Vino Uvas viñedo

El Vino: Descifrando Palabras Clave (Parte 1)

¿En qué piensa cuando escucha la palabra “vino”? Quizás piense en una bebida elegante y de buen sabor. En alegría, amigos y celebración. O bien, podría pensar en algo que hace que las personas se emborrachen, que causa problemas familiares, económicos y de salud. En algo que se convierte en un vicio y una adicción. Y tiene razón. Incluso en la Biblia encontramos lo mismo, por un lado, el vino es algo tan bueno que era una ofrenda de libación para YAHWÉH (Levítico 23:13; Génesis 14:18). Sin embargo, el hombre ha hecho mal uso del vino, y por eso ha recibido tan mala reputación.



Ahora que empezamos a publicar nuestros estudios sobre el Cantar de los Cantares, queremos hablarles del significado simbólico de esta palabra clave, que nos brindará un mejor entendimiento de las Escrituras. Contrastaremos el vino de YAHWÉH, con el vino producido por el espíritu del hombre, cuya violencia es capaz de llevarnos hasta la Tercer Guerra Mundial.

Las Uvas Buenas y las Malas

Uvas

El vino se produce al fermentar el jugo de las uvas. La definición de “fermentar” en el diccionario es: un proceso bioquímico de transformación por la acción de una enzima. En las Escrituras, tanto las personas buenas como las malas, son comparadas con uvas (Oseas 9:10; Isaías 5:1-7). Cuando una persona es una uva buena, se transforma en un buen vino, para alimentar al hambriento y al sediento de la Palabra de Dios. Por eso Cristo dijo (Mateo 7:16, 20, 12:33):

Por sus frutos los conocerán. ¿Acaso se recogen uvas de los espinos o higos de los cardos?”. — Mateo 7:16 (NBLA)

Las malas personas, son comparadas con uvas silvestres o malas, de las cuales, ni siquiera conviene fermentarlas para hacer vino. Las personas con sus malas acciones se convierten en plantas y árboles que dan malos frutos. Al profeta Jeremías se le mostró una cesta de fruta podrida que no se podía comer (Jeremías 24:1-10). Estas son las personas malignas que no se han arrepentido. Las Escrituras advierten que serán castigadas, recibirán su merecido en forma de juicios terribles: la espada (guerras), hambruna, pestilencia (enfermedades) y bestias salvajes (hombres desalmados). Los árboles que no den buenos frutos serán cortados y arrojados al fuego (Mateo 7:19; Lucas 3:9).

“¿Qué más se puede hacer por Mi viña, Que Yo no haya hecho en ella? ¿Por qué, cuando esperaba que produjera uvas buenas, produjo uvas silvestres?… Él esperaba equidad, pero hubo derramamiento de sangre; justicia, pero hubo clamor”. — Isaías 5:4, 7b (NBLA)

El Vino como Sangre

Corazón endurecido por pecados

Las uvas malas, serán aplastadas, su sangre será derramada, por eso en Apocalipsis 19:13 aparece Cristo con Sus vestiduras manchadas de sangre, por el juicio que ejerció sobre quienes no se arrepintieron de sus pecados (Génesis 49:11). El lagar es el lugar donde antiguamente se aplastaban las uvas para hacer vino. El profeta Isaías lo compara al lugar donde YAHWÉH aplastará a todos los que rechazaron el sacrificio de salvación que hizo Yeshúa.

“¿Quién es este que viene de Edom, de Bosra con vestiduras de colores brillantes; Este, majestuoso en Su ropaje, que marcha en la plenitud de Su fuerza? Soy Yo que hablo en justicia, poderoso para salvar. ¿Por qué es rojo Tu ropaje, y Tus vestiduras como las del que pisa en el lagar?

