El Séptimo Mandamiento: La Relación con Nuestra Pareja (Parte 1)

En el artículo anterior vimos cómo el hombre menosprecia la vida que Dios creó, al punto que está dispuesto a matar a su prójimo a través de asesinatos, abortos (incluyendo las fertilizaciones in vitro), eutanasia, e inclusive el quitarse su propia vida al cometer un suicidio. Ahora veremos el Séptimo Mandamiento que Dios nos dio con Su propia boca y escribió con Su propio dedo, el cual, constituye una expresión perfecta de Su voluntad para que el hombre sea santo. En este caso el Mandamiento está enfocado al corazón de las relaciones humanas protegiendo la santidad del pacto del matrimonio, que es la cuna de la vida humana y el modelo de la sociedad, en contra de una variedad de pecados sexuales que lamentablemente se han popularizado a través del tiempo, hasta hacerlos algo común en nuestra cultura (convirtiéndose en una iniquidad) pero que es una de las más grandes transgresiones que podemos hacer en contra de nuestro propio cuerpo.

El Séptimo Mandamiento lo encontramos en Éxodo 20:14 y en Deuteronomio 5:18:

“No cometerás adulterio.” — Éxodo 20:14 (NBLA)

Para entender este Mandamiento veamos ¿Qué es el adulterio? si lo vemos en el diccionario tenemos que es una relación sexual voluntaria entre una persona casada y una pareja que no sea su cónyuge legal. ¿Pero será solo esto a lo que se refiere el Séptimo Mandamiento? Nosotros pensamos que este Mandamiento es más amplio, porque el SEÑOR agrupa este Mandamiento al decirnos: “amarás a tu prójimo como a ti mismo” (Levítico 19:18; Lucas 10:27; Romanos 13:9). Por lo que nos está indicando que el Séptimo Mandamiento está relacionado a otros de los 10 Mandamientos como: el Sexto Mandamiento, No matarás, que se refiere al respeto de la vida de nuestro prójimo; el adulterio es un ataque directo a la unión conyugal, es como clavar una daga en el contrato y votos matrimoniales de dos de nuestros prójimos (Proverbios 6:33-35); con respecto al Octavo Mandamiento, porque con el adulterio estamos robando la relación matrimonial de nuestro prójimo, quien incluso puede llegar a perder sus bienes materiales y hasta sus hijos; Noveno Mandamiento, porque el engaño y las mentiras son parte del adulterio; y el Décimo Mandamiento, el cual es transgredido directamente por el adulterio al codiciar a la mujer de nuestro prójimo.

[Jesús dice] “Él le respondió diciendo: —Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas y con toda tu mente; y a tu prójimo como a ti mismo.” — Lucas 10:27 (RVA-2015)

“Porque esto: «No cometerás adulterio, no matarás, no hurtarás, no codiciarás», y cualquier otro mandamiento, en estas palabras se resume: «Amarás a tu prójimo como a ti mismo».” — Romanos 13:9 (NBLA)

“Porque el que dijo: No cometas adulterio también dijo: No cometas homicidio. Y si no cometes adulterio pero cometes homicidio, te has hecho transgresor de la ley.” — Santiago 2:11 (RVA-2015)

