, porque en esa época era muy común que se pensara que, si alguien tenía alguna aflicción, era debido al pecado propio, o al de sus padres. Esto en base a la interpretación de Deuteronomio 28 y Éxodo 20:4-5. Sin embargo, la Biblia nos muestra otras razones que causan el sufrimiento, como en la historia de Job (Job 1:8-12). En este pasaje, nuestro Señor Jesucristo nos revela otra importante razón: al corregir a Sus discípulos, y explicarles que, este padecimiento de la persona ciega de nacimiento, era para que la misericordia de Dios se manifestara en él, pudiera recuperar la vista, y lo más importante: que seguramente fuera salvado. Como creyentes, debemos de evitar juzgar a las personas por su condición, sin fundamento o conocimiento (Mateo 7:1-2), porque eso es lo que hacen los incrédulos para justificarse, y por ejemplo, inventan alguna excusa para no darle dinero a quien les está pidiendo ayuda en la calle, argumentando: “es que ellos se lo buscaron”, “es que están pidiendo dinero en lugar de ponerse a trabajar”, “es que usan el dinero para emborracharse o drogarse”, entre otros pretextos. En realidad, uno desconoce por lo general, la razón por la cual una persona esté pasando necesidad, y en lugar de juzgarla, debemos de ser compasivos y brindarle la ayuda que nos solicitan. Cristo nos dice que debemos darle a quien nos pida (Lucas 6:30), esto incluye apoyar con dinero, comida, nuestros recursos, inclusive con nuestro tiempo; o ayudar si nos piden un favor, en lo que se necesite. Siempre y cuando vaya de acuerdo a los mandatos del SEÑOR, y esté a nuestro alcance poder hacerlo. Recuerde que, nuestro propósito siempre es darle gloria a Dios, y Él siempre nos va a recompensar, como a José, quien buscaba ser liberado de prisión, y le pidió ayuda al copero, a quien había ayudado al interpretarle su sueño. Pero el SEÑOR fue más allá, y no solo lo liberó de prisión, sino que lo hizo gobernador de la nación más poderosa de su época. Para mayor información puede ver nuestro artículo: ¿Cómo salir de deudas?, en donde tratamos algunos de los aspectos financieros bíblicos, y por qué necesitamos tener un presupuesto para darles a quienes veamos pasando necesidad en la calle, y le mostramos cómo el SEÑOR bendice a los misericordiosos (Mateo 5:7).

El que tiene piedad sobre los pobres le presta al SEÑOR; y eso que él ha dado, Él se lo pagará de regreso.” — Proverbios 19:17 (BRJ-VYD)

Den, y se les dará una medida buena, incluso apretada, remecida y desbordante. Porque con la misma medida con que ustedes midan, serán medidos.»” — Lucas 6:38 (RVC)

No se Puede Servir a Dios y a las Riquezas

[Jesús dice] “Nadie puede servir a dos señores; porque o aborrecerá a uno y amará al otro, o apreciará a uno y despreciará al otro. Ustedes no pueden servir a Dios y a las riquezas.” — Mateo 6:24 (NBLA)

Nuestro SEÑOR espera que seamos misericordiosos con nuestro prójimo, y en la mayoría de los casos, los creyentes no tienen ningún problema de ayudar a los demás haciendo uso de los dones que recibieron de nuestro Creador, pero cuando se trata de cuestiones de dinero, algunos son reacios para darle al que necesita. Recordemos que todo lo que tenemos es del SEÑOR, ¡absolutamente nada es nuestro! Nosotros tan solo estamos aquí en la tierra como inquilinos (Levítico 25:23), para servir a Dios; y se nos encomendó, administrar y custodiar los bienes que le pertenecen al Todopoderoso (Éxodo 19:5; Job 41:11). Jesús nos advierte para que no vayamos a comportarnos como las personas sin compasión descritas en la Parábola de los Arrendatarios Malvados en Mateo 21:33-45, porque su castigo va a ser la muerte. Nuestro SEÑOR siempre está evaluando y corrigiendo a Sus hijos que ama: los creyentes vueltos a nacer (Hebreos 12:5-7), para ver cómo hemos cumplido con el trabajo en Sus campos, mientras que estamos de paso (Salmos 39:4-51, 78:39, 144:4; Pedro 1:24; Santiago 4:14), porque no nos vamos a llevar nada material de este mundo. De hecho, Jesús dijo que si queremos “ser perfectos” entonces deberíamos de vender todo lo que tengamos y repartirlo entre los pobres, y así ganaríamos tesoro en el Cielo (Mateo 19:21). Por tanto, don que recibamos de Dios lo tendríamos que repartir de la mejor manera que podamos a los demás. Es parecido al juego de cartas llamado Uno: donde los jugadores reciben sus cartas al principio y, al final, el jugador que logre deshacerse (o repartir) primero todas sus cartas (sus tesoros o talentos que tiene) es el ganador. Sin embargo, la mayoría de las personas se comportan en la vida de forma contraria: como si estuvieran jugando Monopoly, atesorando bienes materiales sin parar, pero al final del juego, todas esas “propiedades y riquezas” no tienen ningún valor, ya que son ficticias y terminan adentro de una caja. Satanás y el sistema de valores del mundo han puesto en las mentes de las personas que la principal aspiración en esta vida es la de amasar fortunas y “ser felices”, como se describe en la Parábola del Rico Insensato (Lucas 12:13-21). Pero el SEÑOR espera que hagamos lo contrario: que así como recibimos de Él (Juan 3:27), que también nosotros demos, incluso Jesús dijo: “Más bienaventurado es dar que recibir” (Hechos 20:35). Y si Él nos pide que compartamos de lo que Él nos dio, eso es exactamente lo que necesitamos hacer. ¿De qué le sirve al hombre rico amasar grandes fortunas?, si cuando se muere no se puede llevar nada material consigo. Pero nuestras buenas acciones, como los actos de misericordia y otras muestras de amor al prójimo, esas sí nos las podemos llevar (Apocalipsis 14:13).