“El lagar lo he pisado Yo solo; de los pueblos, ningún hombre estaba conmigo. Los pisé en Mi ira y los aplasté en Mi furor. Su sangre salpicó Mis vestiduras Y manché todo Mi ropaje. Porque el día de la venganza estaba en Mi corazón, Y el año de Mi redención había llegado. Miré, y no había quien ayudara, me asombré de que no hubiera quien apoyara. Entonces Mi propio brazo obtuvo salvación por Mí, y fue Mi propio furor el que me sostuvo. Pisoteé los pueblos en Mi ira, los embriagué en Mi furor y derramé su sangre por tierra”. — Isaías 63:1-6 (NBLA)

El problema con estas “uvas malas”, es que su corazón se va endureciendo. Piensan que no hay consecuencias por sus malos actos. Inventan excusas y así justifican y defienden su vida de pecado. Se consideran buenas personas, así que, no se arrepienten. Pero el terrible juicio anunciado ya les llegó a muchos. Estamos viendo en los noticieros guerras absurdas y sanguinarias que quebrantan leyes y tratados internacionales.

El Vino como Símbolo de la Sangre de Yeshúa

Jesús da gracias con el vino

En el otro extremo de todo este vino malo producido por el hombre, tenemos al buen vino de YAHWÉH. Yeshúa relaciona el vino de la última copa en la cena de Pascua con Su sangre, que sería derramada para establecer el Nuevo Pacto. Hoy en día, todo creyente forma parte de este pacto (Mateo 26:28; Lucas 22:20; Marcos 14:24).

«Porque sin derramamiento de sangre no hay perdón de los pecados» (Hebreos 9:22). Entonces, Yeshúa murió para que Su preciosa sangre, pagara el precio de la redención por nuestros pecados. «Porque, la vida está en la sangre» (Levítico 17:11). Él dio Su vida para que nosotros tuviéramos vida eterna. Su sangre nos purificó y ahora podemos formar parte de Su pacto: Donde Él es nuestro Elohím y nosotros somos Su pueblo (Jeremías 31:31-33).

“«Porque este es el pacto que haré con la casa de Israel después de aquellos días», declara YAHWÉH. «Pondré Mi Torá dentro de ellos, y la escribiré sobre sus corazones. Entonces Yo seré su Elohím y ellos serán Mi pueblo”. — Jeremías 31:33

Precisamente, acabamos de celebrar la Pascua, y con ella conmemoramos a Aquel quien derramó Su preciosa sangre por nuestros pecados, para que pudiéramos ser salvados, para que pudiéramos regresar a Dios. Reflexionemos sobre los frutos que hemos producido, ¿son aceptables ante YAHWÉH? ¿Tienen un aroma agradable? ¿Alimentan al hambriento?

En estos tiempos, en los que vemos diferentes juicios cayendo sobre varias naciones, busquemos el perdón de Dios, y si Cristo ya nos salvó, busquemos que quienes están a nuestro alrededor también se acerquen a Cristo, que se arrepientan, para que también obtengan Su perdón. Así dejarán de vivir bajo la ira y el juicio de YAHWÉH (Juan 3:36). Trabajemos los campos del SEÑOR mientras aún hay tiempo.

“Quien cree en el Hijo, recibe la vida eterna; pero el que se rehúsa a creer en el Hijo, no verá la vida, sino que la ira de Dios permanece sobre él”. — Juan 3:36 (LSP)

El Vino Simboliza la Obra del Espíritu Santo

Espiritu Santo

El profeta Jeremías nos dice que el corazón del hombre es engañoso y perverso (Jeremías 17:9). La fermentación necesita una enzima para lograr la transformación de las uvas en vino. ¿Qué es lo único que puede transformar el corazón del hombre? Según las Escrituras, es el Espíritu Santo (Ezequiel 36:26; 2 Corintios 3:18; Tito 3:5; Romanos 8:9). Es gracias al Espíritu Santo que la uva, una persona, puede convertirse en vino, en un creyente vuelto a nacer. El apóstol Pablo nos motiva a buscar estar llenos del vino del Espíritu Santo.