Adicionalmente, nuestro Señor Jesucristo nos explica en Mateo 5:27-32, que solo con ver a alguien con deseos sexuales, convierte a esa persona en un adúltero en su corazón, alguien que está transgrediendo el Séptimo Mandamiento, porque esta es una ley espiritual (Romanos 7:14) que condena tanto al corazón, sus deseos, imaginaciones, pensamientos o “fantasías” sexuales, y las acciones externas que realice la persona, la inmoralidad sexual inicia con la actitud en el corazón de las personas. Por lo que nuestro Creador nos está protegiendo con este Mandamiento porque Él sabe que el sexo fuera del matrimonio destruye el alma de las personas. Por eso Jesús nos da la metáfora radical de que es mejor sacarse un ojo, o cortarse la mano, si esas partes del cuerpo ocasionan caer en pecado, porque eso es mucho mejor en comparación a que se destruya el alma por completo con el adulterio (Mateo 5:28-30). Imagine que usted ve un letrero que dice “explosivos”, muy seguramente usted no se acercará a ese lugar. Jesús nos está advirtiendo con el Séptimo Mandamiento que el adulterio es ese explosivo, porque lo único que produce es destrucción, nos previene para que no nos acerquemos, que ni siquiera lo veamos porque es así de peligroso para todos nosotros. Su enseñanza no se refiere a la mutilación del cuerpo de sus miembros más valiosos, porque, aunque lo hiciéramos el problema no se resolvería, porque la raíz del problema es más profunda: sale del corazón. Toda infidelidad sexual nace del corazón (Mateo 5:19; Marcos 7:21-23) o alma de las personas, el permitir el desarrollo de pensamientos de lujuria en la mente, solo puede conducir al pecado del adulterio, y a su vez a la muerte.

“Sino que cada uno es tentado cuando es llevado y seducido por su propia pasión. Después, cuando la pasión ha concebido, da a luz el pecado; y cuando el pecado es consumado, engendra la muerte.” — Santiago 1:14-15 (NBLA)

“Destruyendo especulaciones y todo razonamiento altivo que se levanta contra el conocimiento de Dios, y poniendo todo pensamiento en cautiverio a la obediencia de Cristo” — 2 Corintios 10:5 (NBLA)

El mensaje de este pasaje de nuestro Señor es claramente que debemos tomar medidas drásticas y decisivas para evitar el pecado sexual antes de que sea demasiado tarde, y debemos de actuar radicalmente, y no permitir que los deseos de nuestro corazón, con una naturaleza pecaminosa, se salgan de control, evitando así dañarnos a nosotros mismos y a los demás, al transgredir el Séptimo Mandamiento.

“Ustedes han oído que se dijo: “No cometerás adulterio”. Pero Yo les digo que todo el que mire a una mujer para codiciarla ya cometió adulterio con ella en su corazón.” — Mateo 5:27-28 (NBLA)

“Por tanto, no reine el pecado en su cuerpo mortal para que ustedes no obedezcan a sus lujurias.” — Romanos 6:12 (NBLA)

Así que nuestro Creador nos está protegiendo con este Mandamiento para que evitemos llevar a cabo actividades sexuales perversas, fuera del matrimonio, y que pueden incluir: fornicación, adulterio, homosexualidad, incesto, violación, pedofilia, bestialidad, sodomía, prostitución, pornografía, voyerismo, masturbación, poligamia, orgías, todas las imaginaciones, pensamientos y afectos inmundos; hacer o escuchar comunicaciones corruptas o sucias; miradas desenfrenadas, comportamientos imprudentes, vestir con ropa reveladora, provocativa o indecente, bailes indecorosos; procurar las canciones, películas, programas de TV, obras de teatro, libros, revistas, imágenes, esculturas y demás objetos artísticos o decorativos con contenido lujurioso y provocativo; ir a burdeles; los matrimonios legales ante las autoridades de ciertos países, pero ilegales ante los ojos de Dios, como vivir en unión libre o concubinato, y los llamados “matrimonios gay”; así como vivir en poligamia, tener más de una esposa, muchas veces sin su conocimiento, entre otras actividades obscenas. Cada una de estas perversiones sexuales son descritas con mayor detalle en diferentes partes de las Escrituras. Y todo esto es lo que precisamente Hollywood y los medios de comunicación promueven entre sus agendas demoniacas, basta con que vea la programación que ofrece Netflix y otros servicios similares, para darse cuenta de la magnitud del problema.

