Los 7 Espíritus del SEÑOR: El Espíritu del SEÑOR

En el artículo anterior terminamos de ver al Espíritu del Temor del SEÑOR al analizar las terribles consecuencias que les ocurren a las personas que rechazan a este Espíritu. Ahora veremos al asombroso Espíritu del SEÑOR, quien fue enviado a todos los creyentes que pusieron su fe en Jesucristo. Y si usted ya lo ha recibido, es testigo de los cambios que han ocurrido en usted. El Espíritu del SEÑOR lo ha dotado con el poder necesario para hacer cualquier cosa que sea consistente con la voluntad del SEÑOR para su vida. La Biblia está llena de pasajes de personas que hicieron hasta lo que parecía imposible con la ayuda del Espíritu del SEÑOR.

En las Escrituras encontramos mención de otros títulos del Espíritu del SEÑOR, que son características de la personalidad de Dios. Sin embargo, nuestro entendimiento humano no alcanza a comprender la dinámica de todo Su ministerio. Algunos de estos Espíritus mencionados en la Biblia son: El Espíritu de Cristo, Gracia, Verdad, Vida en Cristo, Santidad, Promesa, Gloria, Humildad, Profecía, Misericordia, Prudencia, por mencionar algunos. Además, el Espíritu del SEÑOR se manifiesta en las vidas de los creyentes a través de Sus múltiples dones y frutos. Pero por lo extenso de este tema, en este estudio solo nos limitaremos a mencionar algunos de estos ministerios del Espíritu del SEÑOR.

[Jesús dice] “El que tiene Mis mandamientos y los guarda, ese es el que me ama; y el que me ama será amado por Mi Padre; y Yo lo amaré y me manifestaré a él».” — Juan 14:21 (NBLA)

Como recordará, los 7 Espíritus del SEÑOR reposan sobre el Mesías, nuestro Señor Jesucristo, y los encontramos en Isaías 11:2. El Espíritu del SEÑOR proviene de las palabras hebreas רוּחַ – “ruáj” y יהוה – “YAHWÉH”, que literalmente significan “El Espíritu de YAHWÉH”, y es el primero de los 7 Espíritus que son mencionados por Isaías, porque posee la autoridad divina como Dios. En nuestra representación de las 7 lámparas de la menorá en esta serie de artículos, pusimos a este Espíritu en el centro, porque pensamos que los otros Espíritus trabajan alrededor, en conjunto y bajo el liderazgo del Espíritu del SEÑOR. Y aunque somos incapaces de comprender por completo la naturaleza de Dios, las Escrituras nos revelan al Espíritu Santo bajo distintos nombres y títulos, que nos enseñan a conocer apropiadamente Su carácter y atributos, al llevar a cabo Sus funciones cooperando, y de común acuerdo con Dios Padre y Dios Hijo. Por eso, Dios Espíritu Santo, también es llamado, Espíritu del Padre (Mateo 10:20; Juan 14:26) y Espíritu del Hijo (Gálatas 4:6; Romanos 8:9), porque juntos actuando en unidad (אֶחָד – ejád en hebreo, Deuteronomio 6:4), en conjunto, en equipo, para un mismo propósito, son indivisibles, por lo que adoramos a un solo Dios, y lo llamamos YAHWÉH.

El Espíritu del SEÑOR es el Espíritu de Cristo

Las Escrituras nos revelan que el Espíritu del SEÑOR es el Espíritu de Cristo en Romanos 8:9, 1 Pedro 1:11 y Gálatas 4:6, para describir una misión conjunta en la que Dios Hijo y Dios Espíritu Santo actúan juntos para la salvación de los elegidos de Dios. En Lucas 4:18-19 y 21, cuando Jesús (Yeshúa en hebreo) proclama el cumplimiento de la primera parte de la profecía de Isaías 61:1-3, lo primero que anuncia es, que el Espíritu del SEÑOR está sobre Él, por lo que, ambos en conjunto llevarán a cabo este trabajo de salvación. Pero esta profecía de Isaías es muy extensa, y la segunda parte también incluye la profecía del Año del Jubileo que vimos en nuestro estudio de: Génesis 6:3 — La Creación y su significado Profético, que iniciará cuando Jesucristo regrese en Su Segunda Venida para dar inicio al reinado del Milenio, donde Jesucristo consolará a todos los creyentes vueltos a nacer, quienes se lamentan o están de luto, pero que son liberados de sus trabajos y de sus cargas por ser el Año del Jubileo.

