¿Qué es la Gloria de Dios? (Parte 2)

En el artículo anterior vimos que la Creación es parte de la gloria de Dios, por lo que nosotros y todo lo que tenemos es parte de la gloria del SEÑOR. También vimos que debemos de multiplicar la gloria del SEÑOR con los recursos que recibimos, y que todo lo que hagamos debe estar enfocado a que la gloria de Dios sea vista por todos. Vimos que una forma práctica de darle gloria a Dios es obedeciendo Sus mandamientos. Ahora hablaremos más acerca de la gloria de Jesucristo (Yeshúa HaMashíaj en hebreo), y de cómo le damos gloria poniendo a Dios primero en nuestras vidas, y cuando agradecemos al SEÑOR por las bendiciones que nos envía.

Jesús es la Gloria de Dios Personificada

Si usted está maravillado por la gloria de Dios que puede apreciar físicamente en la Creación, le puedo decir que, la gloria de Dios todavía va más allá de lo que podemos comprender. Las Escrituras nos revelan que Su gloria está en Sus atributos y en la manifestación de Su gobierno que nos muestra Su asombrosa solución para acabar con el problema del pecado al enviar a Su Hijo, para que se encarnara, viviera libre de pecado entre nosotros, nos revelara el Evangelio, venciera a Sus enemigos y sus tentaciones, y fuera victorioso como Redentor de todo el mundo, mostrando así la gloria total del Padre. Cristo es la imagen y la gloria de Dios Padre. Así que no puede haber una declaración completa y correcta de la gloria de Dios, si no es a través de la historia de la redención hecha a través de Yeshúa (Jesús en hebreo), como es descrita desde Génesis hasta Apocalipsis.

“Mas hablamos sabiduría de Dios en misterio, la sabiduría oculta, la cual Dios predestinó antes de los siglos para nuestra gloria: La que ninguno de los príncipes de este siglo conoció; porque si la hubieran conocido, nunca hubieran crucificado al Señor de gloria“. — 1 Corintios 2:7-8 (RVA)

Por el amor de nuestro Señor Jesucristo hacia nosotros, Él voluntariamente dio Su vida, y fue resucitado de entre los muertos por el Espíritu Santo, y está sentado a la derecha del Padre, de forma que toda rodilla y toda lengua confesará sus alabanzas a Jesús para la gloria del Padre (Romanos 14:11).

“¡Miren a Mí y sean salvos, todos los confines de la tierra! Porque Yo Soy Dios, y no hay otro. Por Mí mismo lo he jurado; de Mi boca salió palabra en justicia, y no será revocada: que delante de Mí se doblará toda rodilla, y jurará toda lengua. De Mí se dirá: ‘Ciertamente, en el SEÑOR está la justicia y el poder’. A Él vendrán, y serán avergonzados todos los que se enfurecen contra Él. En el SEÑOR será justificada y se gloriará toda la descendencia de Israel.” — Isaías 45:22-25 (RVA-2015)

En Juan 17:5, Nuestro Señor Jesucristo le pide a Su Padre recibir la “gloria” que tenía antes de la Creación del mundo. Esta es una afirmación absoluta de Su deidad y eternidad. Si el Padre “glorifica” al Hijo, entonces la opinión expresada del Padre acerca de Cristo es que Él es intrínsecamente digno de honra y alabanza. El hecho de que Yeshúa tuviera “gloria” antes del comienzo del mundo significa que Su valor inherente es infinito y eterno.

“Y ahora, glorifícame Tú, Padre, junto a Ti, con la gloria que tenía contigo antes que el mundo existiera.” — Juan 17:5 (NBLA)

“La ciudad no tiene necesidad de sol ni de luna que brillen en ella, porque la gloria de Dios la ilumina y el Cordero es su lumbrera.” — Apocalipsis 21:23 (RVR-1995)

Para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, en la tierra y debajo de la tierra; y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre.” — Filipenses 2:10-11 (RVR-1995)

