La Controversia de la Profecía de las 70 Semanas de Daniel

En este artículo primero veremos brevemente dos señales proféticas, que sirven de preámbulo para entender mejor la profecía de las 70 semanas de Daniel (Daniel 9:24-27). Porque lo que dijo Abraham en Génesis 22:8, es descrito de forma precisa en la profecía de Daniel, y como veremos, tiene su cumplimiento durante la Primera Venida de Jesucristo para redimir a Su pueblo. También en este estudio, le mostraremos por qué creemos que la interpretación que inserta de forma forzada una pausa artificial entre la semana 69 y 70 de esta profecía, es una falsa enseñanza.

Primer Señal: La señal profética de redención en el sacrificio que iba a realizar Abraham

Algunas profecías están escondidas en eventos que ocurren en las Escrituras, y cuando estudiamos la Biblia, debemos poner atención a los símbolos o señales que se nos dan como presagio de algo que sucederá a futuro. Encontramos un ejemplo de esto, cuando Dios puso a prueba a Abraham, al pedirle que sacrificara a Isaac, su “único hijo” con su esposa Sara (Génesis 22:2). Estos pasajes nos muestran la fe ejemplar que tenía Abraham, quien estaba dispuesto a sacrificar a su amado hijo Isaac, el hijo de la promesa, según las instrucciones de Dios, como una ofrenda quemada sobre un monte de Moriah, como es descrito en Génesis 22:1-19. Cuando Abraham e Isaac estaban subiendo el monte, Isaac preguntó a su padre acerca de dónde estaba el animal para el sacrificio, y su padre le respondió con lo que ahora sabemos fue una profecía:

“Y Abraham respondió: «Dios proveerá para Sí el cordero para el holocausto, hijo mío». Y los dos iban juntos.” — Génesis 22:8 (NBLA)

Esta profecía tuvo cumplimiento en Jesucristo: En Juan 1:29 se nos dice que Jesucristo es el “Cordero de Dios” que quita el pecado del mundo, ya que Él es el único camino para que una persona alcance la redención.

“Al día siguiente Juan vio a Jesús que venía hacia él, y dijo: «Ahí está el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo.” — Juan 1:29 (NBLA)

El SEÑOR proveyó para Sí Mismo el Cordero para el sacrificio, para dar cumplimiento a esta profecía casi 2,000 años después. Abraham simboliza a Dios Padre que iba a sacrificar a Su único Hijo, simbolizado por Isaac; y por Su amor a Su Creación, Dios envió a Su único Hijo al mundo (Juan 3:16) para que a través de Él fuéramos salvados, por eso es llamado el Salvador del mundo.

“Y nosotros hemos visto y damos testimonio de que el Padre envió al Hijo para ser el Salvador del mundo.” — 1 Juan 4:14 (NBLA)

Además, en este mismo pasaje de Génesis 22, tenemos otras señales proféticas hechas por Isaac y que ya fueron cumplidas por Jesucristo. Vemos que Isaac estaba dispuesto a ser sacrificado, y no intentó escapar, sino que cumplió con la voluntad de su padre (Génesis 22:9). Representando que Jesús también cumpliría con la voluntad de Su Padre, y sabía que por eso había venido al mundo (Juan 12:27; Marcos 10:45), Él sabía de los sufrimientos que le esperaban (Mateo 17:22-23, 20:17-19; Marcos 10:33-34; Lucas 9:44) y se ofreció a Sí Mismo voluntariamente por el amor que nos tiene (Juan 10:14-18; Hebreos 12:2). Tenemos además el símbolo de que Isaac cargó la madera para el sacrificio a cuestas y subió a un monte (Génesis 22:6), mientras que, Jesús cargó una cruz de madera a cuestas, y lo hicieron subir al monte Gólgota (el lugar de la Calavera) para ser crucificado ahí (Juan 19:17-18). Isaac fue puesto sobre la misma madera en el altar para ser sacrificado (Génesis 22:9), y Jesús fue puesto sobre la cruz de madera para ser sacrificado como el “Cordero de Dios”. Cuando Jesús murió, un centurión romano al ver lo que sucedía, exclamó “¡Verdaderamente este hombre era el Hijo de Dios!” (Marcos 15:39).

