Los 7 Espíritus del SEÑOR: El Espíritu del SEÑOR (Parte 3)

En el artículo anterior vimos que el Espíritu del SEÑOR es también llamado el Espíritu de vida en Cristo, porque nos ayuda para que cada día vivamos siguiendo el ejemplo de Jesús, e ir eliminando la carnalidad de nuestras vidas. Ahora veremos otro ministerio del Espíritu: el de Santidad, quien nos ayuda para mantenernos puros, y para poder identificar y evitar posibles fuentes de contaminación y corrupción. Y si se pregunta: ¿Cuál es el problema de vivir contaminado?, la respuesta es que con ello, nos separamos de Dios y de Sus bendiciones. Y como vimos en Los 7 Espíritus del SEÑOR: Conocimiento y Profecía (Parte 3), necesitamos mantenernos aferrados al SEÑOR. Sin la santidad nadie podrá ver al SEÑOR, y por lo mismo son bendecidos o bienaventurados los de corazón limpio.

Procuren la paz con todos, y la santidad sin la cual nadie verá al Señor. Miren bien que ninguno deje de alcanzar la gracia de Dios; que ninguna raíz de amargura brote y cause estorbo, y que por ella muchos sean contaminados” — Hebreos 12:14-15 (RVA 2015)

Bienaventurados los de limpio corazón: porque ellos verán á Dios.” — Mateo 5:8 (RVA)

El Ministerio del Espíritu de Santidad en la Resurrección de Cristo

Jesucristo fue sepultado y luego resucitó al tercer día.

El apóstol Pablo nos da a conocer al Espíritu de Santidad de una forma misteriosa en Romanos 1:4, porque con Su poder no permitió ninguna clase de corrupción mientras Jesucristo estaba en la tumba, hasta que el Espíritu del Señor lo resucitó de entre los muertos. Vemos que esto fue profetizado por el rey David en Salmos 16:10, donde se nos explica que el Espíritu del SEÑOR no permitiría que Cristo sufriera corrupción en el sepulcro. Jesucristo se mantuvo santo en todo momento.

Y quien fue declarado Hijo de Dios con poder según el Espíritu de santidad por Su resurrección de entre los muertos—, Jesucristo nuestro Señor.” — Romanos 1:4 (RVA-2015)

“Porque Tú no abandonarás mi alma en el Seol, ni permitirás que Tu Santo sufra corrupción.” — Salmos 16:10 (NBLA)

¿Qué es ser Santo?

Ser santo viene del verbo hebreo קָדַשׁ – kadásh, que se deriva de “cortar”, “separar”, por lo que nos habla de separar algo o a alguien, de lo que es común, para ser sagrado y de utilidad para el SEÑOR. Por eso, kadásh se traduce como “santificar”, “dedicar”, “consagrar”. Cuando decimos que alguien es “santo”, קֹדֶשׁ – kodésh, es que se ha convertido en una posesión de Dios (1 Corintios 6:19-20, 7:22-23) y ha sido separado del mundo incrédulo. Por ejemplo, cuando el SEÑOR dio instrucciones para la construcción del Tabernáculo (el Templo móvil), dio indicaciones precisas acerca de cómo santificar el altar, los utensilios, a los sacerdotes (Levítico 8), todo debía quedar santo, apartado para el servicio a Dios.

“Y allí testificaré de Mí a los hijos de Israel, y el lugar será santificado con Mi gloria. Y santificaré el tabernáculo del testimonio y el altar: santificaré asimismo á Aarón y á sus hijos, para que sean mis sacerdotes.” — Éxodo 29:43-44 (RVA)