La palabra “gloria” que utilizan las Escrituras en este pasaje de Juan para la petición de Yeshúa, es la palabra en griego: δόξα – dóxa, que tiene que ver con la estimación o evaluación de alguien bueno, honorable, excelente, que tiene magnificencia, excelencia, preeminencia, dignidad y gracia. Dóxa evoca una buena opinión acerca de alguien que tiene un valor inherente e intrínseco. Todo lo que Dios dice, hace y piensa, demuestra Su majestuosidad en el sentido de la perfección absoluta y Su suprema importancia como el Creador de todas las cosas, y nuestro Soberano supremo, que consigue solamente resultados superiores a cualquier cosa que nos podamos imaginar. El primer milagro del ministerio de Jesús fue convertir el agua en vino en las bodas de Caná, esta señal mostró Su verdadera naturaleza divina, y manifestó Su gloria de forma sobrenatural, para que Sus discípulos creyeran en Él.

“Este principio de señales hizo Jesús en Caná de Galilea, y manifestó Su gloria [dóxa]; y Sus discípulos creyeron en Él.” — Juan 2:11 (RVA)

“A ellos, Dios quiso dar a conocer las riquezas de la gloria de este misterio entre los gentiles, que es Cristo en vosotros, esperanza de gloria.” — Colosenses 1:27 (RVR-1995)

Ahora imagine la gloria eterna que estaba solicitando Yeshúa a Dios Padre, la que tenía antes de que fuera hecho un poco inferior a los ángeles (Hebreos 2:9), si ésta era mayor a la que tuvo durante Su ministerio donde obedeció perfectamente la voluntad del Padre, cumplió con la ley y no pecó ante todas las tentaciones a las que fue expuesto, superó todos los sufrimientos al ser rechazado por Su propia gente, su gloria al hacer todo tipo de milagros; y al final de Su ministerio, dio Su vida para pagar por completo por todos los pecados de la humanidad y salvar a todo los que crean en Él. Por ello, el autor del libro de Hebreos nos dice que Jesús fue coronado de gloria y honor infinitos a causa de Su obra y padecimientos.

“Pero vemos a Aquel que fue hecho un poco inferior a los ángeles, es decir, a Jesús, coronado de gloria y honor a causa del padecimiento de la muerte, para que por la gracia de Dios probara la muerte por todos.” — Hebreos 2:9 (NBLA)

“Que decían en alta voz: El Cordero que fue inmolado es digno de tomar el poder y riquezas y sabiduría, y fortaleza y honra y gloria y alabanza. Y oí a toda criatura que está en el cielo, y sobre la tierra, y debajo de la tierra, y que está en el mar, y todas las cosas que en ellos están, diciendo: Al que está sentado en el trono, y al Cordero, sea la bendición, y la honra, y la gloria, y el poder, para siempre jamás.” — Apocalipsis 5:12-13 (RVA)

El apóstol Juan nos menciona que él fue testigo de las acciones poderosas y llenas de gracia durante el ministerio de Yeshúa, que le revelaban que Él es el Hijo de Dios y merecedor de toda la gloría como nuestro Salvador (Juan 1:14); y en la visión que tuvo Juan, tanto hombres como ángeles alababan y daban gloria al Cordero, una vez que, el Padre le dio la gloria eterna que tenía antes de la Creación (Apocalipsis 5:12, 7:12).

Y La Palabra se hizo carne, y habitó entre nosotros, (y vimos Su gloria, la gloria como del Único del Padre,) lleno de gracia y verdad.” — Juan 1:14 (LSP)

“Diciendo: «¡Amén! La bendición, la gloria, la sabiduría, la acción de gracias, la honra, el poder y la fortaleza sean a nuestro Dios por los siglos de los siglos. ¡Amén!»” — Apocalipsis 7:12 (RVR-1995)

Le damos gloria a Dios cuando lo ponemos primero ante los demás

En el pasaje donde el profeta Daniel le da gloria al SEÑOR: Cuando le anuncia al rey Nabucodonosor que Dios es quien revela misterios, y entonces procedió a revelarle no tan solo la interpretación del sueño, sino ¡hasta lo que el rey estaba pensando en la cama antes de dormir y tener el sueño! (Daniel 2:29); también le reveló el sueño que tuvo el rey, porque ya ni siquiera lo recordaba (Daniel 2:5, 8); y finalmente, le dio la interpretación del sueño que había tenido el rey (Daniel 2:26-28). Y por darle gloria a Dios, Daniel fue recompensado al ser nombrado gobernador de Babilonia, y estar a cargo de los sabios del reino, incluso antes de que terminara el periodo de entrenamiento en el que estaba.