“Cantaban con todas sus fuerzas: «¡Digno es el Cordero, que ha sido sacrificado, de recibir el poder, la riqueza y la sabiduría, la fortaleza y la honra, la gloria y la alabanza!»” — Apocalipsis 5:12 (CST)

Segunda Señal: La Sangre del Cordero de Pascua

La segunda señal profética, que nos muestra con mayor detalle, la redención que Dios nos ofrece a través del Cordero de Dios, está descrita en el pasaje de Éxodo 12:1-28, que nos dice que los israelitas fueron instruidos para sacrificar a un cordero, y untar su sangre en los marcos de las puertas de sus casas, para evitar el juicio de la Décima Plaga, la muerte del hijo primogénito.

La sangre les será a ustedes por señal en las casas donde estén. Cuando Yo vea la sangre pasaré de largo, y ninguna plaga vendrá sobre ustedes para destruirlos cuando Yo hiera la tierra de Egipto.” — Éxodo 12:13 (NBLA)

Esta profecía tuvo cumplimiento en Jesucristo: Jesús fue crucificado durante la Pascua (Juan 19:14; Marcos 15:25), precisamente cuando era sacrificado el cordero en conmemoración del evento del Éxodo, esa también es una señal. Puede ver nuestro artículo ¿Cuál es la relación entre Jesucristo y la Pascua Judía? y La Cronología de la Crucifixión de Jesucristo (Parte 3) en donde vemos este tema. Y mediante Su sangre, tenemos redención y perdón de nuestros pecados (Mateo 26:28; Romanos 3:25; Colosenses 1:14; 1 Juan 1:7; Apocalipsis 1:5). Para que entendamos lo que involucró nuestra salvación, considere que para llevar a cabo la Creación, Jesús, solo tuvo que hacer un movimiento de Sus dedos e hizo todo lo visible e invisible, pero para nuestra Redención, Jesús tuvo que dejar el Cielo, venir a la tierra, y dar Su vida por nosotros, para rescatarnos del problema en el que nosotros mismos nos metimos. ¡Qué asombroso es el amor que tiene nuestro Señor Jesucristo por nosotros!

“En Él tenemos redención mediante Su sangre, el perdón de nuestros pecados según las riquezas de Su gracia.” — Efesios 1:7 (NBLA)

El mismo Mesías viene dos veces

Si ha intentado compartir el Evangelio con judíos religiosos, notará que su rechazo está basado en que ellos no creen que Jesús haya dado cumplimiento a las “Profecías Mesiánicas”. Su principal argumento es que el Mesías es el que liderará a todos los exiliados de Israel de regreso a la Tierra Prometida y que, como Jesús de Nazaret no llevó a cabo esta gran profecía, ellos concluyen que Él no es el Mesías. Pero lo que el judaísmo no alcanza a reconocer, es que Jesús sí es el Mesías del que hablan las Escrituras, y que primero vino como un Siervo sufrido (Isaías 53), y que después regresará como un poderoso Rey victorioso, quien reunirá y gobernará sobre Su pueblo aquí en la tierra. Con ello, el Mesías dará cumplimiento a ambos tipos de profecías: (1) las “Profecías de Redención”, que ya tuvieron cumplimiento, y que son las que hemos estado viendo en los artículos de ¿Cómo puedo identificar a Jesucristo como el Mesías? El Mesías primero tenía que salvar del pecado a todo aquel que ponga su fe en Él, para que forme parte de Su reino; y (2) las “Profecías de Restauración” que ocurrirán al final de los tiempos. Por esta razón, Jesucristo nos prometió que Él va a regresar, y con Su Segunda Venida, dará cumplimiento a las profecías que los judíos han estado esperando, Él reunirá a los ciudadanos de Su reino y será su Rey. Durante todo este tiempo, los judíos no se han dado cuenta de la importancia de primero ser “redimidos” (salvados), y que nuestros pecados hayan sido limpiados por la sangre del Cordero de Dios, lo que nos prepara para poder recibir un corazón y un espíritu nuevos como parte del pacto de Dios, y así poder ser aceptados en el Reino de Dios, y la segunda parte de esta transformación, es pasar de ser mortales, a ser inmortales, durante la “restauración”, en donde recibiremos un cuerpo glorificado para poder estar ante la presencia de nuestro Señor Jesucristo con quien viviremos y serviremos en Su reino eternamente.

