Los 7 Espíritus del Señor: Poder (Parte 2)

En el artículo anterior hablamos acerca de algunos aspectos del Espíritu de Poder como autoridad y gobierno. También mencionamos diferentes términos en hebreo para referirnos al Todopoderoso; además vimos que Sus actos poderosos como los eventos del Éxodo, demuestran el Poder de Dios, así como Sus milagros durante el ministerio de Jesucristo aquí en la Tierra. Ahora veremos el aspecto de fuerza, fortalecimiento y ayuda del Espíritu de Poder.

El Espíritu de Poder nos provee las fuerzas

Dios es poder, y las fuerzas que nos da nuestro SEÑOR a través de Su Espíritu de Poder, pueden ser: físicas, emocionales y espirituales. Para ello, encontramos que las Escrituras utilizan términos como: fortalecer; ayudar; animar o reanimar; sustentar o sostener; restaurar.

“Todo lo puedo en Cristo que me fortalece.” — Filipenses 4:13 (NBLA)

“No temas, porque Yo estoy contigo. No tengas miedo, porque Yo Soy tu Dios. Te fortaleceré, y también te ayudaré. También te sustentaré con la diestra de Mi justicia’.” — Isaías 41:10 (RVA 2015)

Las Escrituras nos presentan un ejemplo claro de un hombre que recibía fuerzas sobrenaturales del Espíritu de Poder. Nos referimos a Sansón, quien fue uno de los jueces de Israel.

“Entonces Sansón descendió a Timnat con su padre y con su madre, y llegó hasta los viñedos de Timnat. Y allí un león joven venía rugiendo hacia él. Pero el Espíritu del Señor vino sobre él con gran poder, y lo despedazó como se despedaza un cabrito, aunque no tenía nada en su mano. Pero no contó a su padre ni a su madre lo que había hecho.” — Jueces 14:5-6 (NBLA)

“Pero Sansón permaneció acostado hasta la medianoche, y a la medianoche se levantó, y tomando las puertas de la ciudad con los dos postes, las arrancó junto con las trancas. Entonces se las echó sobre los hombros y las llevó hasta la cumbre del monte que está frente a Hebrón.” — Jueces 16:3 (NBLA)

Vemos en diferentes pasajes en la historia de Sansón que el Espíritu del SEÑOR “vino” o “descendió” sobre él con gran poder, entendemos que se trata del Espíritu de Poder del SEÑOR quien le dio a Sansón sus extraordinarias fuerzas (Jueces 13:25; 14:5-6,19, 15:14). Inclusive vemos cómo el Espíritu de Poder le dio una fuerza sobrehumana para derribar las columnas del templo de los filisteos (Jueces 16:28-31).

“Al llegar él a Lehi, los filisteos salieron a su encuentro gritando. Y el Espíritu del Señor vino sobre él con poder, y las sogas que estaban en sus brazos fueron como lino quemado con fuego y las ataduras cayeron de sus manos. Y halló una quijada de asno fresca aún, y extendiendo su mano, la tomó y mató a 1,000 hombres con ella.” — Jueces 15:14-15 (NBLA)

Las fuerzas físicas no están limitadas a fuerzas sobrehumanas como las de Sansón, incluso las fuerzas normales que necesitamos para ponernos de pie y caminar, para poder llevar a cabo nuestras actividades cotidianas, necesitamos reconocer que Dios es quien nos las da. A pesar de que sea algo que quizás demos por hecho, o que nos parezca normal. Estas fuerzas son traducidas en las Escrituras en algunas versiones como “poder para hacer riquezas”.

