Los 7 Espíritus del SEÑOR: El Espíritu del SEÑOR (Parte 2)

En el artículo anterior empezamos a ver lo asombroso que es el Espíritu del SEÑOR quien vive en cada uno de los creyentes vueltos a nacer. Vimos que el Espíritu del SEÑOR participa en la salvación de los creyentes como el Espíritu de Cristo y el Espíritu de Gracia. Ahora veremos que también nos ayuda en nuestra santificación, al guiarnos a tomar nuestra cruz cada día y seguir a Nuestro Señor Jesucristo, al ser el Espíritu de Vida en Cristo.

“Porque el Señor es el Espíritu; y donde está el Espíritu del Señor, allí hay libertad.” — 2 Corintios 3:17 (RVA-2015)

El Espíritu del SEÑOR es el Espíritu de Vida en Cristo

El apóstol Pablo, en Romanos 8, nos revela que cuando el Espíritu del SEÑOR habita en nosotros, al igual que lo hizo con los santos del Antiguo Testamento, nos transforma para vivir conforme al Espíritu, y para que mueran las obras de la carne en nosotros. Además, nos da el poder para que nuestras vidas estén centradas en Cristo, mejora nuestra relación con Él, e inclusive nuestra oración hacia el SEÑOR. También proclama nuestra libertad, ya que dejamos de estar bajo la ley del pecado y la muerte, para tener vida eterna y la paz del SEÑOR. Adicionalmente, Pablo nos habla de otra manifestación del Espíritu del SEÑOR: Es el Espíritu de Adopción, quien da testimonio a nuestro espíritu de que somos hijos de Dios, herederos en Su reino y que seremos glorificados con Yeshúa (Jesús en hebreo, que significa “Salvación”).

“Por tanto, ahora no hay condenación para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne sino conforme al Espíritu. Porque la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús te ha libertado de la ley del pecado y de la muerte.” — Romanos 8:1-2 (NBLA)

“Pues no recibieron el espíritu de esclavitud para estar otra vez bajo el temor, sino que recibieron el Espíritu de Adopción como hijos, en el cual clamamos: “¡Abba, Padre!”.” — Romanos 8:15 (RVA-2015)

La provisión del Espíritu de Jesucristo, conforme a mi anhelo y esperanza de que en nada seré avergonzado, sino que con toda confianza, aun ahora, como siempre, Cristo será exaltado en mi cuerpo, ya sea por vida o por muerte. Pues para mí, el vivir es Cristo y el morir es ganancia.” — Filipenses 1:19b-21 (NBLA)

Lenguas de Fuego

La venida pública del Espíritu Santo, durante Pentecostés, con el propósito de introducir y administrar el Nuevo Pacto, y después de la Encarnación de Nuestro Señor Jesucristo, fue el segundo evento en importancia dentro del plan de salvación de Dios. La manifestación del Espíritu del SEÑOR con “lenguas como de fuego” sobre los apóstoles, simbolizó su bautismo de fuego (Hechos 2:3), y los acreditó como los embajadores autorizados de Cristo. Ahora, el fuego encendido se ha extendido a todos los corazones de los creyentes como un símbolo de Su presencia en la tierra.

“Juan les habló a todos: «Yo los bautizo con agua; pero viene Uno que es más poderoso que yo, a quien no soy digno de desatar la correa de Sus sandalias. Él los bautizará con el Espíritu Santo y fuego.” — Lucas 3:16 (NBLA)

“Se les aparecieron lenguas como de fuego que, repartiéndose, se posaron sobre cada uno de ellos.” — Hechos 2:3 (NBLA)

¿Se preguntará qué significan las lenguas de fuego que se posaron sobre los discípulos en Pentecostés? Una posible respuesta la podemos encontrar en el Targum Neofiti (una traducción de la Torá al arameo) en Éxodo 19:2, donde se nos dice que, cuando Dios pronunció los 10 Mandamientos, dos antorchas de fuego fueron las que los escribieron en las 2 tablas de piedra, que después se le entregaron a Moisés. Estas antorchas de fuego quizás sean similares a lo que sucedió cuando Abraham hizo el sacrificio y la antorcha pasó entre las mitades de los animales (Génesis 15:17) mientras Dios le dio un sueño profundo (Génesis 15:9-21). De la misma forma, en Pentecostés, el Espíritu del SEÑOR con estas lenguas de fuego escribió todos los mandamientos de Dios en los corazones de carne de los discípulos de Jesucristo.