“Daniel respondió ante el rey, y dijo: «En cuanto al misterio que el rey quiere saber, no hay sabios, encantadores, magos ni adivinos que puedan declararlo al rey. Pero hay un Dios en el cielo que revela los misterios, y Él ha dado a conocer al rey Nabucodonosor lo que sucederá al fin de los días. Su sueño y las visiones que usted ha tenido en su cama eran estos… Entonces el rey engrandeció a Daniel y le dio muchos regalos espléndidos, y le hizo gobernador sobre toda la provincia de Babilonia y jefe supremo sobre todos los sabios de Babilonia.” — Daniel 2:27-28, 48 (NBLA)

También tenemos el ejemplo del joven David, quien al enfrentarse a Goliat, primero le dijo que él venía en nombre del SEÑOR de los Ejércitos Celestiales, el Dios de Israel (1 Samuel 17:45), y luego le aventó la pedrada mortal.

“Entonces dijo David al filisteo: «Tú vienes a mí con espada, lanza y jabalina, pero yo vengo a ti en el nombre del Señor de los ejércitos, el Dios de los escuadrones de Israel, a quien tú has desafiado. El Señor te entregará hoy en mis manos, y yo te derribaré y te cortaré la cabeza.” — 1 Samuel 17:45-46a (NBLA)

En contraste, muchas veces cuando las personas están en problemas, no se les ocurre pedirle ayuda a Dios, como en algunos documentales de supervivencia que he visto, en donde, muestran a personas extraviadas, accidentadas con heridas severas, u otras circunstancias de vida o muerte. Lamentablemente, el común denominador es que nadie busca al SEÑOR para que los ayude, y de esta forma, Dios no recibe la gloria que se merece, ya que el Él se deleita en demostrarnos cómo es que Él soluciona cualquier problema desde el más insignificante hasta aquellos que nos parecen imposibles de resolver.

“El SEÑOR ha mirado desde los cielos sobre los hijos de los hombres para ver si hay alguien que entienda, alguien que busque a Dios.” — Salmos 14:2 (NBLA)

Busquen al SEÑOR mientras puedan encontrarlo; llámenlo ahora, mientras está cerca.” — Isaías 55:6 (NTV)

Es por eso que, como creyentes, debemos estar constantemente recordándole a un mundo incrédulo, que no está buscando a Dios, acerca del amor de nuestro Creador y Salvador, quien está dispuesto a ayudarnos cuando estamos en problemas (Salmos 50:14-15). Cada vez que lo traemos a Su atención, y lo ponemos primero, le estamos dando gloria a Dios. Recientemente me enteré de un avión que sufrió de una turbulencia muy severa, tanto que las personas a bordo pensaban que se iban a morir, y una persona dijo en voz alta: “Jesús sálvanos”, y el SEÑOR respondió su oración, y el avión pudo aterrizar con todos ilesos y a salvo. En todas estas situaciones, cuando se resuelve el problema, la idea es que las personas le den la gloria a Dios, que le den las gracias y todo el honor que le corresponde, por todos los apuros de los que los libró.

Haz que la gratitud sea tu sacrificio a Dios y cumple los votos que le has hecho al Altísimo. Luego llámame cuando tengas problemas, y Yo te rescataré, y tú me darás la gloria».” — Salmos 50:14-15 (NTV)

Necesitamos recapacitar acerca de nuestras prioridades, las cuales son un indicador de nuestra condición espiritual: ¿Acaso es la gloria de Dios el mayor deseo de su corazón? Si nuestras prioridades actuales están enfocadas en lo terrenal y temporal (familia, amistades, trabajo, negocio, comida, entretenimiento, etc.), necesitamos reenfocarlas en el Reino de Dios, en lo eterno, en las obras que sí nos podemos llevar con nosotros cuando morimos (Apocalipsis 14:13). Porque las cosas temporales que necesitamos para nuestro sustento nos serán dadas por añadidura (Mateo 6:33). Démosle Su debida gloria a Dios en todo lo que hagamos, mientras aún podemos hacerlo.