“No sea que digas en tu corazón: ‘Mi fuerza y el poder de mi mano me han traído esta prosperidad. Al contrario, acuérdate del SEÑOR tu Dios. Él es el que te da poder para hacer riquezas, con el fin de confirmar Su pacto que juró a tus padres, como en este día.” — Deuteronomio 8:17-18 (RVA 2015)

El autor cristiano Bill Wiese en su libro 23 Minutos en el Infierno, en el cual narra su experiencia de haber estado en el Infierno, menciona que cuando estuvo prisionero en ese lugar no tenía fuerzas, dice:

Quería desesperadamente levantarme y correr. Pero mientras yacía en el piso de esa celda inmunda, me di cuenta que no tenía fuerzas en mi cuerpo en lo absoluto. Muy apenas podía moverme. ¿Por qué no tenía fuerzas? Me sentí tan indefenso. El Salmo 88:4 dice “Soy contado con los que descienden a la fosa; soy como un hombre sin fuerzas“. Sabía que era mucho más que debilidad física lo que sentía. De hecho, era debilidad en todas las formas. Estaba drenado mentalmente y emocionalmente, incluso cuando solo había estado ahí unos cuantos minutos. La mayoría de nosotros ha experimentado una pérdida de fuerzas o de energía luego de llorar intensamente, angustia emocional, o duelo. Luego de un tiempo de curación nosotros recobramos esas fuerzas, aunque puede tomar años. Sin embargo, en ese momento sentí que nunca habría un tiempo para recuperarme de ese peso literal que había caído sobre mí—el peso de la desesperación sin esperanza.” — Bill Weiss, 23 Minutes in Hell, p.4.

Fuerzas Emocionales o Mentales

Entendemos que las fuerzas sobrenaturales que recibimos del Espíritu de Poder también pueden ser emocionales, o mentales, por ejemplo, al ser valiente, al no tener miedo, también al resistir agresiones verbales, al no ofendernos fácilmente si alguien nos insulta (ver además Proverbios 16:32, 15:18), al mantener la compostura y el auto-control ante tales agresiones emocionales. Ese poder es una capacidad para resistir (aguantar, perdurar), como una roca (Job 6:12), es uno de los ministerios del Espíritu de Poder. Solamente con la ayuda del Espíritu Santo podríamos hacer lo que Jesús nos pide, ya que nuestra naturaleza carnal no puede.

“¡Así que sé fuerte y valiente! No tengas miedo ni sientas pánico frente a ellos, porque el Señor tu Dios, Él mismo irá delante de ti. No te fallará ni te abandonará».” — Deuteronomio 31:6 (NTV)

[Dice Jesús] “Pero a ustedes los que oyen, les digo: amen a sus enemigos; hagan bien a los que los aborrecen; bendigan a los que los maldicen; oren por los que los insultan. Al que te hiera en la mejilla, preséntale también la otra; y al que te quite la capa, no le niegues tampoco la túnica. A todo el que te pida, dale, y al que te quite lo que es tuyo, no se lo reclames.” — Lucas 6:27-30 (NBLA)

Después de que el rey David fue ungido con el Espíritu Santo, el defendió el rebaño de su padre Isaí con gran valor, al enfrentarse en contra de (al menos) un león y un oso, algo que solo es posible con la ayuda mental y física del Espíritu de Poder. Esta fue la misma ayuda que recibió David en otra ocasión, cuando lleno de valor venció al gigante filisteo Goliat, cuando todos los demás guerreros israelitas le temían (1 Samuel 17).

“David respondió a Saúl: —Tu siervo ha sido pastor de las ovejas de su padre. Y cuando venía un león o un oso y tomaba alguna oveja del rebaño, yo salía tras él, lo hería y la rescataba de su boca. Si se levantaba contra mí, yo lo agarraba por la melena, lo hería y lo mataba. Fuera león o fuera oso, tu siervo lo mataba. Ese filisteo incircunciso será como uno de ellos, porque ha desafiado a los escuadrones del Dios viviente.” — 1 Samuel 17:34-36 (RVA-2015)

“Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio.” — 2 Timoteo 1:7 (NBLA)

Por otro lado, las Escrituras nos hacen un llamado a fortalecer a nuestros semejantes (Levítico 25:35; Deuteronomio 1:38; 3:28, 15:7) y encontramos ejemplos de esto (Josué 10:25; Job 16:5; 2 Samuel 2:7; 1 Reyes 2:1-4; 1 Crónicas 19:13, 28:20; 2 Crónicas 32:8; Proverbios 25:11). Y cuando le damos palabras de aliento a alguien, o lo motivamos, lo estamos fortaleciendo, porque fortalecer es dar poder, y el Espíritu de Poder es quien está apoyándonos.