El apóstol Pablo nos explica que todos estos pecados sexuales son hechos en contra de nuestro mismo cuerpo (1 Corintios 6:18), porque normalmente nos quedamos con la idea de que el sexo es solo para la procreación y la recreación, pero no entendemos que para nuestro Creador su función principal es la unificación de dos almas que se fusionan espiritualmente y milagrosamente en una sola entidad, resultado del amor mutuo que esas dos personas se tienen, y al mismo tiempo forman un cuerpo. Con el matrimonio, Dios une al hombre y a la mujer, tanto física como espiritualmente, mezclando sus dos mentes, voluntades y emociones hasta lo más profundo de sus almas y espíritus, siendo esta unión indisoluble mientras la pareja esté viva. Y cualquier inmoralidad sexual afecta directamente a esta unión, y se ve como un pecado en múltiples niveles, en contra de este cuerpo recién formado: 1) Porque todos los demás pecados no separan el cuerpo del cristiano del cuerpo de Cristo, pero la fornicación y la inmoralidad sexual producen una separación espiritual (1 Corintios 6:9; Romanos 8:9); 2) Además, si cometemos adulterio, estamos pecando contra nuestra pareja, con quien formamos un solo miembro espiritualmente, ella es como nuestro propio cuerpo, con quien estamos comprometidos, y de esta forma la estamos contaminando y deshonrando; 3) Cuando cometemos una inmoralidad sexual, nuestros cuerpos automáticamente son profanados, corrompidos, se vuelven impuros, e inaceptables cuando los presentamos como sacrificios vivos para el Creador (Romanos 12:1-2; Proverbios 6:32) y son contaminados, afectando directamente el templo donde habita el Espíritu Santo (1 Corintios 6:19); 4) Nuestros cuerpos están propensos a contraer enfermedades transmitidas sexualmente y de acuerdo a las estadísticas, existen millones de casos de estos padecimientos que se van incrementando anualmente. Por lo que al cometer cualquier inmoralidad sexual no estamos amando ni siquiera nuestro propio cuerpo y mucho menos al del prójimo, y cuando estas transgresiones son descubiertas, destruyen familias y relaciones, muchas veces por completo.

Huyan de la fornicación. Todos los demás pecados que un hombre comete están fuera del cuerpo, pero el fornicario peca contra su propio cuerpo. ¿O no saben que su cuerpo es templo del Espíritu Santo que está en ustedes, el cual tienen de Dios, y que ustedes no se pertenecen a sí mismos?” — 1 Corintios 6:18-19 (NBLA)

Porque si ustedes viven conforme a la carne, habrán de morir; pero si por el Espíritu hacen morir las obras de la carne, vivirán.” — Romanos 8:13 (NBLA)

La inmoralidad sexual es una de las más fuertes influencias para que la humanidad caiga en pecado al no poder resistir la tentación o controlarse, por eso las compañías utilizan la inmoralidad sexual para vender sus productos, y los medios de comunicación la utilizan para embellecer sus programas. La solución en contra de la inmoralidad sexual que nos da el apóstol Pablo es sencilla, nos dice que huyamos de ella, no que la enfrentemos ni que intentemos resistirla (2 Timoteo 2:22; Salmos 119:37-38). Un claro ejemplo que encontramos en las Escrituras es el de José, quien huye de la esposa de Potifar cuando fue tentado (Génesis 39:11-12). Él es una de las raras excepciones que encontramos en la Biblia, en donde podemos apreciar cómo el Espíritu de Dios incrementa su amor hacia el SEÑOR y lo ayuda para que llevara una vida íntegra, lo cual no es posible, si seguimos solamente los impulsos de nuestra naturaleza pecaminosa.

“Y sucedió después de estas cosas, que la mujer de su señor puso sus ojos en José y le dijo: —Acuéstate conmigo. Él rehusó y dijo a la mujer de su señor… No hay otro superior a mí en esta casa; y ninguna cosa se ha reservado, sino a ti, porque eres su mujer. ¿Cómo, pues, haría yo esta gran maldad y pecaría contra Dios?” — Génesis 39:7-9 (RVA-2015)

No pondré delante de mis ojos cosa indigna; aborrezco la obra de los que se desvían. Ella no se me pegará.” — Salmos 101:3 (RVA-2015)

Y así como José, nosotros también debemos llevar una vida íntegra, sobre todo los adolescentes que están llenos de cambios hormonales y piensan que lo más importante en la vida es reproducirse, el cuerpo no es para la fornicación (1 Corintios 6:13), así que les tiene que quedar claro que esto no es lo más importante en la vida, al contrario, Pablo nos dice que huyamos de nuestras pasiones juveniles. Muchos niños han quedado marcados por las decisiones que sus padres tomaron. Cuándo las personas cometen adulterio, ¿lo están haciendo para Dios y Su gloria o para ellos mismos? Como creyentes lo más importante es que sirvamos al SEÑOR, y busquemos nuestro propósito en esta vida.

