¿Qué es la Gloria de Dios?

Quizás uno de los mayores problemas en el cristianismo en la actualidad es el desconocimiento o la falta de comprensión acerca de lo que realmente es la Gloria de Dios y los impactos que esto trae en la vida de los creyentes. La intención de esta serie de artículos es traer una mayor claridad sobre este vital concepto para nuestras vidas como creyentes. Recuerde que la meta de cada cristiano es tomar su cruz e imitar a Cristo. Cuanto más nos asemejamos a Jesús, nos damos cuenta que, más vivimos nuestras vidas para la gloria de Dios.

Las Escrituras nos dicen que todo fue creado por el SEÑOR para Su gloria. Por lo tanto, todas las cosas maravillosas que existen le pertenecen al Todopoderoso (Job 41:11). Todo recurso físico, espiritual, visible o invisible, forma parte de la gloria del Creador y existe por un propósito especifico.

“¿Quién me ha dado a Mí primero, para que Yo restituya? Todo lo que hay debajo del cielo es Mío.” — Job 41:11 (RVR 1960)

«Digno eres, Señor y Dios nuestro, de recibir la gloria y el honor y el poder, porque Tú creaste todas las cosas, y por Tu voluntad existen y fueron creadas». — Apocalipsis 4:11 (NBLA)

Dentro de la Creación, el profeta Isaías nos revela que el SEÑOR crea a los creyentes que llevamos Su nombre, con el propósito en específico de recibir gloria (Isaías 43:7; Salmos 139:13-16). Y si los cielos proclaman la gloria de Dios sin emitir una sola palabra (Salmos 19:1), nosotros como Hijos de Dios tenemos que constantemente buscar que Él sea magnificado, y que todo sea para Su honor y alabanza.

“A todo el que es llamado por Mi nombre y a quien he creado para Mi gloria, a quien he formado y a quien he hecho».” — Isaías 43:7 (NBLA)

Los cielos proclaman la gloria de Dios, y el firmamento anuncia la obra de Sus manos.” — Salmos 19:1 (NBLA)

Necesitamos entender que no fuimos creados para que el mundo gire a nuestro alrededor. No venimos a este mundo para “buscar nuestra felicidad, fama, riquezas, poder, etc.”, como nuestra naturaleza pecaminosa, el mundo y Satanás nos quieren hacer pensar, sino que nuestra existencia, y todo lo que hagamos, deben estar enfocados para darle gloria a Dios (1 Corintios 10:31), para enaltecerlo haciendo todo lo que es agradable ante Sus ojos. Y entre más rápido entendamos esto, mejor nos irá en nuestras vidas, porque solo en el SEÑOR podemos encontrar nuestra verdadera alegría y regocijo (Salmos 16:11, 35:27, 36:7-9).

“Entonces, ya sea que coman, que beban, o que hagan cualquier otra cosa, háganlo todo para la gloria de Dios.” — 1 Corintios 10:31 (NBLA)

Engrandezcan al SEÑOR conmigo, y exaltemos a una Su nombre.” — Salmos 34:3 (NBLA)

¿Por qué es importante que entendamos qué es la gloria? Porque si no le estamos dando Su debida gloria a Dios, estamos en problemas, como nos lo advierte el apóstol Pablo: Recordándonos que, todos hemos pecado y no alcanzamos “la gloria” de Dios (Romanos 3:23). Así que es crucial que entendamos qué es la gloria de Dios, y por qué dice Pablo que no la estamos alcanzando, o que nos estamos quedando cortos. Un buen comienzo para entender qué es la gloria de Dios, lo encontramos en lo que dice el primer ángel en Apocalipsis 14:7.

Porque todos pecaron y no alcanzan la gloria de Dios.” — Romanos 3:23 (RVA-2015)

“Que decía a gran voz: «Teman a Dios y den a Él gloria, porque la hora de Su juicio ha llegado. Adoren al que hizo el cielo y la tierra, el mar y las fuentes de las aguas».” — Apocalipsis 14:7 (NBLA)

¿Qué es la Gloria de Dios?

La palabra “gloria” viene del hebreo, כָּבוֹד – cavód , que significa gloria, honor, glorioso, abundancia, esplendor, riquezas, reverencia, reputación. Y cuando hablamos de Dios, el Rey de Gloria, todos estos son atributos que le pertenecen y los tiene de forma infinita, algo que, nuestra naturaleza carnal no alcanza a comprender, porque la infinita gloria de Dios es parte de Su naturaleza divina, que engloba Su eternidad, Su inmutabilidad, Su omnipotencia, Su omnisciencia, Su omnipresencia, además de, Su perfección moral y Su carácter excelente, que hacen que Su gloria no tenga comparación con nada que podamos imaginar.