Otra palabra que se deriva de la misma raíz de kadásh es מִקְדָּשׁ – mikdásh, que significa lugar sagrado, un santuario, lugar santo, o bien, parte sagrada del Tabernáculo o del Templo. Las Escrituras traducen mikdásh como “santuario”, cuando se refieren al Tabernáculo o al Templo del SEÑOR. Es el área física dedicada a la adoración de Dios. Esta área era sagrada porque era el lugar donde moraba Dios entre el pueblo (Éxodo 25:8). Una vez que el corazón de piedra es removido en los creyentes vueltos a nacer, el Espíritu de Santidad hace que nuestros corazones sean santos (Isaías 57:15), para que el Espíritu del SEÑOR habite en ellos. Y como fue profetizado en el nuevo pacto (Jeremías 31:1; Ezequiel 37:27; Levítico 26:12; Éxodo 29:45), nuestra alma se transforma en el templo del Dios viviente (1 Corintios 3:16-17, 6:19; 2 Corintios 6:16). Por eso, como creyentes, debemos de mantenernos santos y evitar contaminarnos, o peor aún, destruir el Templo de Dios.

“¿No saben que ustedes son templo de Dios y que el Espíritu de Dios habita en ustedes? Si alguno destruye el templo de Dios, Dios lo destruirá a él, porque el templo de Dios es santo, y eso es lo que ustedes son.” — 1 Corintios 3:16-17 (NBLA)

“¿O qué acuerdo tiene el templo de Dios con los ídolos? Porque nosotros somos el templo del Dios vivo, como Dios dijo: «Habitaré en ellos, y andaré entre ellos; y seré su Dios, y ellos serán Mi pueblo.” — 2 Corintios 6:16 (NBLA)

El Espíritu de Santidad está constantemente exhortándonos para que seamos y nos mantengamos santos (Levítico 19:2; 1 Pedro 1:15), limpios, para que podamos tener comunión con Dios, para que nuestras oraciones sean escuchadas (1 Pedro 3:7), y lo podamos servir a través de nuestros frutos. Inclusive, el rey David nos advierte que solo los que son santos pueden habitar en Su Santo Monte (Salmos 15).

“Porque Yo Soy el SEÑOR su Dios, ustedes se santificarán; y serán santos, porque Yo Soy santo. No se contaminen por causa de ningún reptil que se desplaza sobre la tierra. Porque Yo Soy el SEÑOR, que los hago subir de la tierra de Egipto para ser su Dios. Serán santos, porque Yo Soy santo”.” — Levítico 11:44-45 (RVA-2015)

Como hijos obedientes, no se conformen a los deseos que antes tenían en su ignorancia, sino que así como Aquel que los llamó es Santo, así también sean ustedes santos en toda su manera de vivir. Porque escrito está: «Sean santos, porque Yo soy santo».” — 1 Pedro 1:14-16 (NBLA)

El Cristiano debe Evitar ser Contaminado

A la luz de la santidad de Dios, Isaías se vio a sí mismo, y a su pueblo, como pecadores (Isaías 6:5). Por esta razón, los creyentes no pueden servir al SEÑOR cuando están contaminados por pecados no confesados, porque dejan de ser santos. Piense usted en objetos sucios, ¿verdad que muchos de ellos simplemente por estar sucios dejan de ser útiles para nosotros? Empezando por la ropa, si usted está limpio no se pondría una ropa sucia o que huela mal. Tampoco andaría buscando entre la basura objetos para utilizarlos. Observe en la historia del hombre endemoniado gadareno (Marcos 5:1-20), el detalle de que vivía entre las tumbas, un cementerio es un lugar inmundo, y ahí es donde los demonios le indicaban a este hombre que viviera. El punto es que el diablo siempre va a buscar que las personas se contaminen y que hagan lo opuesto a lo que Dios dice, y por lo mismo los demonios también son llamados espíritus inmundos o impuros, están lejos del Espíritu de Santidad.

“Y salido Él del barco, luego le salió al encuentro, de los sepulcros, un hombre con un espíritu inmundo, que tenía domicilio en los sepulcros, y ni aun con cadenas le podía alguien atar… y siempre, de día y de noche, andaba dando voces en los montes y en los sepulcros, é hiriéndose con las piedras.” — Marcos 5: 2-3, 5 (RVA)

Con la muerte espiritual la persona se encuentra separada de Dios.

