El Quinto Mandamiento: La relación con nuestros padres (Parte 1)

En el artículo anterior vimos que el Cuarto Mandamiento nos recuerda a nuestro Creador cada semana y alegra nuestra alma al recibir a Jesucristo como nuestro invitado de honor, así como Él nos va a recibir en Su reino durante el Milenio. Ahora veremos que el 5º Mandamiento va más allá de ser buenos niños que se portan bien con papá y mamá, ya que el Señor se preocupa por la relación que mantenemos con nuestros padres, y como también veremos, este Mandamiento es el único Mandamiento que contiene una promesa: larga vida para quien lo cumpla. Lo que Dios nos está enseñando, es una especie de clave para la vida misma: Si lo honramos, resultará en una larga y buena vida. Este Mandamiento lo encontramos en Éxodo 20:12 y en Deuteronomio 5:16.

Honra a tu padre y a tu madre, para que vivas una larga vida en la tierra que te da el Señor tu Dios.” — Éxodo 20:12 (DHH)

Hay quienes dicen que los primeros cuatro Mandamientos están relacionados con nuestra relación con Dios, y los últimos seis Mandamientos se refieren a nuestra relación con otras personas. Sin embargo, yo considero que el 5º Mandamiento también nos habla de nuestra relación con Dios, porque el SEÑOR equipara honrar a nuestros padres con honrarlo a Él mismo. Porque, así como Dios nos creó y nos trajo al mundo, nuestros padres hicieron algo similar. Nuestros padres son los responsables de cuidarnos y criarnos para que conozcamos al SEÑOR y Sus caminos (Levítico 10:11; Deuteronomio 4:10, 6:7, 11:19), desde el momento cuando nosotros no podemos ni siquiera cuidarnos por nosotros mismos, hasta que alcancemos la edad en que ya seamos responsables ante nuestro Creador por sí solos (Deuteronomio 6:1-9). Adicionalmente este Mandamiento también nos prepara para nuestra relación no solo con Dios, sino con nuestros prójimos, porque nos dice que no nos enfoquemos en nosotros mismos, sino en los demás, y nos enseña que tengamos respeto por ellos, y así nuestras vidas son enriquecidas y bendecidas. Siendo nuestros padres quienes nos ayudan con esta transición para que nuestras vidas no solo se prologuen, sino que sean de calidad, al servicio del SEÑOR.

[Moisés dice] “Estos, pues, son los mandamientos, los estatutos y los decretos que el SEÑOR su Dios me ha mandado que les enseñe, para que los cumplan en la tierra que van a poseer, para que temas al SEÑOR tu Dios, guardando todos Sus estatutos y Sus mandamientos que yo te ordeno, tú y tus hijos y tus nietos, todos los días de tu vida, para que tus días sean prolongados.” — Deuteronomio 6:1-2 (NBLA)

“Honra a tu padre y a tu madre”

A father reads to his three young children from the Holy Bible.

La clave para empezar a entender este Mandamiento es saber que significa la palabra “honrar” en hebreo, כַּבֵּד – cabéd, que significa “dar importancia y seriedad a su ser”, “asignar o tener peso”, promover, glorificar, o reverenciar, respetar, reconocer, y elevar. Entonces, honrar a nuestros padres implica que les demos una importancia de peso en nuestras vidas, y que sus consejos influyan nuestras decisiones. Honrar a alguien va más allá de amar a la persona, ya que implica una decisión consciente a través de nuestro libre albedrío y nuestra elección. Esto es comparable a decir, “amar es un impulso natural, pero honrar es una elección moral”. Si alguien es importante en mi vida, no es porque sea más sabio, mayor, o más rico, es porque yo elijo hacerlo importante.