“Ayúdanos, oh Dios de nuestra salvación, por la gloria [cavód] de Tu nombre; Líbranos y perdona nuestros pecados por amor de Tu nombre.” — Salmos 79:9 (NBLA)

“Porque sol y escudo es el Señor Dios; Gracia y gloria [cavód] da el SEÑOR; nada bueno niega a los que andan en integridad.” — Salmos 84:11 (NBLA)

Como cristianos, es crucial que evitemos adjudicarnos una gloria que no nos pertenece, porque cualquier objeto, don, talento, riqueza, fama, belleza, o cualquier otra cosa que podamos imaginar procede de la gloria de Dios, y le pertenece solamente a Él. No debemos tratar de adjudicárnosla porque no nos pertenece. Al contrario, el SEÑOR evalúa lo que cada persona hace con los recursos materiales y espirituales que Él nos da, y como creyentes, debemos utilizar Su gloria que recibimos para multiplicarla, de la misma forma que en la Parábola de los Talentos (Mateo 25:14-30), donde los sirvientes buenos y fieles duplicaron los talentos que habían recibido para la ganancia de su señor. Con esta misma actitud, debemos de duplicar la gloria recibida para agradecer, honrar, alabar y adorar al SEÑOR, porque a fin de cuentas, es a Él a quien le pertenece todo lo que tenemos y los frutos que produzcamos. De lo contrario, le estamos robando Su gloria como el siervo malo y perezoso de los talentos. Y el Todopoderoso no va a compartir Su gloria con nadie más (Isaías 42:8). En el Salmo 24, que es un himno de alabanza, en donde el SEÑOR, el Creador de todo lo visible e invisible, es llamado el “Rey de Gloria” (Juan 1:3; Colosenses 1:16), porque Su gloria no tiene comparación. Este Salmo nos menciona que el SEÑOR es poderoso y que sale a la batalla contra todo aquel que le roba Su gloria; en contraste, el Rey de Gloria, llena de bendiciones y da Su salvación a todos los que son de corazón puro. Ahora veamos diferentes formas en las que podemos darle gloria a Dios.

Del SEÑOR es la tierra y todo lo que hay en ella; el mundo y los que lo habitan… ¿Quién subirá al monte del SEÑOR? ¿Quién permanecerá en Su lugar santo? El limpio de manos y puro de corazón… Él recibirá la bendición del SEÑOR y la justicia del Dios de su salvación… ¿Quién es este Rey de gloria? ¡El SEÑOR, el fuerte y poderoso! ¡El SEÑOR, el poderoso en la batalla!” — Salmos 24:1, 3-4a, 5, 8 (RVA-2015)

“Porque en Él fueron creadas todas las cosas, tanto en los cielos como en la tierra, visibles e invisibles; ya sean tronos o dominios o poderes o autoridades; todo ha sido creado por medio de Él y para Él.” —1 Colosenses 1:16 (NBLA)

Le damos gloria a Dios al cumplir Sus Mandamientos

El pasaje de Mateo 17:1-9, nos habla del día en el que Jesús reveló Su gloria, y la palabra que se utiliza es “transfiguración” que viene del griego μεταμορφόω – metamorfóo, la misma raíz para metamorfosis. Un ejemplo de metamorfosis es cuando una oruga se transforma en una mariposa. Una metamorfosis es simplemente cuando la naturaleza interna sale a la superficie. Y la Biblia nos dice que, el rostro de Jesús resplandecía como el sol. La gloria de nuestro Señor Jesucristo había estado en Él todo el tiempo. Lo que ocurrió durante la transfiguración es que la gloria de Yeshúa que había estado cubierta por el velo de Su carne, momentáneamente se manifestó transformando Su cuerpo en luz pura, que nos habla de Su santidad. Los apóstoles fueron testigos del resplandor de la luz de la gracia y la verdad de Jesús. Considere que ahora el Espíritu de Jesucristo vive en cada creyente, y que Pablo nos dice que necesitamos ser transformados, utilizando la misma palabra para “transfiguración” en Romanos 12:2, para conseguir una metamorfosis espiritual que permita que la luz de la gloria de Jesús emane a través de cada uno de nosotros, y la forma en la que podemos conseguir esto, es cumpliendo con la voluntad de Dios al obedecer los mandamientos, que son lo bueno, aceptable y perfecto, para la gloria de Jesucristo.