“Porque no quiero, hermanos, que ignoren este misterio, para que no sean sabios en su propia opinión: que a Israel le ha acontecido un endurecimiento parcial hasta que haya entrado la plenitud de los gentiles.” — Romanos 11:25 (NBLA)

El judaísmo no ha considerado que cuando Jesús vino por primera vez, el exilio de Israel en las naciones todavía no se había completado. Porque el Mesías va a reunir a las dos casas (Israel y Judá) de todos los rincones de la tierra, que hasta el día de hoy están en el exilio, hasta completar la plenitud de los gentiles. Jesús no quiere que nadie falte para que viva en Su reino, y eso nos incluye a usted y a mí, que no habíamos nacido cuando Él vino por primera vez.

[Dice Jesús] “Tengo otras ovejas que no son de este redil; a esas también Yo debo traerlas, y oirán Mi voz, y serán un rebaño con un solo pastor.” — Juan 10:16 (NBLA)

Las 70 Semanas de Daniel

Esta asombrosa profecía en Daniel 9:24-27 nos da el detalle de la llegada del Mesías, Su ministerio, el año en el que lo matarían, el castigo a quienes lo mataron, y el objetivo de Su venida: “el poner fin a nuestros pecados”. Pero Satanás a través de sus agentes, en este caso el jesuita Francisco de Ribera, manipuló esta profecía de Daniel para que el Papa no fuera acusado de ser el Anticristo. Para lograrlo, Ribera inventó una doctrina en la que insertó una pausa ficticia entre la 69ª y la 70ª semanas de la profecía, para argumentar que la Bestia sería revelada hasta la 70ª semana, en los últimos 7 años de nuestra era. Esta falsa teología se denomina “Futurismo” y fue adoptada por el cristianismo a través de John Darby y Cyrus Scofield, quienes enseñaron que la última parte de la profecía de Daniel ocurrirá en el futuro. Para mayor información acerca de cómo se desarrolló este engaño, puede ver nuestro artículo El origen de la doctrina de la Pretribulación. El adversario de esta forma desvía nuestra atención de la verdad, y no nos permite ver en las Escrituras una prueba contundente que Daniel 9 valida quién es el Mesías. Tal vez por esta misma razón, los judíos tienen prohibido estudiar Daniel 9 o Isaías 53.