“Pero encarga a Josué, y anímalo y fortalécelo, porque él pasará a la cabeza de este pueblo, y él les dará por heredad la tierra que tú verás”.” — Deuteronomio 3:28 (NBLA)

“En caso de que un hermano tuyo empobrezca y sus medios para contigo decaigan, tú lo sustentarás como a un extranjero o peregrino, para que viva contigo.” — Levítico 25:35 (NBLA)

Y cuando las personas están débiles ya sea físicamente, o emocionalmente, al fortalecerlas es como si estuviéramos haciendo una restauración, de hecho, la misma palabra hebrea חָזַק – jazák para fuerza y fortalecer es utilizada para reparar (2 Reyes 12:12). De hecho, tenemos al levita José de Chipre, quien tenía tan fuertes los regalos del Espíritu de Poder, que los apóstoles le llamaban Bernabé, porque fortalecía emocionalmente a los que lo rodeaban.

“Por ejemplo, había un tal José, a quien los apóstoles le pusieron el sobrenombre Bernabé (que significa «hijo de ánimo»). Él pertenecía a la tribu de Leví y era oriundo de la isla de Chipre.” — Hechos 4:36 (NTV)

“Y el Dios de la esperanza los llene de todo gozo y paz en el creer, para que abunden en esperanza por el poder [dúnamis] del Espíritu Santo.” — Romanos 15:13 (NBLA)

Cuando alimentamos al hambriento, o le damos de beber al sediento, tal como nos manda el Señor, lo estamos fortaleciendo, le estamos dando poder, lo estamos restaurando. Incluso tenemos la encomienda de alimentar y saciar la sed de nuestros enemigos (Proverbios 25:21-22; Romanos 12:20).

Alimenten a los hambrientos y ayuden a los que están en apuros. Entonces su luz resplandecerá desde la oscuridad, y la oscuridad que los rodea será tan radiante como el mediodía.” — Isaías 58:10 (NTV)

Si tu enemigo tiene hambre dale de comer pan; y si tiene sed dale de beber agua; pues así carbones encendidos tú amontonas sobre su cabeza, y el SEÑOR te recompensará.” — Proverbios 25:21-22 (RVA 2015)

Fuerzas Físicas y Espirituales

Esta restauración de fuerzas, de poder, puede ser tanto física como espiritual, como lo vimos en Descifrando Palabras Clave: Leche y Miel, podemos alimentar a las personas de forma física, o bien espiritual, con la Palabra de Dios, porque sabemos que no solo de pan vive el hombre (Deuteronomio 8:3; Mateo 4:4). Dios es poder y Él quiere que lo imitemos y que seamos como Él, fortalecer a nuestro prójimo al alimentarlo física y espiritualmente es parte de amarlo también.

“Pero Jesús le respondió: «Escrito está: “No solo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios”».” — Mateo 4:4 (NBLA)

“Porque escrito está: «Sean santos, porque YO SOY santo».” — 1 Pedro 1:16 (NBLA)

Todo el poder proviene de Dios, Él es quien nos da las fuerzas (Deuteronomio 8:17-18; Salmos 29:11), Él es nuestra fuerza (Salmos 18:1-2, 19:14, 22:19, 27:1, 28:7, 29:11, 37:39, 118:14; Isaías 12:2; Jeremías 16:19; Habacuc 3:19) para realizar las actividades que necesitamos hacer; debemos amar a Dios con todas nuestras fuerzas (Deuteronomio 6:5). Por otro lado, al observar el Shabát, nos renueva nuestras fuerzas:

“Seis días trabajarás, pero el séptimo día dejarás de trabajar, para que descansen tu buey y tu asno, y para que el hijo de tu sierva, así como el extranjero renueven sus fuerzas.” — Éxodo 23:12 (NBLA)

El SEÑOR también nos da el poder y las fuerzas que necesitamos para que proclamemos Su Palabra, el Evangelio de Salvación, o para que mostremos a las personas que se han desviado de los caminos de Dios la forma de regresar a Él.