Y fue transfigurado delante de ellos. Su cara resplandeció como el sol, y sus vestiduras se hicieron blancas como la luz.” — Mateo 17:2 (RVA-2015)

Él, que es el resplandor de Su gloria, la imagen misma de Su sustancia y quien sustenta todas las cosas con la palabra de Su poder, habiendo efectuado la purificación de nuestros pecados por medio de Sí Mismo, se sentó a la diestra de la Majestad en las alturas.” — Hebreos 1:3 (RVR-1995)

Y no se adapten a este mundo, sino transfórmense [metamorfóo] mediante la renovación de su mente, para que verifiquen cuál es la voluntad de Dios: lo que es bueno y aceptable y perfecto.” — Romanos 12:2 (NBLA)

En el Sermón del Monte, Yeshúa nos dice que nuestras buenas acciones (cumplir con los mandamientos y seguir la instrucción en la Torá) son la luz de Su gloria para las tinieblas de este mundo, y sirven para dar gloria a Dios cuando las demás personas ven nuestro buen comportamiento (Mateo 5:16). Cuando andamos en los caminos del SEÑOR y cumplimos Sus mandamientos, al hacer lo que es agradable ante Sus ojos, y cumplir con Su voluntad, le estamos dando gloria. Porque por fe adoptamos en nuestras vidas, actos y pensamientos, que se nos revelaron previamente en las Escrituras, y los ponemos en práctica para la gloria del SEÑOR. Por ejemplo, Dios nos dice en Su Palabra que alimentemos al hambriento, si usted le da de comer a una persona que está pasando por necesidad, y esa persona está tan agradecida, que le da gracias a Dios, entonces Dios recibe la gloria. Asegúrese de que usted no reciba el crédito y reciba esta gloria, sino más bien, dele toda la gloria solo al SEÑOR en todas sus buenas obras, NO queremos robarle Su gloria. Muchas de las cosas que el SEÑOR nos dice que hagamos son para expresar nuestro amor al prójimo, nos dice que seamos misericordiosos, que le demos a quien nos pida, todas esas cosas, cuando las hacemos, hacemos que las personas se sientan tan bien que le den gracias a Dios, que reciban Su luz a través de nosotros, esas personas reconocen que es gracias a Él que recibieron tal bendición.

[Jesús dice] “Así alumbre la luz de ustedes delante de los hombres, de modo que vean sus buenas obras y glorifiquen a su Padre que está en los cielos.” — Mateo 5:16 (RVA-2015)

Yeshúa nos está revelando que es gracias a la Ley (la Torá, o instrucción) que podemos contemplar la gloria de la majestad y soberanía del SEÑOR, la gloria de Su gobierno y Su autoridad, la gloria de Su justicia y Su santidad. Adicionalmente, el Espíritu de Gloria hará que nos percatemos que incluso el nombre de Dios es glorioso en justicia, fidelidad, juicio y salvación (Salmos 66:2, 79:9; Isaías 40:5). Por eso, no hay nada que sea comparable a la gloria del Todopoderoso (Isaías 42:8). Así Jesucristo y el Espíritu del SEÑOR anuncian que la gloria de Su bondad se manifiesta con el amor que Dios nos tiene al formular Sus mandamientos, estatutos, justicia e instrucción, con el objetivo que gradualmente nos parezcamos más a Su carácter superior en todo aspecto, y que finalmente podamos regresar a Él y ser partícipes de Su gloria en todo Su esplendor, cuando nuestro Señor Jesucristo regrese y nos provea de nuestros cuerpos glorificados. ¡Alabado sea el SEÑOR!

“Canten a la gloria de Su nombre; denle la gloria en la alabanza.” — Salmos 66:2 (RVA-2015)

“Yo Soy el SEÑOR. Este es Mi nombre; y a otro no daré Mi gloria.” — Isaías 42:8a (JBS)

En nuestro siguiente artículo hablaremos de la gloria eterna de Jesucristo y de otras formas de dar gloria a Dios, como cuando Dios ocupa el primer lugar en nuestras vidas, o cuando por nuestras acciones nos parecemos más a Cristo.

¡Que Dios los bendiga!


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