La profecía de las 70 semanas fue explicada a Daniel por el ángel Gabriel, y les recomendamos que lean todo el capítulo 9 de Daniel, para que comprendan mejor el contexto de la profecía, que nos relata que después de que Daniel entiende que su gente regresaría a Jerusalén después de 70 años de desolaciones, hace una oración de intercesión, para el perdón de los pecados hechos por su gente, los judíos, quienes pecaron, se rebelaron actuando de forma malvada al no seguir los Mandamientos de Dios, y cometieron toda clase de iniquidad en contra del SEÑOR. Entonces el ángel se le aparece con la respuesta a su oración y le confirma que en 70 semanas los judíos recibirán al Mesías quien los salvará de sus pecados. ¡Vaya que Daniel nos muestra el gran poder de la oración! Y con su bellísima oración, el Mesías y Su plan de salvación son revelados. El capítulo 9 del libro de Daniel no nos está hablando del final de los tiempos, ni del Anticristo, ni de los últimos 7 años de esta era, sino del perdón de los pecados, y este evento ya ocurrió hace casi 2,000 años. Estas mentiras fueron introducidas por el jesuita Francisco de Ribera, y se han desarrollado diferentes falsas doctrinas por casi 500 años, a raíz de esto. A continuación, veremos más detalles acerca del cumplimento de esta profecía, apoyándonos en los estudios bíblicos de David Nikao Wilcoxson, de su libro “The 70th Week Of Daniel 9 Decoded”. Ahora veamos los últimos 4 versos de Daniel 9:24-27 que nos hablan de esta profecía:

Setenta semanas están determinadas sobre tu pueblo y sobre tu santa ciudad, para acabar la prevaricación, y concluir el pecado, y expiar la iniquidad; y para traer la justicia eterna, y sellar la visión y la profecía, y ungir al Santo de los santos.” — Daniel 9:24 (RVG-2010)

La Trinidad completa participó en el bautismo de Jesús: El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.

El periodo de 70 semanas que está utilizando el ángel para la profecía no son semanas literales, porque 490 días son un año y 4 meses. El periodo que es más aceptado por los teólogos es el Shemita o años sabáticos (Levítico 25:1-7; Deuteronomio 15:1-6), por lo que tenemos 70 periodos de 7 años, o 490 años en total. Este periodo es el mismo tiempo en el que los judíos violaron el mandato del SEÑOR al no dejar descansar la tierra cada 7 años, durante 490 años o 70 Shemita, según el mandato en Levítico 25:1-10. Y por ello fueron juzgados y castigados por Dios y pasaron 70 años desterrados en Babilonia (Jeremías 29:10, 34:13-14; Levítico 26:34-35). Y ahora el SEÑOR les estaba dando a los judíos la oportunidad, por los mismos 490 años, para que se preparen enderezando sus caminos, y regresando a Dios, antes de que viniera el Mesías, quien redimirá sus pecados si ponen su fe en Él.

Esta profecía tuvo cumplimiento en Jesucristo: Con Su sacrificio limpió todo pecado, transgresión e iniquidad de todo aquel que cree en Él, y además con Su victoria sobre la muerte nos brinda vida y justicia eterna. El versículo termina revelándonos quién va a dar cumplimiento a esta profecía llamándolo el “Santo de los santos” quien va a ser ungido, por lo que podemos ver que el Mesías (que significa el “Ungido”) solamente puede ser Dios, por lo que Jesucristo es el único quien puede cumplir con esta profecía. Ahora continuemos con el siguiente versículo, que nos revela cuándo empezó el conteo de los 490 años:

“Sabe, pues, y entiende, que desde la salida de la orden para restaurar y edificar a Jerusalén hasta el Mesías Príncipe, habrá siete semanas, y sesenta y dos semanas; la plaza volverá a ser edificada, y el muro, en tiempos angustiosos.” — Daniel 9:25 (RVG-2010)

