Génesis 6:4 — ¿Existen los Gigantes? ¿Quiénes son los Nefilím?

En el versículo anterior, vimos como el Señor dio un periodo de gracia de 120 años a la población antediluviana para que se arrepintieran y no participaran en el plan de Satanás para corromper la semilla de la mujer, porque esto traería la destrucción de la raza humana. Ahora veremos el controversial pasaje de Génesis 6:4 en donde, por primera vez, se mencionan los gigantes, quienes son resultado de la corrupción del ADN humano, y que fueron eliminados por la ira de Dios en el Diluvio. También veremos que lamentablemente, esta abominación se volvió a repetir después del Diluvio, y cómo Dios utilizó a los hombres para que acabaran con los gigantes.

Ver. 4 — Había gigantes en la tierra en aquellos días, y también después, cuando los hijos de Dios se unieron a las hijas de los hombres y ellas les dieron hijos. Estos son los héroes de la antigüedad, hombres de renombre.

“Había gigantes en la tierra en aquellos días”

Anteriormente vimos en Génesis 6:2, que los “hijos de Dios”, los Observadores, o Ángeles Caídos tuvieron relaciones con las hijas de Adán. Su unión produjo una descendencia única a la que la Biblia se refiere como gigantes. La palabra gigantes viene del hebreo, נְּפִלִ֞ים – nefilím, que viene del verbo נָפַל – nafál, que significa “caer o hacer caer”, “derribar”, “postrarse”, ” mentir”, “fallar” o “desertar”. Por lo que estamos hablando de seres a los que se les denominaba “los caídos”, o aquellos que hacían que la gente se “postrara ante ellos”. Los nombres bíblicos nos informan del carácter de los nefilím, nos dicen que ellos cayeron y causaron la caída del mundo. Dios no solo estaba molesto con los Ángeles Caídos por engendrar a los gigantes caídos, sino porque además muy probablemente les revelaron secretos que la humanidad en su estado caído (naturaleza pecaminosa) no debería conocer, para corromperlos moral y espiritualmente. Los gigantes eran asesinos, malvados y poderosos que realizaban prácticas repulsivas, aunado a que tomaron ventaja de su físico y posiblemente de su intelecto, cuya influencia provocó que la humanidad se deteriorara rápidamente (Génesis 6: 5). La palabra nefilím también puede estar relacionada con la palabra asiria “naptû” que se encuentra en las inscripciones cuneiformes para describir a un “ogro”, que era caracterizado principalmente no solo por su gran altura, sino por su gran fuerza y violencia, con la cual oprimían y tiranizaban a los demás, inclusive las historias de ogros mencionan que se comían a los hombres.

“Y dieron un mal informe a los israelitas de la tierra que habían reconocido, diciendo: «La tierra por la que hemos ido para reconocerla es una tierra que devora a sus habitantes, y toda la gente que vimos en ella son hombres de gran estatura.” — Números 13:32 (NBLA)

Es posible que estos seres enseñaron esas prácticas de canibalismo a humanos, quienes al verlos como seres superiores, aceptaban tales abominaciones, y de ahí que en diferentes culturas se practicó esto, como por ejemplo los aztecas. Quienes hayan sido estos seres, fomentaron una cultura de rebeldía y apostasía hacia todo lo referente a Dios. Comparo la actitud de los nefilím con la que se muestra en el Salmo 10, en donde los desdichados caen (nafál) en sus garras.

“Con arrogancia el impío acosa al afligido… El impío, en la arrogancia de su rostro, no busca a Dios. Todo su pensamiento es: «No hay Dios»… Llena está su boca de blasfemia, engaño y opresión; bajo su lengua hay malicia e iniquidad… Se agazapa, se encoge, y los desdichados caen [nafál] en sus garras.” — Salmos 10:2, 4, 7, 10 (NBLA)