Y no se embriaguen con vino, pues en esto hay desenfreno. Más bien, sean llenos del Espíritu”. — Efesios 5:18 (RVA 2015)

En el día de Pentecostés, cuando se manifestaron unas “lenguas de fuego” sobre quienes recibieron al Espíritu Santo, los creyentes comenzaron a hablar en diferentes idiomas para que los peregrinos judíos que venían del extranjero, entendieran el mensaje evangelizador que estaban recibiendo. Estos judíos foráneos estaban en Jerusalén por la Fiesta de Pentecostés (también llamada Fiesta de las Semanas, o “Shavuót” en hebreo), y en obediencia al mandato de YAHWÉH de Deuteronomio 16:16. Estos judíos se maravillaron de escuchar a “galileos” hablar en su propio idioma (Hechos 2:5-12).

Sin embargo, hubo quienes se burlaron y dijeron “están llenos de vino nuevo”, insinuando que los creyentes que hablaban en idiomas extranjeros estaban “borrachos” (Hechos 2:13). Este versículo es clave, para entender el significado espiritual del vino en las Escrituras: el vino simboliza la labor del Espíritu Santo, que se manifiesta como los frutos en los creyentes.

Pentecostés Pedro Sermón

El Espíritu Santo transforma a las personas que lo reciben en creyentes, en vino nuevo. Es este vino de YAHWÉH el que les permite hablar de las maravillas del SEÑOR. Dicho de otra manera, van a profetizar. Así como lo hizo el apóstol Pedro, cuando el vino del Espíritu Santo le permitió hablarle a la multitud reunida en el Templo de Jerusalén y donde 3,000 personas se convirtieron.

En Hechos 2:14-21, durante la Fiesta de Pentecostés, Pedro les explicó que los creyentes no estaban borrachos como ellos suponían, porque era muy temprano para andar tomando vino (Hechos 2:15). Más bien, se trataba del cumplimiento de la profecía de Joel (Joel 2:28-32).

“Y será en los postreros días, dice Dios, derramaré de Mi Espíritu sobre toda carne, y vuestros hijos y vuestras hijas profetizarán; y vuestros mancebos verán visiones, Y vuestros viejos soñarán sueños: Y de cierto sobre Mis siervos y sobre Mis siervas en aquellos días derramaré de Mi Espíritu, y profetizarán”. — Hechos 2:17-18 (RVA)

Tenemos que tener cuidado sobre las trasformaciones que ocasiona el vino espiritual. La Biblia nos dice que los discípulos recibieron al Espíritu Santo, y Su vino hizo que hablaran en idiomas que otros judíos extranjeros pudieron entender. El propósito de este milagro fue la salvación de miles de judíos.

El Vino Falso

falsa manifestacion

Sin embargo, el enemigo siempre busca imitar las cosas que hace Dios, y en este caso, también ha encontrado la forma de engañar a la gente con un vino falso. Lamentablemente, en la actualidad, es muy popular en los círculos carismáticos el “don de hablar en lenguas”. Me temo que muchas de las transformaciones que se manifiestan en estas personas, son producidas por demonios, o fingidas por la persona, un vino malo. Puede ver más acerca de este problema en: La Falsa Doctrina de Hablar en Lenguas (Parte 2).

Cuando Sus discípulos le preguntaron a Cristo cuál sería la señal de Su llegada (de Su Segunda Venida), del fin del mundo, lo primero que les advirtió Cristo fue: «Tengan cuidado de que nadie los engañe» (Mateo 24:4).

¿Acaso no estamos ya viviendo en los últimos tiempos? Yeshúa nos dijo que lo podíamos saber cuándo escucháramos sobre el engaño: «Miren, aquí está el Cristo». ¿No es esto precisamente lo que proclaman las congregaciones donde se disemina el falso don de hablar en lenguas? Dicen: “aquí está Cristo”. Las congregaciones donde se promueve el evangelio de la prosperidad dicen: “Está acá”. Jesucristo nos advierte: «No les crean». ¡Ese no es Cristo! Sus grandes señales del “bautismo en el espíritu”, “hablar en lenguas”. ¡Eso no proviene del Espíritu Santo! Recibir al Espíritu Santo normalmente no es algo que podamos ver físicamente porque alguien le impuso las manos. Lo recibimos en nuestro espíritu y se aprecia por nuestros frutos.

