La Armadura de Dios: El Cinturón de la Verdad (Parte 2)


En el artículo anterior hablamos acerca del campo de batalla espiritual en el que vivimos, identificamos a tres enemigos a los que nos enfrentamos, y hablamos de la poderosa armadura espiritual que nos brinda Dios con la que podemos derrotar a nuestros enemigos. Pero también vimos que, por ignorancia, algunos creyentes no aprovechan esta protección; y que los problemas visibles en nuestra sociedad son solo síntomas de lo que necesitamos arreglar en el ámbito espiritual. Ahora veremos la primera pieza de la “Armadura de Dios” que obtiene su poder de la verdad, y también veremos la vulnerabilidad que tiene.

El día malo

Antes de pasar a ver la primera pieza de la armadura, quisiera traer a su atención Efesios 6:13 en donde el apóstol Pablo menciona el “día malo”, para el cual necesitamos especialmente traer puesta toda nuestra armadura para poder resistir los ataques del enemigo en ese día. Con la finalidad de permanecer firmes y no ser derrotados.

“Por tanto, tomen toda la armadura de Dios, para que puedan resistir en el día malo, y habiéndolo hecho todo, estar firmes.” — Efesios 6:13 (NBLA)

La Biblia nos da el ejemplo de Job quien realmente experimentó un “día malo”, cuando en el mismo día le robaron su ganado, su medio de transporte (sus camellos), murieron tres diferentes equipos de sus trabajadores, se murieron sus ovejas, y murieron todos sus hijos (Job 1:13-22). Sin embargo, Job traía muy bien puesta su armadura, y a pesar de todas esas tragedias inesperadas, pudo mantenerse firme ante este ataque coordinado del diablo. Veamos lo que dijo Job luego de enterarse de tantas calamidades:

“Entonces Job se levantó, rasgó su manto, se rasuró la cabeza, y postrándose en tierra, adoró, y dijo: «Desnudo salí del vientre de mi madre y desnudo volveré allá. El Señor dio y el Señor quitó; Bendito sea el nombre del Señor». En todo esto Job no pecó ni culpó a Dios.” — Job 1:20-22 (NBLA)

Así como Job, nosotros también podríamos experimentar un “día malo”, al ser víctimas de un ataque coordinado por parte de Satanás, quien es un enemigo sin piedad, que siempre está listo para dar golpes bajos. Así que no se extrañe si de repente le empezaran a suceder cosas raras: las cosas se descomponen, viene la oscuridad, hay opresión, suceden cosas malas, no se trata tan solo de tener malos pensamientos o dudas, sino de un ataque para confundir, oprimir, dispersar, provocar miedo, enojo y frustración. Cuando este ataque ocurre, uno puede intentar correr o esconderse, esperando que pase el mal momento, pero eso no funciona, en una batalla espiritual; una mejor alternativa para que pase más rápido el problema, es alabar fuertemente al SEÑOR, aferrarnos a Él, pedirles a otros creyentes que hagan oración por usted, estudiar más las Escrituras para encontrar consuelo, reprender al enemigo, alzar nuestro escudo de la fe, y escuchar al Espíritu de Dios para que nos guíe. Con ello, nos mantenemos firmes y creceremos más fuertes en la fe.

“Hijo mío, no se aparten estas cosas de tus ojos; guarda la prudencia y la discreción, y serán vida para tu alma y adorno para tu cuello. Entonces andarás con seguridad por tu camino, y tu pie no tropezará. Cuando te acuestes no tendrás temor, sí, te acostarás y será dulce tu sueño.” — Proverbios 3:21-24 (NBLA)

“Te amo, oh Jehová, fortaleza mía. Jehová, roca mía y castillo mío, y mi libertador; Dios mío, fortaleza mía, en Él confiaré; mi escudo, y la fuerza de mi salvación, mi alto refugio. Invocaré a Jehová, quien es digno de ser alabado, y seré salvo de mis enemigos. Me rodearon ligaduras de muerte, y torrentes de perversidad me atemorizaron. Ligaduras del Seol me rodearon, me tendieron lazos de muerte. En mi angustia invoqué a Jehová, y clamé a mi Dios. Él oyó mi voz desde Su templo, y mi clamor llegó delante de Él, a Sus oídos.” — Salmos 18:1b-6 (RVR 1960)

Cuando Satanás entró al cuarto en donde se estaba llevando a cabo la llamada Última Cena, y luego entró en Judas Iscariote (Lucas 22:3; Juan 13:27), ninguno de los discípulos se dio cuenta, solo Jesús estaba al tanto de los movimientos del enemigo, y este evento formó parte de un ataque diabólico coordinado, en el que Cristo fue traicionado, luego torturado y crucificado, y los apóstoles se dispersaron, y Pedro temeroso llegó hasta negar que conocía al Señor.