Otra fuente para entender más acerca de estos seres, la encontramos en la palabra utilizada por los traductores de la Septuaginta, la antigua traducción al griego del Antiguo Testamento, que era la que estaba en circulación en los tiempos de Jesús. Ellos sugirieron la palabra γίγαντες – gigantes para traducir nefilím, que viene a su vez de “gegenées”, que significa “nacidos de la tierra”. Encontramos que esta misma palabra se utilizó en la literatura griega clásica, para referirse a hombres o criaturas que eran mitad dios y mitad hombre. En la mitología griega, los Γηγενεης – Gegenées eran una raza de gigantes de seis brazos que fueron derrotados por los héroes de la epopeya griega “Los Argonautas”. Eran hombres de gran tamaño y a menudo monstruosos que estaban estrechamente relacionados con los dioses. Si los traductores de la Septuaginta no querían que pensáramos en semidioses ni en hombres de enorme estatura, ¡seguro que eligieron la palabra equivocada! Sin embargo, si por gegenées entendieron los híbridos entre los ángeles caídos y las mujeres, entonces eligieron la palabra perfecta.

Es interesante ver que, en la traducción de este versículo al arameo en el Tárgum de Jonatan, vemos el énfasis de lo sobrenatural, ya que Jonatan menciona los nombres de 2 ángeles caídos que en su rebeldía procrearon “hombres de renombre”. Estos dos ángeles también son mencionados en el Libro de Enoc. Este es otro testimonio de cómo la palabra nefilím fue entendida por los traductores hebreos.

“Sjamjazai y Uzziel, que cayeron del cielo, estaban en la tierra en aquellos días; y también, después de que los “hijos del Grande” se había unido con las hijas de los hombres, les dieron a luz hijos: y estos son los que se llaman hombres del mundo, hombres de nombre “. – Tárgum de Jonatan

Si a usted le preocupa predicar la Palabra de Dios hoy en día, con el nivel de maldad en la sociedad de la actualidad, que tiene un rechazo de las cosas relacionadas con el SEÑOR, imagine los peligros que experimentó Noé mientras predicaba la verdad de Dios a un mundo lleno de maldad, en el que además vivían gigantes. Pero Noé caminó con el SEÑOR y lo obedeció, tanto predicando, como construyendo el Arca. Y solamente la protección de Dios fue la que lo mantuvo a salvo a él y a su familia en contra de todo ataque que los gigantes debieron ejercer en aquellos días. Así que, nosotros no tenemos ninguna excusa para no servir al SEÑOR. Si Noé pudo encarar a los gigantes, nosotros no tenemos por qué tener temor de los hombres, nosotros solo tenemos que tener fe en que el Todopoderoso, quien es más fuerte que todos los gigantes que hayan existido, es Él quien nos va a proteger en nuestras tribulaciones.

“«No digan ustedes: “Es conspiración”, a todo lo que este pueblo llama conspiración, ni teman lo que ellos temen, ni se aterroricen. Al Señor de los ejércitos es a quien ustedes deben tener por santo. Sea Él su temor, y sea Él su terror.” — Isaías 8:12-13 (NBLA)

Después vemos que, en los tiempos de Moisés, se habla otra vez de gigantes, y los israelitas los enfrentaron derrotándolos en batalla. ¿Pero de dónde salieron estos nefilím? Eso es lo que trataremos de explicar a continuación.

“Un pueblo grande y alto, los hijos de los anaceos, a quienes conoces y de quienes has oído decir: “¿Quién puede resistir ante los hijos de Anac?”.” — Deuteronomio 9:2 (NBLA)

“Y también después”

Como vimos en Génesis 6:3 – Los 120 años de tolerancia, una de las razones por las que Dios envió el Diluvio fue para acabar con la corrupción de la carne resultante de la unión completamente antinatural entre ángeles y humanos, que viola el orden creado por el Señor, y que representó una anormalidad tan impactante que requirió una destrucción mundial para acabar con esta abominación. Y efectivamente, Dios acabó con el problema de los nefilím, frustrando todo intento de Satanás o “Heilél ben Shajár” (su verdadero nombre, ya que satanás es solo un título, que significa “adversario”).

“¡Cómo caíste [nafál] del cielo, oh Lucifer, hijo de la mañana [“Heilél ben Shajár”]! Cortado fuiste por tierra, tú que debilitabas a las naciones.” — Isaías 14:12 (RVG)

La palabra nefilím solo aparece 2 veces en las Escrituras: En Génesis 6:4, para hablar de los gigantes antes del Diluvio; y en Números 13:33, que nos indica que esta terrible transgresión ocurrió otra vez después del Diluvio. Este segundo pasaje nos confirma que los nefilím o gigantes, los hijos de Anac, eran de gran estatura, lo sabemos por el lamentable informe que los 10 espías trajeron de la tierra de Canaán.