“Estando Él sentado en el monte de los Olivos, Sus discípulos se acercaron a Él aparte y le dijeron: —Dinos, ¿cuándo sucederán estas cosas? ¿Y qué señal habrá de Tu venida y del fin del mundo? Respondió Jesús y les dijo: —Miren que nadie les engañe; porque muchos vendrán en Mi nombre diciendo: “Yo soy el Cristo”, y engañarán a muchos”… Entonces, si alguien les dice: “Miren, aquí está el Cristo”, o “Está acá”, no le crean. Porque se levantarán falsos cristos y falsos profetas, y harán grandes señales y maravillas de tal manera que engañarán, de ser posible, aun a los escogidos”. — Mateo 24:3-5, 23-24 (RVA 2015)

En Efesios 5:18, Pablo nos dice que no nos embriaguemos con vino hecho por el hombre, sino que estemos llenos del verdadero vino del Espíritu de YAHWÉH, que es Su obra, guía, consejos y enseñanzas. Por esta razón, en 1 Corintios 12:13, se compara el ser bautizado por el Espíritu Santo para formar parte del Cuerpo de Yeshúa, con beber el vino del Espíritu de YAHWÉH.

“Porque por un solo Espíritu fuimos todos bautizados en un cuerpo, tanto judíos como griegos, tanto esclavos como libres; y a todos se nos dio a beber de un mismo Espíritu”. — 1 Corintios 12:13 (RVR1995)

Por esta misma razón en Cantares 5:1 encontramos la invitación de Cristo: «¡Coman, oh amigos! ¡Beban, oh amados! ¡Beban en abundancia!», nos invita a beber de este vino nuevo, que recibamos con los brazos abiertos la labor de Su Espíritu en nuestras vidas, para que podamos caminar y dar frutos agradables al SEÑOR. YAHWÉH hace una invitación muy similar en Isaías 55:1.

A TODOS los sedientos: Venid a las aguas; y los que no tienen dinero, venid, comprad, y comed. Venid, comprad, sin dinero y sin precio, vino y leche”. —Isaías 55:1 (RVA)

El Buen Vino como Señal en las Bodas de Caná

Jesús convierte el agua en vino

La primera señal milagrosa que realizó Cristo fue el convertir el agua en vino durante una boda en Caná (Juan 2:11). Durante este milagro, Cristo dijo que le llevaran (de esta agua) a la persona encargada del banquete, quien cuando la probó, se refirió a esta bebida como “el buen vino”.

“Entonces, después de que el jefe del banquete probó el agua que había sido convertida en vino (pero no supo de dónde provenía, sin embargo, los sirvientes que habían sacado el agua, lo sabían) el jefe del banquete llama al esposo, y le dice: «Todo hombre sirve al principio el buen vino, y cuando están ebrios, en ese momento, el peor. Pero tú has guardado el buen vino hasta ahora». Jesús hizo esta, la primera de Sus señales milagrosas, en Caná de Galilea. Así reveló Su gloria y Sus discípulos creyeron en Él”. — Juan 2:9-11 (LSP)

Se había usted preguntado: ¿por qué la primera señal milagrosa que hizo Yeshúa fue el convertir el agua en vino?

Porque así demuestra que Su plan de salvación es la primera prioridad para Él. Cristo vino a transformarnos con Su vino. El vino significa recibirlo a Él, a Su Espíritu, Sus enseñanzas, Su labor de transformación de nuestros corazones. Simboliza el dejar de ser parte de las aguas del mundo (Apocalipsis 17:15), cuando las personas dejan su incredulidad, se arrepienten de sus pecados y reciben a Yeshúa en su corazón. Cuando un creyente vuelve a nacer, anhela con alegría las enseñanzas de Cristo y las pone en práctica, entonces se transforma en vino nuevo, en una nueva creación, en un hijo de YAHWÉH.