“Yo, en cambio, estoy lleno de poder, del Espíritu del Señor, y de juicio y de valor, para dar a conocer a Jacob su rebelión, y a Israel su pecado.” — Miqueas 3:8 (NBLA)

Con el poder de señales y prodigios, en el poder del Espíritu de Dios, De manera que desde Jerusalén y por los alrededores hasta el Ilírico he predicado en toda su plenitud el evangelio de Cristo.” — Romanos 15:19 (NBLA)

Hay otra palabra griega usada para poder, es ἐξουσία – ejosía, que significa poder, autoridad:

“Llamando a Sus doce discípulos, Jesús les dio poder [ejosía] sobre los espíritus inmundos para expulsarlos y para sanar toda enfermedad y toda dolencia.” — Mateo 10:1 (NBLA)

Jesucristo nos da, como creyentes, el poder sobre espíritus inmundos, para vencerlos, y que ellos no nos hagan daño, siempre y cuando estemos bajo Su protección, de lo contrario estaremos nosotros solos contra ellos, algo que no es nada recomendable.

“Todos quedaron asombrados y hablaban entre sí diciendo: —¿Qué palabra es esta, que con autoridad [ejousía] y poder [dúnamis] manda a los espíritus inmundos, y salen?” — Lucas 4:36 (RVA 2015)

[Dice Jesús] “Sí, Yo les he dado a ustedes poder para pisotear serpientes y escorpiones, para vencer todo el poder del enemigo, y nada les hará daño. Sin embargo, no se alegren de que los espíritus les obedezcan, sino alégrense de que sus nombres están escritos en el cielo.” — Lucas 10:19-20 (NBV)

Una de las funciones principales del Espíritu de Poder es que la humanidad le dé gloria a Dios y Su nombre sea proclamado por toda la tierra como nos explica el apóstol Pablo:

“Porque la Escritura dice a Faraón: «Para esto mismo te he levantado, para demostrar Mi poder [dúnamis] en ti, y para que Mi nombre sea proclamado por toda la tierra».” — Romanos 9:17 (NBLA)

“Acercándose Jesús, les dijo: «Toda autoridad [ejosía] me ha sido dada en el cielo y en la tierra.” — Mateo 28:18 (NBLA)

La diferencia entre los Milagros y la Magia

El Espíritu de Poder se manifiesta con obras milagrosas en las Escrituras, porque la palabra milagro es la misma palabra de poder, δύναμις – dúnamis (Marcos 6:2, Lucas 19:37).

“Cuando llegó el día de reposo, comenzó a enseñar en la sinagoga; y muchos que escuchaban se asombraban, diciendo: «¿Dónde obtuvo Este tales cosas, y cuál es esta sabiduría que le ha sido dada, y estos milagros [dúnamis] que hace con Sus manos?” — Marcos 6:2 (NBLA)

“Cuando llegó a donde comienza la bajada del monte de los Olivos, todos sus seguidores empezaron a gritar y a cantar mientras alababan a Dios por todos los milagros maravillosos [dúnamis] que habían visto.” — Lucas 19:37 (NTV)

“Y no hizo muchos milagros [dúnamis] allí a causa de la incredulidad de ellos.” — Mateo 13:58 (NBLA)

Cuando el Espíritu de poder hace un milagro, a través de un creyente vuelto a nacer, para sanar a otra persona que cree que Dios lo puede curar, provoca un crecimiento en la fe de ambas personas, al ser testigos de su maravilloso poder (Mateo 9:22; Lucas 17:19, 18:42; Hechos 14:8-10).