“Vimos allí también a los gigantes (los hijos de Anac son parte de la raza de los gigantes); y a nosotros nos pareció que éramos como langostas; y así parecíamos ante sus ojos».” — Números 13:33 (NBLA)

Gigantes en la Tierra Prometida

La Biblia nos relata esta batalla cósmica entre el bien y el mal, en la que Heilél está constantemente tratando de frustrar el plan de Dios para redimir a la humanidad. Así que en este versículo, Moisés agregó la frase: “Y también después”, indicando que Satanás volvió a utilizar la misma estrategia para corromper el ADN del hombre después del Diluvio, pero esta vez, porque tal vez hubiera menos ángeles voluntarios que estuvieran dispuestos a terminar en la prisión de Tártaro, así que Satanás o Heilél enfocó su ataque basado en la información que el SEÑOR revelara. Así que cuando Dios le dijo a Abraham que después de 400 años, sus descendientes regresarían a Canaán, eso le dio tiempo suficiente a Heilél para establecer un “campo minado de nefilím” para atacar a la semilla de Abraham. Pero el SEÑOR le dio una extraña profecía a Abraham acerca de cómo iba a frustrar otra vez los planes del adversario.

En la cuarta generación ellos regresarán acá, porque hasta entonces no habrá llegado a su colmo la iniquidad de los amorreos.” — Génesis 15:16 (NBLA)

Lo que el SEÑOR le estaba diciendo, es que una de las razones por la que los descendientes de Abraham regresarían a la Tierra Prometida en la cuarta generación, sería para acabar con la iniquidad de los Amorreos, que como veremos, eran nefilím que estaban cometiendo una gran maldad en la tierra durante ese periodo de tiempo.

Cuando los Israelitas estaban en el Monte Sinaí, Dios prometió que Su ángel iría delante de ellos para combatir a los Amorreos y destruirlos por completo.

Pues Mi ángel irá delante de ti y te llevará a la tierra del amorreo, del hitita, del ferezeo, del cananeo, del heveo y del jebuseo; y los destruiré por completo. No adorarás sus dioses, ni los servirás, ni harás lo que ellos hacen; sino que los derribarás totalmente y harás pedazos sus pilares sagrados.” — Éxodo 23:23-24 (NBLA)

Pero cuando el pueblo de Israel vino a tomar posesión de la Tierra Prometida, encontraron gigantes en la tierra de Canaán. Al ver a los nefilím, 10 de los 12 espías perdieron toda su fe en Dios, quien les prometió una victoria sobre los gigantes, y dieron un mal informe a los Israelitas. Por tanto, en castigo a su poca fe, fueron llevados de regreso al desierto en donde vagaron durante 40 años, un año por cada día que pasaron los espías en la Tierra Prometida (Números 14:34). Y cuando regresaron a la tierra 40 años más tarde, los gigantes aún seguían allí, el problema aún continuaba, pero esta vez, los Israelitas finalmente confiaron en Dios. Y Dios les ordenó algunas veces que destruyeran por completo a los habitantes de los pueblos, incluyendo a todos los hombres, mujeres, niños, y hasta sus animales. De esta forma acabarían con todos los nefilím en la Tierra Prometida para evitar la corrupción de la carne que nuevamente intentaba hacer Satanás, con la diseminación de la descendencia de los ángeles caídos. Y vemos cómo la gente incrédula, que no entiende acerca de los propósitos de Dios, tiende a utilizar estos pasajes bíblicos con una mala interpretación para atacar al SEÑOR, quien está haciendo todo esto para crecer la fe de Su pueblo, al demostrarles que, con Dios de su lado, eran capaces de derrotar hasta gigantes. Además, al mismo tiempo acabarían con esta abominación y sus repercusiones futuras. Todo lo que hace Dios es para nuestro beneficio.