“Huye, pues, de las pasiones juveniles y sigue la justicia, la fe, el amor y la paz, con los que invocan al Señor con un corazón puro.” — 2 Timoteo 2:22 (NBLA)

“Los alimentos son para el estómago y el estómago para los alimentos, pero Dios destruirá a los dos. Sin embargo, el cuerpo no es para la fornicación, sino para el Señor, y el Señor es para el cuerpo.” — 1 Corintios 6:13 (NBLA)

¿Pero acaso el SEÑOR no quiere que sea feliz con la persona que creo que amo? No, Él quiere que seas santo, y que seamos puros en nuestros corazones. La mejor manera de encontrar la verdadera felicidad es darse cuenta que Dios lo está llamando a la santidad como lo vimos en nuestro artículo de La Ilusión De La Felicidad Terrenal. ¿Cuáles son los deberes requeridos para mantener el Séptimo Mandamiento? Son la castidad de cuerpo, mente, palabras y comportamiento; la vigilancia sobre lo que nuestros ojos ven a nuestro alrededor y a través de los medios, al igual que todos nuestros sentidos, mente e imaginación; relacionarnos con personas virtuosas o con creyentes, evitando toda mala influencia; procurar tener modestia en la vestimenta; el amor conyugal y la convivencia familiar; evitar toda ocasión de impureza y resistiendo las tentaciones.

Porque esta es la voluntad de Dios, la santificación de ustedes: que se aparten de inmoralidad sexual; que cada uno de ustedes sepa controlar su propio cuerpo en santificación y honor.” — 1 Tesalonicenses 4:3-4 (RVA-2015)

“Dios bendice a los que tienen corazón puro, porque ellos verán a Dios.” — Mateo 5:8 (NTV)

Las Escrituras nos hablan de que el adulterio ya era condenado antes de la era dispensacionalista, cuando el Séptimo Mandamiento fue dado a conocer con las leyes de Moisés, que fueron dadas en el Monte Sinaí, como lo podemos ver en el pasaje de Abraham cuando va a Egipto en Génesis 12:10-20, o cuando Isaac engaña a Abimelec, el rey de los filisteos en Génesis 26:6-11, y cuando José se rehúsa a cometer adulterio con la mujer de Potifar en Génesis 39:7-18. Por lo que como hemos visto anteriormente el dispensacionalismo no es bíblico, y la era de gracia, no es exclusiva de nuestros días. El Séptimo Mandamiento se aplicó antes de que fuera escrito por el dedo de Dios y aplicará hasta que el Cielo y la tierra pasen al final de esta era como nos lo dice Jesús en Lucas 16:16-18.

“Cuando los hombres de aquel lugar le preguntaron acerca de su mujer, Isaac dijo: «Es mi hermana»… Y Abimelec dijo: «¿Qué es esto que nos has hecho? Porque alguien del pueblo fácilmente pudiera haberse acostado con tu mujer, y hubieras traído culpa sobre nosotros».” — Génesis 26:7, 10 (NBLA)

[Jesús dice] “La ley y los profetas se proclamaron hasta Juan; desde entonces se anuncian las buenas nuevas del reino de Dios, y todos se esfuerzan por entrar en él. Pero es más fácil que el cielo y la tierra pasen, que un ápice de la ley deje de cumplirse. Todo el que se divorcia de su mujer y se casa con otra, comete adulterio; y el que se casa con la que está divorciada del marido, comete adulterio.” — Lucas 16:16-18 (NBLA)