“«El Espíritu del Señor está sobre Mí, porque me ha ungido para anunciar el evangelio a los pobres. Me ha enviado para proclamar libertad a los cautivos, y la recuperación de la vista a los ciegos; para poner en libertad a los oprimidos; para proclamar el año favorable del SEÑOR»… Y comenzó a decirles: «Hoy se ha cumplido esta Escritura que han oído»” — Lucas 4:18-19, 21 (NBLA)

“A publicar el año de la buena voluntad del SEÑOR, y el día de venganza del Dios nuestro; a consolar a todos los enlutados. A ordenar en Sion a los enlutados, para darles gloria en lugar de ceniza, óleo [aceite] de gozo en lugar del luto, manto de alegría en lugar del espíritu angustiado; y serán llamados árboles de justicia, plantío del SEÑOR, para gloria suya.” — Isaías 61:2-3 (JBS)

El apóstol Pablo nos dice que para disfrutar este “Año del Jubileo”, tenemos que tener al Espíritu de Cristo habitando en nuestros corazones. Por lo que, debemos de obedecer todos los mandamientos que el Espíritu del SEÑOR nos dé para vivir como cristianos espirituales y no como cristianos carnales como lo vimos en Los 7 Espíritus del SEÑOR: Temor del SEÑOR (Parte 3) y (Parte 4). Pero, ¿por qué lo llama Espíritu de Cristo?

“Sin embargo, ustedes no viven según la carne sino según el Espíritu, si es que el Espíritu de Dios mora en ustedes. Si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de Él.” — Romanos 8:9 (RVA–2015)

Porque como lo prometió nuestro Señor Jesucristo, Él iba a enviar a Su Espíritu para que continuara con Su trabajo de redención y salvación en la tierra (Hechos 2:33; Juan 16:14). Así que el Espíritu Santo es el Espíritu de Cristo, quien es el verdadero vicario de Jesucristo aquí en la tierra. Lamentablemente, el papa católico se adjudicó este título falsamente, porque no le pertenece, ya que él es impotente para hacer lo que solo Dios puede realizar. Ya que Cristo vino a este mundo para redimirnos de la maldición del pecado. Una vez que lo aceptamos por fe (Juan 3:16-17), nos da Su regalo de gracia (Efesios 2:4-5). Las Escrituras nos enseñan este proceso simbólicamente, primero, cuando el pueblo de Israel fue redimido de la esclavitud en Egipto, y segundo, fue salvado cuando se les dio la Tierra Prometida donde fluyen la leche y la miel (Éxodo 3:8). Nuestro Señor Jesucristo da cumplimiento a este proceso, primero, cuando lleva a cabo nuestra redención (Romanos 3:24) al liberarnos de nuestra esclavitud al pecado (Juan 8:34, 36) a través de Su preciosa sangre (Efesios 1:7). Segundo, Jesucristo nos da Su salvación, cuando nos bautiza con Su Espíritu al imputarnos Su rectitud para que formemos parte de Su cuerpo y podamos entrar en Su reino de forma espiritual (Mateo 3:11; Gálatas 3:13-14). Una vez limpios de todo pecado, el Espíritu de Cristo prosigue con nuestra salvación, al bautizarnos con fuego, haciéndonos milagrosamente una nueva creatura y habitar en nuestro corazón (Gálatas 4:5-6). Así, volvemos a nacer de nuevo, y el Espíritu de Cristo nos guía en el proceso de santificación, al proveernos del aceite que necesitamos para encender nuestro fuego, nuestras lámparas (Mateo 25:1-13), para poder ser la luz en este mundo (Mateo 5:14; Filipenses 2:15), y de esta forma, podemos ser llamados hijos de Dios Padre.

“Para que recibiéramos la adopción de hijos. Y porque ustedes son hijos, Dios ha enviado el Espíritu de Su Hijo a nuestros corazones, clamando: «¡Abba! ¡Padre!».” — Gálatas 4:5b-6 (NBLA)

“Jesús respondió: «En verdad te digo que el que no nace de agua y del Espíritu no puede entrar en el reino de Dios. Lo que es nacido de la carne, carne es, y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es. No te asombres de que te haya dicho: “Tienen que nacer de nuevo”. El viento sopla por donde quiere, y oyes su sonido, pero no sabes de dónde viene ni adónde va; así es todo aquel que es nacido del Espíritu».” — Juan 3:5-8 (NBLA)