“Porque fue la intención del Señor endurecer el corazón de ellos, para que se enfrentaran en batalla con Israel, a fin de que fueran destruidos por completo, sin que tuviera piedad de ellos y los exterminara, tal como el Señor había ordenado a Moisés.” — Josué 11:20 (NBLA)

Moisés les dijo a los Israelitas que tenían que acabar por completo con ciertas tribus, aunque vemos que Josué no cumplió por completo con esta orden, y algunos nefilím sobrevivieron (Josué 13:13, 16:10; Jueces 1:28-34).

“Sino que los destruirás por completo: a los hititas, amorreos, cananeos, ferezeos, heveos y jebuseos, tal como el Señor tu Dios te ha mandado.” — Deuteronomio 20:17 (NBLA)

Es interesante notar que el origen de estos pueblos se puede rastrear hasta uno de los nietos de Noé, todos (excepto los ferezeos, cuyo origen es desconocido) son descendientes de Canaán, quien fue la primer persona que fue maldecida después del Diluvio (Génesis 9:25). No es que su maldición esté relacionada con los nefilím, pero pudo abrir la puerta para que las fuerzas de Heilél lo utilizaran para sus planes siniestros.

Canaán fue el padre de Sidón su primogénito, y de Het [padre de los hititas], y el antepasado del jebuseo, del amorreo, gergeseo, heveo, araceo, sineo, del arvadeo, zemareo y del hamateo. Y después las familias de los cananeos fueron esparcidas.” — Génesis 10:15-18 (NBLA)

El profeta Amós nos dice que Dios destruyó a los Amorreos por completo, quienes era tan altos como los cedros. Por lo que estamos hablando de gigantes que median entre 12m y 30m de altura.

[Dice el SEÑOR] “Yo mismo destruí a los amorreos delante de ellos, cuya altura era como la altura de los cedros, y era fuerte como las encinas; destruí su fruto arriba y su raíz abajo.” — Amós 2:9 (NBLA)

Moisés describe que los Amorreos estaban gobernados por 2 reyes: Sehón y Og, y ambos reinos fueron derrotados por los Israelitas (Deuteronomio 4:47). Y como veremos, esto debió haber sido un milagro a la par con el cruce del Mar Rojo, porque los Israelitas se convirtieron en un pueblo legendario que impartió temor a todas las naciones en la Tierra Prometida, como explicó Rahab a los espías de Josué.

“Porque hemos oído cómo el Señor secó el agua del Mar Rojo delante de ustedes cuando salieron de Egipto. También supimos lo que hicieron a los dos reyes de los Amorreos que estaban al otro lado del Jordán, a Sehón y a Og, a quienes destruyeron por completo.” — Josué 2:10 (NBLA)

“Porque Hesbón era la ciudad de Sehón, rey de los amorreos, quien había peleado contra el rey anterior de Moab y le había quitado de su mano toda su tierra, hasta el Arnón.” — Números 21:26 (NBLA)

En Deuteronomio 3:11, Moisés nos describe el tamaño de la cama de Og, rey de Basán (o inclusive pudo haber sido su ataúd por la palabra en hebreo que se utiliza) que era de 9 x 4 codos. Y es probable que Moisés haya utilizado la medida del “codo egipcio” que es de 52.4 cm. Por lo que la cama de hierro era de 4.72 m de largo por 2.10 m de ancho. Así que el rey Og, el último de los descendientes de los gigantes Refaítas, pudo medir unos 4.5m de altura, si suponemos que era más chico que su cama. Pero existe otra posibilidad, en la que pudo ser incluso más alto que el largo de su cama, ya que, es posible que este gigante no durmiera en posición completamente horizontal, como es la costumbre hoy en día, sino un poco inclinado. Sabemos que en la antigüedad las personas a menudo dormían con varias almohadas para reclinarse para dormir casi sentados lo que les ayudaba a respirar mejor, y por lo mismo sus camas eran más cortas que la altura de su cuerpo. Esta costumbre se siguió practicando por la gente que vivió en los 1800s, e inclusive a principios de los 1900s en Canadá, se utilizaba esta posición para respirar mejor, ya que antiguamente había padecimientos pulmonares causados por quemar leña dentro de la casa, y no todo el humo se iba por las chimeneas. Por lo que el rey Og pudo ser aún más alto que el largo de su cama.