“Oye, hijo mío, la instrucción de tu padre y no abandones la enseñanza de tu madre; porque son guirnalda de gracia para tu cabeza, y collares para tu cuello.” — Proverbios 1:8-9 (NBLA)

Hoy en día, uno de los problemas de nuestra cultura es que relacionamos el honor con autoridad, y la autoridad con desigualdad. Y por todos lados se nos dice que para que exista una relación buena y saludable, necesitamos que haya igualdad, sin embargo, esta no es una enseñanza bíblica, es una filosofía del hombre, en la Biblia encontramos una jerarquía, hay rangos. Así que ¿cómo puede haber una relación buena con alguien que tiene una posición de autoridad sobre nosotros? La única forma que esta relación funcione es que las personas que están bajo esa autoridad la acepten, y tomen activamente el rol de obedecer, por lo que este Mandamiento es muy fácil de entender cuando éramos niños, y honramos la autoridad, la enseñanza, el ejemplo, la protección, entre otras cosas que nos brindaban nuestros padres.

“Instruye al niño en el camino que debe andar, y aun cuando sea viejo no se apartará de él.” — Proverbios 22:6 (NBLA)

Toda la idea de honrar a nuestro padre y madre implica que los padres están enseñando la Palabra de Dios en su familia como los representantes del SEÑOR. Así que este Mandamiento también aplica a los padres, quienes tienen la responsabilidad de estudiar las Escrituras, para dar una buena instrucción y predicar con un buen ejemplo a sus hijos y a sus nietos con el objetivo de que aprendan a comportarse bajo la voluntad del SEÑOR una vez que sean independientes de los padres, tal y como nos lo indica Moisés:

“Ustedes no añadirán nada a la palabra que yo les mando, ni quitarán nada de ella, para que guarden los mandamientos del Señor su Dios que yo les mando… Así que guárdenlos y pónganlos por obra, porque esta será su sabiduría y su inteligencia ante los ojos de los pueblos que al escuchar todos estos estatutos, dirán: “Ciertamente esta gran nación es un pueblo sabio e inteligente”… Por tanto, cuídate y guarda tu alma con diligencia, para que no te olvides de las cosas que tus ojos han visto, y no se aparten de tu corazón todos los días de tu vida; sino que las hagas saber a tus hijos y a tus nietos.” — Deuteronomio 4:2, 6, 9 (NBLA)

El mejor ejemplo que tenemos con referencia al 5º Mandamiento es la reverencia y honor con la que nuestro Señor Jesucristo siempre se refiere a Su Padre.

“Y adelantándose un poco, cayó sobre Su rostro, orando y diciendo: «Padre Mío, si es posible, que pase de Mí esta copa; pero no sea como Yo quiero, sino como Tú quieras».” — Mateo 26:39 (NBLA)

“Jesús respondió: «Yo no tengo ningún demonio, sino que honro a Mi Padre, y ustedes me deshonran a Mí.” — Juan 8:49 (NBLA)

[Dice Jesús] “Mi Padre que me las dio es mayor que todos, y nadie las puede arrebatar de la mano del Padre. Yo y el Padre somos uno.” — Juan 10:29-30 (NBLA)

“Oyeron que les dije: “Me voy, y vendré a ustedes”. Si me amaran, se regocijarían, porque voy al Padre, ya que el Padre es mayor que Yo.” — Juan 14:28 (NBLA)

[Dice Jesús] “Pero Yo tengo un testimonio mayor que el de Juan; porque las obras que el Padre me ha dado para cumplirlas, las mismas obras que hago dan testimonio de Mí de que el Padre me ha enviado.” — Juan 5:36 (RVA 2015)

Nosotros nunca hemos visto a Dios Padre, pero Cristo nos lo ha revelado. De forma que la figura del padre en el hogar, como figura que representa a nuestro Padre que está en el Cielo, merece nuestro respeto, y Dios nos ordena que lo honremos, o sea que le demos su importancia, honor, enaltecimiento, incluso que lo premiemos. Las Escrituras nos mencionan que cuando Jesús tenía 12 años, nos muestra que Él también obedece el 5º Mandamiento al sujetarse a lo que José y María le pedían. Y como cristianos debemos de seguir el ejemplo que Jesucristo no ha enseñado.