El transgredir el Séptimo Mandamiento está penado con la muerte al apedrear tanto al hombre como a la mujer que cometieron este pecado (Levítico 20:10, Deuteronomio 22:22-24). Entonces tenemos que cuando los fariseos trajeron a la mujer sorprendida en adulterio (y curiosamente no al hombre), y después de que nadie lanzó la primer piedra y todos se fueron, Jesús le dijo: “«Yo tampoco te condeno. Vete; y desde ahora no peques más»”. ¿Estaba Jesús diciendo que ahora el adulterio está permitido y que no se iba a condenar más? Lamentablemente, algunas personas lo han leído de esa manera, pero esto es incorrecto. Jesús le pudo decir que no la condenaba porque Él mismo iba a tomar el castigo de su pena de muerte por el adulterio que cometió cuando estuviera en la cruz. Y le advierte que ya no pecara más, porque Dios puede perdonarnos, pero también quiere que lo obedezcamos. Así que, si hemos caído en las trampas de la inmoralidad sexual, Jesús nos ofrece el perdón por nuestras transgresiones, tal y como lo hizo con la mujer adúltera, pero ante todo, Cristo quiere que seamos santos y amemos a nuestro cónyuge como Jesús ama a la iglesia, ¿estaría usted dispuesto a romper el corazón de Jesucristo con su infidelidad? Y a continuación veremos, que el sexo está reservado solamente para el matrimonio.

Si se encuentra a un hombre acostado con una mujer casada, los dos morirán, el hombre que se acostó con la mujer, y la mujer. Así quitarás el mal de Israel.” — Deuteronomio 22:22 (NBLA)

“Pero así como la iglesia está sujeta a Cristo, también las mujeres deben estarlo a sus maridos en todo. Maridos, amen a sus mujeres, así como Cristo amó a la iglesia y se dio Él mismo por ella.” — Efesios 5:24-25 (NBLA)

El Matrimonio

El SEÑOR diseñó al matrimonio y la familia desde la Creación como Su plan original para la procreación de los seres humanos. De hecho, Jesús fue quien presidió la primera ceremonia de matrimonio, y como regalo de bodas bendijo a Adán y Eva diciéndoles: “Sean fecundos y multiplíquense. Llenen la tierra y sométanla” (Génesis 1:28). A través de las familias se construyen comunidades, sociedades y naciones.

Pero cuando nuestros primeros padres cometieron el pecado original, su pecado causó su separación de Dios, y los problemas entre los cónyuges, la esposa ya no deseará ayudar al esposo, sino controlarlo, lo que causa un constante conflicto entre la pareja que termina buscando un escape a través del adulterio y las demás perversiones sexuales que veremos a continuación en este estudio, provocando una invasión del hogar que destruye el vínculo que une a la familia, y es el arma principal que utiliza Satanás para atacar a la humanidad a lo largo de toda la historia, desde que Dios instituyó el matrimonio para que el hombre y la mujer fueran una sola carne (Génesis 2:24) porque promueve una disolución de ese contrato que es la base principal del orden social.

[Jesús dice] “Y dijo: “¿Por esta razón el hombre dejará a su padre y a su madre y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne”? Así que ya no son dos, sino una sola carne. Por tanto, lo que Dios ha unido, ningún hombre lo separe.” — Mateo 19:5-6 (NBLA)

“Así deben también los maridos amar a sus mujeres, como a sus propios cuerpos. El que ama a su mujer, así mismo se ama.” — Efesios 5:28 (NBLA)

El acto sexual entre un hombre y una mujer es el que da inicio al matrimonio, ya que los une física y espiritualmente en una sola carne (Génesis 2:24). Una vez unidos en matrimonio la pareja tiene el increíble privilegio y la responsabilidad divinos de procrear a un hijo a su propia imagen, que es otra forma de validar las Escrituras, ya que sus hijos son el resultado de la unidad del padre y la madre en un solo individuo. Todo esto fue diseñado por nuestro Creador, así que cualquier actividad sexual fuera del matrimonio va en contra del propósito original designado por Dios. El matrimonio fue creado por el SEÑOR antes de que el pecado entrara al mundo y es entre un hombre y una mujer, como lo corroboramos con el Quinto Mandamiento: “Honra a tu padre y a tu madre”, y es un pacto hecho por la pareja en presencia de testigos ante Dios. Por lo que el matrimonio es una institución permanente ante el Todopoderoso.