“Pero Jesús, volviéndose y viéndola, dijo: «Hija, ten ánimo, tu fe te ha sanado». Y al instante la mujer quedó sana.” — Mateo 9:22 (NBLA)

Cuando ponemos nuestra fe en el poder de Dios, todas las cosas son posibles para el Espíritu de Poder (Marcos 9:23). Inclusive Jesús nos dijo que podemos hacer cosas mayores para el reino de Dios (Juan 14:12).

“Y muchas veces le echa en el fuego y en aguas, para matarle; mas, si puedes [dúnamai] algo, ayúdanos, teniendo misericordia de nosotros. Y Jesús le dijo: Si puedes creer, al que cree todo es posible [dunatós].” — Marcos 9:22-23 (RVA)

“En verdad les digo: el que cree en Mí, las obras que Yo hago, él las hará también; y aún mayores que estas hará, porque Yo voy al Padre.” — Juan 14:12 (NBLA)

Por otro lado, en su batalla espiritual Satanás trata de plagiar el poder de Dios, con lo que hoy llamamos “magia”, que es una imitación muy limitada del poder divino, procedente de fuentes oscuras y demoniacas, siendo en esencia muy diferente a los milagros de Dios y Su Espíritu de Poder. Dios es omnipotente y tan solo con Su palabra se llevan a cabo los milagros. En contraste, la magia requiere de rituales, hechizos y conjuros para solicitar a fuerzas demoniacas que lleven a cabo la magia, la cual, no necesariamente se podrá cumplir, dado el poder limitado de los espíritus inmundos, porque trabajan de forma caprichosa, no lo hacen de forma gratuita, y tampoco aprecian a los magos o brujos. Así que para la persona que practica la magia no siempre le funciona, pero siempre adquiere una deuda que tiene que pagar a estas entidades demoniacas; lo más nocivo de la magia es que hace que las personas pongan su fe en las fuerzas oscuras, y se alejen del SEÑOR. Por ejemplo, cuando el rey Nabucodonosor tuvo un sueño que lo perturbó (Daniel 2:1-3), él olvidó lo que soñó (Daniel 2:5), y quería que sus magos y hechiceros le recordaran qué había soñado y que le dijeran qué significaba el sueño (Daniel 2:5), nadie podía hacerlo utilizando la hechicería (Daniel 2:10-11), solo Daniel pudo decirle al rey lo que soñó y su interpretación luego de hacer oración y que Dios le revelara el secreto (Daniel 2:16-45).

“Si no me dan a conocer el sueño, habrá una sola sentencia para ustedes. Ciertamente se han puesto de acuerdo para dar una respuesta mentirosa y corrupta delante de mí, entre tanto que las circunstancias cambien. Por tanto, díganme el sueño, para que yo sepa que también pueden declarar su interpretación. Los caldeos respondieron delante del rey: —No hay hombre sobre la tierra que pueda declarar el asunto del rey, porque ningún rey grande y poderoso ha pedido cosa semejante a ningún mago ni encantador ni caldeo. Además, el asunto que el rey pide es difícil, y no hay delante del rey quien lo pueda declarar, salvo los dioses, cuya morada no está con los mortales.” — Daniel 2:9-11 (RVA 2015)

Así que no importa de qué clase de magia estemos hablando, todas son demoniacas, y debemos de huir de ellas, ya sea magia blanca o negra, la mostrada en caricaturas de Disney, los espectáculos de magos como David Copperfield, Chris Angel, David Blaine, entre otros; las lecturas del tarot, visitas a videntes, médiums o psíquicos; interesarse en horóscopos, cartas astrales, viajes astrales; acudir a sesiones espiritistas, o de hipnosis, aunque sea a modo de juego o pasatiempo, utilizar una ouija, portar amuletos (por ejemplo contra “el mal de ojo”), interesarse en el vudú, etc., todas estas prácticas son abominables y las debemos evitar a toda costa. Para mayor referencia puede ver nuestros artículos ¿Existe la Suerte? y la serie ¿Qué es el don de discernimiento de Espíritus?