Cuando Jesucristo les dice a Sus apóstoles que les enviará a Su Espíritu (Juan 14:16), lo llama παράκλητος – parácletos, que significa “alguien que aparece como representante de otro”, abogado, consolador, intercesor, ayudante. De esta forma, el Espíritu de Cristo ejecuta la voluntad de Yeshúa al ocupar el lugar de Jesucristo con los apóstoles (después de Su Ascensión al Padre), para conducirlos a un conocimiento más profundo de las Escrituras, capacitarlos para su misión, darles la fuerza necesaria para soportar pruebas y persecuciones a las que se enfrentarían. El Espíritu, además de glorificar a Jesús (Juan 16:14), hizo por los discípulos lo que Cristo había estado haciendo por ellos mientras estuvo con ellos en la tierra; los educaba y les hacía recordar las palabras de Cristo (Juan 14:26). Podemos apreciar el gran cambio que hubo por ejemplo, en el apóstol Pedro, quien luego de recibir al Espíritu del SEÑOR, pasó de ser un simple pescador, a ser un orador muy elocuente, un gran predicador del Evangelio con mucha facilidad de palabra, entre muchos otros regalos que recibió del Espíritu. El sermón de Pedro hizo que 3,000 personas se convirtieran en un mismo día (Hechos 2:40-41).

“La ley del SEÑOR es perfecta, que restaura el alma; el testimonio del SEÑOR es seguro, que hace sabio al sencillo.” — Salmos 19:7 (NBLA)

“Para dar a los simples prudencia, y a los jóvenes conocimiento y discreción.” — Proverbios 1:4 (NBLA)

En la actualidad, el Espíritu de Cristo está aquí para vindicar a Cristo, para administrar por Jesucristo Su Iglesia y Reino. En la iglesia, dirige sus movimientos, controla a sus miembros, inspira su sabiduría, provee su fuerza, y distribuye Sus dones según Sus propósitos. Además, Él busca a cada uno de aquellos por quienes Cristo murió, los vivifica a una vida nueva, los ayuda a que se alejen de sus pecados, les da la fe para que se aferren a Cristo, los hace crecer en la gracia y los ayuda para que sean fructíferos.

“Y Yo rogaré al Padre y les dará otro Consolador para que esté con ustedes para siempre. Este es el Espíritu de verdad, a quien el mundo no puede recibir porque no lo ve ni lo conoce. Ustedes lo conocen, porque permanece con ustedes y está en ustedes. No los dejaré huérfanos; volveré a ustedes.” — Juan 14:16-18 (RVA-2015)

Este trabajo de salvación hecho por Jesús y por el Espíritu Santo, es representado en la purificación de los leprosos (que representa a la humanidad en su estado caído o pecaminoso) a quienes se les aplicaba la sangre primero, y encima, el aceite de su ofrenda por la culpa (Levítico 14). Así, el creyente pasa de ser un leproso a ser una nueva creatura, de forma instantánea, como lo explican los Evangelios (Mateo 8:2-4; Lucas 17:11-19). Esto simboliza la purificación por la sangre de Cristo (redención) y el aceite del Espíritu de Cristo (salvación). Por eso, Yeshúa (cuyo nombre originalmente en hebreo significa “salvación”), les pedía a los leprosos que habían sido curados, que fueran y se presentaran ante el sacerdote para que llevara a cabo su purificación, y para que dieran testimonio ante el sacerdote que cuando viera a un gran número de leprosos que estaban siendo curados, siendo algo nunca antes visto, se convertiría en la señal que daba cumplimiento a lo que se había profetizado, indicando que el Mesías había llegado. Pero los sacerdotes, no fueron en búsqueda del Mesías, sino que endurecieron sus corazones y terminaron crucificando a nuestro Señor Jesucristo.

“Entonces el sacerdote tomará de la sangre de la ofrenda por la culpa, y la pondrá el sacerdote sobre el lóbulo de la oreja derecha del que ha de ser purificado, sobre el pulgar de su mano derecha y sobre el pulgar de su pie derecho… De lo que quede del aceite que está en su mano, el sacerdote pondrá un poco sobre el lóbulo de la oreja derecha del que se ha de purificar, sobre el pulgar de su mano derecha y sobre el pulgar de su pie derecho, encima de la sangre de la ofrenda por la culpa… Así el sacerdote hará expiación por él delante del SEÑOR.” — Levítico 14:14, 17, 18b (NBLA)

El apóstol Pedro nos dice que el Espíritu de Cristo habitaba en los profetas del Antiguo Testamento, quienes profetizaron los eventos de la Venida de Cristo, Sus sufrimientos, y la gloria que recibiría por impartir Su gracia a todo aquel que ponga su fe en Jesucristo (1 Pedro 1:10-12).