“¿Qué provecho hay en mi muerte, cuando yo descienda al hoyo? ¿Te alabará el polvo? ¿anunciará Tu verdad?” — Salmos 30:9 (RVA)

Le damos gloria a Dios cuando le agradecemos por haber recibido alguna bendición

Cuando Jesús curó a 10 leprosos (Lucas 17:11-19), les dijo que fueran al Templo para que los examinaran los sacerdotes según el mandato de Levítico 13:1-28; y así la gloria del SEÑOR anunciara que el Mesías había llegado, porque ésta sería una señal de Su llegada. Cuando Juan el Bautista le mandó preguntar a Jesús si Él era el Mesías o si debían esperar a otro (Lucas 7:20), la respuesta de Cristo fue:

“Entonces Él les respondió: «Vayan y cuenten a Juan lo que han visto y oído: los ciegos reciben la vista, los cojos andan, los leprosos quedan limpios y los sordos oyen, los muertos son resucitados y a los pobres se les anuncia el evangelio.” — Lucas 7:22 (NBLA)

Pero lamentablemente, hasta donde entendemos, los sacerdotes levíticos no recibieron el mensaje de estos milagros, ni tampoco los judíos que fueron curados regresaron para darle gloria a Dios, solo uno de ellos regresó: un samaritano.

Entonces uno de ellos, al ver que había sido sanado, volvió glorificando a Dios en alta voz. Y se postró sobre su rostro a los pies de Jesús dándole gracias. Y este era samaritano. Y respondiendo Jesús dijo: —¿No eran diez los que fueron limpiados? Y los nueve, ¿dónde están? ¿No hubo quien volviera y diera gloria a Dios, sino este extranjero? Y le dijo: —Levántate, vete; tu fe te ha salvado“. — Lucas 17:15-19 (RVA 2015)

Por otro lado, en otra ocasión Jesús curó a un endemoniado, quien al ser sanado, estaba tan agradecido que, quiso seguir a Jesús, pero Él le dijo que mejor regresara con los suyos, y que les contara de todas las cosas buenas que Dios había hecho por él (Marcos 5:18-20), con esto le daría gloria a Dios.

“Y mientras él entraba en la barca, el que había sido poseído por el demonio le rogaba que le dejara estar con Él. Pero Jesús no se lo permitió sino que le dijo: —Vete a tu casa, a los tuyos, y cuéntales cuán grandes cosas ha hecho el Señor por ti, y cómo tuvo misericordia de ti.” — Marcos 5:18-19 (RVA-2015)

El rey David compuso muchos salmos como canciones para darle alabanza a Dios por todas las bendiciones que había recibido, por los peligros de los que lo había librado, por los pecados que le había perdonado, por las batallas que había ganado, es un hermoso ejemplo de lo que como creyentes debemos hacer. Podemos expresar alabanzas a Dios por Sus bendiciones (Efesios 1:3), es una forma de dar toda la gloria al SEÑOR (Romanos 11:36; Efesios 3:21) especialmente con cantos de alabanza, himnos, salmos, oraciones, etc., como parte de un servicio de adoración. Por lo que, siempre debemos querer que Dios reciba la gloria en nuestras vidas. Y como creyentes, debemos desear llegar al punto en el que los demás vean que reflejamos la imagen de Cristo en lugar la nuestra (1 Corintios 6:18-20).

“¿O no saben que su cuerpo es templo del Espíritu Santo que está en ustedes, el cual tienen de Dios, y que ustedes no se pertenecen a sí mismos? Porque han sido comprados por un precio. Por tanto, glorifiquen a Dios en su cuerpo y en su espíritu, los cuales son de Dios.” — 1 Corintios 6:19-20 (NBLA)

En nuestro siguiente artículo veremos cómo es que la gloria del SEÑOR se presentó ante Moisés y cómo le podemos dar gloria a Dios cuando somos puestos a prueba.

¡Que Dios los bendiga!


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