Porque sólo Og rey de Basán había quedado de los gigantes [refaím] que quedaron. He aquí su cama, una cama de hierro, ¿no está en Rabbath de los hijos de Ammón?; la longitud de ella de nueve codos, y su anchura de cuatro codos, al codo de un hombre.” — Deuteronomio 3:11 (RVA)

Ahora veamos a lo que se enfrentaron los Israelitas cuando pelearon contra gigantes. Empecemos a calcular el peso de rey Og. Si por ejemplo, tenemos un gigante que es dos veces más alto que una persona normal, y que es geométricamente similar en sus 3 dimensiones, entonces tenemos que su peso de gigante para su volumen es 8 veces que el de la persona (2x2x2 = 8). Ahora utilicemos esta fórmula para comparar con una persona fornida de 1.80m de altura que pese 90 Kg, con una altura conservadora del rey Og de 4.5m. El factor de conversión de altura es 2.5 (4.5m/1.8m=2.5), por lo que el factor de peso será 15.625 (2.5×2.5×2.5). Aplicándolo al gigante, tenemos que pesaría 1,406.25 Kg (90Kg x 15.625). Teniendo en cuenta que el Rey Og era un guerrero, podemos suponer que al menos podría levantar el equivalente de una o dos veces su propio peso corporal (ya que un atleta olímpico de 90 Kg puede levantar 224 kg ó 2 veces su propio peso corporal). Entonces Og tendría la fuerza para levantar a 2 caballos de guerra con todo y sus jinetes y lanzarlos por el aire. Hoy podría hacer lo mismo con un carro mediano. ¿Imagine lo que un gigante de 12m o 30m podría hacer? Por eso, solo con la ayuda de Dios, una persona normal podría enfrentarse a un monstruo como éste y vencerlo.

“Y el resto de Galaad, y todo Basán, del reino de Og, dí lo á la media tribu de Manasés; toda la tierra de Argob, todo Basán, que se llamaba la tierra de los gigantes.” — Deuteronomio 3:13 (RVA)

Las Escrituras nos hablan de al menos 5 tribus de gigantes que encontramos en la Tierra Prometida:

Los Anaceos: Los hijos de Anac de los que hablaron los espías de Israel con un tamaño gigantesco (Números 13:33). Josué casi los exterminó de la región montañosa de Hebrón, Debir, Anab, de toda la región montañosa de Judá, y de toda la región montañosa de Israel. Sin embargo, quedaron algunos en las ciudades Filisteas de Gaza, Gat y Asdod (Deuteronomio 1:28, 9:2; Josué 14:12, 15).

Por aquel tiempo Josué fue y destruyó a los anaceos de la región montañosa, de Hebrón, de Debir, de Anab, de toda la región montañosa de Judá y de toda la región montañosa de Israel. Josué los destruyó por completo con sus ciudades. No quedaron anaceos en la tierra de los israelitas. Solo quedaron algunos en Gaza, en Gat y en Asdod.” — Josué 11:21-22 (NBLA)

“Ahora pues, dame esta región montañosa de la cual el Señor habló aquel día, porque tú oíste aquel día que allí había Anaceos con grandes ciudades fortificadas. Tal vez el Señor esté conmigo y los expulsaré como el Señor ha dicho… Y el nombre de Hebrón antes era Quiriat Arba. Pues Arba era el hombre más grande entre los Anaceos. Entonces la tierra descansó de la guerra.” — Josué 14:12, 15 (NBLA)

La Biblia nos habla que sus ciudades eran grandes y las murallas que las rodeaban estaban fortificadas hasta el cielo, describiendo lo alto que eran.

“¿Adónde subiremos? Nuestros hermanos nos han atemorizado, diciendo: ‘El pueblo es más grande y más alto que nosotros; las ciudades son grandes y fortificadas hasta el cielo. Y además vimos allí a los hijos de Anac’”.” — Deuteronomio 1:28 (NBLA)

Los Refaítas: De רְפָאִ֛ים – refaím, que significa “sombras o fantasmas de los muertos, espíritus de los muertos “. Los Refaítas eran los gigantes que habitaban Canaán, Edom, Moab y Ammón. La primera vez que escuchamos de ellos fue en la época de Abraham, alrededor de 1950 a. C., cuando el rey Quedorlaomer los derrotó, pero no los exterminó. Porque después en el período de la conquista lidereada por Josué, alrededor de 1440 a. C., se dice que Og, el rey de Basán, pertenecía a esta raza de gigantes, los Refaítas (Génesis 15:20; Deuteronomio 3:11; Josué 12: 4; 13:12, 17:15).