“Descendió con sus padres y vino a Nazaret, y continuó sujeto a ellos. Y Su madre atesoraba todas estas cosas en su corazón.” — Lucas 2:51 (NBLA)

El apóstol Pablo nos dice que no solo debemos honrar a nuestros padres, sino que también debemos de obedecerlos (siempre y cuando sea de acuerdo con la voluntad de Dios, y no si por ejemplo nos piden que robemos un banco), porque ellos fueron puestos por Dios en una posición de autoridad sobre nosotros, simplemente por su posición o su titulo de padres, se merecen nuestro honor, no por las cosas que ellos hayan hecho, sean buenas o malas, porque ellos no son perfectos. Debemos considerar que, gracias a nuestros padres, recibimos cuidados desde nuestra infancia, sin los cuales no hubiéramos podido sobrevivir; nos han dado amor, hospedaje y alimento en su casa; nos han protegido y educado, nuestro entrenamiento moral y primeros conocimientos provienen de ellos.

Hijos, obedezcan a sus padres en el Señor, porque esto es justo. Honra a tu padre y a tu madre (que es el primer mandamiento con promesa), para que te vaya bien, y para que tengas larga vida sobre la tierra.” — Efesios 6:1-3 (NBLA)

Es interesante notar que, en el 5º Mandamiento, menciona que honres a tu madre, ya que desde las épocas del Antiguo Testamento, y hasta nuestros días, hay muchas naciones, países, religiones e imperios en los que básicamente las mujeres eran tratadas como propiedad, como esclavas o sin un trato digno. Pero Dios nos ordena que honremos, reverenciemos, respetemos y obedezcamos a nuestra madre. Y Moisés incluso invierte el orden y menciona a la madre antes que al padre.

“Cada uno de ustedes ha de reverenciar a su madre y a su padre, y guardarán Mis días de reposo. Yo Soy el Señor su Dios.” — Levítico 19:3 (NBLA)

Bendiciones por cumplir con el 5º Mandamiento

Este es el único Mandamiento que nos promete una bendición. Nos dice que si lo cumplimos, nuestros días serán prolongados y nos irá bien en la tierra que el SEÑOR nos da. Esto es debido a un efecto compuesto, donde primero el SEÑOR lo está prometiendo, y segundo, las enseñanzas, experiencias y consejos de los padres, ayudarán a los hijos a evitar problemas y les facilitarán las cosas.

“Honra a tu padre y a tu madre, como el Señor tu Dios te ha mandado, para que tus días sean prolongados y te vaya bien en la tierra que el Señor tu Dios te da.” — Deuteronomio 5:16 (NBLA)

El imperio más antiguo en el mundo, y que aún existe hoy en día, es China, y entre sus fallas y errores, han sido preservados primordialmente por la profunda reverencia que tienen hacia sus padres y ancestros, es parte de sus creencias que sí les funcionan. El antiguo imperio romano era poderoso, su fortaleza se debía en gran medida, al respeto y obediencia a la autoridad paternal como parte de su cultura. Hoy Japón tiene la mayor esperanza de vida, y también tienen un gran respeto por los adultos mayores.

En las Escrituras también encontramos ejemplos de buenos hijos, tales como José, el hijo favorito de Jacob (Génesis 37:3), quien pastoreaba ovejas (Génesis 37:2), quien llegó a ser gobernador de Egipto (Génesis 41:37-44), después de haber sido un esclavo (Génesis 37:18-36), y que preparó a una nación para que sobreviviera una hambruna (Génesis 41:25-36, 54-57). El rey David, quien en obediencia a su padre pastoreaba ovejas (1 Samuel 17:12-15) y se convirtió en el campeón de Israel al matar al gigante Goliat quien acosaba al pueblo (1 Samuel 17:32-51).