“Entonces oí una voz que venía del cielo, la cual me decía: «Escribe: De aquí en adelante, bienaventurados sean los que mueren en el Señor.» Y el Espíritu dice: «Sí, porque así descansarán de sus trabajos, pues sus obras los acompañan.»” — Apocalipsis 14:13 (RVC)

“En todo les he demostrado que trabajando así es necesario apoyar a los débiles, y tener presente las palabras del Señor Jesús, que dijo: ‘Más bienaventurado es dar que recibir’”.” — Hechos 20:35 (RVA-2015)

“¿De qué le servirá al hombre ganar todo el mundo, si pierde su alma? ¿O qué dará el hombre a cambio de su alma?, porque el Hijo del hombre vendrá en la gloria de Su Padre, con Sus ángeles, y entonces pagará a cada uno conforme a sus obras.” — Mateo 16:26-27 (RVR-1995)

Y si usted todavía está influenciado por los valores del mundo y piensa: “Yo no quiero dar porque se me va a acabar”, recuerde que Dios es nuestro proveedor y que conoce cuáles son nuestras necesidades, mucho antes que nosotros las sepamos. El SEÑOR se deleita de ser nuestro proveedor de todo lo que necesitamos (Filipenses 4:19): como el simbolismo que observamos en el candelabro del Templo, la menorá, cuya flama o luz siempre debe de estar prendida, por lo que, los sacerdotes se encargaban de llenar constantemente las lámparas con aceite (el cual simboliza al Espíritu Santo). Así como nada le falta a la luz de la menorá, de igual forma, Dios nos dará lo que necesitamos porque Cristo nos dijo que nosotros somos la luz del mundo (Mateo 5:14). Recuerde también, la analogía bíblica de que las personas somos como árboles, y que si obedecemos Sus Mandamientos, seremos como árboles plantados junto a las aguas (Jeremías 17:7-8; Salmos 1:2-3). Esta semana escuché al pastor, John Torell, quien explicó acerca de cómo el SEÑOR siempre ha provisto todo lo necesario para él y su ministerio; y algo que mencionó fue que: “Dios siempre provee en el momento justo, nunca se retrasa, pero tampoco se adelanta.” Por lo que no pensemos que, por ser creyentes vueltos a nacer, ya vamos a tener resueltos todos nuestros problemas en la vida y todas nuestras necesidades cubiertas antes de tiempo. Jesús nos enseñó que pidiéramos por el pan de cada día, no para que llenáramos la alacena para todo el mes. Más bien, el SEÑOR va a poner nuestra fe a prueba preguntándonos todos los días: ¿Confías en Mí? Y algunas veces cuando enfrentemos grandes problemas, nuestra fe en el SEÑOR será lo único que nos ayudará a superarlos, a crecer espiritualmente, y a acercarnos más al Todopoderoso.

Bendito el hombre que confía en el SEÑOR, y cuya confianza es el SEÑOR. Será como un árbol plantado junto a las aguas y que extiende sus raíces a la corriente. No temerá cuando venga el calor, sino que sus hojas estarán verdes. En el año de sequía no se inquietará ni dejará de dar fruto.” — Jeremías 17:7-8 (RVA 2015)

“Yo fui joven, y ya soy viejo, y no he visto al justo desamparado, ni a su descendencia mendigando pan.” — Salmos 37:25 (LBLA)

¿Cómo Puedo ser Misericordioso?