“Honroso es para todos el matrimonio, y pura la relación conyugal; porque Dios juzgará a los fornicarios y a los adúlteros.” — Hebreos 13:4 (RVA-2015)

El Séptimo Mandamiento no solo se trata de evitar que nos acostemos con alguien más que no es nuestro cónyuge, sino que también debemos de atender las necesidades de nuestra pareja, trabajar para mejorar continuamente nuestra relación, reducir nuestros propios deseos egoístas, y empatizar con las necesidades de nuestro cónyuge, de lo contrario no estaremos cumpliendo con nuestra parte del contrato matrimonial y podemos caer en el divorcio. Lamentablemente hoy en día, las estadísticas del número de divorcios entre cristianos y entre los incrédulos son muy similares.

“Pero a los que se han casado mando, no yo, sino el Señor: que la esposa no se separe de su esposo (pero si ella se separa, que quede sin casarse o que se reconcilie con su esposo), y que el esposo no abandone a su esposa.” — 1 Corintios 7:10-11 (RVA-2015)

Divorcio

¿Existe alguna razón para el divorcio? La única razón que es mencionada en las Escrituras nos la dijo Jesús y es el adulterio, cuando el Séptimo Mandamiento es transgredido (Mateo 5:31-32; Mateo 19:9). Fuera de esta causa, no se menciona ninguna. Cuando Jesús les dijo esto a los fariseos y a Sus discípulos los dejó sorprendidos, porque en aquella época con la influencia del Talmud y la cultura greco-romana, los hombres podían divorciarse con cualquier excusa, algo similar a lo que está pasando hoy en día, en donde el contrato matrimonial parece no significar nada. El apóstol Pedro nos describe acerca del adulterio en su época.

Tienen los ojos llenos de adulterio y nunca cesan de pecar. Seducen a las almas inestables. Tienen un corazón ejercitado en la avaricia; son hijos de maldición.” — 2 Pedro 2:14 (NBLA)

Pero para el SEÑOR, quien instituyó el matrimonio, no es algo que podamos tomar a la ligera. Los matrimonios se podrán separar, pero no divorciar y volverse a casar como hoy se acostumbra. Y de nuevo, las “celebridades” de Hollywood dan un mal ejemplo, al casarse y divorciarse muchas veces.

“Se dice: “Si alguno despide a su mujer, y ella se va de él y se casa con otro hombre, ¿podrá él después volver a ella? ¿No habrá sido esa tierra del todo profanada? “Tú te has prostituido con muchos amantes; pero, ¡vuelve a mí!, dice el SEÑOR.” — Jeremías 3:1 (RVA 2015)

“Pero igual que una esposa traiciona a su marido, así me traicionasteis, pueblo de Israel—oráculo del Señor—.” — Jeremías 3:20 (BLP)

Como cristiano debe de considerar que es el Todopoderoso quien pone en nuestro camino a nuestra pareja y nos la da en matrimonio, porque es la persona ideal para ayudarnos a santificarnos en las categorías en las que necesitamos ayuda para cumplir con nuestro propósito en esta vida.