“Entonces Jesús les dijo: —Todos os escandalizaréis de Mí esta noche, pues escrito está: “Heriré al pastor y las ovejas serán dispersadas.”” — Marcos 14:27 (RVR 1995)

Y abandonando a Jesús, todos huyeron. Cierto joven seguía a Jesús, vestido solo con una sábana sobre su cuerpo desnudo; y lo prendieron; pero él, dejando la sábana, escapó desnudo.” — Marcos 14:50-52 (NBLA)

Por ello, es bien importante traer la armadura de Dios bien puesta todos los días, todo el tiempo, porque no sabemos cuando tengamos que enfrentar un “día malo”. Sin embargo, también tenemos reconfortantes promesas por parte del SEÑOR para los días malos.

Bienaventurado el que piensa en el pobre; en el día del mal el Señor lo librará. El Señor lo protegerá y lo mantendrá con vida, y será bienaventurado sobre la tierra. Tú no lo entregarás a la voluntad de sus enemigos.” — Salmos 41:1-2 (NBLA)

“El Señor conoce los días de los íntegros, y su herencia será perpetua. No serán avergonzados en el tiempo malo, y en días de hambre se saciarán.” — Salmos 37:18-19 (NBLA)

El Cinturón de la Verdad

“Por tanto, manténganse firmes y fajados con el cinturón de la verdad, revestidos con la coraza de justicia” — Efesios 6:14 (RVC)

Es fácil ver por qué el “cinturón de la verdad” es la primer pieza mencionada de la armadura, porque la principal arma que utiliza el enemigo en sus ataques es la mentira y el engaño, de hecho, Jesús llama al diablo: “El padre de la mentira”. En cualquier momento que estemos siendo atacados por Satanás, el mundo o nuestra naturaleza pecaminosa, podemos estar seguros que la mentira o el engaño están presentes de alguna forma. Un principio básico en la batalla espiritual es tener un conocimiento bíblico de los enemigos a los que nos enfrentamos. Por ello, no hay una mejor arma para interceptar cualquier ataque enemigo que la verdad.

“Así fue expulsado el gran dragón, que es la serpiente antigua que se llama Diablo y Satanás, y que engaña a todo el mundo. Él y sus ángeles fueron arrojados a la tierra.” — Apocalipsis 12:9 (RVC)

[Jesús dice] “Ustedes son de su padre el diablo y quieren hacer los deseos de su padre. Él fue un asesino desde el principio, y no se ha mantenido en la verdad porque no hay verdad en él. Cuando habla mentira, habla de su propia naturaleza, porque es mentiroso y el padre de la mentira.” — Juan 8:44 (NBLA)

La verdad solo la encontramos en Cristo, quien es el Camino, la Verdad y la Vida, en Su Palabra que es la Verdad (Juan 17:17, 1:14). Una ventaja que tenemos como creyentes es que podemos hacer que nuestro “cinturón de la verdad” se vaya haciendo cada vez más poderoso a través de diferentes estrategias: 1) Estudiando las Escrituras e internalizando en nuestros corazones sus enseñanzas (Salmos 119:11; Tito 1:1-2); 2) Mediante la oración, al pedirle al Espíritu Santo que nos revele la verdad, y evitando cualquier forma en la que podamos estar siendo engañados por las mentiras del enemigo (Salmos 25:5; Juan 16:13); 3) Obedeciendo los mandamientos de Dios (1 Juan 2:4; 2 Timoteo 2:15; Salmos 86:11, 119:142, 119:151); 4) Madurando nuestra fe y vida como cristiano (Efesios 4:13-15; 1 Juan 1:6); 5) Cuando producimos frutos como miembros de la iglesia (1 Timoteo 3:14-15; Efesios 5:8-10; Colosenses 1:5-6; 2 Timoteo 2:15); 6) Al evangelizar a otras personas compartiendo la verdad del Evangelio (Salmos 119:42-43; Efesios 1:13; Colosenses 1:5); 7) Cuando adoramos al SEÑOR en espíritu y en verdad (Juan 4:23-24; Salmos 145:18).