Jesús con Nicodemo

Ahora comparemos esto mismo con otro pasaje, para verlo desde otra perspectiva: Cuando Nicodemo fue a visitar a Cristo, Él le explicó que, para poder ver el reino de Dios, necesitaba volver a nacer de nuevo.

“Jesús respondió: “En verdad, en verdad te digo: A menos que alguien nazca del agua, es decir, del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios”. — Juan 3:5 (LSP)

En la mayoría de las Biblias este pasaje ha sido traducido como «nacer del agua y del Espíritu». Sin embargo, la conjunción griega, καὶ – que, además de significar “y”, también tiene la función de explicativo, y puede ser traducida como: “es decir”, “esto es”, “o sea”. Y por el contexto, la función explicativa es la más correcta en este caso. Esta traducción, la he podido corroborar no solo con el griego, sino también con los manuscritos hebreos del Evangelio de Juan.

Más adelante si Dios me lo concede, pienso hacer un estudio sobre el descubrimiento de que los Evangelios y los libros del Nuevo Testamento, muy probablemente fueron escritos originalmente en hebreo, y que posteriormente fueron traducidos al griego por todo el imperio romano. Al leer estos documentos hebreos, uno entiende mucho mejor el mensaje de los Evangelios.

Para resumir, cuando un incrédulo que forma parte de las aguas del mundo [las grandes ciudades son simbolizadas por mares (Apocalipsis 13:1)], es purificado por el agua del Espíritu, entonces vuelve a nacer y puede entrar al reino de YAHWÉH. Observe que Cristo se refiere al Espíritu Santo como agua, que como en Su primera señal, esta agua por la acción del Espíritu Santo se convierte en “vino nuevo y bueno”, en un creyente en Yeshúa HaMashíaj.

[Jesús dice a la Samaritana] “Pero cualquiera que beba del agua que Yo le daré, de ninguna manera tendrá sed jamás; sino que el agua que Yo le daré se convertirá en él en una fuente de agua que brota para vida eterna”. — Juan 4:14 (LSP)

[Jesús dice] “El que cree en Mí, como dice la Escritura, de su vientre brotarán ríos de agua viva. —Pues esto lo dijo referente al Espíritu, el cual estaban a punto de recibir los que han creído en Él; ya que aún no tenían al Espíritu Santo, porque Jesús no había sido glorificado todavía—”. — Juan 7:38-39 (LSP)

“Nacer del agua” también lo relacionamos con ser bautizados. Así como podemos sumergir una “botellita” a un cuerpo de agua y así llenarla, podemos ver esta simbología también en el bautismo. Cristo remueve el agua del mundo que teníamos y nos llena con Su agua.

Después de ser bautizados, salimos llenos del agua de YAHWÉH, y gracias a Su labor, esta agua en la “botellita” se transforma en el buen vino, el que hace que se despierten “los labios de los que duermen” (Cantar de Cantares 7:9), que los creyentes hablen del Evangelio, y hablen sobre Sus maravillas. Por eso Cristo es la Vid, y los creyentes son las ramas, de donde salen las uvas que después se convierten en vino.

[Jesús dice] “YO SOY la vid, ustedes las ramas. El que permanece en Mí y Yo en él, este produce mucho fruto. Porque sin Mí no pueden hacer nada”. — Juan 15:5 (LSP)

En nuestro siguiente estudio continuaremos hablando de los efectos de la transformación del vino del Espíritu Santo que nos motiva a aprender la Palabra, desde las enseñanzas más sencillas, desde la “lechita”. También nos da el don del discernimiento, el valor para evangelizar, y lo que necesitamos para sanar a nuestro prójimo.

¡Que YAHWÉH los bendiga!


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