La debilidad, la pérdida de la fuerza

A veces nos suceden cosas que nos dejan exhaustos de forma física, mental o emocional, y nos sentimos débiles, que perdimos todas las energías, o que “nos quedamos sin pila”. Esta pérdida de fuerzas puede suceder por diferentes razones, por ejemplo, luego de experimentar angustia emocional, al estar de duelo, luego de llorar mucho, o bien físicamente luego de caminar mucho, pasar mucho tiempo bajo el sol intenso y sentirnos deshidratados (Jonás 4:8). Normalmente luego de que esto sucede nos tomamos un descanso para recuperar esas fuerzas, y la comida y la bebida nos ayudan enormemente en esa recuperación.

Susténtenme con tortas de pasas, reanímenme con manzanas, porque estoy enferma de amor.” — Cantar de Cantares 2:5 (NBLA)

“Hallaron en el campo a un hombre egipcio y lo llevaron a David. Le dieron pan para comer y agua para beber. También le dieron un pedazo de torta de higos secos y dos tortas de pasas. Después que comió, recobró sus fuerzas, pues no había comido pan ni había bebido agua durante tres días y tres noches.” — 1 Samuel 30:11-12 (RVA 2015)

Considere la ocasión en que Esaú, el hermano de Jacob, estaba tan hambriento que no le importó cederle a su hermano sus derechos de hijo primogénito, a cambio de un plato de lentejas (Génesis 25:29-34); luego de que Jesucristo resucitó a la joven de doce años, pidió que le dieran algo de comer a la niña (Marcos 5:37-43). Encontramos que la comida física juega un papel importante para nuestro bienestar, recordemos también cuando Jesucristo resucitado, luego de que vieran Sus manos y Sus pies (Lucas 24:39-40), y para que se dieran cuenta que realmente se trataba de Él, les preguntó por comida (Lucas 24:41-43) a Sus discípulos. Además, en otra ocasión, luego de Su resurrección, invitó a desayunar a Sus apóstoles (Juan 21:9-14).

Por otro lado, en las Escrituras encontramos lo que le sucedió al profeta Elías, quien luego de que Jezabel lo amenazara de muerte (1 Reyes 19:2), se sintió tan mal que le pidió a Dios que tomara su vida (1 Reyes 19:4). Luego un ángel lo despertó para darle una comida, que le dio tanta fuerza para luego aguantar 40 días y 40 noches para llegar a Horeb, el monte de Dios.

“Se levantó, pues, y comió y bebió, y con la fuerza [coáj] de aquella comida caminó cuarenta días y cuarenta noches hasta Horeb, el monte de Dios.” — 1 Reyes 19:8 (NBLA)

Y por el contrario, vemos que el rey Saúl luego de no haber comido, había perdido las fuerzas:

“De repente cayó Saúl en tierra cuan largo era, lleno de temor por las palabras de Samuel. Estaba sin fuerzas, porque no había comido durante todo aquel día y toda aquella noche.” — 1 Samuel 28:20 (RVR 1995)

El pasaje en Isaías del herrero que hace ídolos, que pierde sus fuerzas, está hambriento tanto física como espiritualmente. Para mayor información acerca del hambre espiritual puede ver nuestro artículo Descifrando Palabras Clave: Leche y Miel.

“El herrero toma una herramienta y trabaja sobre las brasas. Le da forma con el martillo y trabaja con la fuerza [coáj] de su brazo. Luego tiene hambre, y le faltan las fuerzas [coáj]; no bebe agua, y desfallece.” — Isaías 44:12 (RVA 2015)

Es tan importante recuperar las fuerzas, porque de lo contrario, morimos (2 Crónicas 13:20; Salmos 22:15, 31:10, 102:23)

“Pero los que esperan en el Señor renovarán sus fuerzas. Se remontarán con alas como las águilas, correrán y no se cansarán, caminarán y no se fatigarán.” — Isaías 40:31 (NBLA)