“Jesús le dijo: «Yo Soy el camino, la verdad y la vida; nadie viene al Padre sino por Mí.” — Juan 14:6 (NBLA)

“El que dice: «Yo lo conozco», pero no guarda Sus mandamientos, el tal es mentiroso y la verdad no está en él.” — 1 Juan 2:4 (RVR 1955)

Como mencionamos anteriormente, todos los componentes de la armadura apuntan a Cristo, y el cinturón en este caso, apunta a que Él que es la verdad, en Él no hay mentira (Números 23:19; 1 Samuel 15:29; Hebreos 6:17-18; Tito 1:2). En muchos comentarios que he visto tratan de describir la armadura de la que habla Pablo proyectando la imagen de la armadura que usaba un soldado romano pagano, pero creo que esta es una pobre comparación cuando consideramos lo poderosa e impenetrable que es la armadura de Dios para la batalla espiritual. Si quisiera comparar al cinturón a algo con atributos físicos, utilizaría el ejemplo del baticinturón de Batman, que le provee a este superhéroe ficticio de toda clase de armamento, herramientas y artefactos necesarios para combatir el crimen y derrotar a todos los criminales y adversarios a los que se enfrenta, y sin él, queda desarmado, se volvería como cualquier otra persona. Si esto le parece impresionante, permítame decirle que el “cinturón de la verdad” es miles de veces mejor, y agradezcamos a Dios por esta protección, porque en la guerra espiritual, nuestros enemigos son terribles, despiadados y crueles. Ahora bien, las Escrituras nos hablan específicamente de un cinturón o faja distintivo, que formaba parte, tanto del atuendo de los sacerdotes levíticos, como de las vestiduras de los profetas como Elías y Juan el Bautista, y lo utilizaban para sostener en su lugar el resto de su atuendo, o como lo llama Pablo, su armadura. Estas vestiduras distintivas tienen un significado simbólico, como veremos a continuación. En el oriente medio se usaba (incluso hasta hoy en día) que los hombres utilizaran túnicas largas con una faja o cinturón por encima, el cual les servía no solo para que su atuendo se mantuviera firme en su lugar, sino además para alistarse para la acción, para el servicio, ya fuera para trabajar, para viajar, o para correr. Les servía para levantarse la parte larga de su túnica y meterla dentro del cinto, dándoles mayor facilidad para moverse, como en el caso del profeta Elías, para correr.

“Entonces el Señor le dio una fuerza extraordinaria a Elías, quien se sujetó el manto con el cinturón y corrió delante del carro de Acab todo el camino, hasta la entrada de Jezreel.” — 1 Reyes 18:46 (NTV)

“Pues te cubrirá con Sus plumas y bajo Sus alas hallarás refugio. ¡Su verdad será tu escudo y tu baluarte!”— Salmos 91:4 (NVI)

El Espíritu Santo es quien nos da entendimiento, y discernimiento, y nos muestra la verdad de la Palabra de Dios, y cómo aplicarla en nuestra vida. Sin Él, es imposible que podamos ponernos el cinturón de la verdad, porque para empezar no podríamos entender la verdad en la Biblia, como nos lo explica el apóstol Pablo en 1 Corintios 2:6-15. El Espíritu Santo es nuestro aliado más importante para que tengamos puesto el “cinturón de la verdad”, ya que guía nuestros pensamientos, acciones y actitudes para que estén de acuerdo con la Palabra de Dios. La mejor forma de mantener a nuestros enemigos fuera de nuestras vidas es mantener al Espíritu Santo dentro de nuestras vidas, es decir,  estar en Cristo.