Entonces los 490 años empezaron cuando se dio el edicto para reconstruir la ciudad de Jerusalén, pero como vimos en nuestro artículo Una Carta del Futuro (Parte 3), hubo 3 grupos de judíos que regresaron de Babilonia: el primero con Zorobabel en 538 a.C.; el segundo con Esdras en 457 a.C.; y el tercero con Nehemías en 444 a.C. El primer grupo fue designado para reconstruir el Templo, pero no Jerusalén (Esdras 1:5; Isaías 44:28). Después tenemos al tercer grupo, el de Nehemías, el cual por años pensé que era el grupo que iniciaría el conteo de tiempo de la profecía de Daniel, porque en las Escrituras, Nehemías dice: “«Si le place al rey… envíeme a Judá… para que yo la reedifique»” (Nehemías 2:4-5), y después de hacer supuestos basados en años proféticos de 360 días descritos por Sir Robert Anderson en su libro “The Coming Prince”, concluyó que la crucifixión de Jesucristo ocurrió en el año 32 d.C. Sin embargo, ahora al comparar con los estudios de David Nikao Wilcoxson, en su libro aclara que el inicio del conteo de la profecía empieza desde el segundo grupo en el año 457 a.C., de acuerdo a “la orden para restaurar y edificar a Jerusalén”, en Esdras 7:11-13, 16, 25-26 vemos que Esdras tiene la encomienda de restaurar la ciudad desde el punto de vista político y civil, al formar un gobierno teocrático y restablecer los servicios de Templo, designar jueces y magistrados, y enseñar la Torá. Y la pista que nos dice que también se le pide que edifique la ciudad estructuralmente, la encontramos en un libro apócrifo dentro de la Septuaginta en 1 Esdras 2:17-19, que dice:

“Al rey Artajerjes, nuestro Señor, de tus siervos, el registrador Athumus, el escriba Samellius, y el resto de su consejo, y los jueces que están en Celesiria y Fenicia: Que ahora sepa nuestro señor el rey, que los judíos que han subido de ti a nosotros, habiendo venido a Jerusalén, y están edificando esa ciudad rebelde y perversa, y están reparando sus plazas y muros, y están echando los cimientos de un templo. Ahora bien, si se edifica esta ciudad y se terminan sus muros, no solo se negarán a dar tributo, sino que incluso se opondrán a los reyes.”

Entonces aclarado el punto de partida, tenemos que agregar las 70 semanas de años, o 490 años, en 3 periodos como: el primero de 7 semanas (7×7=49), el segundo de 62 semanas (62×7=434), y el último de 1 semana, (1×7=7). Lo que nos da los años: 457 a.C., 408 a.C., 27 d.C. y 34 d.C. Los primeros 49 años representan el tiempo en que la ciudad y el liderazgo judío es restaurado. El periodo entre 27 y 34 d.C. representa la 70ª semana cuando el Mesías moriría como veremos con los siguientes versículos.

“Y después de las sesenta y dos semanas se quitará la vida al Mesías, mas no por sí; y el pueblo del Príncipe que ha de venir, destruirá la ciudad y el santuario; con inundación será el fin de ella, y hasta el fin de la guerra las asolaciones están determinadas.” — Daniel 9:26 (RVG-2010)

En este versículo es donde empieza el engaño que introdujo el jesuita Francisco de Ribera, al llamar al identificar al “Príncipe” como el Anticristo que aparecería al final de los tiempos después de una pausa ficticia entre la semana 69 y 70. Otra teoría que se desarrolló después de que este versículo fue tomado fuera de contexto, fue que el “príncipe” fue el general romano Tito, hijo del emperador Vespasiano (forzando la interpretación de que él era un “príncipe”), cuyo ejército desoló el Templo y la ciudad en 70 d.C. Pero la correcta interpretación, para saber quién es el “príncipe” en este versículo, la hallamos en el mismo contexto del pasaje, porque el ángel utiliza la palabra “Nagid” la misma que encontramos en el versículo anterior cuando habla del “Mesías Príncipe” (en hebreo מָשִׁיחַ – Mashíaj, נָגִיד – Nagid, príncipe), por lo que podemos asumir que el “Principe” es el mismo Mesías porque esta es la única parte en la Biblia en la que se utiliza esta expresión para designar al Mesías, descartando toda posibilidad de que sea el Anticristo o el general Tito. Por lo que “el pueblo del Príncipe”, se refiere a los judíos mencionados por Daniel una y otra vez en Daniel 9: 16, 19, 20, 24 siendo las personas por las que está orando, Daniel estaba intercediendo por ellos. Fue su grave pecado colectivo, al rechazar al Mesías, al no estudiar esta profecía, y no reconocer el tiempo de la visitación del Mesías Principe, lo que causó la desolación de la ciudad y del Templo en 70 d.C.