“Acerca de esta salvación, los profetas que profetizaron de la gracia que vendría a ustedes, diligentemente inquirieron y averiguaron, procurando saber qué persona o tiempo indicaba el Espíritu de Cristo dentro de ellos, al predecir los sufrimientos de Cristo y las glorias que seguirían.” — 1 Pedro 1:10-11 (NBLA)

Actualmente, existe una gran confusión acerca de la salvación de los santos del Antiguo Testamento, y muchos suponen que fueron salvos de una manera completamente diferente a como los creyentes vueltos a nacer son salvados en la actualidad. Esta enseñanza, derivada del dispensacionalismo, es un gran error que muchos han cometido, porque piensan que el Espíritu Santo nunca estuvo en ningún creyente antes de Pentecostés, que moró de forma diferente en los santos del Antiguo Testamento, o que lo hizo, solo de forma temporal para que pudieran llevar a cabo alguna función en específico. Pero nuestro Señor Jesucristo nos dijo que Él es el único camino al Padre, no hay otro (Juan 14:6). Y como acabamos de ver, Pedro nos confirma que el Espíritu de Cristo estaba dentro de ellos (1 Pedro 1:11). Los santos del Antiguo Testamento fueron redimidos por la sangre omnipresente de Yeshúa que existe en el pasado, presente y futuro. Y fueron salvados por el Espíritu de Cristo, quien es omnipresente, al hacerlos nuevas creaturas y recibiendo la gracia de Dios. Las Escrituras prueban claramente, que fue el Espíritu del SEÑOR Quien: inspiró a Abel a ofrecer el sacrificio correcto (Génesis 4:4); Él fue el que otorgó gracia y justificó a Noé (Génesis 6:8-9); Moisés también recibió al Espíritu del SEÑOR y habló cara a cara con Dios (Isaías 63:11); también reposó en Josué para liderear al pueblo de Israel para la conquista de la tierra prometida (Números 27:18), y además, Josué estaba lleno del Espíritu de Sabiduría (Deuteronomio 34:9); David lo recibió cuando fue ungido como rey de Israel e hizo grandes cosas desde derrotar al gigante Goliat, escribir y cantar salmos, expandir el reino de Israel y preparar los materiales para la construcción del Templo del SEÑOR; el Espíritu del SEÑOR también estuvo en los profetas para guiar al pueblo por el camino del SEÑOR (Nehemías 9:30; 1 Pedro 1:11). Estos solo son algunos ejemplos, pero hay muchos más. Solo pregúntese, ¿si el Espíritu Santo no habitó en estos creyentes, de qué otra manera podrían haber sido regenerados, tenido fe, o realizado obras aceptables a Dios? Solamente alguien con el Espíritu Santo puede hacer oraciones verdaderas, adorar en espíritu, y producir frutos agradables al SEÑOR, algo que alguien carnal no podría, necesita nacer del Espíritu para hacer cosas espirituales (Zacarías 4:6). Por otro lado, sabemos que Jesucristo es omnipresente y Su sangre puede limpiar los pecados de toda persona en el pasado, presente y futuro. Así que cualquier persona puede ser salvada por el trabajo de Jesucristo y del Espíritu Santo, de la misma forma en la que nosotros somos salvados. La única diferencia y el gran mérito de los santos del Antiguo Testamento es que tuvieron una mayor fe en un salvador desconocido que vendría bajo la promesa del SEÑOR (Juan 8:56; Mateo 13:17). Además, ellos no tenían el privilegio de tener las enseñanzas de Yeshúa, o la información de las Escrituras del Nuevo Testamento que existen actualmente. Pero el Espíritu del SEÑOR debió haberlos instruido con más de lo necesario dadas sus condiciones y la época en la que vivieron.

Samuel tomó el cuerno de aceite y lo ungió en medio de sus hermanos. Y desde aquel día en adelante el Espíritu del SEÑOR descendió con poder sobre David.” — 1 Samuel 16:13 (RVA-2015)

[Jesús dice] “Abraham vuestro padre se gozó por ver Mi día; y lo vió, y se gozó.” — Juan 8:56 (RVA)

[Jesús dice] “Porque en verdad les digo que muchos profetas y justos desearon ver lo que ustedes ven, y no lo vieron; y oír lo que ustedes oyen, y no lo oyeron.” — Mateo 13:17 (NBLA)

El Espíritu de Gracia

La primera vez que se menciona la Gracia de Dios es en Génesis 6:8, puede ver más información sobre la Gracia de Dios en nuestro artículo: Génesis 6:8 – La Gracia de Dios (Parte 1) y (Parte 2).