“Casa y riqueza son herencia de los padres, pero la mujer prudente viene del Señor.” — Proverbios 19:14 (NBLA)

“¿Quién podrá encontrar una esposa virtuosa y capaz? Es más preciosa que los rubíes. Su marido puede confiar en ella, y ella le enriquecerá en gran manera la vida. Esa mujer le hace bien y no mal, todos los días de su vida.” — Proverbios 31:10-12 (NTV)

Y si la Biblia nos enseña que debemos amar al SEÑOR y a nuestro prójimo, quien más cercano que nuestra pareja (Marcos 12:29-31). Así que el divorcio entre cristianos debería ser una excepción rarísima, porque cómo podemos decir que amamos a Dios, pero no podemos amar a nuestra pareja con quien tenemos un contrato de matrimonio (1 Juan 4:20). Y si las Escrituras dicen que tenemos que amar a nuestro enemigo, cuál es la excusa para no amar a nuestro cónyuge (Mateo 5:43-44). Inclusive en el caso de que en el matrimonio se hubiera cometido una infidelidad sexual, no es motivo de divorcio en automático, porque todavía está el recurso del arrepentimiento, el perdón y la reconciliación de la pareja (Mateo 18:21-22).

“También fue dicho: “Cualquiera que se divorcia de su mujer, debe darle un certificado de divorcio.” Pero yo les digo que el que se divorcia de su mujer, a no ser por causa de fornicación, hace que ella adultere, y el que se casa con la divorciada, comete adulterio.” — Mateo 5:31-32 (RVC)

El profeta Malaquías nos dice que el SEÑOR detesta el divorcio (Malaquías 2:14-16), y que es el remanente del Espíritu quien ayuda a los hombres que lo recibieron en sus corazones, para que no fueran desleales con sus esposas, estas personas son lo que hoy llamamos creyentes vueltos a nacer que habitaron durante la época de Malaquías, otro ejemplo más de que el Dispensacionalismo no es bíblico. Y qué mejor ejemplo que el del profeta Oseas, quien no se divorció aun y cuando su esposa le fue infiel.

“Y ustedes dicen: “¿Por qué?”. Porque el Señor ha sido testigo entre tú y la mujer de tu juventud, contra la cual has obrado deslealmente, aunque ella es tu compañera y la mujer de tu pacto. Pero ninguno que tenga un remanente del Espíritu lo ha hecho así. ¿Y qué hizo este mientras buscaba una descendencia de parte de Dios? Presten atención, pues, a su espíritu; no seas desleal con la mujer de tu juventud. «Porque Yo detesto el divorcio», dice el Señor, Dios de Israel, «y al que cubre de iniquidad su vestidura», dice el Señor de los ejércitos. «Presten atención, pues, a su espíritu y no sean desleales».” — Malaquías 2:14-16 (NBLA)

Incluso las Escrituras mencionan una similitud entre el adulterio y la idolatría, porque Dios lo considera como una infidelidad espiritual si las personas van tras otros dioses, cometiendo el pecado de la idolatría; lo que es similar al adulterio en donde la persona está idolizando a otra persona con la que no está casada. Pero en Su gran amor Dios perdona a Su pueblo Israel en múltiples ocasiones, dándonos el ejemplo de que nosotros podemos perdonar a nuestra pareja, tal y como Dios nos ha perdonado nuestras infidelidades hacia Él, inclusive considerando que hasta nos ha dado Su salvación. El apóstol Pablo en 1 Corintios 7:12-16 nos dice que si un creyente está casado con una persona incrédula, que no se divorcien, porque el incrédulo y los hijos son santificados por el creyente, a menos que el incrédulo se quiera divorciar.

“Entonces el Señor me dijo: «Ve otra vez, ama a una mujer amada por otro y adúltera, así como el Señor ama a los israelitas a pesar de que ellos se vuelven a otros dioses y se deleitan con tortas de pasas».” — Oseas 3:1 (NBLA)

Para concluir este estudio me gustaría recordarles que Dios nos ha llamado para que seamos santos como Él es santo. Así que, en lugar de buscar la inmoralidad sexual, debemos esforzarnos en buscar nuestra santificación constantemente para llegar a ser como nuestro Señor Jesucristo.

“Porque esta es la voluntad de Dios: su santificación; es decir, que se abstengan de inmoralidad sexual.” — 1 Tesalonicenses 4:3 (NBLA)

En el siguiente artículo continuaremos viendo las diferentes transgresiones a este Séptimo Mandamiento, hablaremos acerca del adulterio, la fornicación, la homosexualidad y la pornografía.

¡Que Dios los bendiga!


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