“Los proverbios de Salomón. El hijo sabio alegra al padre, pero el hijo necio es tristeza para su madre.” — Proverbios 10:1 (NBLA)

“El hijo sabio alegra al padre, pero el hombre necio desprecia a su madre.” — Proverbios 15:20 (NBLA)

Maldiciones por no cumplir con el 5º Mandamiento

La mayor maldición que hay en el mundo es el pecado, y fue causado porque nuestros primeros padres no honraron a su Padre Celestial, incumpliendo el 5º Mandamiento. Cuando Adán y Eva desobedecieron a Dios cometieron el pecado original, y hasta el día de hoy estamos lidiando con todas las consecuencias que este pecado causó. La muerte entró al mundo por desobedecer al Creador, y como resultado, la vida del hombre es acortada por las maldiciones que Dios envía, y por no escuchar los buenos consejos que nos dan nuestros padres. Como en el caso de Adán y Eva que escucharon las mentiras de la serpiente en lugar de la advertencia de su Padre.

“Por tanto, tal como el pecado entró en el mundo por medio de un hombre, y por medio del pecado la muerte, así también la muerte se extendió a todos los hombres, porque todos pecaron… Sin embargo, la muerte reinó desde Adán hasta Moisés, aun sobre los que no habían pecado con una transgresión semejante a la de Adán, el cual es figura de Aquel que había de venir.” — Romanos 5:12, 14 (NBLA)

Cuando la relación con los padres es corrompida, es como si se introdujera un poderoso disolvente, el cual rápidamente desintegra a la sociedad. Los hijos que no respetan la autoridad de los padres, se comportan de la misma forma en la sociedad, y el daño más grave que puede sufrir una sociedad, o sus miembros, es cuando se debilita el respeto y honor hacia los padres y madres, afectando el núcleo de la sociedad, las familias. Así como tenemos la bendición de larga vida (Éxodo 20:12) por cumplimiento de este Mandamiento, también encontramos que hay maldiciones por incumplimiento del 5º Mandamiento.

[Jesús dice] “Porque Moisés dijo: “Honra a tu padre y a tu madre”; y: “El que hable mal de su padre o de su madre, que muera”.” — Marcos 7:10 (NBLA)

“‘¡Maldito el que trate con desprecio a su padre o a su madre!’. Y todo el pueblo dirá: ‘¡Amén!’.” — Deuteronomio 27:16 (RVA 2015)

“El temor del Señor prolonga la vida, pero los años de los perversos serán truncados [acortados].” — Proverbios 10:27 (NTV)

Cuando cumplimos con este Mandamiento Dios nos bendice, pero cuando lo transgredimos es un tema sumamente serio y ofensivo para el SEÑOR el portarse mal con los padres, al punto de ameritar la pena capital: La rebeldía en contra de su autoridad, la persistencia del mal comportamiento hacia los padres a pesar de recibir castigos por parte de ellos, cuando todo esto llega al colmo de los padres, encontramos una provisión en Deuteronomio en la que los padres pueden denunciar a su hijo ante las autoridades, y se le aplicaba la pena capital. Aunque no encontramos ningún registro en las Escrituras de que alguien haya sido apedreado por insubordinación hacia los padres, la ley está presente y es un castigo autorizado por Dios por la severidad de este pecado.

“Si un hombre tiene un hijo terco y rebelde que no obedece a su padre ni a su madre, y aunque lo castiguen, ni aun así les hace caso, el padre y la madre lo tomarán y lo llevarán fuera a los ancianos de su ciudad, a la puerta de su ciudad natal. Y dirán a los ancianos de la ciudad: “Este hijo nuestro es terco y rebelde, no nos obedece, es glotón y borracho”. Entonces todos los hombres de la ciudad lo apedrearán hasta que muera. Así quitarás el mal de en medio de ti, y todo Israel oirá esto y temerá.” — Deuteronomio 21:18-21 (NBLA)

“Pero si tú has advertido al impío, y este no se aparta de su impiedad ni de su camino impío, él morirá por su iniquidad, pero tú habrás salvado tu vida.” — Ezequiel 3:19 (NBLA)