Por otro lado, supe de una historia que sucedió, de un cazador en Estados Unidos, de edad mayor, quien se encontró a otro cazador, un joven que se encontraba muy mal herido, luego de haber sido atacado ferozmente por un oso. El cazador anciano encontró que se le hacía muy pesado, cargar al joven cazador herido, no podía, lo cargaba unos cuantos pasos y se cansaba muy rápidamente, entonces hizo oración: le pidió a Dios que le diera las fuerzas que necesitaba para poder auxiliar a ese joven, en su oración le pidió tener tantas fuerzas como cuando era joven, y Dios escuchó su oración y le concedió su petición: Entonces el viejo cazador pudo cargar al joven herido y llevarlo para que le dieran la atención médica que necesitaba, y pudo así salvar su vida. Podemos deducir que Dios le envió a Su Espíritu de Poder para que físicamente pudiera llevar a cabo ese rescate.

Por otro lado, encontramos en la Biblia que al no ayudar o fortalecer al necesitado, estamos omitiendo hacer algo que Dios requiere que hagamos.

“¿En qué ayudaste al que no tiene poder? ¿Cómo has amparado al brazo sin fuerza? ¿En qué aconsejaste al que no tiene conocimientos [sabiduría]?” — Job 26:2-3a (RVR 1977)

“No dabas a beber agua al cansado, y le negabas pan al hambriento.” — Job 22:7 (NBLA)

“No oprime a nadie, ni retiene la prenda, ni comete robo, sino que da su pan al hambriento y cubre al desnudo con ropa” — Ezequiel 18:16 (NBLA)

Y la omisión a esta encomienda de ayudar al necesitado, es precisamente uno de los reclamos que hace nuestro Señor Jesucristo a los malhechores, a los de Su izquierda, a quienes no le dieron de comer ni de beber cuando estaba hambriento o sediento.

[Dice Jesús] “Entonces dirá también a los de Su izquierda: “Apártense de Mí, malditos, al fuego eterno que ha sido preparado para el diablo y sus ángeles. Porque tuve hambre, y ustedes no me dieron de comer; tuve sed, y no me dieron de beber; fui extranjero, y no me recibieron; estaba desnudo, y no me vistieron; enfermo, y en la cárcel, y no me visitaron”. Entonces ellos también responderán: “Señor, ¿cuándo te vimos hambriento o sediento, o como extranjero, o desnudo, o enfermo, o en la cárcel, y no te servimos?”. Él entonces les responderá: “En verdad les digo que en cuanto ustedes no lo hicieron a uno de los más pequeños de estos, tampoco a Mí lo hicieron”. Estos irán al castigo eterno, pero los justos a la vida eterna».” — Mateo 25:41-46 (NBLA)

Ese fue el gran error del hombre rico de la parábola de Lázaro, en su pecado, no se preocupó por alimentarlo, por fortalecerlo, por curar sus heridas, a pesar de que se encontraba afuera de las puertas de su casa (Lucas 16:19-31). Mientras que vemos el caso contrario en la parábola del Buen Samaritano, en donde él sí se compadeció del necesitado y se preocupó por fortalecerlo (Lucas 10:29-37).

Para concluir me gustaría dejarlos con la enseñanza de Pablo que nos dice que aun en nuestras debilidades somos fuertes, porque el poder de Cristo vive en nosotros, siempre y cuando toda la gloria de Su poder sea para Él, y no para nosotros, Sus servidores y testigos de Su gran poder.

“Para impedir que me enalteciera, me fue dada una espina en la carne, un mensajero de Satanás que me abofetee, para que no me enaltezca. Acerca de esto, tres veces he rogado al Señor para que lo quitara de mí. Y Él me ha dicho: «Te basta Mi gracia, pues Mi poder se perfecciona en la debilidad». Por tanto, con muchísimo gusto me gloriaré más bien en mis debilidades, para que el poder de Cristo more en mí. Por eso me complazco en las debilidades, en insultos, en privaciones, en persecuciones y en angustias por amor a Cristo, porque cuando soy débil, entonces soy fuerte.” — 2 Corintios 12:7b-10 (NBLA)

¡Que Dios los bendiga!


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