Hay muchas formas de mostrar misericordia, Erasmo de Róterdam dijo que los misericordiosos son: “Quienes, a través de amor fraternal, cuentan la miseria de otra persona como la propia; quienes lloran sobre las calamidades de otros; quienes, de sus propios recursos, alimentan al hambriento y visten al desnudo; quienes reprenden a aquellos que están en error, informan al ignorante, perdonan al que ofende; y quienes, en pocas palabras, usan sus máximos esfuerzos para aliviar y confortar a otros.” En nuestro artículo Los 7 Espíritus del Señor: Poder (Parte 2) vimos el llamado bíblico que tenemos para fortalecer a los demás, para restaurarlos, tanto de forma física como de forma espiritual. Vimos que, por ejemplo, al alimentar a alguien lo estamos fortaleciendo. Quizás se de cuenta de alguien que esté triste o deprimido, y una buena palabra suya de aliento, le puede traer alivio y fortalecerlo.

La pesadez en el corazón del hombre lo hace decaer, pero una buena palabra lo hace alegre.” — Proverbios 12:25 (BRJ-VYD)

“Panal de miel son las palabras agradables, dulces al alma y salud para los huesos.” — Proverbios 16:24 (NBLA)

Recuerda alguna ocasión en la que usted hubiera estado triste, necesitado de algo, o que hubiera estado herido o enfermo, y cuando alguien vino a ofrecerle su ayuda, o a consolarlo, ¿verdad que se sintió como refrescado? Sintió un alivio. Dios le envió esa ayuda cuando usted más la necesitaba. Las Escrituras nos enseñan que, el que es generoso y ayuda a su prójimo, será recompensado. Cuando las personas están cerca de Dios y obedecen Sus mandamientos, Él Señor los ayudará y sacará de sus aflicciones (Salmos 18:19, 50:15, 118:5-6, 138:7; Nahúm 1:7). El rey Salomón nos habla de la misericordia al hacer la siguiente analogía: El que riega también será regado (Proverbios 11:25). Y qué mejor forma de refrescar a las personas que dándoles a comer y beber de la Palabra de Dios, nuestra Fuente de Aguas Vivas (Jeremías 2:13, 17:13) y nuestro Pan de Vida (Juan 6:35). Al evangelizar a las personas les estamos dando alimento espiritual a los hambrientos y sedientos, es una forma de mostrar misericordia, porque sabemos la necesidad espiritual por la que están pasando cuando están lejos de Dios, y los pesares que acarrea ese estilo de vida.

“Por tanto, el SEÑOR espera para tener piedad de ustedes; por eso, se levanta para tener misericordia de ustedes. Porque el SEÑOR es un Dios de justicia, ¡bienaventurados son todos los que esperan en Él!” — Isaías 30:18 (RVA-2015)

“El alma generosa será prosperada, y el que riega será también regado.” — Proverbios 11:25 (NBLA)

Tenemos la encomienda de ayudar a quienes lo necesitan, según nuestras habilidades y recursos. Juan El Bautista dijo que si tiene dos prendas de vestir comparta con el que no tiene (Lucas 3:11), es la misma enseñanza de Jesús acerca de vestir al desnudo y alimentar al hambriento (Mateo 25:34-36). Y por lo mismo, resulta mucho más difícil para los ricos entrar al Reino de Dios (Mateo 19:23-24), porque se dedican a atesorar riquezas terrenales, en lugar de compartir lo que tienen con quienes pasan necesidad, y enriquecer su relación con Dios. Vemos el mismo ejemplo en la Parábola del Rico Insensato en Lucas 12:15-21, en donde nuestro Señor nos advierte que nos cuidemos contra todo tipo de avaricia.

“Y les dijo a ellos: «Pongan atención, y cuídense de la avaricia: Porque la vida del hombre no consiste en la abundancia de las cosas que posee.»” — Lucas 12:15 (BRJ-VYD)

Jesús, al oírlo, le dijo: —Aún te falta una cosa: Vende todo lo que tienes y repártelo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven, sígueme. Entonces él, al oír estas cosas, se entristeció mucho porque era muy rico. Jesús, al ver que se había entristecido mucho, dijo: —¡Cuán difícilmente entrarán en el reino de Dios los que tienen riquezas! Porque más fácil le es a un camello pasar por el ojo de una aguja, que a un rico entrar en el reino de Dios.” — Lucas 18:22-25 (RVA-2015)

En nuestro siguiente artículo continuaremos hablando acerca de otros aspectos de la misericordia de Dios; veremos una lección de misericordia que Dios le dio al profeta Jonás, y además veremos que debemos extender nuestra misericordia aún a los animales, para que nos vaya bien y tengamos largas vidas. También hablaremos de las fatales consecuencias que conlleva la falta de misericordia.

¡Que Dios los Bendiga!


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