Podemos decir que, todo el libro de Levítico está dedicado a explicar las leyes de santidad de Dios: cómo purificarse, cómo evitar contaminarse, y qué hacer para remediar si uno se contamina. Porque como vimos al principio, si nos contaminamos, nos separamos de Dios, y eso conduce a la muerte. Así como Adán y Eva que necesitaron ser desalojados del Jardín del Edén, porque perdieron la santidad en la que vivían, debido al pecado original, lo cual “separó” a la humanidad de Dios, y que, a su vez provocó que los descendientes de Adán y Eva nacieran “muertos espiritualmente” (1 Corintios 15:45-49). De forma similar, en la que el olor de un muerto nos parece repugnante (Juan 11:39), podemos deducir que el pecador que está muerto espiritualmente tiene, entre otras cosas, un olor tan desagradable que no puede estar ante la presencia de Dios.

Porque eres pueblo santo para el SEÑOR tu Dios; y el SEÑOR te ha escogido para que le seas un pueblo de Su exclusiva posesión de entre los pueblos que están sobre la superficie de la tierra. No comerás nada abominable.” — Deuteronomio 14:2-3 (NBLA)

“Enseñarán a mi pueblo a discernir entre lo santo y lo profano, y entre lo impuro y lo puro.” — Ezequiel 44:23 (RVA-2015)

El SEÑOR quiere olores agradables, como los de los sacrificios (Génesis 8:21; Éxodo 29:18; Ezequiel 20:40-41), y los sacrificios no solo son de animales limpios, sino buenas acciones (Filipenses 4:18; Mateo 9:13; Oseas 6:6). Así las personas producen un aroma agradable para Dios. Observe que en los procesos bíblicos para la santificación hay un simbolismo representado por traer ropa limpia o bien lavar la ropa (Levítico 11:25, 28, 40, 13:6, 34, 58, 14:8-9, 47, 15:5-22; Zacarías 3:1-5; Apocalipsis 19:8), ese fue precisamente el requerimiento del SEÑOR para presentarse ante el pueblo de Israel, debían estar santificados (Éxodo 19:10-11) y con su ropa limpia. El Espíritu de Santidad nos ayuda en el proceso de santificación que tenemos como cristianos.

“Por tanto, si alguien se limpia de estas cosas, será un vaso para honra, santificado, útil para el Señor, preparado para toda buena obra.” — 2 Timoteo 2:21 (NBLA)

Juan el Bautista predicaba en el desierto, hablaba acerca de la llegada del Mesías y de la necesidad de arrepentirse de los pecados.

La Biblia menciona diferentes formas en las que estas santificaciones, purificaciones o limpiezas pueden ocurrir, por ejemplo: Juan El Bautista preparaba al pueblo, previo a la llegada de Cristo, mediante el bautismo de arrepentimiento; el bautismo es precisamente un ritual de purificación. Otra forma de santificar a alguien es por medio de unciones (Levítico 8:10-12), como cuando Dios le indicó al profeta Samuel que buscara a David para ungirlo con aceite, así quedaría separado para servir al Todopoderoso como rey de Israel (1 Samuel 16:13), al estar santificado, ese mismo día, David recibió al Espíritu Santo. Además, el SEÑOR nos purifica a través de Su Palabra (Juan 17:17; Efesios 5:26-27) y de Su sangre (Hebreos 9:11-22). Y Él es, el único que nos puede santificar (Éxodo 31:13).

“Habla, pues, tú a los israelitas y diles: “De cierto guardarán Mis días de reposo, porque esto es una señal entre Yo y ustedes por todas sus generaciones, a fin de que sepan que Yo Soy el Señor que los santifico.” — Éxodo 31:13 (NBLA)

“Para que les abras sus ojos a fin de que se conviertan de las tinieblas a la luz, y del dominio de Satanás a Dios, para que reciban, por la fe en Mí, el perdón de pecados y herencia entre los que han sido santificados.” — Hechos 26:18 (NBLA)