“Por lo tanto, sométanse a Dios; opongan resistencia al diablo, y él huirá de ustedes.” — Santiago 4:7 (RVC)

El Cinturón Simboliza estar Preparados para el Servicio

Juan el Bautista fue el profeta designado por Dios para preparar el camino de Jesús el Mesías.

¿Por qué las Escrituras nos especifican que Elías se sujetó sus vestiduras con el cinturón en preparación para correr? ¿Y por qué además sabemos que Juan El Bautista (quien vino con el espíritu y poder de Elías, Lucas 1:17) portaba unas vestiduras muy similares a las de Elías? Entendemos que es precisamente por el simbolismo de su atuendo, recuerde que no hay ningún dato arbitrario en las Escrituras.

“Juan estaba vestido de pelo de camello, tenía un cinto de cuero alrededor de su cintura, y su comida era langostas y miel silvestre.” — Mateo 3:4 (RVR 1995)

Bastó con describirle al rey Ocozías, el atuendo del profeta Elías para que inmediatamente supiera de quién se trataba.

“Entonces el rey les preguntó: —¿Cómo era el hombre que encontrasteis y os dijo tales palabras? —Uno que tenía un vestido de pelo y un cinturón de cuero ceñido a su cintura —respondieron ellos.—¡Es Elías, el tisbita! —exclamó el rey—” — 2 Reyes 1:7-8 (RVR 1995)

El cinturón de cuero (o de piel) era lo más humilde que se podía portar, era el cinturón de los pobres, y hasta donde entendemos, eran ásperos e incómodos. La vestidura del profeta era una señal de humildad, de lamentación por los pecados del pueblo y sus consecuencias, tenía un ministerio de proclamar el arrepentimiento a las personas. Generalmente los israelitas utilizaban fajas o cinturones de material suave como el lino o algodón, y éstos a menudo eran costosos. Bajo la faja, utilizaban una o dos túnicas largas o camisas, y sobre éstas a veces vestían una capa. Elías solamente tenía su cinturón de cuero, su vestidura de pelo y su manto. El traer el cinturón bien ajustado o ceñido (en algunas traducciones bíblicas dicen “ceñirse los lomos o la cintura”) nos indica el estar listo, preparado para el servicio. Dios le indicó a Job que se alistara para contestar sus preguntas ajustándose bien el cinturón (Job 38:3, 40:7). También al profeta Jeremías le dijo algo similar, en preparación para que fuera a proclamar la Palabra del SEÑOR.

“Ahora cíñete la cintura como un hombre: Yo te preguntaré y tú me contestarás.” — Job 38:3 (RVR 1995)

“Tú, pues, ciñe tu cintura, levántate y háblales todo cuanto te mande. No te amedrentes delante de ellos, para que Yo no te amedrente en su presencia.” — Jeremías 1:17 (RVR 1995)

Por otro lado, tenemos la faja del sumo sacerdote, la cual era de lino fino entrelazado (Éxodo 28:8) con oro, azul, púrpura y escarlata. La faja o cinturón también son un símbolo de fuerza, actividad y poder (Job 12:18; Isaías 45:5; 1 Reyes 20:11).

“Yo Soy Jehová y no hay ningún otro. No hay Dios fuera de Mí. Yo te ceñiré, aunque tú no me has conocido” — Isaías 45:5 (RVR 1995)

Cuando los israelitas se preparaban para celebrar la primera Pascua, durante la noche de la Décima Plaga, en preparación para su éxodo de Egipto, Dios les indicó que durante la cena trajeran sus cinturones bien ajustados, listos para salir, que trajeran puestas sus sandalias, ya que usualmente andaban descalzos dentro de la casa, entre otras indicaciones, todo esto les indicaba que debían estarse listos para salir.

“Así lo habrán de comer: con sus cintos ceñidos, puestas las sandalias en sus pies y con su bastón en la mano. Lo comerán apresuradamente; es la Pascua del SEÑOR.” — Éxodo 12:11 (RVA 2015)

En un pasaje alusivo (Lucas 12:35) a la Parábola de las Diez Vírgenes (Mateo 25:1-13), nuestro Señor Jesucristo nos da la encomienda de no solo traer nuestras lámparas encendidas, esto es, estar llenos del Espíritu Santo, sino además de traer bien ajustados nuestros cinturones, la expresión de estar alertas, listos para el servicio, preparados para la acción. Adicionalmente, el apóstol Pedro expande este símbolo de estar bien fajado, y nos exhorta a que no solo debemos limitarnos a ceñirnos la cintura, sino que también debemos de estar listos para la acción mentalmente, es decir que nuestra actitud mental debe de estar siempre enfocada en incrementar nuestra santidad (1 Pedro 1:13-21).