Una de las características más trágicas de la cultura de nuestros tiempos es la prevalente desobediencia por parte de los hijos hacia sus padres durante la niñez, y su falta de reverencia y respeto cuando crecen. Y esto ocurre inclusive en hogares “cristianos”, donde los padres no enseñan a sus hijos los caminos del SEÑOR, pensando que solo basta ser proveedores de sus necesidades, y una especie de policías morales, pero el resultado son niños obstinados o mimados con una infelicidad perpetua, que infligen incomodidad a todos los que los rodean. Quizás esta sea la razón de la deshonrosa lista de pecados, que profetiza el apóstol Pablo para los últimos días:

[Dice Pablo] “Pero debes saber esto: que en los últimos días vendrán tiempos difíciles. Porque los hombres serán amadores de sí mismos, avaros, jactanciosos, soberbios, blasfemos, desobedientes a los padres, ingratos, irreverentes, sin amor, implacables, calumniadores, desenfrenados, salvajes, aborrecedores de lo bueno, traidores, impetuosos, envanecidos, amadores de los placeres en vez de amadores de Dios; teniendo apariencia de piedad, pero habiendo negado su poder. A los tales evita.” — 2 Timoteo 3:1-5 (NBLA)

Dios ha confiado a los padres un encargo muy solemne y un privilegio muy preciado: No es exagerado decir que en sus manos están depositadas la esperanza y la bendición, o la maldición y la plaga, de la próxima generación para la iglesia y para la sociedad. Esta responsabilidad no es algo que se haga esporádicamente, o solo los domingos, sino que requiere atención constante, dada la naturaleza pecaminosa tanto de padres como de hijos, aunado a que el enemigo trabaja las 24 horas del día.

“Estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón. Las enseñarás diligentemente a tus hijos, y hablarás de ellas cuando te sientes en tu casa y cuando andes por el camino, cuando te acuestes y cuando te levantes.” — Deuteronomio 6:6-7 (NBLA)

Se han presentado en programas de televisión como Dr. Phil, casos en donde los hijos rebeldes tienen comportamientos tan malos hacia sus padres, en donde los hijos en su furia incluso hacen agujeros en las paredes de sus casas, golpean o amenazan a sus padres y a sus hermanos, al punto que los padres de familia viven aterrorizados, temen por su propia seguridad y por la de los hermanos del hijo rebelde, incluso instalan candados o seguros en las puertas de sus recámaras, para poder dormir más tranquilos, estos padres han llegado al punto de hablarle a la policía para denunciar a sus hijos por violencia doméstica, y estos hijos rebeldes han terminado en prisión varias veces.

“Deja la ira y abandona el enojo; de ninguna manera te apasiones por hacer lo malo. Porque los malhechores serán destruidos, pero los que esperan en el SEÑOR heredarán la tierra.” — Salmos 37:8-9 (RVA 2015)

Si la persona no tan solo desprecia o trata mal a sus padres, sino que los maldice, entonces les aplica la pena capital:

Todo aquel que maldiga a su padre o a su madre, ciertamente se le dará muerte; ha maldecido a su padre o a su madre, su culpa de sangre sea sobre él.” — Levítico 20:9 (NBLA)

“Al que maldice a su padre o a su madre se le apagará su lámpara en la más profunda oscuridad.” — Proverbios 20:20 (RVR 1995)

Esto puede explicar el por qué algunas personas mueren siendo aún jóvenes.