Como antorchas de fuego, una antorcha de fuego a la derecha y una antorcha de fuego a la izquierda. Voló y revoloteó rápidamente en el aire de los cielos y regresó… y al regresar quedó grabado en las tablas del pacto y todo Israel lo vio.” —Éxodo 19:2 de Targum Neofiti.

“Porque este será el pacto que haré con la casa de Israel después de aquellos días, dice el SEÑOR: Pondré Mi ley en su interior y la escribiré en su corazón. Yo seré su Dios, y ellos serán Mi pueblo.” — Jeremías 31:33 (RVA-2015)

Una Vida Alejada de Cristo

Una persona incrédula no tiene el poder de cambiar por sí misma, y sigue viviendo dominada por los deseos de su carne y esclavizada al pecado. Solo puede aparentar una moralidad superficial al realizar rituales religiosos, con los que intenta cambiar internamente, de forma similar a lo que hacían los fariseos (Mateo 23:23), pero dejando de lado la verdadera fe en Dios, la justicia y el amor al prójimo. Hoy en día, encontramos muchos ejemplos así, de personas hipócritas que fingen preocuparse por los demás, incluso son llamados filántropos; pero que en realidad, sus acciones son motivadas por intereses personales, como buscar ser admirados y vistos como personas piadosas (Mateo 6:2), pero que finalmente, solo buscan incrementar sus riquezas terrenales.

“Como hijos obedientes, no se conformen a los deseos que antes tenían en su ignorancia” — 1 Pedro 1:14 (NBLA)

“No solo escuchen la palabra de Dios; tienen que ponerla en práctica. De lo contrario, solamente se engañan a sí mismos.” — Santiago 1:22 (NTV)

El Poder de Transformación del Espíritu

Por otro lado, el “Espíritu de vida en Cristo” tiene el poder para darnos un nuevo espíritu. Él es la fuerza moral suprema para cambiarnos de adentro hacia afuera, motivando en nosotros, una vida renovada cuando estamos en comunión con Él (2 Corintios 3:17-18; Salmos 51:10-12). El Espíritu de Vida en Cristo cambia nuestras vidas, ya que cuando éramos incrédulos, no veíamos ningún problema para cometer toda clase de pecados, incluso sin darnos cuenta, porque éramos esclavos del pecado. Pero ahora que, el Espíritu del SEÑOR nos salvó y vive en nuestros corazones, prestamos mucha atención a nuestros pensamientos y acciones, y procuramos huir del pecado, de las tentaciones, y de cualquier cosa que desagrade al SEÑOR (Deuteronomio 28:1; Josué 1:8). El Espíritu del SEÑOR enfoca Sus esfuerzos en estos cambios profetizados en Jeremías 31, dentro del plan de salvación de Dios. Primero, nos anuncia Su intervención milagrosa con la Encarnación de Jesús, la semilla de la mujer que hirió la cabeza de Satanás (Jeremías 31:22b, Mateo 1:18). Y segundo, moldea activamente los corazones de los creyentes vueltos a nacer, como parte del Nuevo Pacto del SEÑOR, para que podamos madurar espiritualmente, y nuestras vidas reflejen el amor de Cristo (Jeremías 31:31-33; Juan 13:35).

Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, y renueva un espíritu recto dentro de mí. No me eches de Tu presencia, y no quites de mí Tu Santo Espíritu. Restitúyeme el gozo de Tu salvación, y sostenme con un espíritu de poder.” — Salmos 51:10-12 (NBLA)

Sean, pues, imitadores de Dios como hijos amados; y anden en amor, así como también Cristo les amó y se dio a sí mismo por nosotros, ofrenda y sacrificio a Dios, como fragante aroma.” — Efesios 5:1-2 (NBLA)

“De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas.” — 2 Corintios 5:17 (RVA-2015)

Pablo nos explica que, el SEÑOR es santo y justo, y la forma en la que una persona se puede reconciliar legalmente con Dios es si fue previamente limpiada, justificada y santificada (1 Corintios 6:11). Sin este milagro de la gracia, nadie puede entrar en el Cielo. El hombre natural “nacido de la carne, carne es” (Juan 3:6), no sólo está contaminado hasta lo más profundo de su ser por el pecado original y sus transgresiones actuales, sino que hay en él una incapacidad para comprender, aceptar o disfrutar las cosas espirituales (1 Corintios 2:14). La obra de santificación del “Espíritu de vida en Cristo Jesús” inicia con la regeneración, cuando se da una nueva vida espiritual, una nueva capacidad, se despierta un nuevo deseo. Continúa con el proceso de santificación diaria (2 Corintios 4:16), y se completará con la glorificación del cuerpo durante la Segunda Venida de Jesucristo.