[Dice Jesús] “Te derribarán a tierra, y a tus hijos dentro de ti, y no dejarán en ti piedra sobre piedra, porque no conociste el tiempo de tu visitación.” — Lucas 19:44 (NBLA)

Mi pueblo es destruido por falta de conocimiento. Por cuanto tú has rechazado el conocimiento, Yo también te rechazaré para que no seas Mi sacerdote. Como has olvidado la ley de tu Dios, Yo también me olvidaré de tus hijos.” — Oseas 4:6 (NBLA)

Destruirá la ciudad y el santuario”: Durante la primer Gran Revuelta Judía (66-73 d.C.), hubo una revolución interna entre las fuerzas de Jerusalén que fueron derrotadas por los zelotes (sicarios) comandados por Juan de Giscala y Eleazar Ben Simón. Juan de Giscala se autonombró gobernador de Jerusalén, pero otro revolucionario, Simón Bar Giora lo desplazó, quedándose con el control de la parte alta de Jerusalén, y Juan se quedó con el control del Templo y la parte baja de Jerusalén. Durante 2 años los revolucionarios aterraron y masacraron a muchos judíos, al punto que la gente común prefería entregarse a las autoridades romanas como esclavos. En el año 70 d.C., durante las Festividades de Pascua, las legiones romanas sitiaron la ciudad por 4 meses causando que muchos judíos que habían viajado a Jerusalén por las festividades murieran de hambre, se estima que 1.1 millones de judíos murieron por esta desolación. Y el 9 del mes de Av (Tisha b’Av), en Agosto, el general Tito logró tomar la fortaleza de Antonia, y ese día los sacrificios diarios judíos en el Templo de Jerusalén cesaron, probablemente también por la falta de corderos por el estado de sitio en el que estaban. Los zelotes al ver que serían derrotados, y para evitar que el Templo fuera profanado por los romanos, decidieron quemarlo. Por lo que los mismos judíos destruyeron el Templo, al quemarlo, dando cumplimento a la profecía de Daniel. Los judíos son quienes destruyeron Jerusalén y el Templo, al haber rechazado y crucificado al Mesías que fue enviado para salvarlos (Mateo 27:25; Lucas 19:43-44)

Y después de las sesenta y dos semanas se quitará la vida al Mesías, mas no por sí“: Este versículo nos dice que después de la 69ª semana el Mesías sería ejecutado, es decir, que el Mesías moriría dentro de la 70ª semana entre los años entre 27 y 34 d.C., como veremos a continuación. Y Daniel nos dice: “mas no por sí”, que descarta que sea por causas naturales, ni por ser culpable, ni causante de su propia muerte, sino como veremos en el siguiente versículo, fue acusado falsamente, tal y como ocurrió con Jesús y fue crucificado dando cumplimento a la profecía (Isaías 53:8).

“Y por una semana confirmará el pacto con muchos, y a la mitad de la semana hará cesar el sacrificio y la ofrenda. Después con la muchedumbre de las abominaciones vendrá el desolar, aun hasta una entera consumación; y lo que está determinado se derramará sobre el pueblo asolado.” — Daniel 9:27 (RVG-2010)

a la mitad de la semana”: El Mesías inició Su ministerio a la edad de 30 años (Números 4:3; Lucas 3:23), cuando fue bautizado por Juan el Bautista, en “el año quince del imperio de Tiberio César” de acuerdo a Lucas capítulo 3 (Lucas 3:22; Hechos 10:37-38). El reinado de Tiberio comenzó dos años antes de la muerte del emperador Augusto en el año 12 d.C., porque reinaron en conjunto durante 2 años, por lo que el quinceavo año de Tiberio corresponde al año 27 d.C., que corresponde exactamente al inicio de la 70ª semana de Daniel. Y se estima que el ministerio de Jesús duró 3 ½ años, ubicando Su crucifixión a la mitad de la 70ª semana de esta profecía, que corresponde a la Pascua del año 31 d.C. También con esta información podemos calcular el año en el que nació (27 d.C. – 30= 4 a.C.). Por lo que Jesús vino al mundo en Septiembre/Octubre del año 4 a.C., y fue crucificado en Marzo/Abril del año 31 d.C., habiendo vivido 33½ años.