“Y en el año decimocuarto vino Chêdorlaomer, y los reyes que estaban de su parte, y derrotaron a los Raphaitas en Ashteroth-carnaim, a los Zuzitas en Ham, y a los Emitas en Shave-Kiriataim.” — Génesis 14:5 (RVA)

“Entonces Isbi Benob, que era de los descendientes del gigante [descendiente refaíta], y cuya lanza pesaba 300 siclos (3.4 kilos) de bronce, y que estaba ceñido con una espada nueva, trató de matar a David.” — 2 Samuel 21:16 (NBLA)

El valle de Refaím, probablemente nombrado a razón de estos gigantes, se encuentra al suroeste de Jerusalén, entre Belén y Jerusalén (2 Samuel 5:17-22, 23:13; Isaías 17:5). El término Refaítas es usado como sinónimo de gigante en el Antiguo Testamento, ya que la palabra nefilím no se vuelve a usar para nombrar a estos seres.

Los filisteos llegaron y se esparcieron por el valle de Refaim. Entonces David consultó al Señor: «¿Subiré contra los filisteos? ¿Los entregarás en mi mano?». Y el Señor dijo a David: «Sube, porque ciertamente entregaré a los filisteos en tu mano».” — 2 Samuel 5:18-19 (NBLA)

Lamentablemente los Israelitas no acabaron hasta con el último de los Refaítas en la Tierra Prometida.

Entre los Refaítas, había gigantes que manifestaban una alteración genética, que hacía que tuvieran 6 dedos en cada mano y pie. Por eso, se piensa que los indios americanos requerían que toda persona alzara su mano para contar los dedos, porque estaban aterrorizados de los seres de 6 dedos, y en las películas de Hollywood, muestran a los indios haciendo el saludo diciendo “Jao” para mostrar que si eran humanos con solo 5 dedos en la mano.

“Y hubo guerra otra vez en Gat, donde había un hombre de gran estatura que tenía veinticuatro dedos, seis en cada mano y seis en cada pie; él también descendía de los gigantes [refaím].” — 1 Crónicas 20:6 (NBLA)

El profeta Isaías nos insinúa lo que les sucede cuando mueren los Refaítas al mostrarnos acerca de la naturaleza caída de estas criaturas, quienes que se levantarán en un revuelo para recibir a Heilél ben Shajar cuando él mismo termine yendo al infierno (Seol).

“El Seol, desde abajo, se estremece por ti al recibirte en tu venida; por ti despierta a los espíritus de los muertos [refaím], a todos los jefes de la tierra; levanta de sus tronos a todos los reyes de las naciones.” — Isaías 14:9 (NBLA)

Al norte de Israel, en los Altos del Golán lo que antes pertenecía a Basán, existe un antiguo monumento compuesto por enormes círculos de piedra que ha dejado perplejos a los expertos, y sigue siendo un misterio hasta nuestros días. Se llama “Gilgal Refaím” (La rueda de Gigantes), y nadie sabe su propósito, pero los arqueólogos israelíes creen que fue un centro ritual, posiblemente relacionado con el culto a los muertos.

Los Emimeos: Era una raza que habitaba el país de los Moabitas al este del rio Jordán (Génesis 14: 5), y que se representa tan grande, numerosa y alta como los Anaceos (Deuteronomio 2:10-11).

“(Los Emimeos habitaron en ella antes, pueblo grande, y numeroso, y alto como numeroso, y alto como gigantes: Por gigantes [refaím] eran ellos también contados, como los Anaceos; y los Moabitas los llaman Emimeos.” — Deuteronomio 2:10-11 (RVA)

Los Horeos: De חֹרִים֮ – horím, “habitantes de la cueva” o “trogloditas”, estos gigantes habitaron en el Monte Seir (Génesis 14:6, 36:20-21, 29), y se habla que en tiempos de Abraham, una coalición lidereada por el rey Quedorlaomer, venció a estos gigantes horeos.