“Ni los ladrones ni los avaros ni los borrachos ni los calumniadores ni los estafadores, heredarán el reino de Dios. Y esto eran algunos de ustedes, pero ya han sido lavados, pero ya son santificados, pero ya han sido justificados en el nombre del Señor Jesucristo y en el Espíritu de nuestro Dios.” — 1 Corintios 6:10-11 (RVA-2015)

Pero el hombre natural no acepta las cosas del Espíritu de Dios, porque para él son necedad; y no las puede entender, porque son cosas que se disciernen espiritualmente.” — 1 Corintios 2:14 (NBLA)

En Cristo encontramos descanso.

Las Escrituras nos dicen que, los creyentes vueltos a nacer seremos “transformados en la misma imagen de la gloria del SEÑOR”. Los atributos de Cristo están siendo formados en nuestras almas, mentes y corazones (Gálatas 4:19). Es decir, que la Ley de Dios ahora está escrita en el corazón de cada creyente (Hebreos 8:10). De esta forma, Cristo está en el creyente por Su Espíritu; y el creyente está en Cristo por la fe (Romanos 6:3-5; Gálatas 3:26). El Espíritu de la vida en Cristo es quien nos permite poner nuestros ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe (Hebreos 12:1-2). Como creyentes sabemos que Cristo es la cabeza, y nosotros solo somos miembros de Su cuerpo (1 Corintios 12:12-27; Romanos 12:5).

“Hijos míos, por quienes de nuevo sufro dolores de parto hasta que Cristo sea formado en ustedes.” — Gálatas 4:19 (NBLA)

“Porque este es el pacto que haré con la casa de Israel después de aquellos días”, dice el SEÑOR. “Pondré mis leyes en la mente de ellos y en su corazón las inscribiré. Y yo seré para ellos Dios, y para Mí ellos serán pueblo.” — Hebreos 8:10 (RVA-2015)

Puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, quien por el gozo puesto delante de Él soportó la cruz, despreciando la vergüenza, y se ha sentado a la diestra del trono de Dios.” — Hebreos 12:2 (NBLA)

El Rechazo al Espíritu de Vida en Cristo

Sin embargo, cuando un creyente se ha descarriado y ha dejado su comunión con el Espíritu de Vida en Cristo, este vacío en su corazón lo hace como el hombre más miserable sobre la tierra, aún peor que un incrédulo, quien no ha experimentado esta comunión divina, y que por lo mismo, tampoco la extraña. Tenemos el ejemplo del rey David, cuando se descarrió y luego recapacitó, le suplicó al SEÑOR que no le quitara Su Espíritu Santo (Salmos 51:11), y además le pidió: “Restitúyeme el gozo de Tu salvación” (Salmos 51:12). Si vemos a algún creyente descarriado, debemos ayudarlo porque es nuestro hermano, ya que, cuando un miembro sufre, todo el cuerpo sufre (1 Corintios 12:26). Además, el mal ejemplo de un “cristiano” va a dar un mal testimonio ante los incrédulos, quienes se alejarán más del SEÑOR, justificándose por el mal comportamiento del creyente descarriado. Adicional a esto, tenemos las noticias y programas como American Greed, en donde, han expuesto a pastores que se han involucrado en escándalos de inmoralidad, o que han defraudado económicamente a miembros de sus congregaciones. Los terribles comportamientos de ciertos líderes cristianos afectan a todas sus congregaciones, al punto que algunas personas se desmotivan tanto, que incluso dejan el cristianismo. Además, estos malos ejemplos son recordados por algunas personas incrédulas, quienes no creen el mensaje cuando las evangelizamos, tachando como hipócritas a los cristianos en general, porque han observado el mal comportamiento de cristianos (descarriados) y no les hace sentido. Cuando me han dicho cosas así, les contesto que no permitan que el mal comportamiento de otras personas les impida poner su fe en Cristo, les enfatizo que eso no debe de afectarlos. Nuestra relación con Cristo es personal, y el Señor es Juez, Él castiga a los servidores que tratan mal a Su rebaño (Ezequiel 34), a los perezosos (Mateo 25:25), a los que no dan frutos (Lucas 13:6-9).