a la mitad de la semana hará cesar el sacrificio y la ofrenda”: Con la muerte de Jesucristo, la necesidad de sacrificios cesó, porque la sangre del sacrificio que hizo nuestro Señor, cubre todo requerimiento de Dios. Y a partir de ese momento podemos decir que “el obedecer es mejor que un sacrificio” (1 Samuel 15:22, Hebreos 10:1-10). Cuando Cristo murió en la cruz se rasgó el velo del Templo, lo cual significaba que ya había un acceso libre, por medio del sacrificio de Jesucristo, para todo aquel que crea en Él, somos libres de entrar y de acercarnos a Dios todos los días del año y en cualquier momento (Hebreos 4:16, 10:19-22).

“Pero Jesús clamó otra vez a gran voz y entregó el espíritu. Y he aquí, el velo del templo se rasgó en dos, de arriba abajo. La tierra tembló y las rocas se partieron.”— Mateo 27:50-51 (RVA 2015)

Según los comentarios rabínicos del Talmud (Tractate Shabbat Folio 86a), se colocaba un cordón rojo en la puerta del Templo, y cuando el chivo expiatorio había sido llevado al desierto, para no volver, el cordón rojo se volvía blanco de forma milagrosa. Lo más interesante de esto, es que, según lo descrito en el mismo Talmud, en Yoma 39b, los rabinos mencionaban que durante los últimos 40 años antes de la destrucción del Templo, el cordón rojo nunca volvió a cambiar de color, y que las puertas del Templo se abrían por sí mismas. Después de la muerte y resurrección de Cristo, el cordón rojo nunca volvió a cambiar a color blanco. Dios les estaba recordando a los judíos que Jesús era el verdadero sacrificio, y que los sacrificios subsecuentes no eran aceptables. Puede leer más información al respecto en nuestro artículo ¿Cuál es la relación entre Jesucristo y la celebración judía de Yom Kippur?

una semana confirmará el pacto con muchos”: Por el engaño de la “falsa pausa” en la profecía de Daniel 9 que promueve el Futurismo, muchos teólogos y pastores especulan que el “pacto” en esta frase representa la firma de un acuerdo de paz para Israel, que firmará el Anticristo con las naciones y que este evento dará inicio a un periodo de siete años de Tribulaciones, llamado “la 70ª semana de Daniel”. Pero como hemos visto, esto no es cierto y no va a ocurrir, porque esta profecía no habla del Anticristo. La profecía de Daniel no es la profecía de las “353 semanas y contando” para que incluya eventos que ocurrirán en el futuro. Y como hemos visto, esta profecía de 70 semanas de años sabáticos ya fue cumplida con la Primer Venida de Jesucristo, pero lamentablemente esta enseñanza equivocada está muy difundida hoy en día y provoca que las verdaderas profecías de la Segunda Venida sean forzadas dentro de un periodo de tiempo de 7 años, como parte del engaño de Satanás. Porque las Tribulaciones solamente incluyen 3½ años o 1290 días para ser más exacto de acuerdo a Daniel 12, e inician con el evento llamado “la abominación de la desolación” (Daniel 12:11), no con la firma de ningún tratado. Satanás es astuto y ha manipulado esta profecía para crear falsas expectativas que pueden causar que las personas pierdan su fe cuando vean que la 70ª semana de Daniel no se cumple en el futuro.