Además, el Espíritu de Santidad nos advierte contra posibles formas de contaminación. El libro de Levítico contiene muchas indicaciones acerca de cómo evitar contaminarse, por ejemplo, al no comer alimentos impuros o abominables (Levítico 11, como lo vimos en nuestro artículo La Dieta Bíblica), ni tocar cuerpos muertos (Levítico 5:2), no tener relaciones sexuales ilícitas (Levítico 18:20, 22-23), no consultar brujos ni espiritistas (Levítico 19:31), etc., también incluye indicaciones para la purificación luego de haber transgredido las leyes de Dios. Y usted podría pensar que estas son leyes del Antiguo Testamento, o que solo aplicaban para los israelitas en el pasado, o que ya no le aplican a usted en este momento. Sin embargo, las profecías de Zacarías nos muestran que las leyes de santidad seguirán vigentes en el futuro, durante el reinado de Jesucristo, ya que los caballos llevarán grabados en sus campanas el mensaje “Santidad [Consagrado] al SEÑOR”, también vemos que las vasijas, tazones y demás utensilios en Jerusalén estarán consagrados al SEÑOR. Las personas se podrán contaminar y perder su santidad temporalmente, y hasta recibir maldiciones como ausencia de lluvia, para quienes no vayan a adorar a Dios en Jerusalén (Zacarías 14:16-17) durante la Festividad de Tabernáculos (Zacarías 14:18). Dios no cambia (Malaquías 3:6), y Sus leyes son las mismas (Marcos 13:31; Lucas 16:17).

“En aquel día estará grabado en los cascabeles de los caballos: «Santidad al SEÑOR». Y serán las ollas en la casa del SEÑOR como los tazones delante del altar. Toda olla en Jerusalén y en Judá será consagrada al SEÑOR de los ejércitos. Todos los que ofrezcan sacrificios vendrán y tomarán de ellas y en ellas cocerán. Y no habrá más mercader en la casa del SEÑOR de los ejércitos en aquel día.” — Zacarías 14:20-21 (NBLA)

“Y el mismo Dios de paz los santifique por completo; que todo su ser —tanto espíritu, como alma y cuerpo— sea guardado sin mancha en la venida de nuestro Señor Jesucristo.” — 1 Tesalonicenses 5:23 (RVA-2015)

[Jesús dice] “El cielo y la tierra pasarán, pero Mis palabras no pasarán.” — Marcos 13:31 (RVC)

Profanar también es “hacer común”

Dios es Santo, y Su Espíritu de Santidad nos da testimonio de este aspecto de Su Ser, lo cual nos ayuda a conocerlo mejor. Su naturaleza lo separa absolutamente de todo pecado, maldad y profanidad, también de lo que es común. La palabra “profanar” en hebreo es חָלַל – jalál, y significa “profanar”, “contaminar” y también “hacer común”. Por ejemplo en Levítico 19:12, Dios advierte a la humanidad acerca de no profanar Su Nombre, y está relacionado al Tercer Mandamiento acerca de no tomar Su Santo Nombre en vano, no hacerlo común. Y observe que muchas películas de Hollywood no tan solo hacen común el Santo Nombre de Jesucristo, profanándolo, sino que además lo blasfeman. Tales personas serán castigadas por esta transgresión (Éxodo 20:7).

“Y no juraréis en Mi nombre con mentira, ni profanarás el nombre de tu Dios: Yo Jehová.” — Levítico 19:12 (RVA)

“No se engañen ustedes: nadie puede burlarse de Dios. Lo que se siembra, se cosecha.” — Gálatas 6:7 (DHH)

Profanar algo santo haciéndolo común, no tan solo aplica al Santo Nombre de Dios, sino cualquier cosa santa. Vemos también, por ejemplo, que cuando Dios se le apareció a Moisés en la zarza ardiente, le dijo que se quitara las sandalias porque estaba pisando tierra santa (Éxodo 3:5), esa tierra había sido santificada por la presencia de Dios, y había dejado de ser común.

“Entonces Dios le dijo: «No te acerques aquí. Quítate las sandalias de los pies, porque el lugar donde estás parado es tierra santa».” — Éxodo 3:5 (NBLA)

En nuestro siguiente estudio continuaremos viendo el ministerio del Espíritu de Santidad cuando disciplina a los creyentes. Hablaremos acerca de la maldad que se desata cuando la santidad se pierde. También veremos la falsa santidad que el mundo adjudica a los valores satánicos que hay en la actualidad.

¡Que Dios los bendiga!


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