“No fortalecen a la oveja débil, no cuidan de la enferma, ni curan a la herida; no van por la descarriada ni buscan a la perdida. Al contrario, tratan al rebaño con crueldad y violencia. Por eso las ovejas se han dispersado: ¡por falta de pastor! Por eso están a merced de las fieras salvajes.” — Ezequiel 34:4-5 (NVI)

Pablo nos recuerda que, para vivir de acuerdo al Espíritu de Vida en Cristo, tenemos que cumplir con Su ley: Amar a nuestro prójimo (Gálatas 5:14). Y solo podemos hacerlo con la ayuda del Espíritu del SEÑOR (Romanos 5:5).

“Hermanos, aun si alguien es sorprendido en alguna falta, ustedes que son espirituales, restáurenlo en un espíritu de mansedumbre, mirándote a ti mismo, no sea que tú también seas tentado. Lleven los unos las cargas de los otros, y cumplan así la ley de Cristo.” — Gálatas 6:1-2 (NBLA)

“Porque toda la ley en una palabra se cumple en el precepto: «Amarás a tu prójimo como a ti mismo.” – Gálatas 5:14 (NBLA)

Las Recompensas de la Vida en Cristo

Dios no quiere que nuestras vidas sean solo de comodidad, sino que tengamos vidas disciplinadas, por lo que nos asigna cargas, y Él espera que nosotros nos hagamos responsables de lo que nos encomienda (Gálatas 6:4-5). Hay cargas que tenemos que hacerlas por nosotros mismos, no podemos delegarlas, como: El arrepentirse, poner nuestra fe en Jesús, o amar al SEÑOR. Y cuando las hacemos, se convierten en bendiciones y gloria para quienes las cumplen. Hay otras cargas que nos pueden parecer difíciles o imposibles de realizarlas por nosotros mismos. Para estas cargas, Pablo nos explica que el SEÑOR, en Su amor hacia nosotros, nos dice que podemos dárselas a Él para que se haga cargo de ellas (Salmos 55:22). Por ejemplo, Nehemías cuando se enteró que la muralla de Jerusalén había sido derribada, y sus puertas quemadas por el fuego, se lamentó tanto que quiso remediarlo. Y aunque parecía una carga imposible para ser solucionada por él, Nehemías hizo lo correcto y oró al SEÑOR, y lo que no se había hecho en años, el Todopoderoso, a través de Nehemías, lo pudo resolver en 52 días (Nehemías 6:15-16). Nuestro Señor Jesucristo nos dice que nos acerquemos a Él con nuestras cargas pesadas, y a cambio, recibiremos descanso y cargas ligeras.

“Echa sobre el SEÑOR tu carga, y Él te sustentará; Él nunca permitirá que el justo sea sacudido.” — Salmos 55:22 (NBLA)

“Luego dijo Jesús: «Vengan a Mí todos los que están cansados y llevan cargas pesadas, y Yo les daré descanso. Pónganse Mi yugo. Déjenme enseñarles, porque Yo Soy humilde y tierno de corazón, y encontrarán descanso para el alma. Pues Mi yugo es fácil de llevar y la carga que les doy es liviana».” — Mateo 11:28-30 (NTV)

“Pero que cada uno examine su propia obra, y entonces tendrá motivo para gloriarse solamente con respecto a sí mismo, y no con respecto a otro. Porque cada uno llevará su propia carga.” — Gálatas 6:4-5 (NBLA)

En nuestro siguiente estudio, continuaremos viendo otros títulos del Espíritu del SEÑOR que reflejan Sus diferentes ministerios, como el del Espíritu de Santidad que, como veremos, nos ayuda en nuestra vida cristiana para que nos mantengamos victoriosos hasta el fin.

“Pero recibirán poder cuando el Espíritu Santo venga sobre ustedes; y serán Mis testigos en Jerusalén, en toda Judea y Samaria, y hasta los confines de la tierra.” — Hechos 1:8 (NBLA)

¡Que Dios los bendiga!


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