Pacto”: El pacto al que se refiere Daniel 9:27, es el que se menciona en Daniel 9:4, es el pacto eterno que hizo nuestro Señor Jesucristo con Abraham, que incluye a todo aquel que ama a Dios y guarda Sus mandamientos (Lucas 22:20). Nuestro Señor Jesucristo vino a confirmarlo y a ratificarlo con Su sangre, como el Cordero Pascual.

Y por una semana”: Se refiere a que Jesús confirmaría el pacto que hizo con Abraham, con muchos (judíos) durante una semana, que corresponde a la 70ª semana de esta profecía. Por eso vemos en las Escrituras el énfasis que tenía Jesús y sus discípulos de promulgar el Evangelio exclusivamente a los judíos (Mateo 15:24). Por lo que la profecía nos dice que en la 70ª semana el pacto sería confirmado, y su cumplimiento ya sucedió a través del Mesías, quien lo hizo en dos partes: a través de Su ministerio de 3 ½ años a los judíos, durante la primera mitad de la 70ª semana hasta el día de Su muerte; y la segunda parte, a través de Sus apóstoles, quienes llenos del Espíritu Santo, continuaron predicando el Evangelio a los judíos, el pueblo del Mesías Príncipe, durante la segunda mitad de la 70ª semana la cual terminó con la muerte de Esteban, que se estima fue en el año 34 d.C. (Hechos 7:59). Los estudiosos del Nuevo Testamento consideran que la conversión del apóstol Pablo ocurrió en el año 34 d.C., y también consideran que la muerte de Esteban ocurrió el mismo año. Esteban fue el último profeta que Jesús envió a los líderes judíos, quienes continuaron rechazando a Jesús como el Mesías. Cuando acabaron las 70 semanas de esta profecía, el pacto se extendió a los gentiles de todas las naciones del mundo. La muerte de Esteban también inició una serie de persecuciones de creyentes, quienes huyeron de Israel emigrando a otros países llevando consigo el Evangelio, y la Palabra del Señor se extendió a los gentiles.

“…«Así que también a los gentiles ha concedido Dios el arrepentimiento que conduce a la vida». Ahora bien, los que habían sido esparcidos a causa de la persecución que sobrevino después de la muerte de Esteban, llegaron hasta Fenicia, Chipre y Antioquía, no hablando la palabra a nadie, sino solo a los judíos. Pero había algunos de ellos, hombres de Chipre y de Cirene, los cuales al llegar a Antioquía, hablaban también a los griegos, predicando el evangelio del Señor Jesús.” — Hechos 11:18b-20 (NBLA)

Después con la muchedumbre de las abominaciones vendrá el desolar, aun hasta una entera consumación; y lo que está determinado se derramará sobre el pueblo asolado”: Esta parte de la profecía, nos habla de la destrucción del Templo en el año 70 d.C. que ya vimos, ocurrió casi 40 años después de que Jesús lo predijo.

“Mientras algunos estaban hablando del templo, de cómo estaba adornado con hermosas piedras y ofrendas votivas, Jesús dijo: «En cuanto a estas cosas que ustedes están mirando, vendrán días en que no quedará piedra sobre piedra que no sea derribada».” — Lucas 21:5-6 (NBLA)

Esperamos que este estudio le haya sido de utilidad, y lo invitamos a que sea como los de Berea (Hechos 17:11), quienes corroboraban toda enseñanza recibida con lo que dicen las Escrituras. Conforme adquiera mayor madurez en sus estudios bíblicos, tendrá mejor discernimiento (Hebreos 5:12-14), y así podrá identificar y rechazar doctrinas falsas, como las promovidas por el jesuita Francisco de Ribera, John Darby y Cyrus Scofield, cuyas doctrinas han engañado a muchísimas personas durante siglos, y que lamentablemente, aún hoy en día, siguen popularizándose y extendiendo el engaño a más personas.

¡Que Dios los bendiga!


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