[Jesús dice] “Tened vuestra cintura ceñida y vuestras lámparas encendidas” — Lucas 12:35 (RVR 1995)

[Pedro dice] “Por tanto, ceñid vuestro entendimiento para la acción; sed sobrios en espíritu, poned vuestra esperanza completamente en la gracia que se os traerá en la revelación de Jesucristo.” — 1 Pedro 1:13 (LBLA)

Nosotros debemos conscientemente traer siempre puestos nuestros “cinturones de la verdad”, las 24 horas del día, estemos despiertos o soñando, como parte de nuestra armadura de protección. El cinturón nos permitirá estar listos en todo momento, estar alertas, porque el diablo se dedica a engañar, y con el cinturón tendremos el discernimiento para identificar sus mentiras y artimañas satánicas, y no caer en ninguna de sus trampas (Salmos 91:3). Por eso, Satanás odia encarar a los creyentes que traen puesto el “cinturón de la verdad”. Y enfoca sus ataques en los incrédulos, y en creyentes que no traen puesto el “cinturón de la verdad”, para ver si los puede convencer para que crean algo que no es verdad, y en lugar de resultar victoriosos, pueden caer presa del miedo y hasta pueden llegar a dudar de su posición en Cristo.

Debemos pedirle a diario al SEÑOR que nos guíe hacia toda la verdad, y que nos muestre cualquier forma en la que podamos estar siendo engañados por las mentiras de Satanás. También debemos pedirle en oración que nos ayude a hablar y a vivir en la verdad.

“Por tanto, dejando a un lado la falsedad, hablen verdad cada cual con su prójimo, porque somos miembros los unos de los otros.” — Efesios 4:25 (NBLA)

Cuando Jesús se preparaba para lavarles los pies a Sus discípulos, primero se fajó con una toalla alrededor de Su cintura, dándonos un ejemplo a cada creyente de que debemos estar listos para el servicio de Su reino.

“Se levantó de la cena, se quitó Su manto y, tomando una toalla, se la sujetó a la cintura; luego puso agua en un recipiente y comenzó a lavar los pies de los discípulos, para luego secárselos con la toalla que llevaba en la cintura.” — Juan 13:4-5 (RVC)

“Entonces, cuando acabó de lavarles los pies, tomó Su manto, y sentándose a la mesa otra vez, les dijo: «¿Saben lo que les he hecho? Ustedes me llaman Maestro y Señor; y tienen razón, porque lo soy. Pues si Yo, el Señor y el Maestro, les lavé los pies, ustedes también deben lavarse los pies unos a otros. Porque les he dado ejemplo, para que como Yo les he hecho, también ustedes lo hagan.” — Juan 13:12-15 (NBLA)

También encontramos mención de otros cinturones espirituales en las Escrituras, como el de los ángeles (Daniel 10:5) y como parte de las vestiduras del Mesías en Isaías 11:5. El Mesías es la Verdad (Juan 14:6) y encontramos que Su cinturón está compuesto por rectitud (justicia, Salmos 145:17) y fidelidad, Él es un Rey justo y fiel, y necesitamos aferrarnos a Él.

“Y será la justicia cinto de sus lomos, y la fidelidad ceñidor de sus riñones.” — Isaías 11:5 (RVA)

“Alcé mis ojos y miré, y vi un varón vestido de lino y ceñida su cintura con oro de Ufaz.” — Daniel 10:5 (RVR 1995)

¿Podemos perder la Protección del Cinturón de la Verdad?

Si otra vez tomamos el ejemplo de la armadura romana, vemos que si el soldado no se ceñía su cinturón, el resto de la armadura quedaba suelta, además no tenía dónde poner su espada, por lo que quedaba totalmente vulnerable si salía al campo de batalla. Si llegó a ver la serie de televisión de Batman de los 60’s con Adam West, se mostró en algunos programas que una de las peores cosas que le podía pasar a Batman era que alguno de sus enemigos le quitara su baticinturón, porque ahí traía todo su armamento. Y se preguntará ¿podrá un creyente perder su cinturón?