“Noé halló gracia ante los ojos del SEÑOR“. — Génesis 6:8 (NBLA)

Recuerde que los “ojos del SEÑOR” son una referencia a Sus 7 Espíritus (Apocalipsis 5:6; Zacarías 4:10), como vimos en nuestro artículo ¿Qué son los 7 Espíritus del SEÑOR?.

El Espíritu de Gracia a través de Jesucristo es la Gracia de Dios personificada, quien trae salvación a los hombres (Tito 2:11-13; Juan 1:14, Zacarías 12:10). Así que la gracia de Dios fue revelada y dada en la persona y los trabajos de Jesucristo, para la salvación de toda la humanidad a través de Su muerte y resurrección. Con ello, restableció la relación entre el SEÑOR y los hombres, porque Él es el único camino para eliminar nuestros pecados, y hacernos perfectos ante los ojos de Dios. Esto sucede únicamente cuando estamos “en Cristo”, es decir, que somos redimidos por la Gracia de nuestro Señor Jesucristo, cuando ponemos nuestra fe en Él para nuestra salvación (Hechos 15:11; Romanos 5:1-2). Lo maravilloso de la Gracia de Dios, es que otorga el mérito y la posición de Jesucristo a cada creyente, dejándolo libre de todo pecado, y tan blanco como la nieve (Isaías 1:18; Romanos 8:1).

Él nos salvó, no por las obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino conforme a Su misericordia, por medio del lavamiento de la regeneración y la renovación por el Espíritu Santo, que Él derramó sobre nosotros abundantemente por medio de Jesucristo nuestro Salvador, para que justificados por Su gracia fuéramos hechos herederos según la esperanza de la vida eterna.” — Tito 3:5-7 (NBLA)

El Espíritu de Gracia es mencionado también en la profecía del Día del SEÑOR en Zacarías, cuando los habitantes de Jerusalén verán la Segunda Venida de Jesucristo y se lamentarán por el rechazo que tuvieron del Mesías. Pero el SEÑOR va a extender Su Gracia a estas personas para que los que se arrepientan puedan ser salvados.

Y derramaré sobre la casa de David y sobre los habitantes de Jerusalén, el Espíritu de gracia y de súplica, y me mirarán a Mí, a quien han traspasado. Y se lamentarán por Él, como quien se lamenta por un hijo único, y llorarán por Él, como se llora por un primogénito.” — Zacarías 12:10 (NBLA)

Esta profecía del final de los tiempos debería de motivarnos a cambiar, porque tenemos una gran carencia en la cristiandad de hoy, no vemos el efecto multiplicador que deberíamos de tener cuando la semilla cayó en tierra fértil (Mateo 13:8), y hasta que no se le dé nuevamente a Dios el lugar que le corresponde en nuestros corazones, pensamientos y actividades, no habrá ninguna mejora en la iglesia. La labor del Espíritu del SEÑOR para la santificación de los miembros de la iglesia es indispensable para su salvación, porque incluso el autor del libro de Hebreos advierte que aquellos cristianos que continúan pecando y ultrajando al Espíritu de Gracia, pueden llegar en un momento dado, a caer en apostasía, y cometer el pecado imperdonable en contra del Espíritu del SEÑOR, tal y como nos lo advirtió nuestro Señor Jesucristo (Mateo12:31-32).

“¿Cuánto mayor castigo piensan ustedes que merecerá el que ha pisoteado bajo sus pies al Hijo de Dios, y ha tenido por inmunda la sangre del pacto por la cual fue santificado, y ha ultrajado al Espíritu de gracia?” — Hebreos 10:29 (NBLA)

“Por esto les digo que todo pecado y blasfemia será perdonado a los hombres, pero la blasfemia contra el Espíritu no será perdonada. Y a cualquiera que diga palabra contra el Hijo del Hombre le será perdonado; pero a cualquiera que hable contra el Espíritu Santo no le será perdonado ni en este mundo ni en el venidero.” — Mateo 12:31-32 (RVA-2015)

En nuestro siguiente estudio, continuaremos viendo otros títulos del Espíritu del SEÑOR que reflejan Sus diferentes ministerios como el del Espíritu de Vida en Cristo, el Espíritu de Fe, y el Espíritu de Verdad. Recuerde que los 7 Espíritus que hemos estudiado son diferentes facetas del único Espíritu Santo.

“Hay un solo cuerpo y un solo Espíritu, así como también ustedes fueron llamados en una misma esperanza de su vocación” — Efesios 4:3-4 (NBLA)

¡Que Dios los bendiga!


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