“Porque los rectos morarán en la tierra, y los íntegros permanecerán en ella; pero los impíos serán cortados de la tierra, y los malvados serán desarraigados de ella.” — Proverbios 2:21-22 (NBLA)

“Al ojo que se burla del padre y escarnece a la madre, lo sacarán los cuervos del valle, y lo comerán los aguiluchos.” — Proverbios 30:17 (NBLA)

Las Escrituras también mencionan otras formas de deshonrar a los padres, sobre las cuales aplica maldición:

“‘¡Maldito el que se acueste con la mujer de su padre, porque descubre el manto de su padre!’. Y todo el pueblo dirá: ‘¡Amén!’.” — Deuteronomio 27:20 (RVA 2015)

Este pecado lo cometió Absalón, el hijo del rey David, cuando se acostó con las concubinas de su padre (2 Samuel 16:20-22), puede ver mayor información en nuestro artículo Los 7 Espíritus del Señor: Consejo (Parte 2), Absalón siguió el consejo perverso de Ajitofel.

También puede leer Levítico 18:7-16

“No descubrirás la desnudez de tu padre, o la desnudez de tu madre. Es tu madre, no descubrirás su desnudez.” — Levítico 18:7 (NBLA)

Este pecado lo cometió Cam, el hijo de Noé, esta terrible deshonra provocó que Noé maldijera a Canaán, el hijo de Cam.

“Noé comenzó a labrar la tierra, y plantó una viña. Bebió el vino y se embriagó, y se desnudó en medio de su tienda [de campaña]. Cam, padre de Canaán, vio la desnudez de su padre y se lo contó a sus dos hermanos que estaban afuera. Entonces Sem y Jafet tomaron un manto, lo pusieron sobre sus hombros, y caminando hacia atrás cubrieron la desnudez de su padre. Como sus rostros estaban vueltos, no vieron la desnudez de su padre. Cuando Noé despertó de su embriaguez, y supo lo que su hijo menor le había hecho, dijo: «Maldito sea Canaán; siervo de siervos será para sus hermanos». Dijo también: «Bendito sea el Señor, el Dios de Sem; y sea Canaán su siervo. Engrandezca Dios a Jafet, y habite en las tiendas de Sem; y sea Canaán su siervo».” — Génesis 9:20-27 (NBLA)

Cuando una persona tiene padres o abuelos de edad avanzada, y si llegaran a un punto de no poder valerse por sí mismos, ya sea por enfermedad o por vejez, por ejemplo para ir al baño, o para asearse (higiene personal), o si requieren pañales, pienso que es mejor invertirle a contratar a alguna persona especializada, ajena a la familia, para que atienda a su padre o madre (o abuelito, o abuelita), de forma que usted no descubra su desnudez, y pueda cumplir con el mandato de Dios de Levítico 18:7.

En las Escrituras encontramos ejemplos de hijos desobedientes, o que le provocaron angustias a sus padres, tales como: Caín, quien mató a su hermano (Génesis 4:8-12); Absalón, hijo del rey David, mató a su hermano Amnón (2 Samuel 13:22, 28-29), y además conspiró para quitarle el trono a su padre y luchar contra él (2 Samuel 15:10, 12-14, 31); Esaú, quien despreció sus derechos de hijo primogénito a cambio de un guisado de lentejas (Génesis 25:29-34), y quien además decepcionó a sus padres al tomar esposas que ellos no aprobaban (Génesis 26:34-35, 28:9, 36:2-3); Sansón también se casó con mujeres sin la aprobación de sus padres (Jueces 14:1-3); el hijo pródigo, quien mantuvo preocupado a su padre al irse al extranjero con toda su herencia (Lucas 15:11-32).

“El que despoja a su padre y ahuyenta a su madre es hijo que avergüenza y deshonra.” — Proverbios 19:26 (RVA 2015)

“Porque el hijo trata con desdén al padre, la hija se levanta contra la madre, y la nuera contra su suegra; los enemigos del hombre son los de su propia casa.” — Miqueas 7:6 (NBLA)

Si los padres honran a Dios y viven con honradez, y si los hijos están decididos a honrar a sus padres, todos los demás Mandamientos en nuestras relaciones con Dios y los hombres serán mucho más fáciles. Y nuestro mundo sería muy diferente.

En el siguiente artículo continuaremos viendo otros aspectos de la dinámica familiar entre padres e hijos.

¡Que Dios los bendiga!


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