“Si proceden con hostilidad contra Mí y no quieren obedecerme, aumentaré la plaga sobre ustedes siete veces conforme a sus pecados… ”Y si con estas cosas no se enmiendan ante Mí, sino que proceden con hostilidad contra Mí, entonces Yo procederé con hostilidad contra ustedes; y Yo mismo los heriré siete veces por sus pecados.” — Levítico 26:21, 23-24 (NBLA)

Como vimos, la armadura de Dios es tan poderosa que nuestros enemigos no pueden vencernos en ningún ataque directo, ya que su armamento no es comparable al poder de Jesucristo. Pero la armadura sí tiene un punto débil, y el enemigo constantemente trata de atacarnos explotando esta vulnerabilidad. El problema radica en que los creyentes mismos se quiten, o pierdan momentáneamente, toda la armadura de Dios. Y es en estos instantes, que nuestros enemigos pueden atacar despiadadamente, y no hay defensa alguna, hasta que el creyente mismo se vuelva a armar. Lo único que puede causar que un creyente se quite la armadura es cuando comete un pecado, transgresión o iniquidad, eso automáticamente lo desarma por completo, y permanece de esta manera hasta que no pida perdón por sus pecados y regrese a estar bajo la protección del SEÑOR. Podemos ver un ejemplo de esto con el rey Saúl, quien al desobedecer los mandatos del SEÑOR, el Espíritu Santo lo abandonó, y luego de esto incluso sufrió ataques de un demonio, pero ni con esto, Saúl buscó arrepentirse, y lamentablemente continuó por el mal camino.

“Entre tanto, el Espíritu del Señor se había apartado de Saúl, y un espíritu maligno, enviado por el Señor, lo atormentaba. Por eso, los que estaban a su servicio le dijeron:—Como usted ve, señor nuestro, un espíritu maligno de parte de Dios lo está atormentando a usted.” — 1 Samuel 16:14-15 (DHH)

Por eso es crucial que los creyentes conozcan todas las leyes del SEÑOR descritas en la Biblia y no las transgredan. Y en caso de que lo hagan, inmediatamente pidan perdón a Dios para que los perdone, y restablezca toda Su armadura en el creyente. Por lo que, nuestros enemigos constantemente están buscando las debilidades de cada creyente, para tentarlos a que pequen y queden desprotegidos a sus ataques coordinados. Por eso, cuando nuestra fe es atacada, y empezamos a creer las mentiras como las de la evolución, como lo vimos en nuestro artículo de ¿Había Dinosaurios en el Arca de Noé? (Parte 1), la verdad de las Escrituras se desvanece, y empezamos a poner nuestra fe en doctrinas de hombres, que es cuando nuestro “cinturón de la verdad” se nos afloja, o hasta se llega a perder, si la persona llega hasta la apostasía.

“Hijitos míos, les escribo estas cosas para que no pequen. Y si alguien peca, tenemos Abogado para con el Padre, a Jesucristo el Justo.” — 1 Juan 2:1 (NBLA)

“Bienaventurado el hombre que persevera bajo la prueba, porque una vez que ha sido aprobado, recibirá la corona de la vida que el Señor ha prometido a los que lo aman.” — Santiago 1:12 (NBLA)

Para concluir, los dejo con esta porción del Salmo 18, en este Salmo vemos que el SEÑOR es quien nos protege, y también quien nos prepara y fortalece para la batalla.

“Pues Tú me has ceñido con fuerza para la batalla; has subyugado debajo de mí a los que contra mí se levantaron.” — Salmos 18:39 (NBLA)

En el siguiente artículo hablaremos, con el favor de Dios, acerca de la siguiente pieza de la armadura mencionada por Pablo: la coraza de la justicia o rectitud.

¡Que Dios los bendiga!


Continuar leyendo: La Armadura de Dios: La Coraza de la Justicia o Rectitud (Parte 3)
Ir a: ¿Qué es y cómo Adquirir la Armadura de Dios?