“En el año catorce, Quedorlaomer y los reyes que estaban con él, vinieron y derrotaron a los refaítas en Astarot Karnaim, a los zuzitas en Ham, a los emitas en Save Quiriataim, y a los horeos en el monte de Seir hasta El Parán, que está junto al desierto.” — Génesis 14:5-6 (NBLA)

Pero no fue hasta que, gracias al poder de Dios, la familia de Esaú pudo conquistarlos y eliminarlos para acabar con la corrupción de la carne de estos seres. De esta forma, tomaron posesión de esta tierra de gigantes, y a este territorio se le llamó Edom en honor a Esaú.

Los horeos habitaban antes en Seir, pero los hijos de Esaú los desalojaron y los destruyeron delante de ellos, y se establecieron en su lugar, tal como Israel hizo con la tierra que el Señor les dio en posesión.” — Deuteronomio 2:12 (NBLA)

Tal como Dios hizo con los hijos de Esaú, que habitan en Seir, cuando destruyó a los horeos delante de ellos; y ellos los desalojaron, y se establecieron en su lugar hasta hoy.” — Deuteronomio 2:22 (NBLA)

Los Zomzommeos: De זַמְזֻמִּים – Zamzumím, que significa “conspiradores” o “tribu que hace un ruido”, es una antigua raza de gigantes que habitaba en la tierra que bordeaba la nación de Ammón, pero que desapareció antes de la época de Moisés, y solo los menciona en Deuteronomio 2:20.

Por tierra de gigantes fué también ella tenida: habitaron en ella gigantes en otro tiempo, a los cuales los Ammonitas llamaban Zomzommeos. Pueblo grande, y numeroso, y alto, como los Anaceos; a los cuales Jehová destruyó de delante de los Ammonitas, quienes les sucedieron, y habitaron en su lugar” — Deuteronomio 2:20-21 (RVA)

Estas tribus de gigantes están condenadas, porque de acuerdo al profeta Isaías, nos dice que los nefilím están muertos y no van a participar en la resurrección. Si ven a continuación la palabra “fallecido” en hebreo es “refaím”, donde Dios nos deja claro que los nefilím no van a participar en Su plan de redención, y va a hacer que nos olvidemos de ellos.

“Muertos son; no vivirán. Han fallecido [refaím]; no se levantarán. Porque tú los has castigado y los has destruido; has hecho perecer todo recuerdo de ellos.” — Isaías 26:14 (RVA-2015)

Por eso es tan difícil que encontremos restos de ellos, y los que se han encontrado, han sido escondidos por ciertos grupos (entre ellos se rumora el Museo Smithsoniano, el Vaticano y los gobiernos de ciertos países), para que no se afecte la propaganda de la teoría científica de la evolución, en donde según sus mentiras, el hombre va a ganando altura conforme más evoluciona. Y un gigante del pasado echaría abajo sus mentiras y ayudaría a probar aún más la verdad de la Biblia. Si todos los restos de gigantes fueran mostrados al público, serían un factor importante para desacreditar la teoría de la evolución que tanto es promovida por las instituciones educativas y científicas, los medios de comunicación, y los museos. Como en el caso del “Gigante Irlandés”, una momia descubierta en Egipto en 1895, que medía 3.71m de altura, tenía 6 dedos en el pie derecho, y pesaba 2 toneladas, pero que desapareció misteriosamente mientras era trasportada al museo. Así que, este encubrimiento lleva a cumplir lo que las Escrituras nos están diciendo. Todo el renombre que buscaron los gigantes, no les sirvió porque hoy todas sus proezas han quedado en el olvido, ocultas, y solo se ridiculizan denigrándolas a mitos, leyendas y cuentos infantiles.

“Has reprendido a las naciones, has destruido al impío, has borrado su nombre para siempre. El enemigo ha llegado a su fin en desolación eterna, y Tú has destruido sus ciudades; su recuerdo ha perecido con ellas.” — Salmos 9:5-6 (NBLA)

En nuestro siguiente estudio hablaremos de por qué los gigantes fueron considerados hombres de renombre, y ahora los recordamos solo como mitos o leyendas.

¡Que Dios los bendiga!

Fotografía de la portada es cortesía del “Ark Encounter”.


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